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sonsoles
21 September 2009 @ 05:40 pm
 NUESTRO TIEMPO LIBRE.
 
Desde muy temprana edad, el género humano se ha caracterizado por vivir en sociedad, y por ende, por desarrollar determinadas tareas rutinarias que hoy denominamos obligaciones. Estas ocupaciones habituales, en la actualidad, han perdido su verdadero carácter, de tal manera que el hombre ya no cultiva la tierra en favor de su familia o su comunidad, sino que realiza estas tareas para beneficio ajeno.
El hecho es que en la antigüedad, todo seguía un orden natural, de manera que cada ciudadano hacía aquello para lo que estaba dotado, tal como ocurre en la naturaleza con el resto de animales. 
Así pues, cabe aclarar que el problema no está en el trabajo, sino en la pérdida de su verdadero sentido. Han desaparecido las vocaciones; ya nadie se siente realizado en su trabajo, solamente importa el prestigio que se adquiere a través de él, prestigio que a su vez viene estrechamente ligado con el tamaño del salario y no con la elevación de la tarea realizada. La voluntad creadora, el ingenio, el esfuerzo y el sacrificio, son las características del verdadero trabajo, aquél que se realiza a favor de la comunidad a la que se pertenece, y no el que se destina a acrecentar el Egoísmo que corroe cada vez más la sociedad actual. 
En un Estado justo, es decir, en aquel donde cada individuo hace aquello para lo que está capacitado por su naturaleza -aquel donde se desarrolla el trabajo en su verdadero sentido-, podemos asegurar por ende, que el  pueblo que lo forma es ante todo un pueblo sano, honrado y justo. Así pues, las opciones que se abren para el tiempo libre del trabajador, están destinadas a la elevación espiritual del mismo, y éste lo acepta plácidamente. Pongamos como ejemplo la organización de los años treinta “Kraft durch freude” que describe este hecho con estas acertadas palabras: “El trabajo consume energías físicas y nervios. Una sensación de frio y de vacío se produce sin que sea posible conjurarla simplemente con echar a las personas sobre lechos de reposo con la mirada clavada en el techo (hoy diríamos televisión); espíritu y cuerpo necesitan nuevos alimentos. Ya que el tiempo de trabajo exige de los trabajadores el máximo esfuerzo, hay que ofrecer al obrero durante el tiempo libre lo mejor de lo mejor como alimento del alma, del cuerpo y del espíritu. Con objeto de proporcionarle un descanso absoluto y devolverle el gusto por la vida y el trabajo”.
Pero en el momento en que desaparece la justicia del Estado -tal como ocurre en la actualidad, donde cada individuo no hace aquello que le corresponde por naturaleza, de forma que la situación se torna cada vez más tensa-, aquellos que se encuentran con la soga anudada en nuestros cuellos bien agarrada entre sus manos, se ven obligados a ofrecernos todo tipo de distracciones banales que imposibiliten un despertar o una pequeña intuición de algo realmente elevado en los ofuscados espíritus de la población.
Así ocurría en Roma con el famoso panem et circenses, y así lo hacen en nuestra época, aunque de forma menos sutil y más deliberada.
Muchos creen, una vez alcanzado este precepto, que la culpa de nuestra situación la tiene el sistema, y por lo tanto, se dedican simplemente a combatir a éste. Mas la solución no está ahí, sino que consiste en, como dijo Ghandi: “Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo."
De tal manera que la situación sería que en vez de emplear -quizás aquí, la acepción correcta debería ser perder- nuestro tiempo libre en cualquiera  de las opciones que el abanico del poder nos muestra, deberíamos emplearlo -y aquí es más certero decir aprovechar- en elevar a la condición de precepto aquella bella cita de Juvenal: “Mens sana in corpore sano”, es decir, la necesidad de mantener un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado, no en el sentido literal que hoy día se le da de manera equivocada. Cabe destacar, de toda manera, que de la misma forma que no existe igualdad en la naturaleza, no podemos esperar que toda la población que ha sido educada en nuestro tiempo, abra los ojos, rechace los atractivos placeres y gustosas actividades que el sistema les ha propuesto y escojan un modus vivendi altruista y elevado. Precisamente, el hecho de que ello no ocurra, representa un claro ejemplo de las desigualdades naturales, y refuerza nuestra posición en tal aspecto. 
Así pues, como no todos los hombres nacen con las mismas facultades, debe estar en manos del Estado proporcionar diferentes alternativas para las horas de ocio del pueblo, es el Estado el encargado de filtrar –como decía el texto de la organización alemana anteriormente citada- el alimento del cuerpo, el alma y el espíritu. Puesto que como decía Zaratustra: “Se le dan órdenes a quien no sabe obedecerse a sí mismo.” 
Cuando nos situamos cronológicamente en nuestra época, nos damos cuenta que existen determinadas personas que se dedican -según dicen- a “combatir” de alguna manera contra la decadencia del sistema en el que vivimos. Más bien diríamos que se dedican a criticar el estado actual de las cosas, es decir, se sitúan frente al sistema -aunque este hecho también podríamos discutirlo- y critican todo lo que éste conlleva; pero se olvidan de lo más importante, que es la encarnizada lucha interior que se debe realizar para librarse de esa decadencia que encarna el sistema que dicen combatir. 
Y es que desde aquí nos preguntamos: ¿Es posible combatir al sistema formando parte del mismo? ¿Cómo se puede luchar contra lo podrido estando uno mismo podrido? Se trata de luchar contra uno mismo, de combatir cada uno sus limitaciones, su desidia, su ociosidad, su apatía, su pereza, su egoísmo, etc.
Así, pues, entendemos que existe una distinción clara entre quienes destruyen (los llamados Anti-Sistema) y quienes crean. Nos situamos entre los segundos y afirmamos que, nacionalsocialismo no es destrucción de lo podrido, sino belleza en sí. Está claro que lo segundo comporta lo primero, pero lo primero no necesariamente debe comportar lo segundo; se puede acabar con el sistema decadente actual y crear otro peor, o simplemente no crear ninguno y vivir en la más primitiva anarquía. 
Decía Séneca, el filósofo Romano, que: “Estar en ocio muy prolongado, no es reposo, sino pereza.” No podría haberlo expresado mejor, y de alguna manera nos expone una sentencia que no podemos apartar de nuestro pensamiento en ninguna situación. 
A unos, la sentencia citada les producirá un estado irremediable de cólera, pues las palabras del filósofo recaen con todo su peso sobre sus hombros.        A otros, en cambio, les situará en un estado de alerta continua que tendrá como objeto no convertir la sentencia en la esencia de su propio ser. Éstos últimos -la élite natural- son quienes lograrán la armonía que Juvenal transmitía con sus hermosas palabras. Los primeros, en cambio, son quienes deben obedecer a otros por no saberse obedecer a sí mismos como decía el maestro Zaratustra. 
¿Y usted, simpático lector, ha aprendido a obedecerse a sí mismo?
 
Enric Sánchez
Extraido de TEXTOS ALTERNATIVOS


 
 
sonsoles
06 September 2009 @ 01:41 am
                                         ORIENTACIONES                                

 Julius Evola



 1. LA ILUSION DEL PROGRESO
Es inútil hacerse ilusiones con las quimeras de un falso optimismo: nos encontramos al final de un ciclo. Desde hace ya siglos, primero imperceptiblemente, después con el movimiento de una masa que se desploma por una pendiente, son múltiples los procesos que han destruido en Occidente cualquier ordenamiento normal y legítimo de los hombres, que han falseado incluso la más alta concepción de la vida, de la acción, del conocimiento y del combate. Esta caída, su velocidad y su aspecto vertiginoso, ha sido llamado "progreso". Y a este "progreso" se han dedicado himnos y alabanzas, y se albergó la ilusión de que esta civilización -civilización de materia y de máquinas- era la civilización por excelencia, a la que se habría estado preordenado toda la historia anterior del mundo: las consecuencias finales de este proceso fueron tales que provocaron, en algunos, un despertar.

 

 
Se sabe dónde, y bajo qué símbolos, se intentaron organizar las fuerzas de una posible resistencia. Por un lado, una nación que desde su unificación no había conocido más que el mediocre clima del liberalismo, de la democracia y de la monarquía constitucional -Italia- tuvo la osadía de recoger el símbolo de Roma como base para una nueva concepción política y para un nuevo ideal de virilidad y de dignidad. Por otro lado, en otra nación, que en el Medievo había hecho suyo el principio romano del Imperium -Alemania- fuerzas análogas se despertaron para reafirmar el principio de autoridad y la primacía de todos aquellos valores que tienen sus raíces en la sangre, en la raza y en los instintos más profundos de una estirpe. Y mientras que en otras naciones europeas algunos grupos se orientaron en el mismo sentido, una tercera fuerza se alineó en el mismo campo de combate en el continente asiático: la nación de los samurai, en la que la adopción de las formas externas de la civilización moderna no había lesionado la fidelidad a una tradición guerrera, centrada en el símbolo del Imperio solar de derecho divino.
En estas corrientes, la distinción entre lo esencial y lo accesorio, no siempre fué clara, ni las ideas tuvieron paralelamente una adecuada convicción y cualificación en personas, ni siquieran fueron superadas algunas influencias de aquellas mismas fuerzas a las que se debía combatir. El proceso de purificación ideológica habría podido tener lugar en un segundo tiempo, una vez que hubieran sido resueltos algunos problemas políticos inmediatos e inaplazables. Pero, incluso así, era evidente que estaba tomando cuerpo una concentración de fuerzas en abierto desafío frente a la llamada civilización "moderna", tanto para las democracias herederas de la revolución francesa como para la encarnación del límite extremo de la degradación del hombre occidental: la civilización colectivista del Cuarto Estado, la civilización proletaria del hombre-masa anónimo y sin rostro. Los acontecimientos se precipitaron, se acentuó la tensión hasta que Ilegó el choque armado de las fuerzas en pugna. Lo que prevaleció fue el poder bruto de una coalición que no retrocedió ante una híbrida alianza de intereses y la hipócrita movilización ideológica para aplastar a un mundo que estaba poniéndose en pie y que intentaba afirmar su derecho. Dejamos al margen el hecho de saber si nuestros hombres estuvieron o no a la altura de su empresa, si se cometieron errores en cuanto al sentido de la oportunidad, de la preparación, si valoraron... todo esto no afecta. Igualmente, no nos interesa que la historia se vengue de los vencedores, ni que, por una especie de justicia inmanente, las potencias democráticas, tras haberse aliado con las fuerzas de la subversión roja para Ilevar la guerra hasta el insensato extremo de la rendición incondicional y de la destrucción total, vean volverse contra ellas a sus aliados de ayer, peligro éste mucho más temible que el que querían conjurar  [El autor se refiere al desenlace de la Segunda Guerra Mundial y al proceso de la guerra fría. NdT].
Lo único que cuenta es que hoy nos encontramos en medio de un mundo en ruinas. Y la pregunta que debe plantearse es la siguiente: ¿existen aún hombres en pie en medio de estas ruinas? ¿Y qué deben o pueden hacer aún?

 
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2.- POLITICA Y METAPOLITICA
Tal cuestión supera de hecho las fronteras de ayer; está claro que vencedores y vencidos están desde entonces en el mismo plano y que el único resultado de la Segunda Guerra Mundial ha consistido en rebajar a Europa al rango de objeto de las potencias y de los intereses extra-europeos. Es necesario, por otra parte, reconocer que la devastación que nos rodea es de carácter esencialmente moral. Nos encontramos en una atmósfera de anestesia moral generalizada, de profundo desarraigo, a pesar de todas las palabras de orden en uso en una sociedad democrática de consumo: el debilitamiento del carácter y de toda verdadera dignidad, el marasmo ideológico, el predominio de los intereses más bajos, la vida del día a día, he aquí lo que caracteriza, en general, al hombre de post-guerra. Reconocer esto significa también reconocer que el problema principal, el origen de cualquier otro, es de naturaleza interior: rebelarse, renacer interiormente, darse una forma, crear en sí mismos un orden y una rectitud. Nada han aprendido de las lecciones del pasado reciente quienes hoy todavía se ilusionan a propósito de las posibilidades de una lucha puramente política y sobre el poder de tal o cual fórmula o sistema, si no se parte, ante todo, de una nueva cualidad humana. Es éste un principio que hoy, más que nunca, debería aparecer con una evidencia absoluta: si un Estado tuviera un sistema político o social que, en teoría, valiera corno el más perfecto, pero en el cual la substancia humana fuese deficiente, entonces este Estado descendería antes o después al nivel de las sociedades más bajas, mientras que, por el contrario, un pueblo, una raza capaz de engendrar verdaderos hombres, hombres de intuición justa y de instinto seguro, alcanzaría un alto nivel de civilización y se mantendría en pie, firme frente a las más arduas y calamitosas pruebas, incluso aunque su sistema político fuera deficiente o imperfecto. Hay que adoptar, pues, una precisa posición contra el falso "realismo político", que piensa sólo en términos de programas, de problemas, de organización de partidos, de recetas sociales y económicas. Todo esto es contingente y en absoluto esencial. Lo que aún puede ser salvado depende, por el contrario, de la existencia o no de hombres que vivan no para predicar fórmulas, sino para ser ejemplos; no para ir al encuentro de la demagogia y del materialismo de las masas, sino para despertar diferentes formas de sensibilidad y de interés. Se trata dereconstruir un hombre nuevo a partir de lo que, pese a todo, sobrevive aún entre las ruinas, animarlo gracias a un determinado espíritu y una adecuada visión de la vida, fortificarlo mediante la adhesión férrea a ciertos principios. Este es el verdadero problema.
3. El "espíritu legionario"
En el plano espiritual, existe efectivamente algo que puede servir como orientación para las fuerzas de la resistencia y del alzamiento: es el espíritu legionario. Se trata de la actitud de quienes supieron elegir el camino más duro, de quienes supieron combatir aun siendo conscientes de que la batalla estaba materialmente perdida, de quienes supieron revivir y convalidar las palabras del antiguo lema: La fidelidad es más fuerte que el fuego, a través de la cual se afirma la idea tradicional de que el sentido del honor y de la vergüenza, y no las exiguas medidas extraídas de pequeñas moralinas, crea una diferencia substancial y existencial entre los seres, casi como entre una raza y otra. Por otra parte, en todo esto se perfila la realización de aquellos para quienes el fin aparece como un medio y el reconocimiento del carácter ilusorio de los múltiples mitos deja intacto lo que supieron conquistar por sí mismos, en las fronteras de la vida y la muerte, más allá del mundo de la contingencia.
Estas formas del espíritu pueden constituir los fundamentos de una nueva unidad. Lo esencial es asumirlas, aplicarlas y extenderlas desde el tiempo de guerra al tiempo de paz, de esta paz que no es más que una tregua y un desorden malamente contenido, hasta que se determine una discriminación y un nuevo frente de batalla en formación. Éste debe realizarse en términos mucho más esenciales de los que se dan en un "partido", que puede ser sólo un instrumento contingente en previsión de determinadas luchas políticas; incluso en términos más esenciales también que los representados por un simple "movimiento", si por "movimiento" se entiende solamente un fenómeno de masas y de agregación, un fenómeno cuantitativo más que cualitativo, basado más en factores emocionales que en la severa y franca adhesión a una idea. De lo que se trata es más bien de una revolución silenciosa, de origen profundo; esta revolución debe resultar de la creación, en el interior del individuo, de las premisas de un orden que, después, tendrá que afirmarse también en el exterior; entonces suplantará fulminantemente, en el momento justo, las formas y las fuerzas de un mundo de decadencia y de subversión. El "estilo" que debe imperar es el de quien se mantiene sobre posiciones de fidelidad a sí mismo y a una idea, en un recogimiento profundo; este estilo nace de un rechazo hacia toda componenda, en un empeño total que se debe manifestar no sólo en la lucha política sino también en toda expresión de la existencia: en las fábricas, laboratorios, universidades, calles, en el dominio personal de los afectos y los sentimientos. Se tiene que llegar al punto en que el tipo humano del que hablamos, que debe ser la sustancia celular de nuestras tropas en formación, sea reconocible, imposible de confundir, diferenciado, y pueda decirse de él: "he aquí alguien que actúa como un hombre del movimiento".
Esta consigna, propia de las fuerzas que soñaron con dar a Europa un orden nuevo, pero que a menudo fue en su realización falseada y obstaculizada por múltiples factores, debe ser hoy día retomada. Hoy, en el fondo, las condiciones son mejores, porque no existen equívocos y basta mirar alrededor, desde la calle al parlamento, para que las vocaciones sean puestas a prueba y se obtenga, claramente, la medida de lo que nosotros "no" debemos ser. Ante un mundo podrido cuyo principio es: "haz lo que veas hacer", o, también, "primero el vientre, el piel (tan citada por Curzio Malaparte), y después la moral", o: "éstos no son tiempos en que se pueda uno permitir el lujo de tener un carácter", o, finalmente: "tengo una familia que alimentar", nosotros oponemos esta norma de conducta, firme y clara: "No podemos actuar de otra forma, éste es nuestro camino, ésta es nuestra forma de ser". Todo lo que de positivo se podrá obtener hoy o mañana nunca se logrará mediante la habilidad de los agitadores y de los políticos, sino a través del natural prestigio y el reconocimiento de los hombres de la generación anterior, o, mejor aún, de las nuevas generaciones, hombres que serán capaces de todo ello y que suministrarán una garantía en favor de su idea.

 
4.- Por una nueva aristocracia
Es, pues, una substancia nueva la que debe afirmarse, en sustitución de aquella otra, podrida y desviada, creada en el clima de la traición y de la derrota, mediante un lento avance más allá de los esquemas, de los rangos y de las posiciones sociales del pasado. Se trata de una figura nueva que debemos tener ante los ojos para poder medir la propia fuerza y la propia vocación. Esta figura, es importante y fundamental reconocerlo, no tiene nada que ver con las clases en tanto que categorías sociales y económicas, ni con los antagonismos que les son relativos. Dicha figura podrá manifestase tanto bajo la forma del rico como del pobre, del obrero como del aristócrata, del empresario como del investigador, del técnico, del teólogo, del agricultor, del hombre político en sentido estricto. Pero esta nueva substancia conocerá una diferenciación interna, perfecta cuando no quepan dudas acerca de las vocaciones a las que seguir y sobre las funciones de la obediencia y del mando, cuando el más prístino símbolo de autoridad absoluta reine en el centro de las nuevas estructuras jerárquicas.
Esto define una dirección tan antiburguesa como antiproletaria, una dirección totalmente liberada de las contaminaciones democráticas y de las mentiras "sociales" y, por consiguiente, dirigida hacia un mundo claro, viril, articulado, hecho por hombres y por jefes de hombres. Despreciamos el mito burgués de la "seguridad", de la mezquina vida estandarizada, conformista, domesticada y "moralizada". Despreciamos el vínculo anodino propio de todo sistema colectivista y mecanicista y de todas las ideologías que confieren a los confusos valores "sociales" primacía sobre los valores heroicos y espirituales, por medio de los cuales se debe definir en todos los dominios, el tipo del hombre verdadero, de la persona absoluta. Algo esencial se conseguirá cuando se despierte nuevamente el amor por un estilo de impersonalidad activa, en el que lo que cuenta es la obra y no el individuo mediante el cual seamos capaces de considerar como algo importante no a nosotros mismos, sino a la función, la responsabilidad, la tarea que se acepta, el objetivo perseguido. Allí donde este espíritu se afirme se simplificarán muchos problemas de orden económico y social, los cuales quedarían sin solución si se afrontaran desde el exterior, sin la previa eliminación de la infección ideológica que, de partida, perjudica todo retorno a la normalidad e incluso la misma percepción de lo que significa normalidad.
5.- Los eslabones de la decadencia
No sólo como orientación doctrinal, sino también respecto al mundo de la acción, es importante que los hombres alineados en el nuevo frente reconozcan con exactitud la concatenación de las causas y de los efectos y la continuidad esencial de la corriente que ha dado vida a las varias formas políticas que hoy se debaten en el caos de los partidos. Liberalismo, democracia, socialismo, radicalismo, en fin, comunismo o bolchevismo no han aparecido históricamente sino como grados de un mismo mal, como estadios que prepararon sucesivamente el proceso de una caída. El principio de esta caída se sitúa en el punto en el que el hombre occidental rompió los vínculos con la tradición, desconoció todo símbolo superior de autoridad y de soberanía, reivindicó para si mismo como individuo una libertad vana e ilusoria, se convirtió en un átomo en vez de en parte integrante de la unidad orgánica y jerárquica de un todo. El átomo, finalmente, tenía que chocar contra la masa de los restantes átomos, de los demás individuos, y hundirse en el reino de la cantidad, del mero número, de la masa materializada, no teniendo otro dios que la economía soberana. Y este proceso no se detiene a medio camino. Sin la revolución francesa, el liberalismo y la revolución burguesa no se habrían dado el constitucionalismo y la democracia; sin la democracia, no habrían surgido ni el socialismo ni el nacionalismo demagógico; sin la preparación puesta en marcha por el socialismo, no se habrían producido ni el radicalismo ni, finalmente, el comunismo. El hecho de que estas formas se presenten hoy solidarias o antagónicas, no debe impedir reconocer a un ojo atento que esas formas se mantienen unidas, se enlazan, se condicionan recíprocamente, y solamente expresan los distintos grados de una misma corriente, de una misma subversión del orden social normal y legítimo. Así, la gran ilusión de nuestro tiempo es creer que la democracia y el liberalismo sean la antítesis del comunismo y tengan el poder de contrarrestar la marea de las fuerzas más bajas, de lo que en la jerga al uso se Ilama el movimiento "progresista". Se trata de una ilusión: es como si alguien dijese que el crepúsculo es la antítesis de la noche, que el grado incipiente de un mal es la antítesis de su forma aguda y endémica, que un veneno diluido es la antítesis de ese mismo veneno en su estado puro y concentrado. Los hombres de gobierno de esta Italia "liberada" no han aprendido nada de la historia más reciente, cuyas lecciones se han repetido por todas partes hasta la monotonía, y continúan su juego conmovedor con concepciones políticas caducas y vanas en un carnaval parlamentario, cual danza macabra sobre un volcán latente. Para nosotros, en cambio, debe ser característico el coraje del radicalismo, el "no" dicho a la decadencia política en todas sus formas, sean de izquierda o de una presunta derecha. Y, sobre todo, se debe ser consciente de que con la subversión no se pacta, que hacer concesiones hoy significa condenarse y ser arrollado completamente mañana. Intransigencia de la idea, por lo tanto, y rapidez en avanzar con las fuerzas puras cuando llegue el momento adecuado.
Esto implica, naturalmente, desembarazarse además de la distorsión ideológica, desgraciadamente expandida entre una gran parte de nuestra juventud, y en función de la cual se aprueban coartadas destinadas a destrucciones ya consumadas, manteniendo la ilusión de que esas destrucciones, después de todo, son necesarias y servirán al "progreso"; se cree que se debe combatir por cualquier cosa "nueva", oculta en un indeterminado porvenir, y no por las verdades que ya poseemos, porque estas verdades, aunque bajo diversas formas de aplicación, siempre y en todas partes han servido de base a todo tipo recto de organización social y política. Rechazad estos caprichos y reíros de quien os acuse de "antihistóricos" y "reaccionarios". No existe la Historia como entidad misteriosa escrita con mayúscula. Son los hombres, mientras estos son realmente hombres, quienes hacen y deshacen la historia; el así llamado "historicismo" es más o menos lo mismo que en ambientes de izquierda se denomina "progresismo", y que sólo fomenta hoy la pasividad frente a la corriente que aumenta y empuja siempre hacia abajo. Y en cuanto al "reaccionarismo", preguntad: ¿Queréis, que mientras vosotros actuáis, destruyendo y profanando, nosotros no reaccionemos, sino que nos quedemos mirando y más aún, os animemos diciendo: bravo, continuad? Nosotros no somos reaccionarios, porque la palabra no es lo suficientemente fuerte y, sobre todo, porque partimos de lo positivo, representamos lo positivo, valores reales y originarios que no necesitan de ningún "sol del porvenir" [referencia al lema del Partido Socialista Italiano. NdT].
Frente a este radicalismo, aparece como irrelevante la antítesis entre el "Este" y el "Oeste", entre el "Oriente"’ rojo y el "Occidente" democrático, y asimismo nos parece trágicamente irrelevante incluso un eventual conflicto armado entre estos dos bloques. De cara a un tiempo inmediato, subsiste ciertamente clara la elección del mal menor, porque la victoria militar del "Este" implicaría la destrucción física inmediata de los últimos exponentes de la resistencia. Pero, en el plano ideológico, Rusia y América del Norte deben considerarse como las dos garras de una misma tenaza que se va apretando alrededor de Europa. En estas dos formas distintas, pero convergentes, actúan estas fuerzas extrañas y enemigas. Las formas de estandarización, de conformismo, de nivelación "democrática", de frenesí productivo, de más o menos tiránico y explícito "brain trust", de materialismo práctico en el seno del americanismo, pueden servir sólo para allanar el camino para la fase posterior, que está representada, sobre la misma dirección, en el ideal puramente comunista del hombre-rnasa. El carácter distintivo del "americanismo" es su ataque a la cualidad y a la personalidad no se realiza mediante la brutal coacción de una dictadura marxista y de un pensamiento de Estado, sino casi espontáneamente, a través de las vías de una civilización que no conoce otros valores más altos que la riqueza, el rendimiento, la producción ilimitada, que es lo que por exasperación y reducción al absurdo eligió Europa, y en ella los mismos motivos han tomado forma o la están tomando. Pero el primitivismo, el mecanicismo y la brutalidad están tanto en una como en otra parte. En cierto sentido, el "americanismo" es más peligroso que el bolchevismo, al ser una especie de caballo de Troya. Cuando el ataque contra los valores residuales de la tradición europea se efectúa en la forma directa y desnuda propia de la ideología bolchevique y del estalinismo, aún se despiertan reacciones, ciertas líneas de resistencia que, aunque caducas, se pueden mantener. No sucede lo mismo cuando idéntico mal actúa en forma más sutil y las transformaciones acontecen imperceptiblemente en el plano de las costumbres y de la visión general de la vida, como sucede en el caso del americanismo. Sufriendo esta influencia bajo el signo de la libertad democrática, Europa se predispone a su última abdicación, tanto que podrá incluso suceder que no haya necesidad de una catástrofe militar, sino que por vía "progresiva" se llegue, tras una última crisis social, más o menos al mismo punto. Una vez más nada puede detenerse a mitad de camino. El americanismo, lo quiera o no, trabaja a favor de su aparente enemigo, el colectivismo.
6.- Contra la primacía de lo económico
Nuestro radicalismo de la reconstrucción exige que no se transija, no sólo con ninguna de las variedades de la ideología marxista o socialista, sino tampoco con aquello que en general se puede llamar la alucinación o el demonismo de la economía. Se trata de la idea de que en la vida individual y colectiva el factor económico sea lo más importante, real y decisivo; que la concentración de los valores e intereses en el plano económico y productivo no sea la aberración sin precedentes del hombre occidental moderno, sino algo normal, no una brutal y eventual necesidad, sino algo que se desea y se exalta. En este círculo cerrado y oscuro se encuentran atrapados tanto el capitalismo como el marxismo. Debemos romper este círculo. Mientras no se hable más que de clases económicas, trabajo, salarios, producción, mientras se piense que el verdadero progreso humano, la verdadera elevación del individuo, está solamente condicionado por un particular sistema de distribución de la riqueza y de los bienes y tenga relación con la pobreza y el bienestar, con el estado de la prosperidad o con el socialismo utópico, se permanecerá siempre en el plano de lo que debe combatirse. Nosotros afirmamos que todo aquello que es economía e interés económico como mera satisfacción de la necesidad animal, ha tenido, tiene y siempre tendrá una función subordinada en una humanidad normal; que más allá de esta esfera debe diferenciarse un orden de valores superiores, políticos, espirituales y heróicos, un orden que -como ya hemos dicho- no conoce y ni siquiera admite "proletarios" o "capitalistas" y que sólo en función de dicho orden se deben definir aquellas cosas por las que vale la pena vivir y morir; un orden que debe establecer una verdadera jerarquía, diferenciar nuevas dignidades y, en la cumbre, entronizar la superior función del mando, del Imperium.
Así, a este respecto, deben desarraigarse muchas malas hierbas que han crecido también en nuestras filas. ¿Qué significa, si no, ese discurso sobre el "Estado del Trabajo", el "socialismo nacional", el "humanismo del trabajo" y similares? ¿qué significan esas llamadas más o menos explícitas a una involución de la política dentro de la economía, recogiendo así una de esas tendencias problemáticas hacia un "corporativismo integral" y, en el fondo, acéfalo, que en el fascismo ya encontró, afortunadamente, el paso obstruido? ¿Qué es eso de considerar la formula de la "socialización" como una especie de fármaco universal y elevar la "idea social" a símbolo de una nueva civilización que, quién sabe cómo, debería estar más allá tanto del "Este" como del "Oeste"?
Estos puntos oscuros están presentes -es necesario reconocerlo- en no pocos espíritus que, también se encuentran en nuestro mismo frente. Piensan que se mantienen fieles a una consigna "revolucionaria", cuando en realidad obedecen sólo a sugestiones más fuertes que ellos mismos, que saturan un ambiente político degradado. Y entre tales sugestiones se encuentra la misma "cuestión social". ¿Cuándo se tomará conciencia de la verdad, es decir, de que el marxismo no ha surgido porque haya existido una cuestión social objetiva, sino que la cuestión social surge -en numerosísimos casos- sólo porque existe un marxismo, es decir, artificialmente, y sin embargo, en términos casi siempre insolubles, por obra de agitadores (los famosos "excitadores de la conciencia de clase") sobre los que Lenin se ha expresado muy claramente, refutando el carácter espontáneo de los movimientos revolucionarios proletarios?
Partiendo de esta premisa se debería actuar, en el sentido antes mencionado de la desproletarización ideológica y de la desinfección de las partes aún sanas del pueblo del virus político socialista. Sólo entonces, una y otra reforma podrá ser estudiada y realizada sin peligro, según la verdadera justicia.
Así mismo hay que valorar la idea corporativa y ver si puede ser una de las bases del proceso de reconstrucción: entendemos el corporativismo, no tanto como un sistema general de equilibrio estático y casi burocrático que mantenga la idea nociva de opuestas formaciones clasistas, sino como voluntad de encontrar, en el mismo seno de la empresa, esa unidad, esa solidaridad de fuerzas diferenciadas que la prevaricación capitalista (con el tipo más reciente y parásito del especulador y del capitalista financiero), por un lado, y la agitación marxista, por otro, han perjudicado y roto. Es necesario restituir a la empresa una forma de unidad casi militar, en la cual al espíritu de responsabilidad, a la energía y a la competencia de quien dirige, se acompañen el de la solidaridad y la fidelidad de las fuerzas laborales asociadas alrededor de él en la común empresa o misión. Si se considera su aspecto legítimo y positivo, tal es entonces el sentido de la "socialización". Pero esta designación, como se ve, es poco apropiada, pues es más bien de una reconstrucción orgánica de la economía y de la empresa de lo que se debería hablar, y deberíamos guardarnos, usando esta fórmula con simples objetivos de propaganda, de adular el espíritu de sedición de las masas transformado en "justicia social" proletaria. El único verdadero objetivo es la reconstrucción orgánica de la empresa, y para realizar este objetivo no es necesario recurrir a fórmulas destinadas a estimular, en el marco de sucias maniobras electorales y propagandísticas, el espíritu de sedición de las masas disfrazado de "justicia social.. En general, debería recuperarse el mismo estilo de impersonalidad activa, de dignidad, de solidaridad en la producción, que fue el estilo propio de las antiguas corporaciones o gremios de artesanos y profesionales. El sindicalismo con su "lucha" y con sus auténticos chantajes, de los que no se nos ofrecen hoy sino demasiados ejemplos, debe ser proscrito. Pero, repitámoslo, a esto se debe llegar partiendo desde el interior. Lo importante es que, contra toda forma de resentimiento y de rivalidad social, cada uno sepa reconocer y amar su propia función, aquella que verdaderamente es conforme a su propia naturaleza, reconociendo así los límites dentro de los cuales puede desarrollar sus potencialidades y conseguir una perfección propia; porque un artesano que desempeña perfectamente su función es indudablemente superior a un rey que se desvía y que no está a la altura de su dignidad.
En particular, podemos admitir un sistema de competencias técnicas y de representaciones corporativas para sustituir al parlamentarismo de los partidos; pero debe tenerse presente que las jerarquías técnicas, en su conjunto, no pueden significar nada más que un grado en la jerarquía integral: se refieren al orden de los medios, que han de subordinarse al orden de los fines, al cual por tanto corresponde la parte propiamente política y espiritual del Estado. Hablar, pues, de un "Estado del trabajo" o de "la producción" equivale a hacer de la parte un todo y reducir, por analogía, un organismo humano a sus funciones simplemente físico-vitales. Una tal elección, oscura y obtusa, no puede ser nuestra bandera, al igual que tampoco la idea social. La verdadera antítesis, tanto frente al "Este" como frente al "Oeste", no es el "ideal social". Lo es, en cambio, la idea jerárquica integral. Respecto a esto, ninguna incertidumbre es tolerable.
7.- La idea orgánica
Si la idea de una unidad política viril y orgánica formó ya parte esencial del mundo que fue vencido -y se sabe que, entre nosotros, se evocó de nuevo el símbolo romano- debemos también reconocer los casos en los cuales esta exigencia se desvió y abortó hacia la dirección equívoca del "totalitarismo". Esto, de nuevo, es un punto que debe verse con claridad, a fin de que la diferencia entre los frentes sea precisa y no se suministren armas a quienes quieren confundir las cosas. Jerarquía no es jerarquismo (un mal éste que, desgraciadamente, intenta extenderse en nuestros días), y la concepción orgánica nada tiene que ver con una esclerosis de la idolatría del Estado ni con una centralización niveladora. En cuanto a los individuos, la verdadera superación, tanto del individualismo como del colectivismo, se da solamente cuando los hombres se encuentran frente a los hombres, en la diversidad natural de su ser y de su dignidad, teniendo gran importancia el antiguo principio de que "la suprema nobleza de los jefes no es la de ser amos de siervos, sino señores que también aman la libertad de quienes les obedecen". Y en cuanto a la unidad que debe impedir, por regla general, toda forma de disociación y de absolutización de lo particular, tiene que ser esencialmente espiritual, debe ser y tener una influencia central orientadora, un impulso que, según los dominios, asume las más diferentes formas de expresión. Ésta es la verdadera esencia de la concepción "orgánica", opuesta a las relaciones rígidas e intrínsecas propias del "totalitarismo". En este marco, la exigencia de la libertad y de la dignidad de la persona humana, que el liberalismo sabe concebir solamente en términos individualistas, igualitarios y privados, puede realizarse integralmente. En este espíritu deben ser estudiadas las estructuras de un nuevo orden político y social, de sólidas y claras articulaciones.
Pero estas estructuras necesitan de un centro, de un punto supremo de referencia. Es necesario un nuevo símbolo de soberanía y de autoridad. La consigna a este respecto debe ser precisa, puesto que no podemos admitir tergiversaciones ideológicas. Se debe decir claramente que aquí no se trata del llamado problema institucional sino de modo subordinado; se trata, ante todo, de aquello que es necesario para lograr una "atmósfera" específica que haga posible el fluido que debe animar toda relación de fidelidad, de dedicación, de servicio, de acción desinteresada, hasta superar verdaderamente el gris, mecanicista y torcido mundo político y social actual. En este camino hoy se acabará en un callejón sin salida si no se es capaz de asumir una especie de áscesis de la idea pura. Para numerosos espíritus, la percepción clara de la dirección justa viene perjudicada tanto por algunos antecedentes poco felices de nuestras tradiciones nacionales como por las trágicas contingencias de un pasado reciente. Estamos dispuestos a admitir la incoherencia de la solución monárquica, si se piensa en aquellos que hoy en día sólo saben defender el residuo de una idea, un símbolo vacío y desvirilizado, como lo es el de la monarquía constitucional y parlamentaria. Pero, del mismo modo, debemos declarar nuestro rechazo de la idea republicana. Ser antidemócrata por un lado, y por otro defender "ferozmente" (tal es desgraciadamente la terminología de algunos exponentes de una falsa intransigencia) la idea republicana es un absurdo que salta a los ojos: la república (en su representación moderna, pues las repúblicas antiguas fueron aristocracias -como en Roma- u oligarquías, éstas a menudo con carácter de tiranías) pertenece esencialmente al mundo surgido tras el jacobinismo y la subversión antitradicional y antijerárquica del siglo XIX. Que se la deje entonces a ese mundo, que no es el nuestro. En cuanto a Italia, es inútil jugar al equívoco en nombre de una presunta fidelidad al fascismo de Saló, pues si por esta razón se debiera seguir la falsa vía republicana, se sería precisamente infiel a algo superior, se echaría por la borda el núcleo central de la ideología del Ventenio, es decir, su doctrina del Estado como autoridad, poder, imperium.
Ésta es la doctrina que se debe seguir, sin consentir en descender de nivel ni hacer el juego a ningún grupo. La concreción del símbolo, por ahora, puede quedar indeterminada. Decir solamente: Jefe, Jefe del Estado. Aparte de esto, el principal y esencial deber es preparar silenciosamente el ambiente espiritual adecuado para que el símbolo de la autoridad intangible sea percibido y reasuma su pleno significado: a tal símbolo no podría corresponder la estatura de cualquier revocable "presidente" de la república, ni tampoco un tribuno o jefe popular, detentador de un simple poder individual informe, privado de un carisma superior, de un poder basado de hecho en la fascinación precaria que ejerce sobre las fuerzas irracionales de la masa. Este fenómeno, llamado por algunos "bonapartismo", ha sido interpretado justamente, no como lo contrario de la democracia demagógica o "popular", sino como su lógica conclusión: el "bonapartismo" es una de las sombrías apariciones de la spengleriana "decadencia de Occidente". Ésta es otra piedra de toque y una prueba para los nuestros: la sensibilidad respecto a todo esto. Ya un Carlyle había hablado "del mundo de los siervos que quieren ser gobernados por un pseudo-Héroe", y no por un Señor.
8.- La Patria de la Idea
En un análogo orden de ideas debe ser precisado otro punto. Se trata de la posición que se debe tomar frente al nacionalismo y a la idea genérica de patria. Esto es especialmente oportuno en cuanto que, muchos, intentando salvar aun lo que puede ser salvado, querrían hacer valer de nuevo una concepción romántica, sentimental y al mismo tiempo naturalista de la nación, idea extraña a la más alta tradición política europea y poco conciliable con la misma concepción del Estado de la que se ha hablado. Abstracción hecha de que la idea de patria sea invocada entre nosotros, de manera retórica e hipócrita, por las facciones más opuestas, e incluso por los representantes de la subversión roja, concretamente hablando esta concepción no está a la altura de la época, pues, por un lado, se asiste a la formación de grandes bloques supranacionales, mientras que, por otro, aparece cada vez más necesario encontrar un punto de referencia europeo, capaz de unir fuerzas, más allá del inevitable particularismo inherente a la concepción naturalista de la nación y, aun más, del "nacionalismo. Pero más esencial es la cuestión de principio. El plano político, en tanto que tal, es el de las unidades superiores con respecto a las unidades definidas en términos naturalistas, como es el caso de aquellas que corresponden a las nociones genéricas de nación, patria y pueblo. En este plano superior, lo que une y divide es la idea, una idea encarnada por una determinada élite tendente a concretarse en el Estado. Por ello, la doctrina fascista -fiel en ello a la mejor tradición política europea-, otorga a la Idea y al Estado la primacía sobre la nación y el pueblo, y estima que nación y pueblo no adquieren un sentido y una forma y no participan en un grado superior de existencia más que en el interior del Estado. Justamente, en períodos de crisis como el actual, es necesario mantenerse firmes en esta doctrina. En la Idea debe ser reconocida nuestra verdadera patria. Lo que cuenta hoy no es el hecho de pertenecer a una misma tierra o de hablar una misma lengua, sino el hecho de compartir la misma idea. Tal es la base, el punto de partida. A la unidad colectivista de la nación -des enfants de la patrie- en la forma en que ha predominado cada vez más a partir de la revolución jacobina, oponemos algo que se asemeje a una Orden, hombres fieles a los principios, testimonios de una autoridad y de una legitimidad superiores procedentes precisamente de la Idea. Aunque hoy seria deseable, en cuanto a los fines prácticos se refiere, avanzar hacia una nueva solidaridad nacional, para alcanzarla no se debe descender a ningún tipo de compromiso; la condición sin la cual todo resultado sería ilusorio es que se aísle y tome forma un frente definido por la Idea, en tanto que idea política y visión de la existencia. Hoy no existe otro camino: es necesario que, de entre las ruinas, se renueve el proceso de los orígenes, aquel que, basado en las elites y en un símbolo de soberanía y de autoridad, hizo unirse a los pueblos dentro de los grandes Estados tradicionales, como otras tantas formas surgiendo de lo informe. No se debe entender que este realismo de la idea signifique mantenerse en un plano que es, en el fondo, infrapolítico: el plano del naturalismo y del sentimentalismo, por no decir claramente el de la retórica patriotera.
Y en el caso de que quisiéramos igualmente apoyar nuestra idea en las tradiciones nacionales, habría que estar atentos, pues existe toda una "historia nacional" de inspiración masónica y antitradicional especializada en atribuir el carácter nacional italiano a los aspectos más problemáticos de la historia de Italia, comenzando con la rebelión de las Comunas apoyadas por el güelfismo. Así, toma relieve una "italianidad" tendenciosa, en la cual nosotros, que hemos escogido el símbolo romano, no podemos ni queremos reconocernos. Esa "italianidad" se la dejamos, con mucho gusto, a quienes, con la "liberación" y el movimiento partisano, han celebrado el "segundo Risorgimiento".
Idea, Orden, elite, Estado, hombres de Orden. Éstos son los términos en los que debe mantenerse la línea fundamental, mientras sea posible.
9.- Concepción del mundo y mitos modernos
Es necesario ahora hablar del problema de la cultura. En efecto, la cultura no debe ser sobrevalorada. Lo que llamamos "visión del mundo" no se basa en los libros; es una forma interior que puede encontrarse con más autenticidad en una persona sin una particular cultura que en un "intelectual" o en un escritor. Se puede imputar como hecho nefasto de la "cultura libre", al alcance de todo el mundo, que el individuo esté indefenso frente a los influjos de todo género, incluso cuando es incapaz de mostrarse activo frente a ellos, de discriminar y juzgar según un criterio justo.
Pero no es éste el lugar de extenderse sobre tal punto. Baste decir que, en el estado actual de las cosas, existen corrientes específicas contra las cuales los jóvenes de hoy deben defenderse interiormente. Ya hemos hablado de un estilo de rectitud y de una actitud interna. Tal estilo implica un justo saber, y en especial los jóvenes deben darse cuenta de la intoxicación operada en toda una generación por parte de las variedades de una visión de la existencia distorsionada y falsa, variedades que han incidido en las fuerzas internas precisamente en el punto donde su integridad sería más necesaria. De una forma u otra, estas toxinas continúan hoy actuando en la cultura, en la ciencia, en la sociología, en la literatura, como otros tantos focos de infección que deben ser denunciados y neutralizados. Aparte del materialismo histórico y el economicismo, sobre los cuáles ya se ha hablado, también son principales núcleos de infección el darwinismo, el psicoanálisis, el existencialismo, el neorrealismo.
Contra el darwinismo se debe reivindicar la dignidad fundamental de la persona humana, reconociendo su verdadero lugar, que no es el de una particular y más o menos evolucionada especie animal entre tantas diferenciada por "selección natural" y que permanecería ligada a orígenes animalescos y primitivos, sino a un estatuto tal que virtualmente la eleve por encima del plano biológico. Aunque hoy no se hable demasiado del darwinismo, su substancia perdura. El mito biológico darwinista, en una u otra de sus variantes, mantiene su valor preciso de dogma, defendido por los anatemas de la "ciencia" en el seno del materialismo de la civilización marxista y americana. El hombre moderno se ha acostumbrado a esta concepción degradada, se reconoce en ella tranquilamente y la encuentra natural.
Contra el psicoanálisis, debe prevalecer el ideal de un Yo que no abdica, que quiere permanecer consciente, autónomo y soberano frente a la parte nocturna y subterránea de su alma y frente al demonio de la sexualidad; que no se siente ni "reprimido" ni psicológicamente escindido, sino que realiza un equilibrio de todas sus facultades humanas, ordenadas hacia la realización de un significado superior de la vida y de la acción. Puede ser señalada una convergencia evidente: el descrédito arrojado sobre el principio consciente de la persona, el relieve dado por el psicoanálisis y otras escuelas análogas al subconsciente, a lo irracional, al "inconsciente colectivo", etc., corresponden, en el individuo, exactamente a lo que representan, en el mundo social e histórico moderno, el movimiento surgido desde abajo, la subversión, la sustitución revolucionaria de lo superior por lo inferior y el desprecio por todo principio de autoridad. Sobre dos planos diferentes actúa la misma tendencia, y los efectos no pueden sino integrarse recíprocamente.
En cuanto al existencialismo, incluso aunque veamos en él propiamente una filosofía confusa hasta hace poco reducida a pequeños grupos de especialistas, es necesario reconocer en él el estado del alma de una crisis erigida en sistema y adulada, la verdad de un tipo humano roto y contradictorio, que sufre como angustia, tragedia y absurdo una libertad ante la cual no se siente elevado, sino más bien condenado, sin salida y sin responsabilidad, en el seno de un mundo privado de valor y de sentido. Todo ello, mientras que ya el mejor Nietzsche había indicado una vía para dar un sentido a la existencia, para darse una ley y un valor intangible frente a un nihilismo radical, al encuentro de un existencialismo positivo y, según su expresión, de "naturaleza noble".
Tales deben ser las direcciones a seguir, que no deben ser intelectualizadas, sino vividas, integradas en su significado inmediato a la vida interior y a la propia conducta. No es posible rebelarse mientras se permanezca, de un modo u otro, bajo la influencia de estas formas de pensar falsas y desviadas. Pero, una vez desintoxicados, se puede adquirir la claridad, la rectitud, la fuerza.
10.- Realismo y antiburguesismo
En la zona que está entre la cultura y la costumbre existe una actitud que debe ser precisada. Lanzada por el comunismo, la consigna del antiburguesismo ha sido recogida en el campo de la cultura por ciertos ambientes intelectuales de "vanguardia". En esto hay un equívoco. Dado que la burguesía ocupa una posición intermedia, existe una doble posibilidad de superar a la burguesía, de decir "no" al tipo burgués, a la civilización burguesa, al espíritu y a los valores burgueses. Una de estas posibilidades corresponde a la dirección que conduce todavía más bajo, hacia una subhumanidad colectivizada y materializada, con su "realismo" marxista: valores sociales y proletarios contra la "decadencia burguesa" e "imperialista". La otra posibilidad es la dirección de quien combate a la burguesía para elevarse efectivamente por encima de ella. Los hombres del nuevo frente serán, ciertamente, antiburgueses, pero en razón de su concepción superior, heroica y aristocrática de la existencia; serán antiburgueses porque despreciarán la vida cómoda; antiburgueses porque seguirán no a quienes prometen ventajas materiales, sino a quienes lo exigen todo de si mismos; antiburgueses, en fin, porque no tendrán la preocupación de la seguridad, sino que amarán la unión esencial entre la vida y el riesgo, en todos los niveles, haciendo suya la inexorabilidad de la idea desnuda y de la acción precisa. Otro aspecto por el cual el hombre nuevo, sustancia celular del movimiento que despierta, será antiburgués y se diferenciará de la generación precedente será su rechazo hacia toda forma de retórica y de falso idealismo, su desprecio hacia todas las grandes palabras que se escriben con mayúscula, hacia todo aquello que es sólo gesto, golpe de efecto, escenografía. Renuncia y autenticidad por el contrario, nuevo realismo en la exacta apreciación de los problemas que se impondrán, de modo que lo importante no será la apariencia, sino el ser, no la palabrería, sino la realización, silenciosa y precisa, en sintonía con las fuerzas afines y en adhesión al mandato proveniente de lo alto.
Quien contra las fuerzas de izquierda no sabe reaccionar sino en nombre de los ídolos, del estilo de vida y de la mediocre modalidad conformista del mundo burgués, ya ha perdido, por anticipado, la batalla. No es este el caso del hombre en pié, que ha pasado por el fuego purificador de las destrucciones externas e internas. Políticamente, este hombre no es el instrumento de una pseudo-reacción burguesa. Se remite, por regla general, a las fuerzas e ideales anteriores y superiores al mundo burgués y a la era económica, y apoyándose en ellos traza líneas de defensa y consolida las posiciones desde donde partirá, súbitamente, en el momento oportuno, la acción de la reconstrucción.
También a este respecto queremos retomar una consigna no realizada: porque se sabe que en el período fascista hubo una tendencia antiburguesa que habría querido afirmarse en un sentido similar. Desgraciadamente, tampoco aquí la substancia humana estuvo a la altura de las circunstancias. E incluso se supo hacer una retórica de la anti-retórica.
11.- Superación del Estado laico
Consideremos brevemente, por último, el tema de las relaciones entre las fuerzas que han conservado su integridad, que no han abdicado, y la religión dominante. Para nosotros, el Estado laico, en cualquiera de sus formas, pertenece al pasado. En particular, nos oponemos a uno de sus disfraces, el que en ciertos ambientes se presenta como el "Estado ético", producto de una débil, espurea, vacía y confusa filosofía "idealista", aliada antaño con el fascismo, pero cuya naturaleza, es tal que puede facilitar un apoyo comparable, en el marco de un simple juego "dialéctico", al antifascismo de un Croce. Esta filosofía no es más que un producto de la burguesía laica y humanista, a la que se suma la presunción del "libre-pensamiento" de un "profesor de liceo" en trance de celebrar la infinidad del "Espíritu absoluto" y del "Acto Puro": nada hay de real, de claro, de duro, en esta filosofía .
Pero si bien nos oponemos a tales ideologías y al Estado laico, tampoco aceptamos un Estado clerical o clericalista. El factor religioso es necesario como fundamento para una verdadera concepción heroica de la vida, esencial para nuestra lucha. Es necesario sentir en nosotros mismos la evidencia de que más allá de esta vida terrestre existe una vida más alta; solamente quien siente así posee una fuerza inquebrantable, y sólo él será capaz de un impulso absoluto - cuando esto falta, el desafío a la muerte y el desprecio a la propia vida es posible sólo en momentos esporádicos de exaltación o ante el desencadenamiento de las fuerzas irracionales; no hay disciplina que se pueda justificar, en el individuo, sin un significado superior y autónomo. Pero esta espiritualidad, que debe estar viva entre los nuestros, no tiene necesidad de formulaciones dogmáticas obligadas, ni de una confesión religiosa determinada; el estilo de vida que debe desarrollarse no es, en modo alguno, el del moralismo católico, que no va más allá de una domesticación "virtuísta" del animal humano. Políticamente hablando, esta espiritualidad no puede sino sentir desconfianza hacia todo lo que se deduce de ciertos aspectos de la concepción cristiana -humanitarismo, jusnaturalisrno, igualdad, ideal del amor y del perdón, en lugar del ideal del honor y de la justicia-. Ciertamente, si el catolicismo fuera capaz de apartarse del plano contingente y político, si fuese capaz de hacer suya una elevación ascética y si fuera capaz, sobre esta base; como en una continuación del espíritu del mejor Medievo de los cruzados; de convertir la fe en el alma de un bloque armado de fuerzas, de una nueva Orden templaria compacta e inexorable contra las corrientes del caos, del abandono, de la subversión y del materialismo práctico del mundo moderno e incluso en el caso en que, como condición mínima, el catolicismo permaneciera fiel a la posición del Syllabus, entonces no habría ni un instante de duda en cuanto a la opción a seguir. Pero tal como están las cosas, dado el nivel mediocre y, en el fondo, burgués y mezquino al cual prácticamente ha descendido en la actualidad todo lo que es religión confesional, dada la sumisión modernista y la cada vez mayor apertura a la izquierda de la Iglesia post-conciliar del "aggiornamento", bastará para nuestros hombres la pura referencia al espíritu, y valdrá precisamente como la evidencia de una realidad trascendente, que debe ser invocada no por evasión mística o como coartada humanitaria, sino para infundir nueva fuerza a nuestra fuerza, para presentir que nuestro combate no es puramente político, para atraer una invisible consagración sobre un nuevo mundo de hombres y de jefes de hombres.
Éstas son algunas orientaciones esenciales para la lucha en la que se va a combatir, escritas sobre todo con especial atención para la juventud, a fin de que ésta recoja la antorcha y la consigna de quienes aun no han renunciado, aprendiendo de los errores del pasado, sabiendo discriminar y prever todo lo que se ha experimentado y que aun hoy se experimenta en cuanto a situaciones contingentes. Lo esencial es no descender al nivel de los adversarios, no limitarse a seguir simples consignas, no insistir en demasía sobre lo que depende del pasado y que, aun siendo digno de ser recordado, no tiene el valor actual e impersonal de una idea-fuerza; en fin, no ceder a las sugestiones del falso realismo politiquero, problema éste de todos los "partidos". Ciertamente, es necesario que nuestras fuerzas tomen parte también en la lucha política y polémica del cuerpo a cuerpo, para crearse todo el espacio posible en la situación actual y contener el avance de las fuerzas de izquierdas. Pero más allá de esto, es importante y esencial que se constituya una elite, que, con aguerrida intensidad, definirá, con un rigor intelectual y una intransigencia absolutos, la idea en función de la cual es preciso unirse, y afirmará esta idea sobre todo en la forma del hombre nuevo, del hombre de la resistencia, del hombre en pié entre las ruinas. Si nos es dado superar este período de crisis y de orden vacilante e ilusorio, sólo a este tipo de hombre corresponderá el futuro. Pero incluso si el destino que el mundo moderno se ha creado, y que lo arrolla todo, no pudiera ser contenido, gracias a tales premisas las posiciones interiores permanecerán intactas: en cualquier circunstancia, lo que debe ser hecho será hecho, y perteneceremos así a esa patria a la que ningún enemigo podrá nunca ocupar ni destruir.

 
 
 
 
sonsoles
06 September 2009 @ 01:32 am
 Friedrich Wilhelm Nietzsche. Filosofo alemán. 1844-1900. 

 

Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti. 

 

El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo. 

 

Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos. 

 

El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices. 

 

Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal. 



Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los "cómos". 



La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre. 



Sin música la vida sería un error. 



La palabra más soez y la carta más grosera son mejores, son más educadas que el silencio.



Ser independiente es cosa de una pequeña minoría, es el privilegio de los fuertes. 

 

Tener fe significa no querer saber la verdad. 

 

No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada. 

 

Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado. 

 

La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano. 

 

En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón. 



Yo necesito compañeros, pero compañeros vivos; no muertos y cadáveres que tenga que llevar a cuestas por donde vaya. 



La potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar. 

 

Para llegar a ser sabio, es preciso querer experimentar ciertas vivencias, es decir, meterse en sus fauces. Eso es, ciertamente, muy peligroso; más de un sabio ha sido devorado al hacerlo. 



El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza. 


La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño. 



Todo el que disfruta cree que lo que importa del árbol es el fruto, cuando en realidad es la semilla. He aquí la diferencia entre los que creen y los que disfrutan. 



Creo que los animales ven en el hombre un ser igual a ellos que ha perdido de forma extraordinariamente peligrosa el sano intelecto animal, es decir, que ven en él al animal irracional, al animal que ríe, al animal que llora, al animal infeliz. 



Los que más han amado al hombre le han hecho siempre el máximo daño. Han exigido de él lo imposible, como todos los amantes. 



La verdad es que amamos la vida, no porque estemos acostumbrados a ella, sino porque estamos acostumbrados al amor. 



En la venganza, como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre. 



¿Es el hombre sólo un fallo de Dios, o Dios sólo un fallo del hombre?. 


Lo que hacemos no es nunca comprendido, y siempre es acogido sólo por los elogios o por la crítica. 

 

No se odia mientras se menosprecia. No se odia más que al igual o al superior. 

 

Todos los pozos profundos viven con lentitud sus experiencias: tienen que esperar largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó en su profundidad. 



El sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse 

 

La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte. 

 

Hay almas esclavizadas que agradecen tanto los favores recibidos que se estrangulan con la cuerda de la gratitud. 



El matrimonio acaba muchas locuras cortas con una larga estupidez. 



Cuando trates con una mujer no olvides el látigo. 

 

La mujer perfecta es un tipo humano superior al varón perfecto, pero también es un ejemplar mucho más raro. 

 

Lo que no me mata, me fortalece. 

 

El amor y el odio no son ciegos, sino que están cegados por el fuego que llevan dentro. 

 

Todo idealismo frente a la necesidad es un engaño. 

 

Sólo comprendemos aquellas preguntas que podemos responder. 

 

Olvida uno su falta después de haberla confesado a otro, pero normalmente el otro no la olvida. 



El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa. 



Dios ha muerto. Parece que lo mataron los hombres. 



Nuestro destino ejerce su influencia sobre nosotros incluso cuanto todavía no hemos aprendido su naturaleza; nuestro futuro dicta las leyes de nuestra actualidad. 



Negar a Dios será la única forma de salvar el mundo. 



La edad de casarse llega mucho antes que la de quererse. 



La demencia en el individuo es algo raro; en los grupos, en los partidos, en los pueblos, en las épocas, es la regla. 



La sencillez y naturalidad son el supremo y último fin de la cultura. 



El gran estilo nace cuando lo bello obtiene la victoria sobre lo enorme. 



¿No es la vida cien veces demasiado breve para aburrirnos? 

 

El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación. 

 
 
 
sonsoles
06 September 2009 @ 12:43 am
IRRESPONSABILIDAD E INOCENCIA.  

 

La irresponsabilidad total del hombre respecto de sus actos y a su ser es la gota más amarga que ha de tragar el hombre del conocimiento, una vez habituado a considerar que la responsabilidad y el dolor son los títulos de nobleza de la humanidad. Todas sus valoraciones, atracciones y aversiones se convierten por ello en algo falso y carente de valor: su sentimiento más hondo, el que le acercaba al mártir y al héroe, ha adquirido a causa de eso el valor de un error; ya no tiene derecho alabar ni a censurar, pues no tiene sentido alabar ni censurar a la naturaleza y a la necesidad. Ante los actos propios y ajenos debe proceder como cuando le gusta una obra bella pero no la alaba, porque ésta no puede hacer nada por sí misma, o como cuando se encuentra delante de una planta. Puede admirar su fuerza, su belleza, su plenitud, pero no le es lícito atribuirles mérito: el fenómeno químico, la lucha de los elementos o los tormentos de quien ansia curarse tienen tanto mérito como esas luchas y angustias del alma en las que nos sentimos atenazados por diversos motivos y en diferentes sentidos, hasta que al final nos decidimos por el más poderoso (como suele decirse, aunque en realidad habría que decir: hasta que el más poderoso decide por nosotros). Pero por elevados que sean los nombres que demos a esos motivos, proceden de las mismas raíces en las que creemos que se encuentran los malignos venenos: entre los actos buenos y los actos malos no hay una diferencia de especie, sino a lo sumo de grado. Los actos buenos son la sublimación de actos malos; y los actos malos son actos buenos, pero realizados de una forma tosca y estúpida. Cualquiera que sea el modo como puede obrar el hombre, es decir, como debe hacerlo, éste no desea más que autocomplacerse (unido esto al miedo que tiene a la frustración), ya sea mediante actos de vanidad, venganza, concupiscencia, interés, maldad o perfidia; o mediante actos de sacrificio, de compasión, de entendimiento. Los grados de raciocinio determinarán la dirección en la que cada cual se dejará llevar por este deseo; toda sociedad y todo individuo tienen siempre presente una jerarquía de bienes, por la cual deciden sus actos y juzgan los ajenos. Sin embargo esta escala de medida está cambiando continuamente; se llama malos a muchos actos que sólo son estúpidos porque el nivel de inteligencia de quién decidió realizarlos era muy bajo. Más aún, en cierto sentido, todos los actos son todavía hoy estúpidos, porque será sin duda superado el nivel más elevado que ha podido alcanzar la inteligencia humana: cuando entonces se mire hacia atrás, todos nuestros actos y juicios resultarán tan limitados e irreflexivos como nos parecen hoy los de los pueblos salvajes y atrasados. Puede que la toma de conciencia de todo esto produzca un hondo dolor, pero existe un consuelo: estos sufrimientos son dolores de parto. La mariposa quiere romper su envoltura, despedazándola y desgarrándola; entonces se siente cegada y embriagada por esa luz desconocida que es el reino de la libertad. El primer ensayo para saber si la humanidad, que es moral, puede convertirse en sabia, se hace con hombre que son capaces de soportar esta tristeza (¡y que serán muy pocos!). el sol de un nuevo evangelio lanza su primer rayo sobre las cimas más altas de las almas de esos solitarios; allí se acumulan nubes más densas que en ninguna otra parte, y reinan a un tiempo la claridad más pura y el crepúsculo más sombrío. Todo es necesidad, dice el nuevo saber, y el conocimiento es el camino que conduce a esa inocencia. Si la voluptuosidad, el egoísmo y la vanidad son necesarios para la producción de los fenómenos morales y para que alcancen su más elevada floración, el sentido de la verdad y de la justicia del conocimiento: si el error, el extravío de la imaginación ha sido el único medio por el que ha podido ir elevándose paulatinamente la humanidad hasta este grado de claridad y de autoliberació n. ¿quién iría a entristecerse al divisar la meta adonde llevan estos caminos? Es cierto que en el terreno de la moral todo se modifica y cambia, que es incierto y está en constante fluctuación, pero también es verdad que todo fluye y que se dirige a un único fina. Aunque siga actuando en nosotros el hábito hereditario de juzgar, amar y odiar erróneamente, cada vez se irá debitando más por el creciente influjo del conocimiento: en este mismo terreno nuestro se va implantando insensiblemente un nuevo hábito: el de comprender, el de no amar ni odiar, el de ver desde lo alto, y dentro de miles de años será tal vez lo bastante poderoso para dar a la humanidad la fuerza de producir al hombre sabio, inocente (consciente de su inocencia), de un modo tan regular como hoy produce al hombre necio, injusto, que se siente culpable, es decir, su antecedente necesario, no lo opuesto a aquél. .




 
 
sonsoles
05 September 2009 @ 08:52 pm
La "Gestalttheorie"

 

No se crea, no se crea que Ťel camino seguro de una cienciať, añorado por Kant para su filosofía, ofrece seguridades absolutas. Hace ya tiempo, medio siglo quizá, que el matiz polémico ocupa en las ciencias más firmes espacios enormes. Es, si se quiere, una nueva y radical manera de contemplar el espectáculo científico, que de todos modos supera las concepciones antiguas. El desarrollo de las ciencias se hizo a costa de renunciar a un gran número de nociones difíciles. El principio de economía de esfuerzo abstracto ha regido la marcha científica durante los dos últimos dos siglos. Era previsible que una época mejor dotada y heroica acometiese el cultivo de las dificultades eludidas. Para la matemática, podemos señalar el comienzo de una era así en las exploraciones cantorianas que dieron lugar a la magna teoría de los conjuntos. Las Aritméticas transfinitas y la gran discusión suscitada alrededor del conocido axioma de Zarmelo mantiene hoy a esta ciencia en el cauce polémico. Sin olvidar la renacida pelea en torno al intuicionismo, que en las altas esferas del Análisis matemático sostienen Brouwer, Fréchet y otros.

 

  

 

La Gestalttheorie teoría de la figura o de la estructura supone para la Psicología uno de esos fundamentales parpadeos que ponen en quiebra la raíz misma de los saberes. Pues considérese la Psicología, ciencia moderna y petulante, creyéndose ya en ruta ascendente y definitiva, tras de unos objetos de conciencia bien localizados y fieles, con unos átomos las sensaciones que se prestaban a toda clase de recursos. Y de pronto, la Gestalttheorie declara falsos esos objetos, requiriendo para la Psicología una problemática de más firme nivel. Después de la relatividad einsteniana, no creemos que en los años últimos se haya lanzado al mundo una teoría científica de tan honda sugestión. Las peripecias teoréticas que ha sufrido la psicología, desde sus primeros esfuerzos para constituirse en centro de sí misma, son sobremanera curiosas, y ofrecen rasgos que se prestan a consideraciones de interés. Ha sido, durante cincuenta años, la niña terrible de la filosofía y su elemento perturbador más tenaz. En lugar de perspectivas claras, el psicologismo ha Introducido en la filosofía sombras y nieblas.

La Gestalttheorie ha tenido el más resonante de los éxitos, y yo la creo limpia de todos los errores de constitución que se advertían en la que ya podemos llamar antigua psicología. Sus creadores, Wertheimer, W. Köhler y Koffka, y un gran número de estudiosos discípulos suyos, tratan hoy de dar a la nueva teoría una estructuración perfecta y sistemática. Los vigías meritísimos de la ŤRevista de Occidenteť tradujeron a su tiempo un libro de Koffka, Bases de la evolución psíquica, escrito en los años iniciales de la Gestalttheorie, y que es una prueba de las anchas y seguras posibilidades que ofrece para el porvenir científico.

La palabra Gestalt, impuesta por estos psicólogos en sus obras, ha sido una de las barreras más tenaces para la comprensión de la teoría. Así, en una reciente discusión de Köhler y Rignano, en la revista Scientia, la objección central de este último tenía su origen en que no comprendía con suficiente claridad ese término endiablado.

Bien es cierto que Rignano, tan admirable en su buena voluntad científica como mediocre en su labor creadora, no es psicólogo muy a propósito para comprender a los gestaltistas.

La teoría de la figura entraña una nueva manera de concebir la percepción. En este dominio existía desde Binet la tendencia más absurda. Los gestaltistas fundan la psicología no tanto en el estudio de la psique como en el estudio de los objetos que esa psique percibe. La presencia de unidades y grupos (Einhelten und Gruppen), por ellos denunciada, y la no aceptación de sensaciones elementales independientes, ha constituído su inicial punto de partida. En un campo visual, por ejemplo, los estados locales vendrían a depender de su posición, situación y del papel que jueguen en la unidad de la fiqura. La psicología es definida por Koffka como la ciencia que estudía Ťla conducta de los seres vivos en su contacto con el mundo ambienteť. Este mundo ambiente, afirman los gestaltistas, no existe para el ser vivo como un número infinito de sensaciones elementales, sino que, por el contrario, está formado por grupos coherentes en sí mismos, previstos de indiscutible unidad, y que destacan una redondez magnífica del lugar donde se hallen. Esto quiere decir al hablar de Gestalten in engeren Sinne (figuras en sentido estricto).

Rignano cree que es inadmisible admitir es estos tiempos esa especie de Ťformar a prioriť, y en la discusión a que nos hemos referido calificó a los gestaltistas de kantianos tardíos. Y de recaer en el subjetivismo.

Como se ve, la psicología de las figuras es de base física y experimental. Está volcada a lo exterior y derrumba los métodos introspectivos que seguía el antiguo asocionismo. Cuando se contempla la gran arquitectura psicológica que se dispone a realizar la preciosa audacia de estos sabios, se es optimista en cuanto a los destinos de nuestro tiempo, objeto por la moda de tantas predicciones lúgubres.

La Gestalttheorie, en resumen, es una física especial, de amplio rodaje especulativo, y haciendo uso de que mis pocos años me autorizan a hacer una afirmación rotunda, sin que nadie tenga derecho a exigirme pruebas ni demostraciones, apunto aquí la idea de que todo este armazón psicológico va a constituir en plazo breve algo así como la fuente de problemas de la disciplina que hoy conocemos con el nombre de física matemática. Psicología trascendetal.

R. LEDESMA RAMOS

[Helix, XII de 1929, p. 9 y 11]


 
 
sonsoles
05 September 2009 @ 04:08 pm

DE LOS AMIGOS:
 

nietzsche path
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sea side



Sólo medita por una vez para ti mismo cuán diversos son los sentimientos, cuán divididas están las opiniones, aun entre los conocidos más íntimos; cómo incluso opiniones idénticas tienen en la cabezas de tus amigos un lugar o una intensidad enteramente diferentes que en la tuya; cuantísimas veces se presenta el pretexto para el malentendido, para la divergencia hostil. Después de todo ello, te dirás: ¡qué inseguro es el terreno sobre el que descansan todas nuestras alianzas y amistades, qué cerca está los chaparrones o el mal tiempo, qué aislado está todo hombre! Si alguien comprende esto y además que todas las opiniones y su índole e intensidad son entre semejantes tan necesarias e irresponsables como sus acciones, si se percata de esta necesidad interna de las opiniones a partir de la inextricable imbricación de carácter, ocupación, talento, entorno, tal vez se libre entonces de la amargura e incisividad de ese sentimiento con que el sabio exclamó: «¡Amigos, no hay amigos». Más bien se confesará: sí hay amigos, pero es el error, la ilusión acerca de ti lo que los ha conducido a ti; y deben aprender a callar para seguir siendo amigos tuyos; pues casi siempre tales relaciones humanas estriban en que nunca se digan, ni siquiera se rocen, cierto par de cosas; pero en cuanto estas piedrecitas echan a rodar, la amistad va detrás y se rompe. ¿Hay hombres que no resultarán mortalmente heridos si se enterasen de lo que sus más íntimos amigos saben de ellos en el fondo? Al aprender a conocernos a nosotros mismos y a considerar nuestro mismo ser como una esfera cambiante de opiniones y disposiciones y, por tanto a menospreciarlo un poco, restablecemos nuestro equilibrio con los demás. Es verdad que tenemos buenas razones para despreciar a cada uno de nuestros conocidos, aunque sean los más grandes; pero igual de buenas para volver este sentimiento contra nosotros mismo. Y así, soportémonos unos a otros, ya que nos soportamos a nosotros; y tal vez le llegue a cada cual algún día también la hora más jubilosa en que diga: 

«¡Amigos no hay amigos!», exclamó el sabio moribundo;
«¡Enemigos, no hay enemigos!», exclamo yo el loco viviente.


 
 
sonsoles
02 August 2009 @ 09:32 pm

Sobre la voluntad en la naturaleza


Arthur Schopenhauer

 

 

 

La cabeza de los demás es un lugar demasiado desdichado

para que en él se asiente la auténtica felicidad“.

Schopenhauer, Parerga y Paralipómena (1851).

 

 

 

 

 

El rasgo fundamental de mi doctrina, lo que la coloca en contraposición con todas las que han existido, es la total separación que establece entre la voluntad y la inteligencia, entidades que han considerado los filósofos, todos mis predecesores, como inseparables y hasta como condicionada la voluntad por el conocimiento, que es para ellos el fondo de nuestro ser espiritual, y cual una mera función, por lo tanto, la voluntad del conocimiento. Esta separación, esta disociación del yo o del alma, tanto tiempo indivisible, en dos elementos heterogéneos, es para la filosofía lo que el análisis del agua ha sido para la química, si bien este análisis fue reconocido al cabo. En mi doctrina, lo eterno e indestructible en el hombre, lo que forma en él el principio de vida, no es el alma, sino que es, sirviéndonos de una expresión química, el radical del alma, la voluntad. La llamada alma, es ya compuesta; es la combinación de la voluntad con el nouz, el intelecto. Este intelecto es lo secundario, el posterius del organismo, por éste condicionado, como función que es del cerebro. La voluntad, por el contrario, es lo primario, el prius del organismo, aquello por lo que éste se condiciona. Puesto que la voluntad es aquella esencia en sí, que se manifiesta primeramente en la representación (mera función cerebral ésta), cual un cuerpo orgánico, resulta que tan sólo en la representación se le da a cada uno el cuerpo como algo extenso, articulado, orgánico, no fuera ni inmediatamente en la propia conciencia. Así como las acciones del cuerpo no son más que los actos de la voluntad que se pintan en la representación, así su substracto, la figura de este cuerpo, es su imagen en conjunto; y de aquí que sea la voluntad el agens en todas las funciones orgánicas del cuerpo, así como en sus acciones extrínsecas. La verdadera fisiología, cuando se eleva, muéstranos lo espiritual del hombre (el conocimiento), como producto de lo físico de él, lo que ha demostrado cual ningún otro, Cabanis; pero la verdadera metafísica nos enseña que eso mismo físico no es más que producto o más bien manifestación de algo espiritual (la voluntad) y que la materia misma está condicionada por la representación, en la cual tan sólo existe. La percepción y el pensamiento se explicarán siempre, y cada vez mejor, por el organismo; pero jamás será explicada así la voluntad, sino que, a la inversa, es por ésta por lo que el pensamiento se explica, como lo demuestro en seguida. Establezco, pues, primeramente la voluntad, como cosa en sí, completamente originaria; en segundo lugar su mera sensibilización u objetivación el cuerpo; y en tercer término el conocimiento, como mera función de una parte del cuerpo. Esta parte misma es el querer conocer (Erkennenwollen, la voluntad de conocer) objetivado (hecho representación), en cuanto necesita la voluntad para sus fines, del conocimiento. Mas esta función condiciona, a su vez, el mundo todo, como representación y con éste al cuerpo mismo, en cuanto objeto perceptible y hasta a la materia en general, como existente no más que en la representación. Porque, en efecto, un mundo objetivo sin un sujeto en cuya conciencia exista, es, bien considerado, algo eternamente inconcebible. El conocimiento y la materia (sujeto y objeto), no son, pues, más que relativos el uno respecto al otro, formando el fenómeno. Así como queda la cuestión, como no había estado hasta hoy, merced a mi alteración fundamental.

 

Cuando obra hacia afuera, cuando se dirige a un objeto conocido, llevada por el conocimiento a él, reconocen entonces todos a lo que es aquí activo como tal voluntad, recibiendo en tal caso este nombre: Pero no es menos voluntad lo que obra activamente en los procesos internos, que presupuestas cual condición aquellas acciones exteriores, crean y conservan la vida orgánica y su substracto, siendo labor suya también la circulación de la sangre, la secreción y la digestión. Mas por lo mismo de que sólo se la reconozca como tal voluntad allí, donde dejando al individuo de quien brota, se dirige al mundo exterior, representándoselo cual percepción precisamente para dirigirse a él, por esto es por lo que se ha considerado al intelecto como la materia de que consta, pasando éste, por lo tanto, como lo capital de lo que existe.

 

Lo que ante todo hace falta, es distinguir la voluntad del albedrío (Wille y Willkühr), teniendo en cuenta que puede existir aquélla sin éste, como lo presupone mi filosofía toda. Albedrío se llama a la voluntad cuando la alumbra el intelecto, siendo, por lo tanto, las causas que le mueven a motivos, es decir, representaciones, lo cual, expresado objetivamente, quiere decir que la influencia del exterior, que es lo que ocasiona el acto, se mediatiza por un cerebro. Cabe definir el motivo diciendo que es un excitante exterior bajo cuyo influjo nace al momento una imagen en el cerebro, imagen por cuya mediación cumple la voluntad el efecto propio, que es una acción vital extrínseca. En la especie humana puede ocupar el lugar de esa imagen un concepto que se ha sacado de anteriores imágenes de esa clase, por remoción de diferencias y que en consecuencia no es ya sensible sino designado y fijado no más que con palabras. Por lo mismo que la eficacia de los motivos en general no va ligada al contacto, pueden medir sus fuerzas influencias, unos con otros sobre la voluntad, esto es, que cabe que se produzca elección. Limítase ésta, en el animal, al estrecho círculo de lo que tiene presente a los sentidos; en el hombre, por el contrario, tiene por campo el amplio espacio de lo por él pensable, los conceptos. Por esto es por lo que se designan cual arbitrarios los movimientos que no se siguen, como los de los cuerpos inorgánicos, a causas, en el sentido estricto de la palabra, ni aun a meros excitantes, como en las plantas, sino a motivos. Estos, empero, presuponen intelecto, como medio que es de los motivos, medio por el que se verifica aquí la causación, no obstante su necesidad toda. Cabe designar también fisiológicamente la diferencia entre excitante y motivo. El excitante (Reiz) provoca la reacción inmediatamente, en cuanto ésta surge de la parte misma sobre que aquél obra; el motivo, por el contrario, es un excitante que tiene que dar un rodeo por el cerebro, donde nace, bajo su influjo, una imagen que es la que en primer lugar provoca la reacción subsiguiente, llamada volición. La diferencia entre movimientos voluntarios e involuntarios, refiérese pues, no a lo esencial y primario, que es en ambos casos la voluntad, sino meramente a lo secundario, la provocación de la exteriorización de la voluntad, o sea si se cumple dicha exteriorización por el hilo de las causas propiamente tales, o de los excitantes, o de los motivos, es decir, de las causas llevadas por el intelecto. En la conciencia humana, que se diferencia de la de los animales en que contiene, no sólo puras representaciones sensibles, sino además conceptos abstractos, que independientes de diferencia de tiempo, obran a la vez y conjuntamente, de donde puede surgir deliberación o conflicto de motivos; en la conciencia humana, digo, entra el albedrío en el más estricto sentido de la palabra, el que he llamado decisión electiva (Wahlentscheidung), y que no consiste más que en que el motivo más poderoso para un carácter individual dado venza a los demás determinando el acto, lo mismo que un choque es dominado por un contrachoque más fuerte, siguiéndose la consecuencia con la misma necesidad con que se sigue el movimiento de la piedra chocada. Sobre esto hállanse acordes todos los grandes pensadores de los tiempos todos, siendo tan cierto esto como que la gran masa jamás verá ni comprenderá la verdad de que la obra de nuestra libertad no hay que buscarla en las acciones aisladas sino en nuestra esencia y existencia. Todo lo cual lo he dejado expuesto del modo más claro posible en mi escrito acerca del libre albedrío.

 

El liberum arbitrium indiferentiœ es inaceptable como nota diferencial de los movimientos brotados de la voluntad, pues es una afirmación de la posibilidad de efectos sin causa.

 

Una vez que se ha logrado distinguir la voluntad del albedrío, considerando a este último como una especie o manera de manifestación de aquella, no habrá dificultad alguna en ver también a la voluntad en los actos inconscientes. El que todos los movimientos de nuestro cuerpo, hasta los meramente vegetativos y orgánicos, broten de la voluntad, no quiere decir en manera alguna que sean arbitrarios, pues esto equivaldría a decir que son motivos lo que los ocasionan. Pero los motivos son representaciones, cuyo asiento es el cerebro, y sólo las partes que reciben de éste nervios pueden ser por él movidas por motivos, y sólo a este movimiento llamamos arbitrario. Los de la economía interna del organismo, por el contrario, guíanse por excitantes, como los de las plantas, sin más diferencia que la de que la complicación del organismo animal, así como hizo necesario un sensorio exterior para la comprensión del mundo externo y la reacción de la voluntad sobre él, así también ha hecho necesario un cerebrum abdominale, el sistema nervioso simpático, para dirigir la reacción de la voluntad a los excitantes internos. Cabe compararlos, el primero al ministerio de Estado, y al de Gobernación el segundo, quedando la voluntad como el monarca, en todo presente.

 

Los progresos de la fisiología desde Haller han puesto fuera de duda que se hallan bajo la dirección del sistema nervioso no sólo las acciones extrínsecas acompañadas de conciencia (funciones animales), sino también los procesos vitales enteramente inconscientes (funciones vitales y naturales), estribando la diferencia en el respecto de la conciencia, no más que en que las primeras se guían por nervios que salen del cerebro, y las segundas por nervios que no comunican directamente con aquel centro capital del sistema nervioso, centro enderezado hacia fuera sobre todo, sino que se comunican con pequeños centros subordinados, los nodos de nervios, ganglios y sus tejidos, que están cual gobernadores de las diferentes provincias del sistema nervioso, dirigiendo los procesos internos por internas excitantes, así como el cerebro dirige las acciones externas guiándose de motivos externos; ganglios que reciben impresiones del interior y reaccionan a medida de ellas, así como el cerebro recibe representaciones y conforme a ellas se decide, limitándose, por lo demás, cada uno de aquéllos a un estrecho círculo de acción. En esto descansa la vita propria de cada sistema, respecto a la cual decía ya Van Helmont que cada órgano tiene su yo propio. De aquí se explica también la vida persistente, en las partes seccionadas, en insectos, reptiles y otros animales inferiores, cuyo cerebro no predomina sobre los ganglios de cada parte, e igualmente se explica el que diversos reptiles vivan semanas y hasta meses después de habérseles quitado el cerebro. Sabemos también por la más segura e experiencia que en las acciones guiadas por el centro capital del sistema nervioso y acompañadas de conciencia, el agente propiamente dicho es la voluntad, conocida por nosotros en la más inmediata conciencia y muy de otro modo que el mundo exterior; y no podemos, por lo tanto, menos que admitir que son igualmente manifestaciones de la voluntad las acciones que brotando lo mismo de aquel sistema nervioso, están bajo la dirección de sus centros subordinados, acciones que mantienen en duradera marcha el proceso vital, si bien nos es completamente desconocida la causa de que no vayan acompañadas, como las otras, de conciencia; y sabemos que la conciencia tiene su asiento en el cerebro, confinándose, en consecuencia, a aquellas partes cuyos nervios van al cerebro y cesando en ellas si dichos nervios son cortados. Así es como se explica por completo la diferencia entre lo consciente y lo inconsciente, y con ello lo que media entre lo voluntario y lo involuntario en los movimientos del cuerpo, sin que quede razón alguna para suponer los diversos orígenes del movimiento, puesto que principia praeter necessitatem non sunt multiplicanda. Es todo esto tan luminoso, que mirando la cosa libre de prejuicios, desde este punto de vista aparece casi cual un absurdo el querer hacer del cuerpo el criado de dos señores, en cuanto se haga derivar sus acciones de dos fuentes fundamentalmente diversas, atribuyendo a la voluntad los movimientos de los brazos y piernas, de los ojos, de los labios, de la garganta, lengua y pulmones, de los músculos, de la cara y del vientre, y por el contrario los del corazón, las arterias, los peristálticos de los intestinos, los de succión de las vellosidades intestinales y de las glándulas y todos los que sirven a las secreciones se hagan derivar de un muy otro principio, desconocido para nosotros y siempre oculto, al que se le designa con nombres tales como vitalidad, arqueo spiritus animalis, fuerza vital, impulso formador..., nombres que dicen tanto como X. En las secreciones, muy en especial, no cabe desconocer una cierta elección de lo que a cada una conviene, y, en consecuencia, albedrío del órgano que lo cumple, elección que ha de apoyarse en una cierta oscura sensación, mediante la cual cada órgano segregador saca de la misma sangre la secreción que le cuadra y no otra. Así sucede que de la sangre circulante el hígado no chupa más que bilis, dejando lo demás de aquélla; las glándulas salivales y el páncreas sólo saliva; los riñones, sólo orina; los testículos, esperma tan sólo, etc. Puédese, pues, comparar a los órganos secretores con diferentes ganados que pastan en la misma pradera sin coger uno de ellos más que la hierba acomodada a su apetito.

 

Notable e instructivo es el ver cómo el ilustre Treviranus, en su obra Los fenómenos y leyes de la vida orgánica, se esfuerza por determinar en los animales más bajos, infusorios y zoófitos, cuáles de sus movimientos sean voluntarios y cuáles automáticos o físicos, como él los llama, es decir, meramente vitales, partiendo para ello del supuesto de que tiene que habérselas con dos fuentes de movimientos originariamente diferentes una de otra, cuando la verdad es que tanto unos movimientos como otros salen de la voluntad, consistiendo la diferencia toda que entre ellos media en si han sido ocasionados por excitante o por motivo, es decir, si han mediatizado o no por un cerebro, pudiendo el excitante ser, a su vez, externo o interno. En muchos animales más elevados en la escala zoológica, crustáceos y hasta peces, se encuentra Treviranus con que concurren los movimientos voluntarios y los vitales, v. gr., en la locomoción con la respiración, clara prueba de la identidad de su esencia y origen. Dice en la pág. 188: En la pág. 288, dice: Aquí se ve cómo se confunden los límites de los movimientos que brotan de la voluntad con los de aquellos otros, al parecer extraños a ella. En la pág. 293:

 

Hay aún algunos ejemplos de que brotan igualmente de la voluntad los movimientos por excitante (los involuntarios) y los debidos a motivos (voluntarios), entrando aquí los casos en que un mismo movimiento se debe, ya a excitante, ya a motivo, como, v gr., la contracción de la pupila. Suele verificarse ésta por excitante que es el aumento de luz, y por motivo, siempre que nos esforzamos por examinar un objeto, bien pequeño o lejano, porque la contracción de la pupila efectúa visión clara más de cerca, pudiendo darle mayor claridad aún si miramos por un agujero hecho con una aguja, y dilatamos, por la inversa, la pupila cuando queremos ver en lontananza. Y no han de brotar de fuentes fundamentalmente diversas, por alternativa, movimientos iguales del mismo órgano. E. H. Weber en su programa, additamenta ad E. H. Weberi tractatum de motu iridis, Lipsiœ, 1823, nos cuenta que ha descubierto en sí mismo la facultad de dilatar y contraer a voluntad la pupila de un ojo, dirigida a un solo y mismo objeto, mientras queda cerrado el otro ojo, lo cual hace que se le muestre el objeto ya claro, ya indistinto. También Juan Müller trata de probar en su Manual de Fisiología que la voluntad obra sobre la pupila.

 
                                            
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La idea de que las funciones vitales y vegetativas llevadas a cabo sin conciencia tienen por su más intimo motor a la voluntad, es una idea que se confirma además por la consideración de que aun el movimiento, reconocido como voluntario, de un miembro, no es más que el último resultado de una multitud de alteraciones precedentes en el interior de ese miembro, alteraciones que no llegan a la conciencia más que aquellas otras funciones orgánicas, siendo manifiesto, no obstante, que son aquello sobre que actúa desde luego la voluntad, siendo el movimiento del miembro no más que una consecuencia. Mas como quiera que permanece tan extraña a ello nuestra conciencia, procuran los fisiólogos hallar mediante hipótesis la manera cómo se contraen las fibras musculares por una alteración en el tejido celular del músculo, en que mediante una sedimentación de la sangre resulta suero, cumpliéndose todo ello por mediación del nervio, movido por la voluntad. Y así es como aquí tampoco llega a conciencia la modificación que parte de la voluntad, sino tan sólo su remoto resultado, y aun esto propiamente no más que por la intuición de espacio del cerebro, intuición con que se representa al cuerpo todo. Pero lo que jamás han llegado a ver los fisiólogos en el camino de sus investigaciones e hipótesis experimentales, es que sea la voluntad el último miembro de esta serie causal, ascendente, verdad que han conocido muy de otra manera. Háseles sugerido la clave del enigma desde fuera de la investigación empírica, gracias a la feliz circunstancia de que es aquí el investigador mismo lo que hay que investigar, el investigador que experimenta el secreto del proceso interno, pues en otro caso tendría que detenerse su explicación como las de los demás fenómenos, ante una fuerza inescrutable. Y si guardáramos respecto a todo fenómeno natural la misma relación interna que con nuestro organismo guardamos, acabaría la explicación de cada fenómeno natural y de las propiedades todas de cada cuerpo por reverter a una voluntad que se manifiesta en ellos. No estriba la diferencia en la cosa misma, sino tan sólo en nuestra relación para con ella. Por dondequiera que llega a su fin la explicación de lo físico choca con algo metafísico, y dondequiera que esté esto metafísico al alcance de un conocimiento inmediato, nos dará, como aquí, a la voluntad. El que la voluntad anime y domine a las partes del organismo no movidas voluntariamente por el cerebro, es decir, por motivos, verdad es que nos lo prueba su comunidad de afecciones con todos los movimientos extraordinariamente vivos de la voluntad, esto es, con los afectos y pasiones; las rápidas palpitaciones cardíacas en el placer o el temor, el rubor en la vergüenza, la palidez en el terror y en el rencor disimulado, el llanto en la tribulación, la erección en las imágenes voluptuosas, la dificultad de respirar y la precipitación de la actividad intestinal en la angustia; la salivación en la boca al excitarse la golosinería, las náuseas a la vista de cosas asquerosas, el avivarse la circulación sanguínea y el alterarse la calidad de la bilis en la cólera, y de la saliva por una rabia súbita, en grado tal esto último, que un perro irritado al colmo puede comunicar la hidrofobia con su mordedura, sin estar atacado de rabia canina, lo cual se afirma también de los gatos y hasta de los gallos irritados. Ocurre, además, que puede una pena dañar en lo más profundo al organismo, obrando el terror mortalmente, y lo mismo puede dañarlo un placer súbito. Por el contrario, todas las modificaciones y los procesos internos todos que no se refieran más que al conocer dejando fuera de juego a la voluntad, quedan sin influjo sobre la maquinaria del organismo, por grandes e importantes que sean, hasta tanto que una actividad demasiado forzada e intensa del intelecto fatigue al cerebro y agote y arruine al organismo, lo cual confirma, en todo caso, que el conocer es de naturaleza secundaria y no más que la función orgánica de una parte, un producto de la vida, sin que forme el núcleo interno de nuestro ser, la cosa en sí, sin que sea metafísico, incorpóreo, eterno, como la voluntad. Esta no se cansa, no se altera, no aprende, no se perfecciona por el ejercicio, es en la niñez lo que en la ancianidad, siempre una y la misma e invariable su carácter en cada uno. Es así como lo esencial también lo constante, existiendo, por lo tanto, lo mismo en los animales que en nosotros, pues no depende como el intelecto, de la perfección de la organización, sino que es, en esencia, la misma en todos los animales, lo conocido íntimamente por nosotros. Por esto es por lo que tiene el animal los afectos todos del hombre: placer, tristeza, temor, cólera, amor, odio, celos, envidia, etc., dependiendo la diferencia que entre los animales y el hombre media no más que en el grado de perfección del intelecto, y como esto nos llevaría muy lejos; remito al lector al cap. 19 del segundo tomo de El mundo como voluntad y representación.

 

Teniendo en cuenta las expuestas y luminosas razones en apoyo de que el agente original en la maquinaria interna del organismo es precisamente la misma voluntad que guía los actos externos del cuerpo, dándose a conocer en éstos como tal, no más que por necesitar en ellos de la mediación del conocimiento, dirigido hacia fuera, y con conciencia en semejante proceso, teniendo en cuenta tales razones, digo, no ha de sorprendernos el que haya, además de Brandis, otros fisiólogos que hayan reconocido más o menos claramente en el curso de sus investigaciones meramente empíricas dicha verdad. Meckel, en su Archivo de fisiología (tomo V, pág. 195198), llega de un modo totalmente empírico y por completo libre de prejuicios al resultado de que la vida vegetativa, la formación del embrión, la asimilación del alimento, la vida de las plantas, cabría considerar muy bien cual manifestaciones de la voluntad y que hasta la acción del imán nos presenta apariencias de tal. , etc. El tomo es de 1819, cuando acababa de aparecer mi obra, y siendo por lo menos incierto que hubiese ejercido influencia sobre él, ni siquiera que la hubiese leído, por lo cual cuento esta manifestación entre las confirmaciones de mi doctrina empírica y sin prevención. También Burdach, en su gran Fisiología, tomo 1, pág. 259, llega del todo empíricamente al resultado de que , demostrándolo en seguida, primero en los animales, luego en las plantas, y en los cuerpos inanimados por último. ¿Qué es, empero, el amor propio, que no sea voluntad de conservar el ser propio, voluntad de vivir? Cuando trate de la anatomía comparada, citaré otro pasaje del mismo libro que confirma aún más decisivamente mi doctrina. En la tesis sostenida por el doctor von Sigriz en su promoción en Munich, en agosto de 1835 (tesis que se titula: 1. Sanguis est determinans formam organismi se envolventis. 2. Evolutio organica determinatur vitae internae actione et voluntate), veo con placer que empieza a extenderse en el más amplio círculo de los médicos hallando acogida entre sus representantes más jóvenes la doctrina de la voluntad como principio de la vida.

 

Tengo que citar, finalmente, una muy notable e inesperada confirmación de esta parte de mi doctrina, confirmación que nos ha sido comunicada por Colebrooke, tomándola de la antigua filosofía indostánica. En la exposición de las escuelas filosóficas de los indos, tal como nos las da en el tomo primero de las Transactions of the Asiatic Society of Great Britain, 1824, dice en la pág. 110 exponiendo la doctrina de la escuela Niaya, lo siguiente: vital invisible.» Es evidente que esto de las hay que entenderlo aquí no en el sentido fisiológico, sino en el popular de la palabra, siendo indiscutible, por lo tanto, que se hace derivar aquí la vida orgánica de la voluntad. Una indicación semejante de Colebrooke se encuentra en sus noticias sobre los Vedas (Asiatic researches, vol. 8, pág. 426), donde dice:

 

El haber yo reducido la fuerza vital a la voluntad no se opone, por lo demás, a la antigua división de sus funciones en reproductividad, irritabilidad y sensibilidad. Sigue siendo profunda esta distinción y dando ocasión a interesantes consideraciones.

 

La potencia reproductiva, objetivada en el tejido celular, es el carácter capital de las plantas y lo vegetal del hombre. Cuando predomina en éste, suponémosle flema, lentitud, pereza, torpeza de sentidos (beocios), si bien no siempre se confirma tal suposición. La irritabilidad, objetivada en las fibras musculares, es el carácter capital del animal y lo animal del hombre. Si en éste predomina, suele verse en él constancia, fortaleza y bravura, aptitud para los esfuerzos corporales y para la guerra (espartanos). Casi todos los animales de sangre caliente y hasta los insectos sobrepujan con mucho la irritabilidad del hombre. En la irritabilidad es en lo que con más viveza tiene el animal conciencia de su existir, y por esto es por lo que se exalta en las manifestaciones de ella. En el hombre vemos un rastro de esta exaltación en la danza. La sensibilidad, objetivada en los nervios, es el carácter capital del hombre y lo propiamente humano de él. Ningún animal puede compararse en esto, ni aun remotamente, con el hombre. Cuando predomina mucho da el genio (atenienses), y por esto es por lo que el hombre de genio es hombre en sumo grado. Y así es como se explica el que haya habido algunos genios que se han negado a reconocer a los demás hombres como tales hombres, por lo monótono de sus fisonomías y el común sello de vulgaridad, pues no viendo en ellos a sus iguales, caían en el natural error de creer la suya la constitución normal. En este sentido buscaba Diógenes con su linterna un hombre; el genial Koheleth dice: ; y Gracián, en el Criticón, la más grande y más hermosa alegoría que tal vez se haya escrito, dice: (1). En la misma razón estriba de hecho la propensión, propia de los genios todos, a la soledad, a lo que tanto les empuja, lo que de los demás se diferencian como les capacita para ello su riqueza interior. En los hombres, como en los diamantes, sólo los extraordinariamente grandes sirven para solitarios; los ordinarios tienen que estar juntos y obrar sobre la masa.


 
 
sonsoles
02 August 2009 @ 09:31 pm

 -2-

A las tres potencias fisiológicas fundamentales corresponden los tres gunas o propiedades fundamentales de los indos. Tamas-Guna, torpeza, tontería, corresponde a la potencia reproductiva —RajasGuna, apasionamiento, a la irritabilidad—; y Sattva‑Guna, sabiduría y virtud, a la sensibilidad. Y si se añade que tamasguna es la suerte de los animales, rajasguna la de los hombres y sattvaguna la de los dioses, queda expresado de manera más mitológica que fisiológica.

El asunto tratado en este capítulo, se trata igualmente en el cap. 20 del tomo II de El mundo como voluntad y como representación, capítulo titulado: . Recomiéndolo como ampliación de lo aquí dicho. En los Parerga corresponde al par. 94 del tomo II.


                                  
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2. Anatomía comparada

 

Deduciéndolo de mi proposición de que la cosa en sí de Kant, o sea el último substracto de todo fenómeno, sea la voluntad, había derivado no tan sólo el que sea la voluntad el agente en todas las funciones internas e inconscientes del organismo, sino también el que ese mismo cuerpo orgánico no es otra cosa que la voluntad dentro de la representación, la voluntad misma intuida en la forma intelectual de espacio. Por esto decía que así como toda volición momentánea aislada se muestra inmediata e infaliblemente en la intuición externa del cuerpo como una acción del mismo, así también el querer todo de cada animal, el complejo de sus tendencias todas, tiene que tener su fiel trasunto en el cuerpo mismo todo, en la constitución de su organismo, teniendo que existir la mayor concordancia posible entre los fines de la voluntad en general y los medios de que para la consecución de ellos le provee su organización. O, dicho en cuatro palabras, que el carácter total de su querer tiene que estar con respecto a la figura y constitución de su cuerpo en las mismas relaciones en que está cada volición con el acto vital conducente a ella. También esto lo han reconocido como un hecho en tiempos modernos, anatómicos y fisiológicos pensadores, por su propia cuenta e independientemente de mi doctrina, confirmándola, por lo tanto, a posteriori. Sus expresiones rinden aquí el testimonio de la Naturaleza en pro de la verdad de mi doctrina.

 

En los notables grabados , de Pander y D’Ahton, 1822, se dice en la pág. 7. lo siguiente: Lo que el autor expresa aquí, con este último giro, es que él, como todo naturalista, ha llegado al punto en que tiene que detenerse, por chocar con lo metafísico, que se encuentra allí con lo último conocible, más allá de lo cual escapa la Naturaleza a sus investigaciones, y allí es donde están las inclinaciones y apetitos, es decir, la voluntad. ; tal sería la breve expresión de su último resultado.

 

No menos expresivo es el testimonio que ha aportado a mi verdad el docto y profundo Burdach en su gran Fisiología, donde trata de las últimas razones del génesis del embrión. No puedo callar, por desgracia, que un autor tan excelente como éste, es aquí precisamente donde en mala hora y seducido Dios sabe cómo y por qué, emplea algunas frases de aquella pseudofilosofía completamente sin valor y robustamente impuesta, frases acerca del que dice ser lo originario, siendo precisamente lo último y lo más condicionado, del que no es, según él, , y por lo tanto, un hierro de madera. Pero en el mismo pasaje y al reaccionador influjo de lo mejor de sí propio, expresa la pura verdad en la pág. 710, diciendo: . Estas expresiones de Burdach, tan acomodadas a mi doctrina, recuerdan el pasaje aquel del antiguo Mahabharata, que es difícil no tomar, desde este punto de vista, por la expresión mística de la verdad misma. Está en el canto tercero del episodio de Sunda y Upasunda, en los publicados por Bopp en 1824. Brahma ha creado a Tilsttama, la más hermosa de todas las mujeres, y la rodea de la asamblea de los dioses; Siva tiene tales deseos de contemplarla que, como ella, recorre sucesivamente el círculo, y nácenle cuatro rostros, a medida del punto de vista, es decir, según las cuatro regiones del mundo. Tal vez se refieren a esto las representaciones de Siva con cinco cabezas, como Panch, Mukhti, Siva. De igual manera y con ocasión análoga nácenle a Indra los innumerables ojos de que tiene lleno el cuerpo. El Matsya Purana hace nacer a Brahma los cuatro rostros del mismo modo, es, a saber, porque habiéndose enamorado de Satarupa, su hija, la miró fijamente; pero ella viendo de reojo esa mirada, la esquivó, y él, avergonzado, no quiso seguir sus movimientos, a pesar de lo cual, formósele un rostro hacia aquel lado, y como ella hiciera lo mismo, prosiguiendo en esquivarse, llegó él a tener cuatro caras. La verdad es que hay que considerar a cada órgano cual la expresión de una manifestación volitiva universal, esto es, hecha de una vez para siempre; de un anhelo fijado; de un acto volitivo, no del individuo, sino de la especie. Toda figura animal es un apetito de la voluntad evocado a la vida por las circunstancias, v. gr., siente anhelo de vivir en los árboles, de colgarse de sus ramas, de alimentarse de sus hojas, sin tener que luchar con los demás animales, ni pisar el suelo, y este anhelo se manifiesta, de largo tiempo ya, en la figura (idea platónica) del animal llamado perezoso. Apenas puede andar, porque no está provisto más que de garras; privado de todo recurso en el suelo, manéjase muy bien en los árboles, apareciendo en éstos cual una rama enmohecida, con lo cual evita el que le vean sus perseguidores. Pero vamos a considerar la cosa más prosaica y metódicamente.

 

La evidente adaptación de cada animal a su género de vida, adaptación que se extiende hasta el individuo y a los medios exteriores de su conservación, y la exuberante perfección artística de su organización prestan el más rico argumento a consideraciones teleológicas, a que de antiguo propende el espíritu humano, consideraciones que llevadas a la Naturaleza inanimada han llegado a ser el argumento de la prueba físico‑teleológica. La sin excepción finalidad, la patente intencionalidad en las partes del organismo animal anuncian demasiado claramente que obran en ellas no ya fuerzas naturales sin plan alguno y al acaso, sino una voluntad, cosa que cabe reconocer en serio. Pero sucede que no cabía, dado el conocimiento empírico, pensar en la acción de una voluntad de otro modo que no sea dirigida por un conocer, puesto que hasta llegar a mí hase tenido, como explicado queda, a la voluntad y a la inteligencia por en absoluto inseparables, llegando hasta considerar a la voluntad cual una mera operación de la inteligencia, supuesta base del espíritu todo. Debía, por consiguiente, allí donde obrara una voluntad, ser guiada por una inteligencia, y por lo tanto, aquí también. Ocurre, empero, que la inteligencia, como medio que se dirige esencialmente hacia afuera, exige que una voluntad que, mediante ella sea activa, no pueda obrar más que hacia afuera, de un ser a otro. Y de aquí el que no se buscase a la voluntad, cuyas inequívocas huellas se había hallado, donde realmente se encontraba, sino que se la suponía hacia afuera, haciendo del animal un producto de una voluntad a él extraña dirigida por inteligencia que debía haber estado constituida por un concepto final muy claro y bien pensado, e inteligencia precedente a la existencia del animal y puesta fuera de éste con la voluntad toda cuyo producto es el animal. Y de aquí el que el animal existiera antes en la representación que en la efectividad, o sea en sí mismo. Tal es la base del proceso de pensamientos sobre que descansa la prueba físico-teleológica. Pero esta prueba no es un mero sofisma de escuela, como la ontológica; no lleva en sí misma un infatigable y natural contradictor, como la cosmológica; la tiene en la ley misma de la causalidad, a que debe su existencia; sino que es esta prueba, en realidad, para los doctos lo que para el pueblo la ceraunológica (2), teniendo una apariencia tan poderosa y grande, que se han dejado caer en ella las cabezas más eminentes y a la vez más libres de prejuicios, como, v. gr., Voltaire, que después de varias dudas de toda clase, vuelve siempre a ella, sin ver posibilidad alguna de traspasarla y hasta asentando cual matemática su evidencia. También Priestley la reputa incontrovertible. Sólo la circunspección y agudeza de Hume se mantienen aquí firmes; este legítimo predecesor de Kant, en sus Diálogos acerca de la religión natural, tan dignos de leerse, hace observar cómo en el fondo no hay semejanza alguna entre las obras de la Naturaleza y las de un arte que obra a intento. Tanto más grande brilla aquí el mérito de Kant, lo mismo en la crítica del juicio que en la de la razón pura cuanto que él es quien ha cortado el nervus probandi a esta prueba, tenida en tanto precio, así como a las otras dos. En mi obra capital, tomo I, se halla un corto resumen de esta contradicción kantiana a la prueba físico-teleológica. Por ella ha contraído Kant un gran mérito, pues nada se opone más a una justa visión de la Naturaleza y de la esencia de las cosas que semejante concepción de las mismas, cual si fuesen una obra llevada a cabo después de prudente cálculo. Y si luego un duque de Bridgewater ofrece grandes sumas como precio a fin de que se confirme y perpetúe tal error fundamental, trabajemos nosotros, inquebrantables, sin otro premio que la verdad, siguiendo las pisadas de Hume y de Kant. También en esto se limitó Kant a lo negativo, que cumple su efecto todo tan luego como se le complete con un recto positivo, cual solo procurador de satisfacción entera, conforme a la expresión de Spinoza: así como la luz se manifiesta a sí misma y manifiesta a las tinieblas, así la verdad es norma de sí misma y de lo falso. Digamos, pues, ante todo: el mundo no se ha hecho con ayuda de inteligencia, y, por lo tanto, no desde fuera, sino desde dentro, v entonces nos veremos obligados a mostrar el punctum saliens del huevo del mundo. El pensamiento físico-teleológico de que tenga que ser un intelecto el que ha ordenado y modelado la Naturaleza se acomoda fácilmente a todo entendimiento tosco, y es, sin embargo, tan absurdo como acomodado a él. El intelecto no nos es conocido más que por la naturaleza animal, y en consecuencia, cual un principio enteramente secundario y subordinado en el mundo, un producto del más posterior origen, no pudiendo, por lo tanto haber sido jamás la condición de su existencia, ni haber precedido un mundus intelligibilis al mundus sensibilis, puesto que aquél recibe de éste su materia. No un intelecto, sino la naturaleza del intelecto es lo que ha producido la Naturaleza. Mas he aquí que entra la voluntad como la que todo lo llena y se da a conocer inmediatamente en cada cosa, resultando aquél, el entendimiento, su manifestación, y ella como lo originario en donde quiera. Cabe, por lo tanto, explicar los hechos todos teleológicos partiendo de la voluntad del ser mismo en quien se verifican.

 

Debilítase ya, por lo demás, la prueba físico-teológica con la observación empírica de que las obras del instinto animal, la tela de la araña, el panal de las abejas, la vivienda de los térmites, etc., se nos presentan cual si fuesen hijas de un concepto final, de una amplia previsión y deliberación racional, cuando en realidad son obra de un ciego instinto, esto es, de una voluntad no guiada por inteligencia, de donde se sigue que no es seguro lo que de semejante disposición se deduce, basándolo en tal modo de ser las cosas. En el cap. 27 del segundo tomo de mi obra capital, se hallará una prolija consideración acerca del instinto. Ese capítulo, con el que le precede acerca de la teleología, pueden utilizarse cual complemento de todo lo tratado aquí.

 

Examinemos más de cerca la precitada adaptación de la organización de cada animal a su manera de vivir y a los medios de conservar su existencia. Ocurre aquí, desde luego, la pregunta de si es la manera de vivir la que se regula según la organización o ésta según aquélla. Parece, a primera vista, que sea lo primero lo exacto, puesto que en el orden del tiempo precede la organización a la manera de vivir, creyéndose que el animal ha adoptado el género de vida a que mejor se acomoda su estructura, utilizando lo mejor posible los órganos con que se halló; que el ave vuela porque tiene alas, el toro embiste porque tiene cuernos, y no la inversa. Esta opinión es la de Lucrecio:

 

Nil ideo quoniam natum est in corpore, ut uti possemus; sed, quod natum est, id procreat usum

 

desarrollada en el canto IV, 825-843. Sólo que en este supuesto queda sin explicación, cómo las partes totalmente diferentes del organismo de un animal responden en conjunto a su género de vida, que ningún órgano estorbe a otros, sino que más bien ayude cada uno a los demás, y que tampoco quede ninguno inutilizable, ni sirva mejor ningún órgano subordinado para otra manera de vivir, mientras solamente los órganos capitales hubieran determinado aquella manera de vida que sigue el animal. Sucede, antes bien, que cada parte del animal responde tanto a cada una de las otras partes como a su género de vida, v. gr., si las garras son siempre apeas para asir la presa, los dientes sirven para desgarrar y deshacer, y el canal intestinal para digerir y los miembros de locomoción a propósito para llevarlo allí donde se encuentre la tal presa, sin que quede inutilizable órgano alguno. Así, por ejemplo, el oso hormiguero tiene no sólo largas garras en las patas delanteras para poder derribar las viviendas de los térmites, sino también para poder introducirlo en dicha vivienda, un largo hocico de forma cilíndrica con pequeña mandíbula y una lengua larga, filiforme recubierta de una pegajosa mucosidad, lengua que mete profundamente en los nidos de los térmites, retirándola con los insectos a ella; pegados, y, por el contrario, no tiene dientes por que no los necesita. ¿Quién no ve que la figura del oso hormiguero se refiere a los térmites como un acto de voluntad a su motivo? Hay en el oso hormiguero una contradicción tan sin ejemplo entre los poderosos brazos, provistos de fuertes garras, largas y encorvadas, y la total falta de mandíbulas para morder, que si sufriera alguna nueva revolución la tierra sería el hormiguero fósil un verdadero enigma para las generaciones futuras que no conociesen a los térmites. El cuello del ave es por lo regular, como el de los cuadrúpedos, tan largo como sus piernas, para poder alcanzar así en tierra su alimento; pero en las palmípedas es a menudo mucho más largo porque van a buscar, nadando, su alimento bajo la superficie del agua. He visto un colibrí cuyo pico era tan largo como el pájaro todo de cabeza a cola. Este colibrí iría, sin duda alguna, a buscar su pitanza a alguna profundidad, aunque sólo fuese la de un hondo cáliz de flor (Cuvier, anat. comp., vol. IV, pág. 374), pues no se habría dado sin necesidad el lujo de semejante pico, cargando con todo su peso. Las aves de pantanos tienen patas desmesuradamente largas para poder vadear los charcos sin sumergirse ni mojarse, y conforme a ellas cuello y pico muy largos, este último fuerte o débil, según que tengan que triturar reptiles, peces o gusanos, a lo que corresponden siempre las vísceras, y por el contrario no tienen tales aves ni garras como las rapaces, ni membranas interdigitales como los patos, pues la lex parsimoniœ naturœ no consiente órgano alguno superfluo. Esta ley, juntamente con aquella otra de que a ningún animal le falte un órgano que exija su género de vida sino que todos, aun los más diversos, concuerden entre sí estando como calculados para un género de vida especialmente determinado, en el elemento en que viva su presa, para la persecución, victoria, trituración y digestión de ella, tales leyes son las que prueban que es el género de vida que el animal quería llevar para hallar su sustento el que determinó su estructura, y no la inversa y que la cosa ha sucedido como si hubiese precedido a la estructura un conocimiento del género de vida y de sus condiciones externas, habiendo, en consecuencia, escogido cada animal su instrumento antes de encarnarse; no de otro modo que cuando un cazador, antes de salir, escoge, según el bosque que haya elegido, su equipo todo, escopeta, carga, pólvora, burjaca, cuchillo y vestido. No es que tire al jabalí porque lleva escopeta de fuerza, sino que ha tomado ésta y no la de pájaros porque salía a jabalís; y el toro no embiste porque tiene cuernos, sino que tiene cuernos porque quiere embestir. Viene a completar la prueba el hecho de que en muchos animales, mientras están todavía en el crecimiento, se manifiesta la aspiración volitiva a que ha de servir un miembro, precediendo así su uso a su existencia. Así es que cornean los corderos, los cabritos y los terneros con la cabeza, tan sólo, antes de tener cuernos; el jabato dirige golpes a derecha e izquierda en torno de sí cuando todavía le faltan los colmillos que responden al efecto apetecido, no sirviéndose, por el contrario, de los pequeños dientes que tiene ya en la mandíbula y con los que podría morder. Así es que su modo de defensa no se dirige según las armas que posee, sino a la inversa. Esto lo notó ya Galeno (De usu partium anim. I, 1) y antes que él Lucrecio (V. 1.032‑39), y de aquí obtenemos la certeza completa de que no es que la voluntad, cual algo adventicio, surgido tal vez de la inteligencia, aproveche los instrumentos conque se encuentra ya desde luego usando de las partes por encontrarse allí con ellas y no con otras, sino que lo primero y originario es el esfuerzo por vivir de esa manera, por luchar de tal modo y no de otro, esfuerzo que se manifiesta no sólo en el uso, sino también en la existencia de las armas y tanto más cuanto que aquél precede a menudo a ésta, indicándonos así que las armas se producen porque existe el esfuerzo y no la inversa. Es lo que sucede con toda parte en general. Ya Aristóteles expresó esto al decir de los insectos armados de aguijón que (de part. animal. IV, 6), y en otro pasaje: El resultado final es que todo animal se ha hecho su estructura conforme a su voluntad.

                                                       
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Con tal evidencia se impone esta verdad al zoólogo y al anatómico pensadores, que si no ha depurado éste su espíritu por una más profunda filosofía, puede verse arrastrado a extraños errores. Tal ha sucedido en realidad a un zoólogo de primera fila, el inolvidable Lamarck, que ha logrado mérito inmortal por el descubrimiento de 1a tan profunda división de los animales en vertebrados e invertebrados. En su Philosophie zoologique, vol. I, C. 7, y en su Hist. nat. des animaux sans vertébres, vol. I, introd. pág. 180-212, afirma con toda seriedad, esforzándose por probarlo prolijamente, que la figura, las armas peculiares y los órganos de toda clase que obran hacia afuera en cada especie de animal no existían en el origen de la especie, sino que han nacido a consecuencia de los esfuerzos voluntarios del animal, provocados por la constitución de su ambiente, por sus propios esfuerzos repetidos, y los hábitos que de ellos brotan, y que han nacido en el curso del tiempo y gracias a la generación. Así —dice— han conseguido membranas interdigitales las aves y los mamíferos nadadores, porque extendían sus dedos para nadar; las aves de pantano se hallaron con largas patas y cuello largo a consecuencia de vadear pantanos; las bestias cornudas se encontraron por primera vez con cuernos porque, a falta de buenas dentelladas, sólo podían pelear con la cabeza, y este género de lucha les crió los cuernos. El caracol estaba en su principio, como otros moluscos, sin cuernos; pero le nacieron tales por la necesidad de tantear los objetos circunstantes. El género todo felino recibió con el tiempo garras, de la necesidad de desgarrar la presa, y de la necesidad de manejarse en la marcha y no verse estorbado por ellas, la vaina en que las guarda y la movilidad de ellas. La jirafa, atenida al ramaje de altos árboles en el Africa seca y sin hierba, alargó sus patas delanteras y su cuello hasta lograr su extraña figura, de veinte pies de alto por delante. Y así, sigue haciendo nacer conforme al mismo principio una multitud de especies animales, sin echar de ver la patente objeción de que habrían sucumbido las especies en tales esfuerzos antes de que en el curso de innumerables generaciones hubiesen producido los órganos necesarios a su conservación, desapareciendo por falta de éstos. Tan ciego, pone una hipótesis preconcebida. Ha nacido aquí ésta, sin embargo, de una exacta y profunda concepción de la Naturaleza, es un error genial, que honra a su autor, a pesar del absurdo todo que en él radica. Lo que hay de verdadero en tal hipótesis es lo que, como naturalista, vio su autor, puesto que comprendió bien que es la voluntad del animal lo originario y lo que ha determinado su organización. Lo falso, por el contrario hay que cargarlo, como culpa, a la cuenta de la atrasada condición de la metafísica en Francia, donde todavía dominan Locke y su sucesor Condillac, más endeble que él, y donde, por lo tanto, sigue tomándose al cuerpo como a cosa en sí, al tiempo y al espacio como cualidades de la cosa en sí, sin que haya allí penetrado aún la grande y fecunda doctrina de la idealidad del tiempo y del espacio, ni nada de lo que en ella va implícito. Y de aquí el que no pudiera concebir Lamarck la constitución de los seres de otro modo que en el tiempo por sucesión. La profunda influencia de Kant ha desterrado de Alemania errores de esa clase, así como la crasa y absurda atomística de los franceses y las edificantes consideraciones fisico‑teológicas de los ingleses. ¡Tan beneficiosa y perseverante es la influencia de un gran espíritu aun sobre una nación que pudo abandonarle para seguir a fanfarrones y charlatanes! Mas nunca pudo ocurrírsele a Lamarck la idea de que la voluntad del animal, como cosa en sí, esté fuera del tiempo, pudiendo ser, en tal sentido, más originaria que el animal mismo. Pone primero, por lo tanto, el animal sin órganos decisivos; pero también sin decisivas tendencias, provisto meramente de percepción, que le enseña las circunstancias en que tiene que vivir, surgiendo de tal conocimiento sus tendencias, es decir, su voluntad y de ésta, por fin, sus órganos y su corporización determinada, con ayuda de la generación y en inmenso espacio de tiempo, por consiguiente. Si hubiera tenido ánimo para poder llegar hasta el fin, habría tenido que suponer un animal primitivo, que debería ser sin figura ni órganos, y el cual se habría transformado en las miríadas de especies de animales de toda clase, desde la mosca hasta el elefante, en virtud de circunstancias climatéricas y locales. Mas la verdad es que tal animal primitivo es la voluntad de vivir, siendo como tal algo metafísico y no físico. Cada especie ha determinado su forma y organización por su voluntad propia y a la medida de las circunstancias en que quería vivir, mas no cual algo físico en el tiempo, sino como algo metafísico fuera del tiempo. La voluntad no ha brotado de la inteligencia existiendo ésta, con el animal todo, antes que se hallara la voluntad, como mero accidente, como algo secundario y aun terciario, sino que es la voluntad lo primario, la esencia en sí, y el animal su manifestación (mera representación en el intelecto consciente y en sus formas el tiempo y el espacio) animal provisto de todos los órganos que pide la voluntad para vivir en esas circunstancias especiales. A estos órganos pertenece también el intelecto, la inteligencia misma, estando acomodado, como los demás, al género de vida de cada animal; mientras que Lamarck hace nacer de él la voluntad.

 

Examínese las innumerables figuras de los animales para ver cómo no es, en todo caso, cada una de ellas nada más que la imagen de su voluntad, la expresión sensible de sus tendencias volitivas, que son las que forman su carácter. La diversidad de figuras no es más que el trasunto de la diversidad de caracteres. Los animales predatorios, enderezados a la lucha y el robo, se presentan con terribles fauces y con garras y fuertes músculos; su mirada penetra en lontananza, sobre todo cuando tienen que acechar su presa desde una altura en que se ciernan, como les sucede al águila y al cóndor. Los animales tímidos, que tienen voluntad de buscar su salvación no en la lucha, sino en la fuga, están provistos, en vez de armas, de patas ligeras y rápidas y de oído agudo. El más medroso de entre ellos, la liebre, ha provocado el notable alargamiento de sus orejas. Al exterior corresponde el interior; los carnívoros tienen intestinos cortos; los herbívoros los tienen largos, para un más lento proceso de asimilación; a fuerza muscular e irritabilidad grandes acompañan cual necesarias condiciones, una fuerte respiración y una rápida circulación sanguínea, representadas por órganos acomodados a ellas, no siendo posible una contradicción. Manifiéstase cada especial esfuerzo de la voluntad en una especial modificación de la figura, de donde resulta que determina a la figura del perseguidor el lugar en que la presa habita; si ésta se retira a elementos difícilmente accesibles, a escondidos rincones, en la noche y las tinieblas, toma el perseguidor la forma que a tal medio mejor cuadre, sin que haya ninguna tan grotesca que la voluntad no revista para lograr su fin. Debe el pico cruzado (loxia curvirostra) la enorme figura de su aparato masticador a que tiene que sacar las semillas de que se nutre de entre las escamas de la piña. Para buscar reptiles en los pantanos es para lo que tienen las zancudas su extraña figura, su largo cuello, sus largas patas y su largo pico. Para desenterrar térmites tiene el oso hormiguero los cuatro largos pies con piernas cortas, fuertes y largas garras y fauces pequeñas y desdentadas; pero provistas de una lengua viscosa y filiforme. Va el pelícano de pesca con una monstruosa bolsa bajo el pico para poder guardar en ella muchos peces. Para caer de noche sobre los durmientes, vuelan los búhos provistos de pupilas desmesuradamente grandes, que les permiten ver en la oscuridad, y con plumas enteramente blandas que, haciendo silencioso su vuelo, no despierten a los que duermen. El siluro, el gimnoto y el torpedo tienen un completo aparato eléctrico para atontar a la presa antes de alcanzarla, así como para defenderse de sus perseguidores. Donde alienta un viviente hay otro para devorarlo (3), resultando cada uno de ellos como enderezado y dispuesto, hasta en lo más especial, para la aniquilación del otro. Así, v. gr., entre los insectos, los icneumones, atentos a la futura provisión para sus crías, ponen sus huevos en el cuerpo de ciertas orugas y larvas semejantes, a las que traspasan con su aguijón. Y se ha observado que los que se atienen a larvas que se arrastran libremente, tienen aguijones enteramente cortos, de 1/8 de pulgada, mientras el pimpla manifestator, que se atiene a la chelestoma maxillosa, cuya larva se oculta en lo hondo de la madera, donde no puede aquél alcanzarla, tiene un aguijón de dos pulgadas, y casi tan largo lo tiene el ichneumon strobillœ, que pone sus huevos en larvas que viven en las piñas del pino, para lo cual atraviesan éstas hasta llegar a la larva, la pinchan y ponen en la herida un huevo, a cuyo producto alimenta después la larva. Y no menos claro se muestra en la armadura defensiva de los perseguidos la voluntad de éstos de evitar a los enemigos. El erizo y el puerco‑espín erizan todo un bosque de púas. Armados de pies a cabeza, impenetrables a los dientes, los picos y las garras, aparecen el armadillo, la tortuga y otros, y en pequeño la clase toda de los crustáceos. Han buscado otros su protección no en obstáculos físicos, sino en engañar al perseguidor; así el calamar se ha provisto del material necesario para producir una nube oscura, que esparce en su derredor en el momento del peligro; el perezoso se parece, hasta confundirse con ella, a una rama enmohecida; la pequeña rana verde a la hoja, e innumerables insectos al lugar de su residencia habitual; el piojo del negro es negro; nuestra pulga lo es también; pero ésta se ha abandonado a sus amplios e irregulares saltos, para lo que se ha dado el lujo de un aparato de fortaleza sin ejemplo. La anticipación que se actúa en todos estos medios podemos reducirla a la que en los instintos se nos muestra. La araña joven y la hormiga león no conocen todavía a la presa con que se encuentran por vez primera. Y lo mismo sucede con la defensiva: el insecto bombex mata, según Latreille, con su aguijón al parnope, aunque ni se lo come ni es por él comido, sino porque más tarde pone el segundo sus huevos en el nido del primero, impidiendo el desarrollo de los de éste, cosa que no la sabe todavía. Con tales anticipaciones se confirma una vez más la idealidad del tiempo, idealidad que surge en general siempre que de la voluntad como de la cosa en sí, se trata. En lo aquí tratado, así como en otros respectos, sírvense de mutua explicación los instintos del animal y las funciones fisiológicas, porque en ambos casos obra la voluntad sin conocimiento.

 

 

Notas

 

(1) Como no he podido haber a mano El Criticón, de Gracián, en vez de copiar este pasaje de su original como debería haber hecho, me he visto precisado a retraducirlo, o sea traducirlo al castellano de traducción de Shopenhauer ‘’. (N. del T.)

 

(2) Podría bajo esta denominación añadir a las tres pruebas citadas por Kant una cuarta la prueba a terrore que define la vieja frase de Petronio primus in orbe Deus fecit timor. Como crítica de ella hay que considerar a la incomparable Natural history of religion, de Hume. Entendida en el mismo sentido; podría tener su verdad también la prueba intentada por el teólogo Schleiermacher, basándose en el sentimiento de dependencia, si bien no la verdad que se proponía darle el que la estableció.

 

(3) Comprendiendo esto y examinando los muchos fósiles de marsupiales de Australia, en parte muy grandes, iguales en tamaño al rinoceronte, llegó ya en 1842 R. Owen a la conclusión de que debía haber existido también allí un gran carnicero coetáneo; lo cual se ha confirmado más tarde hallándose en 1346 una parte del cráneo de un carnívoro del tamaño del león, al que se ha llamado thilacotso, esto es, león de bolsa, por ser también marsupial.

 

 
 
 
sonsoles
02 August 2009 @ 01:17 pm

                              NIETSZCHE

 

Por José L. Torrents

 

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Nietzsche no es un filósofo al uso, que haya elaborado un sistema filosófico concreto, ya sea una ética, una metafísica basada en la moral como Emmanuel Kant, una dialéctica del espíritu o materialista como Hegel o Marx. Ante todo ha sido un psicólogo en el sentido más grande de la palabra, su psicología es innata e intuitiva. Se da en él como el olfato a los felinos. Ha sido un escudriñador de las costumbres, de la moral, de las religiones, y también un profeta o un vidente al insinuar, no tuvo tiempo de hacer otra cosa —murió a los 54 años— la Ley del “Eterno Retorno de lo Idéntico”.
Se ha hablado, se ha escrito mucho, sobre si Nietzsche influyó en el movimiento nacionalsocialista; las opiniones son para todos los gustos y es curioso que al emparentar al filósofo con el estadista, existan las mayores contradicciones, y eso en todos los campos: políticos o pensantes, desde los nacionalsocialistas hasta los enemigos de éstos. Que estas contradicciones existan en sus enemigos es cosa natural, pues la contradicción está en su misma esencia, incluso que los reparos sobre Nietzsche, cuando no la abominación, se den entre las derechas tradicionales: nacionalistas, patrioteras y religiosas, es perfectamente lógico. Lo increíble, diría que lamentable, es el hecho de que también algunos nacional-revolucionarios de hoy lo sigan considerando como a un filósofo peligroso por contradictorio.
Para los millones de nacionalsocialistas o de fascistas que había en Europa hasta 1945, el aceptar o no como “suyo” a Nietzsche, no tenía la menor importancia, bastaba con que la comprensión del filósofo estuviera en un reducido número, en las élites.
Pero hoy, en la “pleamar del nihilismo”, o los nacional-revolucionarios comprenden de una vez por todas la dimensión del mensaje de Nietzsche, o caen en una tartufería sentimentaloide, con lo cual y por mas voluntad que pongan en su tarea, entorpecen más que ayudan a la formación de la nueva élite que debe o debería formarse. “Dios ha muerto” y con él: la religión, la moral, la patria. Se necesita un “Hom­bre Nuevo”. Fue el nacionalsocialismo quien más lejos llevó la formación de éste, pero era inevitable que fuera un híbrido, entre la “voluntad de poder” y el romanticismo de Wagner: el romanticismo, la gran nostalgia, los mejores restos de una civilización desafiando a su inevitable fin, “El Ocaso de los Dioses”.
Tal afirmación, seguramente será tachada de exagerada. No me molestaré demasiado en demostraciones, no es esto lo que pretendo aquí, simplemente diré como Nietzsche: “Es un nuevo paso hacia la independencia el atreverse a expresar apreciaciones que han de causar vergüenza a quienes las propagan. En este caso hasta los amigos y conocidos se manifiestan inquietos. Es este todavía un fuego por el cual debe pasar la naturaleza bien dotada; enseguida se pertenece aún más a ella misma” (“Humano, demasiado humano” afr. 619).
Volviendo al tema central, —del cual me he apartado para dar unas sugerencias y sobre todo, dejar constancia de que el nacionalsocialismo no fue radicalmente nietzscheiano, pero sí fue el Movimiento que más cerca estuvo de él— daré los siguientes datos como prólogo, aún y siendo estos, del aspecto más exterior. En 1934 el Partido nacionalsocialista promueve lo que parecía la edición definitiva de las obras editadas por el “Archivo Nietzsche”. El 1 5 de octubre del mismo año, en Weimar y en presencia de Hitler se conmemora solemnemente el 90 aniversario del nacimiento del filósofo. En 1937 se levanta un nuevo edificio especial para el “Archivo Nietzsche”. Hitler regala a Mussolini las obras completas de Nietzsche encuadernadas en piel (cabe constar que los dos pensadores que más influyeron en el Duce, fueron Nietzsche y Sorel). En el libro “Conversaciones sobre la guerra y la paz” existe la siguiente manifestación de Hitler: “En el “hall” de la Biblioteca de Linz se pueden ver los bustos de Kant, Schopenhauer y Nietzsche. Los ingleses, los franceses y los americanos no son capaces de alinear filósofos de esta talla... Nietzsche ha superado maravillosamente el pesimismo de Schopenhauer”. Mayores honores por parte de Hitler hacia un prohombre alemán, sólo lo vemos en la persona de Wagner.
En otro orden, más particular si se quiere, Otto Skorzenny, considerado hasta el fin de la guerra, como el hombre “más peligroso de Europa” por su sensacional hazaña, entre otras, de la liberación del Duce, titula su primer libro de memorias con la famosa frase de Nietzsche “Vive Peligrosamente” y cuando relata sus experiencias y conversaciones con Hitler en plena guerra, queda vivamente impresionado por el temple y la firmeza del Führer ante tantas dificultades y adversidades y le recuerda la imagen conque Nietzsche describe al “Superhombre” en la simple pregunta: “¿Acaso busca su felicidad? No, busca su Obra”.
Uno de los intelectuales españoles actuales más serios, Rafael Gabra, llama a la filosofía de Nietzsche y de su discípulo Martín Heideger, “existencialismo vitalista” y la resume admirablemente cuando dice: ”Existe para cada hombre, sin embargo, una posible salvación: aceptar la propia situación, dar un enérgico SI a los hechos y autoafirmarse por la acción y por la lucha”.
Y continúa: “Puede reconocerse una influencia de esta filosofía en la actitud de la juventud alemana en las filas del nacionalsocialismo durante la última guerra mundial. Actitud desengañada, escéptica, respecto a valores universales, pero que, por un enérgico voluntarismo, afirma y deifica su propia existencia colectiva —la Raza y el Estado germánico—, y se entrega desesperadamente a una lucha de la que espera­ba ver surgir su propio ser y el sentido de su vida” (Historia sencilla de la Filosofía, Ed. Rialp).
Asimismo, Martín Heideger, teorizador de la metafísica existencialista, se confiesa discípulo de Nietzsche y durante el período nacionalsocialista, da numerosas conferencias ente los más destacados miembros del Partido y de la vida cultural- —que no se excluían—, sobre la interpretación de la filosofía nietzscheiana. Su libro, “Sendas perdidas” es un glosario de estas conferencias, particularmente es el capítulo sobre la frase de Nietzsche, “Dios ha muerto”.
A ambos filósofos se les ha considerado, por parte de ciertos intelectuales, como anarquistas. De Nietzsche hablaremos más adelante, de Heideger y para dar una oportuna aclaración, en 1943 se expresó de la siguiente forma al manifestar públicamente su ciega adhesión a Hitler con estas palabras: “Ni los dogmas ni las verdades racionales deben erigirse en normas de nuestra conducta. Hoy y siempre, el Führer es el único capacitado para decidir lo que es bueno y lo que es malo. El Führer es nuestra única ley”. (Historia Ilustrada del III Reich).
Hecha esta introducción preliminar paso ha hacer un resumen de la vida y de la obra del filósofo, con las exposiciones necesarias para clarificar sus pretendidas contradicciones, su influencia o semejanza con Hitler y el movimiento nacionalsocialista, así como advertencias o sugerencias a los nacional-revolucionarios de hoy y de mañana.
 
 

 


 
 

Federico Guillermo Nietzsche nació en Roecken, población de Tunngia el 11 de octubre de 1844. Su padre era pastor protestante, de aquí puede deducirse que conociera ya en su infancia y de cerca la moral cristiana. En julio de 1849, o sea, cuando el mozo tenía 5 años, muere su padre y la familia; su madre y su hermana Elisabeth se trasladan a Naumburg.


 

Ya desde la infancia Nietzsche destaca por su inteligencia y seriedad por encima de sus compañeros. Una anécdota puede ser suficientemente ilustrativa; su madre y su hermana le esperaban a la salida del colegio durante una fuerte lluvia, todos los niños salían corriendo en busca de refugio, de pronto apreció él, caminando tranquilamente empapándose de agua, su madre le gritaba para que se apresurase, pero él no se inmutó y cuando llegó junto a ellas les dijo que la norma que le habían enseñado era de no salir corriendo y saltando, sino caminando con compostura.



A los 15 años ingresa en la escuela de Pforta y cursa en ella estudios secundarios, cabe señalar que el ingreso en este prestigioso colegio lo obtiene mediante una beca. La superioridad intelectual de Nietzsche que de pequeño se vislumbra, se hace ahora patente, sus compañeros se lo reconocen, a pesar del “pathos de la distancia” que mantenía con ellos y que será una constante en toda su vida, ya al final de su vida lúcida, en ECCE HOMO dirá “¡Sobre todo, no me confundais con otros!”. Es una época en que el estudio le absorve, y causa admiración ver la multitud, variedad y profundidad de las lecturas de Nietzsche, que a los 18 años tenía ya una filosofía propia, influenciada por Emerson y Fichte —mas tarde la definitiva influencia la recibiría de Schopenhauer—. Pero en las materias que más destaca es en el latín, el griego y en el cristianismo romántico. En la cultura griega y en el cristianismo fija su atención en el problema moral que no dejará de analizar y ser su PROBLEMA a resolver durante toda su vida. Asimismo aumenta su afición por la música, tanto como intérprete como compositor, tocaba el piano con brillantez siendo a la vez un gran improvisador, Wagner llegó a decir de él más tarde “Que era demasiado buen músico para ser profesor”.
A pesar de sus esfuerzos por ser sociable no parece haber tenido en el empeño mucho éxito. Su mejor amigo, que lo sería durante toda su vida era Paul Deusen, que más tarde se convirtió en el gran orientalista debido a su obra sobre la Vedanta, que sigue siendo clásica (lo cual quiere decir, desconocida actualmente). En 1.864, terminados sus estudios secundarios en Pforta, ingresa en la Universidad de Bonn para seguir los estudios de filología clásica y teología, pero pronto abandona esta última materia para dedicarse por entero a la filología, en que, en la fisiología encuentra unos puntos de apoyo esenciales, que junto con su intuición sobre el PROBLEMA MORAL darán a su filosofía la clasificación, si es que puede clasificarse en un sólo molde, de filosofía VITALISTA (En España, Ortega y Gasset será el máximo exponente de ella con su racio-vitalismo).
Su fé en este período había naufragado. Es el año 1865 y decide trasladarse a Leipzig para proseguir y perfeccionar sus estudios de filología clásica al lado de la máxima figura alemana en este campo, el profesor Ritschl. Son años de una total entrega a esos estudios; funda una Asociación filológica en la que da conferencias, esto le será de gran ayuda en un futuro inmediato.
Pero antes del ingreso en la Universidad de Leipzig, sucede un acontecimiento que posible y desgraciadamente le marcará para toda su vida. En febrero de 1865 hace un viaje a Colonia, le pide a un amigo la dirección de un hotel y este le entrega la de un burdel. Nietzsche en una carta a Paul Deusen le dice: “Me encontré repentinamente rodeado de media docena de criaturas vestidas de gasa y de lentejuelas, que me miraban ávidamente...” En 1867 hace su servicio militar en caballería, sufriendo una caída, a la cual se atribuye su parálisis posterior. Sobre sus ideas políticas de aquella época y según la opinión de Strouxes es la de que “Nietzsche no está, propiamente hablando, orientado hacia la política. Tiene, a grandes rasgos, simpatía por la creciente grandeza de Alemania, pero ninguna por su forma prusiana; un gusto muy vivo por un libre desarrollo cívico e intelectual”.
Que así opinaba no puede negarse, es una constante en él. Y aquí precisamente surge ya, la primera aparente contradicción sobre su pensamiento. Debido a esas opiniones y a frases dirigidas contra los alemanes como por ejemplo “Matad el espíritu, siempre os quedará el Reich”, pronunciadas con evidente desprecio, ha servido para que el progresismo intelectual —siempre tan ávido de detalles inconexos— intentara, como antes hemos explicado, sino apropiárselo del todo, por lo menos demostrar que los movimientos nacional-revolucionarios lo invocaban sin razón y aconsejando que cambiáramos de “santo patrón”. Y, como ya he dicho, muchos nacional-revolucionarios con poca agilidad mental, huyendo de todo lo que no sea concreto y tangible, lo miran con evidente desconfianza, de soslayo. Ni unos ni otros han llegado más allá en sus conclusiones, que el efecto exterior producido por la letra impresa.
Debería haberse comprendido, debería tenerse la sutileza suficiente para ver que un hombre como Nietzsche, que admira del código de Manú (código de las castas hindúes), que en todo momento muestra su admiración por la Grecia pre-socrática y por la Roma clásica, que hace perfectas diferenciaciones entre lo aristocrático y lo plebeyo y que al mismo tiempo se inclina “por un libre desarrollo cívico e intelectual”, está muy lejos del democratismo —al que tacha de decadente—, o del socialismo al que llega a decir de él en la VOLUNTAD DE PODER: “El socialismo, tiranía extrema, ejercida por necios y mediocres, disunula mal la voluntad de negar la vida”. Bien, ¿entonces, que es lo que dice Nietzsche en realidad? ¿que entiende por un libre desarrollo cívico e intelectual? ¿porque, su mal de ojo hacia el Reich?.
Lo primero que ve en ello un espíritu ágil, o por lo menos que olfatea algo DEMASIADO MORAL en todo lo concreto es, que no se refiere al gran número, eso debería saltar a la vista, pero será mejor que Nietzsche con su poder de síntesis nos lo refiera. Para ello citaremos el aforismo quinto del capítulo “Lo que los alemanes están perdiendo” de su obra CREPUSCULO DE LOS DIOSES: “Lo que las “escuelas superiores” de Alemania (y de todo el mundo civilizado añadimos nosotros) logran de hecho es un adiestramiento brutal para hacer aprovechable para el Servicio del Estado, con la menor pérdida posible de tiempo, un gran número de jóvenes. “Educación superior” y gran número —son cosas que de antemano se contradicen. Toda educación superior pertenece tan sólo a la excepción. Ninguna de las cosas grandes, ninguna de las cosas bellas pueden ser jamás bien común: (lo bello es cosa de pocos hombres). ¿Que es lo que condiciona la decadencia de la cultura alemana? El hecho de que la “educación superior” no sea ya un privilegio, es el democratismo de la “cultura general”, la cual se ha vuelto común...”. ¿Ha quedado aclarado el concepto?
No obstante, muchos nacional-revolucionarios nos objetarán que precisamente lo que ellos quieren es suprimir al marxismo, a fín de que ea posible que el pueblo ¡siempre el pueblo! se eleve mediante la generalización de la cultura y adquiera conciencia de su patria, de su raza, de que quede integrado dignamente en un destino, nos dirán además, que Hitler lo logró en los 6 años de paz nacionalsocialista, etc.
Sólo cabe preguntar a tales idealistas ¿el pueblo —el gran número— se lo ha agradecido? ¡NO! El pueblo se ha comportado tal como Hitler lo describiera en un pasaje de MI LUCHA: “La capacidad de recepción y comprensión de las masas es muy limitada, mientras que u falta de memoria es extraordinaria”.
Se objetará de nuevo que Hitler hizo un gran Reich —el mal de ojo de Nietzsche—. La refutación de tal objeción es bien fácil; frente a los super-estados soviéticos y democráticos, hubiese sido ingénuo oponer principados federados. Por lo demás, debería recordarse la aversión de Hitler a la burocracia, al poder absorvente del estado sobre la iniciativa del individuo, a la excesiva legislación del derecho civil y penal que anula el espíritu mismo de justicia en beneficio de la burocracia de bufetes, etc. Como todo ello es perfectamente demostrable, debemos considerar seriamente que Hitler era consciente de las desventajas que suponía un gran estado, pero que el condicionamiento mundial le impuso esto como le impuso otras actitudes bien alejadas de sus principios. No obstante, que en plena guerra asistiera y protegiera a festivales de música, exposiciones de arte, proyectara ciudades modelo, se preocupara de la Ecología, y sobre todo y eso en todo tiempo, concediera más importancia a la fuerza de voluntad y a la iniciativa individual que a la organización en sí, demuestra hasta que punto quería paliar la acción del Estado. En “Mi Lucha” dice:
“El filósofo debe llevar sus conclusiones a lo máximo, a su esencia, el político debe dar los pasos y rodeos necesarios para que ello sea posible”. Los puntos de contacto de ambos genios creemos que han sido puestos de relieve, con la natural diferenciación de cometidos.
Esperando haber dado cauces para un aproximación al entendimiento de las pretendidas contradicciones del genio, prosigamos en su vida.
Continúa sus estudios en Leipzig. Un día encuentra en una librería “El mundo como voluntad y representación” de Schopenhauer. El mismo nos dice: “Yo no sé qué demonio me sopló volver a casa con aquel libro. Apenas estuve en mi habitación abrí el tesoro que había adquirido y comencé a dejar obrar sobre mí a este sombrío y enérgico genio”. Se dice que durante quince días estuvo absorto en la lectura de este libro releyéndolo diez veces.
Aunque la Originalidad y profundidad de Nietzsche son incomparablemente superiores a las del viejo rival de Hegel, no cabe duda de que este libro abrió la brecha por la que penetró más tarde el viento demoledor del Zarathustra.
En 1868 conoce, por mediación de la joven esposa de Wagner, Cósima al maduro y ya famoso compositor, que cree ver en el joven filósofo un teorizador de sus monumentales dramas musicales, como así será, en parte, en “El nacimiento de la tragedia”. Este mismo año, el profesor Ritchls, que le tenía en gran estima, logró que la Universidad de Basilea, en Suiza, le ofreciera la cátedra de Filología Clásica. El aceptó, y cuando contaba tan sólo 24 años, la Facultad de Leipzig le concedía, sin previo examen y sin tesis, el título de Doctor, gracias a los relevantes méritos de los estudios realizados y de las conferencias dadas sobre filología.
El discurso que como lección de principio de curso pronunció ante el auditorio de la Universidad de Basilea, que esperaba con expectación la palabra del sabio de 24 años, fue sobre la personalidad de Homero y satisfizo a los más exigentes. Fue como una valiente profesión de fe, llena de grandes esperanzas en las que se percibía como una amenaza futura de profundas innovaciones.
Cabe señalar que Basilea está cerca de Lucerna, donde vivía el matrimonio Wagner y al que hacía muchas visitas, quedando profundamente influenciado por él... o por los medios de persuasión de su joven esposa (es difícil y también supérfluo investigar sobre estas relaciones), que el, más tarde, convertiría en Ariadna.
Apenas llevaba un año como catedrático en Basilea, estalló la guerra franco-prusiana. Los estatutos de Suiza prohibían empuñar las armas, y se alistó como voluntario en un cuerpo de ambulancias que acompañaba a los heridos que se dirigían desde el frente de Lorena, hacia el interior de Alemania. En Erlangen, sufrió el contagio de una epidemia de disentería y volvió enfermo a Naumburg. La convalecencia la fue a pasar a Basilea y de nuevo se pone en contacto con el matrimonio Wagner. Pero todo parece haber cambiado para él. La horrible verdad de los campos de batalla le presenta nuevas perspectivas para la visión histórica. Wagner le empieza a parecer un viejo ídolo rodeado de imbéciles al cual él sobrepasa ya por su experiencia de sangre. En la guerra ha visto el realismo del drama tal cual, sin idealizaciones, sin romanticismos de cámara...
Alentado por Wagner, al que todavía sigue considerando como a un genio, empieza a escribir el libro que finalmente llevará el título de “El Nacimiento de la Tragedia en el Espíritu de la Música”. Este libro vio la luz en 1871. Aparece claro un primer propósito: la glorificación de Wagner, al considerar que este compositor tiene sus antecededentes en la tragedia griega y que su vocación es la de encontrar mediante otra mitología la tradición de Esquilo y renovar la tragedia que Platón y la moral socrática habían hundido. Una atenta lectura viene a demostrarnos que a pesar del entusiasmo que Wagner demostró por la obra (la teorización de sus dramas musicales), el contenido sobrepasa en mucho tal primera intención.
Por primera vez nos es presentada el alma griega pre-socrática, no unilateralmente como hasta entonces; de armonía, medida, equilibrio, o sea apolínea, sino también lo que oscuro, caótico, instintivo había en el drama y en la música griega, representada por el dios Dionisios.
El espíritu dionisíaco es decir SI a lo más duro, al dolor, a la muerte misma, más allá del terror y la compasión. Es éste un espíritu irracional, emotivo y sobre todo un acto de AFIRMACION A LA VIDA más allá del bien y del mal.
Con Sócrates, primer racionalista y primer “cristiano” junto con Platón, primer socialista utópico, primer idealista, darán paso al bien y al mal, a la moral como regla máxima, en una palabra, los resentimientos de los decadentes contra la vida. Todo esto lo intuye y lo plasma Nietzsche eh ésta, su primera obra, con la cual da al traste con las teorías al uso sobre los griegos. Sus excepcionales dotes de psicólogo descubren los orígenes de la decadencia que se había bautizado con el nombre de idealista. Oigamos a Nietzsche: “El conocimien­to, el decir sí a la realidad, es una necesidad para el fuerte, así como son una necesidad para el débil, bajo la inspiración de su debilidad, la cobardía, y la huída frente a la realidad, el ideal”...
Tiene que advertirse que el deseo que existe entre algunos nacional-revolucionarios de renovar tiempos pasados que de manera patológica han quedado grabados en ellos como única solución, es una manera como otra de huir al ideal. Podemos catapultamos desde atrás pero no volver hacia ello, el HOMBRE NUEVO no surgirá de entre estos últimos, más bien serán las remoras en el largo camino, el animal de rebaño ha quedado superado. “Ha llegado la hora del gran desprecio”. Esta es nuestra consigna, así lo dijo Nietzsche.
Continuando con “El nacimiento de la tragedia”, el estupor que causó la obra fue en dos tiempos; primero un silencio total, roto solamente por Wagner y Erwin Rohde, después, los viejos filólogos, enemigos de Ritchl —muy preocupados como decía Voltaire “en restituir mal una palabra de un texto que antes se entendía muy bien”—, aprovechan para atacarle en la persona de su joven ex-alumno, al que llegan a considerar como corruptor de la juventud universitaria. Y, efectivamente, en esta obra precisamente, la moral toda y el idealismo platónico reciben un fuerte mazazo y de frente.
Acaba de nacer algo que destruye lo establecido, por SUPERACION, por algo más aristocrático. Y sólo es el principio. El esbozo de un gran arquitecto del pensamiento; el Zarathustra y el Anti-Cristo aún están lejos.
Debemos recalcar, nunca lo haremos bastante, que la destrucción de lo establecido la realiza Nietzsche por SUPERACION y decimos esto porque cualquier comparación que se haga de este genial filósofo y psicólogo con los de tendencias materialistas y positivistas es una enorme falta de visión, y más que eso, una falta de limpieza. La habitabilidad de las cloacas es para estos últimos, no para el autor de Zarathustra.
Lo cierto es que los alumnos, influenciados por pedagogos moralis­tas, dejaron de asistir a sus clases y tuvo que dejar la Universidad.
La segunda obra de Nietzsche, fueron las cuatro “Consideraciones Intempestivas”, y son, uu ataque frontal, no sólo al idealismo y a la moral sino también a la cultura en general que predomina en Europa y en Alemania sobre todo.
Antes de hacer un somero examen de las “Intempestivas”, nos fijaremos en un detalle; en toda la obra nietzscheiana se nota ininterrumpidamente un ataque hacia lo alemán o más bien un justo reproche a ciertos alemanes. Acusa a éstos de haber embrollado a Europa en todos los asuntos, ya sean filosóficos, teológicos o éticos; desde la reforma hasta los primeros tiempos del socialismo. Un defecto de Nietzsche es el de no conceder atenuantes, él mismo lo dirá: “Un sí, un no, una línea recta, una meta”, esa fórmula tan directa no ha sido jamás comprendida en su medida y se lo ha tomado al pie de la letra —una forma cualquiera de no comprenderlo en absoluto—. Podemos advertir que desde el Renacimiento, o mejor desde la reforma luterana, si exceptuamos a Descartes, todas las grandes corrientes del pensamiento han partido de Alemania, para bien y para mal. Considera  culpables a los alemanes de haber producido un Lutero, un Kant, un Hegel, un socialismo incipiente, etc. y con ello haber ahogado el espíritu europeo, las esperanzas que de por sí podían esperarse del Renacimiento como vuelta a la antigüedad clásica. En este punto le pasa desapercibido un detalle: cuando una nación toma el mando en una o varias ramas determinadas de la historia o del pensamiento, es señal de que las demás han perdido por variados motivos su fuerza vital. Esto es ni más ni menos lo que pasó en las ciudades y principados italianos, bastante más preocupados por un renacimiento completamente exterior, sin una originalidad espiritual, primordial, todo lo cual fue suficiente para que fueran otras razas más al norte, menos contaminadas, las que en un esfuerzo por replantearse una nueva concepción del mundo, unos apoyos en un mundo tambaleante, intentaran con más o menos éxito la instauración de una nueva moral, tal fue el sistema de Kant, o intentaran una nueva explicación de la historia como hizo Hegel. Lo cierto es que el norte de Italia era ya incapaz de llevar la nave cultural de Europa y que los señores de la guerra germánicos tuvieron que convertirse al punto en filósofos y teólogos, con la rigidez que de ello puede esperarse.
Esto y el hecho de que él viviera en los tiempos del romanticismo, de la unidad alemana —con el sentimentalismo que ésto lleva implícito—, de los eruditos y filisteos cultivados con los que le tocó convivir, puede dar una idea de su repudio a la cultura alemana del momento. Pero ¿se ha visto que sienta predilección por otra cultura contemporánea? No, admira a algunos franceses y con reparos a los ingleses les llama moralistas satisfechos, a los italianos y españoles contemporáneos ni los nombra, en cuanto a los rusos, ve en ellos, junto con los judíos, una fuerza enorme, un peligro que puede “ayudar” a la formación del estado nacional europeo —aunque no adivina exactamente en qué sentido se producirá esta fuerza—.
Hecho este nuevo inciso, vayamos a la “Primera Intempestiva”, que va dirigida contra David Straus, un acertado blanco, arremete contra uno de los patriarcas del racionalismo positivista y determina que, como Hegel, hacen descansar la necesidad del mecanismo universal en la misma razón. En “Ecce Horno” dice él: “proponía una superación de la religión de raiz más o menos feurbachiana, en la que desaparecía el dogma de Cristo para ser sustituído por un evangelio de cervecería”.
La “Segunda Intempestiva”, va dirigida “sobre la utilidad de los estudios históricos”. “La cultura actual produce sabios, filisteos, pero no es capaz de crear hombres que hagan ellos mismos la Historia”. En esta obra, presenta Nietzsche lo corrosivo del movimiento científico y el abuso del método histórico. De la Historia hay que retener lo necesario y luego tener el valor de superarlo. A los que pretenden que la Historia les proporcione únicamente abundancia de datos les llama “filisteos cultivados”.
La “Tercera Intempestiva” o “Schopenhauer como Educador” es un elogio a Schopenhauer, el mejor educador, según los principios de Nietzsche. Pero, en realidad, años más tarde, cuando escribe el “Ecce Horno”, dirá: “En Schopenhauer educador, viene descrita la historia de mi desarrollo interior”.
La “Cuarta Intempestiva: Wagner en Bayreuth” expone la gloria que él soñara para Bayreuth y que la realidad había frustrado. El aspiraba a un wagnerianismo más puro que no necesitara de la gloria de la masa, y que de allí surgiera el germen de una minoría escogida en pos de una nueva era. Esta obra, en realidad, es un Wagner que lleva superpuesto a Nietzsche.
 
 

Cuando Wagner recibió esta obra, no vio más que los elogios que le tributaba el filósofo, no se dio cuenta de que, en el fondo, Nietzsche, posiblemente sin ser consciente de todo, le despreciaba y rompía su dependencia con él. Por eso, Wagner le escribe calurosamente, rogándole que venga pronto a los ensayos de los Festivales de Bayreuth. Nietzsche duda en asistir, pues sabe que ello significará su ruptura definitiva con el genio musical. Por fin, asiste y la decepción no se hace esperar. Nietzsche ve un Bayreuth adornado de colgaduras, de banderas, de jolgorio, más para honrar al Emperador Guillermo I, que para el drama musical en sí. Escucha multitudes vociferantes y alegres como en una feria y ve que gran cantidad de público celebra su wagnerianismo mediante buenas dosis de cerveza. Allí encuentra vertidos la élite de la nobleza, de la banca y del snobismo. ¡Cuán diferente se lo había imaginado Nietzsche, lleno de multitudes silenciosas y respetuosas en busca de un Nuevo Retorno!


 

Aquí es precisamente donde Nietzche rompe con todos los convencionalismos, escribe “Humano, Demasiado Humano”, que se cruza con la obra que Wagner le envía a pesar de todo: “Parsifal”.



En él, Nietzsche, en forma aforística y con precisión de cirujano, pone al descubierto todo lo demasiado moral, demasiado pequeño que existe: en el estado, en la religión, en la moral, en las mujeres, en los idealistas...
En 1881, publica “Aurora. Pensamientos sobre los prejuicios morales. Igual que en su anterior libro, éste es también una crítica, pero aparecen ya los remedios, la llamada a las fuerzas ascendentes para que, mostrándoles el camino, se liberen de la alienación que los débiles ejercen mediante la moral o la teología, o que bajo nuevas formas pretenden seguir ejerciendo: liberalismo, materialismo, socialismo...
Aquí, el filósofo prepara los tiempos futuros. La consigna que insinúa y que dará ampliamente en “Más allá del bien y del mal. (Prelucios de una filosofía del futuro)” es: La necesidad de formar nuevos jefes rectores de la humanidad imbuídos de nuevas ideas, y para formar estos espíritus, esta élite, nada mejor que las privaciones y la soledad. Recuérdese el capítulo de la vida de Adolf Hitler en Viena, huérfano, sin recursos, soportando penurias de todo tipo, soledad ante todo, pero no abandonándose ante la desolación, sino preparándose para afrontar un nuevo futuro, mediante la observación, la lectura, el discernimiento. Después de los cuatro años de guerra, voluntario en el frente, condecorado con la Cruz de Hierro de primera clase, las heridas, su impresión de la retaguardia. Parece concordar punto por punto con lo que Nietzsche pensaba antes de lanzarse al “Eterno Retorno”.
Eran los tiempos en que el socialismo se presentaba como una redención y, según opinión de Nietzsche, no sería posible pararlo  y había que resignarse a verlo crecer. Pero a esta amenaza que quiere destruir todo lo digno que queda todavía en pocos, es preciso oponer nuevos hombres. Invoca una nueva aristocracia intelectual y guerrera, pero con una nueva pasión. Recuérdese al punto las escuelas “Adolf Hitler” de formación de mando y sobre todo a las S.S., élites donde las halla: honorabilidad demostrada, valor igualmente demostrado, excelente salud. mínimo seis años de bachillerato, etc.
En “La Gaya Ciencia”, Nietzsche afirmará más esta ideología, diciendo que no basta la inteligencia —con ser importante—, es preciso la pasión. la voluntad de poder. para llegar al camino de la verdad.

 
 
sonsoles
02 August 2009 @ 01:13 pm
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Es importante señalar que ya en “Aurora” Nietzsche da a la Raza una equilibrada importancia y que como todo su pensamiento filosófico o político no se circunscribe en ser alemán sino europeo. En el aforismo 272 dice así: “LA PURIFICACION DE LAS RAZAS.— No hay probablemente razas puras, sino tan sólo depuradas, y aún estas son extraordinariamente raras. Las más extendidas son las razas cruzadas, en las cuales, junto a defectos de armonía en las formas corporales, se observan necesariamente faltas de armonía en las costumbres y en las apreciaciones. (Livingstone oyó decir una vez: “Dios creó a los blancos y a los negros, y el diablo a los mulatos”).”

“Las razas cruzadas producen a la par que civilizaciones cruzadas, morales cruzadas también; son generalmente las más crueles, más inquietantes y peores. La pureza es el último resultado de innumerables asimilaciones, absorciones y eliminaciones, y el progreso encaminado hacia la pureza se manifiesta en que la fuerza existente en una raza se restringe cada vez más a ciertas funciones escogidas, mientras que antes se tendía frecuentemente a realizar demasiadas cosas contradictorias. Esta restricción presentará siempre apariencias de empobrecimiento; pero hay que juzgarla con prudencia y equidad. Cuando el proceso de la depuración se ha ultimado, todas las fuerzas que antes se perdían en la lucha entre cualidades sin armonía se encuentran a disposición del conjunto del organismo; por eso las razas depuradas se hacen siem­pre más fuertes y más bellas. Los griegos (pre-socráticos) nos ofrecen el ejemplo de una raza y de una civilización depurada, y es de esperar que se logrará algún día la creación de una raza y de una civilización europea pura”.

La “cría” y la depuración de la raza fue la religión auténtica de Hitler y debería serlo de Europa entera y de todos los países blancos; esta es un labor para el futuro, ésto es un ideal, lo demás charlatanería pedante y sólo eso. Con cuánta razón decía el judío Karl Marx que la única manera de dominar Europa era mediante el “knut” (látigo mogol) y con la mezcla de sangre calmuca.

Es curioso y grotesco observar hoy día y en España, que los más grandes vocingleros de autonomías, defensa de la cultura autónoma como un bien inapreciable, etc. no tienen el más mínimo sentido higiénico a la hora de aceptar a negros, moros, etc. Al mismo tiempo que sienten una gran admiración por el pueblo judío, que ha permanecido lo más cerrado posible en sus costumbres y emparejamientos, a la vez que atacan despiadadamente a la Alemania Nacionalsocialista por haber intentado hacer algo parecido... Precisamente en “Aurora” dice Nietzsche: “Allí donde radican nuestras debilidades van a extraviarse nuestras exaltaciones. El principio: “Amad a vuestros enemigos” tenía que ser inventado por los judíos, los mejores ABORRECEDORES que ha habido en el mundo...” Pero no nos ocupemos más de ellos y que se resuelvan su jeroglífico mental. Pasemos por fin al CICLO DEL ETERNO RETORNO

Este es el esfuerzo más grande realizado en el Occidente de los tiempos modernos para recuperar la ley cíclica, superar la linealidad del pensamiento de las religiones cristiano-monoteistas y el evolucionismo materialista. Es el pensamiento trágico en su más amplia esencia; es un constante decir SI a la vida tal cual y aceptar cada instante de ésta, como si poseyera un valor eterno.

Nietzsche esbozó este pensamiento en tres libros: “La Gaya Ciencia” escrita en Mesina en 1882; “Así Habló Zarathustra” que consta de cuatro partes, que fueron escritas por etapas y a golpes de inspiración y, por ultimo, “Más allá del Bien y del Mal (Preludio de una filosofía del futuro)”.

Como dirá el propio Nietzsche en “Ecce Horno”, la esquematización de este pensamiento lo tuvo un año antes, en Sils-María: “...a seis mil pies de altura sobre el nivel del mar y mucho más alto sobre el de los humanos”.

“La Gaya Ciencia” corno su nombre indica, es una alusión, un querer retomar, al pensamiento, al lenguaje y a la poesía de los trovadores del medioevo provenzal (Ver “El Misterio del Grial” de Julius Evola). Pero, en síntesis, es la condenación absoluta y completa del intelectua­lismo. Es también un gran esfuerzo para entender el auténtico significa­do de la “muerte de Dios” y el auténtico sentido del ateismo, lejos de las vulgaridades del materialismo científico.

“Así habló Zarathustra” es un libro que como los “Himnos védicos” o “La Biblia” justifican toda una cultura. El modo de expresarse está por de pronto mucho más cerca de ellos que del tono discursivo y racionalista. Todo está en él: la tradición, la gran psicología, el ritmo (el tempo) del trovador provenzal, la refutación de la Biblia —más concretamente el Nuevo Testamento— punto por punto, la revelación o la gran intuición. ¡Qué lejos del racionalismo cartesiano! ¡Qué antítesis de la lógica de Hegel!

Expuesto al modo convencional, las cuatro partes del “Zarathustra” se dividen en los siguientes temas: 1) El Superhombre. 2) La Muerte de Dios. 3) La Voluntad de Poder. 4) El Eterno Retorno de lo Idéntico. La obra se encuentra a otro nivel de lectura y de recepción que las habituales piezas teóricas; es otra concepción del mundo.

Bien merece, pues, aunque sea un breve resumen de estos postulados. ¿Qué es el Superhombre?

Cuando Zarathustra, tras diez años de soledad en la montaña se dirige de nuevo a la ciudad, dice al pueblo: “Os enseño el sobrehumano”. El sobrehumano es en realidad el hombre superado, la evolución ascendente.

“Habeis hecho el camino que va del gusano al hombre y aún teneis mucho de gusano en vosotros. En tiempos fuisteis simios y, aún ahora, el hombre es más simio que ningún simio.

“Aun el más sensato de vosotros no es todavía sino un ser híbrido e inconexo, medio planta, medio fantasma. ¿Os he pedido volveros fantasmas o plantas?”

Según Nietzsche, el hombre actual es algo incompleto y tiende a la regresión. El hombre debe tender a más que él. Es un PUENTE dice, y no un TERMINO.

Una lectura superficial y “clásica” de esto, pudiera inducir a creer en una transformación de tipo zoológico. “El sobrehumano, es el sentido de la tierra. Yo os lo conjuro. ¡Oh hermanos míos!, PERMANECED FIELES A LA TIERRA. No creais a aquellos que os hablan de esperanzas supraterrestres”. El sentido de la tierra es la aceptación de LA VOLUNTAD DE PODER, la toma de consciencia que está en el hombre, que es suya, que no es emanada de los dioses. Los dioses no son más que los productos del miedo profundo que el hombre sien­te respecto a su propia fuerza.

La expresión alemana de “Voluntad de Poder” (der Wille zum Macht) tiene un significado algo diferente; significa literalmente LA VOLUNTAD TENSA HACIA EL PODER ACTUANTE. Indica así que la voluntad, por su misma naturaleza, está empeñada en el camino del poder.

¿En qué consiste el poder? Nietzsche declara: “La lucha por la existencia, esa fórmula designa un estado de excepción. La regla es más bien la lucha por el PODER, la ambición de TENER MAS Y MEJOR, y más APRISA y más A MENUDO”.

“DIOS HA MUERTO”

En diversas ocasiones, Nietzsche repite que “Dios ha muerto”. Esto no significa en realidad el alejamiento del hombre moderno respecto a la religión. Dios ha muerto, como dice Heideger, es una fórmula que hay que interpretarla a la luz de la Historia del pensamiento occidental; significa que la creación de seres divinos y de valores supraterrestres es una etapa caduca de la humanidad. “Dios ha muerto, pero los hombres no lo saben todavía”. Y cuando Zarathustra lo comunica al pueblo, éste tiene miedo de comprender. Es porque con la muerte de Dios mueren también todas las morales contrarias a la vida, las morales de piedad, de compasión, de caridad, de igualdad; esas morales hechas para la masa, pero fatales para las individualidades superiores. El sobrehumano es aquel que no solamente sabe que “ese viejo Dios ha cesado de vivir, que está muerto y bien muerto”, sino que de ello saca las consecuencias, es decir: derriba los valores tradicionales, caducos, y VUELVE a la verdad, a la ingenuidad de la infancia, fuerte, sana, alegre y optimista.

“EL ETERNO RETORNO DE LO IDENTICO”

En una célebre parábola, Zarathustra describe las tres metamórfosis del espíritu: el espíritu se torna CAMELLO, el camello LEON, el león en NIÑO. El camello representa el espíritu de un animal de carga, se arrodilla perfectamente amaestrado para ser cargado con lo más pesado, por más que la carga le aplaste. Luego el espíritu del camello se subleva y se torna en el espíritu del león. El león es el enemigo del ultimo amo y del último Dios (“el nihilismo”); quiere medirse con el “gran dragón”. “El nombre del gran dragón es “debes”, pero el alma del león dice “quiero”... Todos los valores han sido creados en el pasado y la suma de todos los valores soy yo”. El león entonces entabla batalla, vence y se libera; pero su actitud es de negación, de destrucción, es la “pleamar del nihilismo”. Pero si el león es capaz de conquistar una libertad que después no sabe que hacer con ella y que tiende a destruirle, no tiene otro remedio que convertirse en NIÑO.

Porque el niño es inocencia pura y olvido, es un nuevo comienzo, una afirmación total; a él le tocará crear nuevos valores. La evolución hacia la infancia es ni más ni menos que un retorno. Este es el sobrehumano. Y es así como la idea de un retorno va íntimamente ligada en el pensamiento de Nietzsche, con la superación del hombre y el advenimiento del superhombre.

Este proceso sincroniza en muchos de sus aspectos con los ciclos cósmicos de la tradición hindú, que lleva el nombre de “Manvantara”, el cual se divide en cuatro etapas, que señalan otros tantos períodos de auge y de progresiva decadencia. Actualmente, según dicha tradición, nos encontramos en pleno “Kali-Yuga” o “edad sombría”. Al final de esta etapa que es de destrucción total (no forzosamente destrucción física), surge el período “Kitra-Yuga” o de formación de nuevos valores (empieza el ciclo olímpico).

Como puede verse sólo después de recorrer con meditación y discernimiento los pasajes de la tradición primordial (inmutable): la Vedanta, los Upanishads, el Avesta, la Alquimia, etc. , y sin dejarse llevar por un snobismo muy en boga (o sea, pretender ser un profeta o un iluminado), se está en condiciones de una correcta, no digo total, interpretación del “Zarathustra”.

El mismo Nietzsche dirá en “Ecce Horno”: “Algún día se sentirá la necesidad de instituciones en que se viva y se enseñe corno yo se vivir y enseñar; tal vez, incluso, se creen entonces también cátedras especiales dedicadas a la interpretación del “Zarathustra”. Pero estaría en completa contradicción conmigo mismo si ya hoy esperase yo encontrar oidos y “manos” para “mis” verdades: que hoy no se me oiga, que hoy no se sepa tomar nada de mi, eso no sólo es comprensible, eso me parece incluso lo justo. No quiero ser confundido con otros, —para ello, tampoco yo debo confundirme a mí mismo con otros”.

¿Petulancia? No diré ni que sí ni que no, sólo puedo afirmar que he leído el “Zarathustra” varias veces y cada vez lo descubro de nuevo. Es una ascensión a altas cumbres que debe hacerse con muchas escalas; que gracia me hacen los que intentan enterarse de Nietzsche empezando por el “zarathustra”...

MAS ALLA DEL BIEN Y EL MAL termina el ciclo del “eterno retomo”. La luminosidad solar y el simbolismo del “Zarathustra” ya no se encuentran en él; es la plasmación en conceptos de su filosofía, expresada en forma lírica en su anterior obra. En el “Zarathustra” Nietzsche se sitúa en un macrocosmos sin tiempo ni espacio, es sencillamente TOTALIDAD. En “Más allá...” el subtítulo de la obra “Preludio de una filosofía del futuro” es suficientemente explícito. Nietzsche prevee lo que será la vida de los próximos siglos en todos los aspectos: morales, políticos y filosóficos. Ve la “pleamar del nihilismo”, el fin de la pequeña política, el peligro judío-ruso, la necesidad de “nuevos filósofos”- y nuevos jefes, la urgencia de EUROPA como nación, y da los avisos y los consejos oportunos. Esta obra es sin duda, junto con la siguiente “La Genealogía de la Moral”, el libro más destacado de la filosofía de Nietzsche —el “Zarathustra” ocupa un lugar aparte—. Si éste es de una belleza lírica impresionante, “Más allá...” es un concentrado esfuerzo filosófico. En cuanto al estilo y a la forma, según expertos en la literatura y filosofía alemana, supone el perfeccionamiento definitivo de esta lengua. Antes de él es difícil encontrar en un alemán esta sonoridad y esta flexibilidad.

Nietzsche, por medio de la Psicología introspectiva o social, elabora una filosofía sistemática. El empleo que hace de este método es riquísimo en análisis, como el del placer que para primitivos y modernos supone la crueldad, en la disección de los instintos femeninos, en el descubrimiento de la sexualidad aún en los pensamientos superiores (Freud no tardó en darse cuenta del partido que podría sacar de esto de una parte de la naturaleza, para proclamarla esencia de todo lo demás). El alma alemana es puesta al descubierto hasta en sus más mínimos detalles; la prolongada constancia de su voluntad y su escepticismo temerario y viril, que incluso en su pensamiento imprime cierto carácter militar.

Desentraña asimismo el misterio de las pasadas edades y de las presentes, de las cuales ha penetrado en los secretos que parecían más íntimos, pudiendo de esta manera captar la esencia misma de la vida. Para él, la “voluntad de poder” es la única fuerza que en último término rige al mundo. No existe ley alguna en la naturaleza que se base en la compasión, ni justicia que consista en proteger al débil; esto no es más que una degeneración del espíritu sano y vigoroso de las mejores razas de la humanidad.

La vida social no ha sido otra cosa que la explotación del hombre por el hombre. En esta lucha ha habido siempre vencedores y vencidos, dueños y esclavos, y cada uno se ha hecho su moral. La moral del po­deroso, del aristócrata, Nietzsche la proclama como norma de conducta para la minoría aristocrática de la humanidad.

Una es la moral del esclavo, otra muy diferente la del superhombre. Mientras el primero busca leyes, justicia y religión como amparo y justificación de su debilidad, el segundo prescinde de todo y se crea su propia ley. No existe el bien y el mal para el sabio verdadero, no admite que le esclavice ninguna clase de moral, goza la perfecta libertad de espíritu. El hombre que Nietzsche quiere crear, hace profesión de fe en la vida y niega que la perfección deba consistir en restringir parte alguna de sus fuerzas intrínsecas. Si se adueña de la ciencia, no es para  venerarla, sino para dominarla, y así llegar a conocimientos superiores, por cierto, bien lejos de un tecnicismo aplicado. Este superhombre siente ansias de vivir lejos de la turba, necesita la soledad, tanto como una constante tensión en el peligro. Es “Un espíritu fatalista, irónico y mefistofélico”.

Todo lo dicho demanda, desgraciadamente, una aclaración, ya que muchos “espíritus libres” se estarán relamiendo al tiempo que se comparan con este superhombre enunciado y lo interpretan a su manera. Esta es la gran fatalidad de que todo el mundo aprenda a leer: “El que todo el mundo sepa leer, corrompe a la larga no sólo el leer sino también el escribir” (“Así habló Zarathustra”).

Es necesario recordar que Nietzsche intentaba liberar tan sólo al “aristócrata de instintos” para que, precisamente, domine e imponga su ley al resto de la humanidad, y en primer término será ésta quien saldrá ganando al regir el señor natural, pues por propio instinto no se apartará de las leyes naturales (pura psicología aplicada) y si conviene para el mantenimiento de esta masa (“animal de rebaño”), inventará dioses y religiones. En el afor. 61 del “Más allá...” dice: “A los hombres ordinarios, en fín, a los más, que existen para servir y para el provecho general, y a los cuales sólo en este sentido LES ES LICITO existir, proporciónales la religión el don inestimable de sentirse contentos con su situación y su modo de ser, una múltiple paz del corazón, un ennoblecimiento de la obediencia, una felicidad y un sufrimiento más, compartidos con sus iguales, algo de justificación de la vida cotidiana, de toda la bajeza, de toda la pobreza semianimal de su alma... quizá no exista, ni en el cristianismo ni en el budismo, cosa más digna de respeto que su arte de enseñar aún a los más bajos a integrarse, por piedad, en un aparente orden superior de las cosas y, con ello, a seguir estando contentos con el orden real, dentro del cual llevan ellos una vida bastante dura. ¡Y precisamente esta viveza resulta necesaria!”

Como dije al principio, Nietzsche destruye lo establecido por SUPERACION. Ayer y hoy y siempre, los “espíritus libres”, los “librepensadores”, los eternos progresistas, los demócratas y los socialistas ¿qué y cómo destruyen? ¿qué establecen después? Estas son las preguntas que debería hacerse todo inconformista, todo revolucionario auténtico y todo el que no quiera alienarse con las “Superestructuras”.

Nietszche responde también hoy desde el “Más allá...”:

 “Nosotros los que somos de otra creencia, nosotros los que consideramos el movimiento democrático no meramente corno una forma de decadencia de la organización política, sino como forma de decadencia, esto es, de empequeñecimiento, del hombre, como su mediocrización y como su rebajamiento de valor, ¿A donde tendremos que acudir nosotros con nuestras esperanzas?. A NUEVOS FILOSOFOS, no queda otra elección; a espíritus suficientemente fuertes y originarios como para empujar a valoraciones contrapuestas y para transvalorar, para invertir “valores eternos”; a precursores, a hombres del futuro, que aten en el presente la coacción y el nudo, que coaccionen a la voluntad de milenios a seguir nuevas vidas. Para enseñar al hombre que el futuro del hombre es voluntad suya, que depende de una voluntad humana, y para preparar grandes riesgos y ensayos globales de disciplina y selección destinados a acabar con aquel horrible dominio absurdo y del azar que hasta ahora se ha llamado Historia —el absurdo del “número máximo” es tan sólo su última forma—: para esto será necesaria en cierto momento una nueva especie de filósofos y de hombres de mando, cuya imagen hará que todos los espíritus cultos, terribles y benévolos que en la tierra han existido aparezcan pálidos y enanos. La imagen de tales jefes es la que se cierne ante nuestros ojos: - ¿me es lícito decirlo en voz alta, espíritus libres? Las circuns­tancias que en parte habría que crear y en parte habría que aprovechar para que aquellos surjan; las sendas y pruebas presumibles mediante las cuales un alma ascendería hasta una altura y poder tales que sintiese la COACCION de realizar tales tareas; una transvaloración de los valores bajo cuya presión y martillo nuevos una consciencia se templaría, un corazón se transformaría en bronce, de modo que soportase el peso de semejante responsabilidad; por otro lado, la necesidad de tales jefes, el espantoso peligro de que puedan faltar o malograrse o degenerar —éstas son NUESTRAS auténticas preocupaciones y ensombrecimientos, ¿lo sabéis, espíritus libres?, éstos son los pensamientos y borrascas pesados y lejanos que atraviesan el cielo de NUESTRA vida. Existen pocos dolores tan agudos como el haber visto, el haber adivinado, el haber sentido alguna vez cómo un hombre extraordinario se apartaba de su senda y degeneraba: pero quien posee el raro ojo que permite ver el peligro global de que “el hombre” mismo DEGENERE, quien, como nosotros, ha conocido la monstruosa casualidad que hasta ahora ha jugado su juego en lo que respecta al futuro del hombre — ¡un juego en el que no intervenía ninguna mano y no siquiera un “dedo de Dios”!—, quién adivina la fatalidad que se oculta en la idiota inocuidad y credulidad de las “ideas modernas”, y más aún en toda la moral europea-cristiana: ése padece una ansiedad con la que ninguna otra es comparable, él abarca, en efecto, de una sola mirada todo aquello que, con una favorable concentración e incremento de fuerzas y tareas, podría SACARSE DEL HOMBRE MEDIANTE SU SELECClON, él sabe, con todo el saber de su conciencia, cómo el hombre no está aún agotado para las posibilidades máximas, y con cuanta fre­cuencia el tipo de hombre se ha encontrado ya frente a decisiones mis­teriosas y frente a nuevos caminos: —y sabe más aún, por su dolorísimo recuerdo, contra qué cosas miserables ha chocado hasta ahora de ordinario un ser de rango supremo en su evolución, naufragando, rompiéndose, deshaciéndose, hundiéndose, volviéndose miserable. La DEGENERACION GLOBAL DEL HOMBRE, hasta rebajarse a aquello que hoy les parece a los cretinos y majaderos socialistas su “hombre del futuro”, ¡su ideal!, esa degeneración y empequeñecimiento del hombre en completo animal de rebaño (o, como ellos dicen, en hombre de la “sociedad libre”), esa animalización del hombre hasta convertirse en animal enano dotado de igualdad de derechos y exigencias son POSIBLES, ¡no hay duda! Quien ha pensado alguna vez hasta el final esta posibilidad conoce una náusea más que los demás hombres, — ¡y tal vez también una nueva TAREA!...”. (FILOSOFAR CON EL MARTILLO).

La aristocracia que Nietzsche propone, no debe confundirse de ninguna manera con las actuales clases sociales: aristocracia ¿?, plutocracia, clase obrera, burocracia, etc., pues esos son los “viejos dragones”.

¿Qué es para él la casta aristocrática?: “La casta aristoérática ha sido siempre al comienzo la casta de los bárbaros: su preponderancia no residía ante todo en la fuerza física, sino en la psíquica —eran hombres MAS ENTEROS (lo cual significa también, en todos los niveles, “bestias más enteras”).

Y sobre la corrupción de las aristocracia dirá: “Cuando por ejemplo, una aristocracia como la de Francia al comienzo de la Revolución arroja lejos de sí sus privilegios con una náusea sublime y se sacrifica a sí misma a un desenfreno de su sentimiento moral, esto es corrupción”.

Tampoco según él, surgirá esta élite entre los intelectuales de las ideas modernas: “En los denominados hombres cultos, en los creyentes de las “ideas modernas”, acaso ninguna otra cosa produzca tanta naúsea como su falta de pudor, su cómoda insolencia de ojo y de mano, con la que tocan, lamen, palpan todo; y es posible que hoy en el pue­blo, en el pueblo bajo, sobre todo entre los campesinos, continúe ha­biendo más relativa aristocracia del gusto y más tacto del respeto que entre el semimundo del espíritu, que lee periódicos entre los cultos”.

La coincidencia con Hitler en su desprecio a esta capa intelectual de “ideas modernas”, se pone claramente de manifiesto en un discurso del Führer a los futuros mandos del Partido: “Ahora tenemos una capa intelectual que carece por completo de valía, una capa superficial, malformada en su educación, judaizante en parte. Naturalmente esta capa social dice: “No podemos hacer eso...” Poseo la suficiente experiencia con esta gente para saber que no tienen importancia alguna, que cualquier obrero de la calle tiene realmente mil veces más valor, pues éste trabaja y realiza algún cometido útil, en tanto que esa gente no hace más que charlatanear, no haciendo nada posi­tivo. Cuando uno los pone en cualquier sitio y les dice: “Bueno, haga Vd. alguna cosa, déjese ya de hablar y haga algo”, entonces se lleva uno de los mayores desengaños. Lo he comprobado cientos de veces en la vida real. No son ni serían capaces de llevar la jefatura del más pequeño grupo local; carecerían de toda facultad para ello; lo único que puede hacérseles es ponerles un bozal y decirles: “Usted, a callar; déjese de hablar, póngase detrás y en marcha! ¡Vamos, adelante!”.

A Nietzsche puede considerársele sin género de dudas, como el primer Nacional-revolucionario-europeo, no se cierra en un nacionalismo estrecho. Como hemos visto en un capítulo de “Aurora” es el primero en ver la necesidad de la formación de la raza europea, ahora lo veremos profetizar sobre el peligro que se cernirá sobre Europa en este siglo y la necesidad de que Europa se encuentre a sí misma y forme una nación: no sólo guerras en la India y complicaciones en Asia, sino revoluciones internas, la desmembración del Reich en pequeños cuerpos y, sobre todo, la introducción de la imbecilidad parlamentaria, además de la obligación para todo el mundo de leer su periódico durante el desayuno. Yo no digo esto porque lo desee: antes bien, yo desearía lo contrario, —quiero decir, un aumento tal de la amenaza representada por Rusia que Europa tuviera que decidirse a volverse amenazadora en esta misma medida, estos es, a ADQUIRIR UNA VOLUNTAD UNICA mediante el instrumento de una nueva casta que dominase sobre Europa, a adquirir una voluntad propia prolongada, terrible, que pudiera proponerse metas para milenios:— para que por fin acabasen tanto la comedia, que ha durado demasiado, de su división en pequeños estados como sus veleidades dinásticas y democráticas. El tiempo de la política pequeña ha pasado: ya el próximo siglo trae consigo la lucha por el dominio de la tierra, —la COACCION a hacer política grande”.

Basta recordar que la única vez en los tiempos modernos que Europa se ha unido contra Rusia, más concretamente contra el bolchevismo fué en la campaña del Este durante la Segunda Guerra Mundial:

los españoles en la División Azul, franceses, belgas, holandeses, ucranianos, lituanos, suecos, noruegos, etc., formaron en las filas de las Wafen SS junto con sus camaradas europeo-alemanes. Hitler no dejaba de recordar a los incautos occidentales, que esta era una guerra de Europa contra “Asia” y que si el Reich —Marca Europea del Este— era destruido, los días de la civilización Occidental estaban contados. Basta dar un superficial vistazo para aseverarse de tal afirmación. Quizás el Destino ha querido que la nueva élite se forje en condiciones mucho más duras y desfavorables. Evidentemente quedaban en Occidente demasiados “viejos dragones”, quizás el “león” no había destruido todos los viejos valores, no se había saciado.

LA GENEALOGIA DE LA MORAL es seguramente el libro menos alegre, más sombrío de Nietzsche, pero el más estructurado y sistemático. En él busca el filósofo todas las miserias e interioridades humanas presentes y pasadas para llegar al pleno conocimiento del problema moral. Podríamos decir que es una depuración de su “Humano, demasiado humano”.

“¿Que origen se debe atribuir en definitiva a nuestros conocimientos sobre el Bien y el Mal?” “¿En que condiciones ha inventado el hombre para su uso estas dos apreciaciones? ¿Y que valor poseen por sí mismas”.

Con rotundidad, sin vacilación, se ha atribuido hasta el presente a lo “bueno” un valor superior a lo “perverso”, superior en sentido de progreso, de utilidad, de influencia fecunda para el hombre. ¿Qué sucedería si lo contrario fuese cierto? ¿Qué si en el hombre “bueno” hubiese un signo de retroceso, un peligro, un narcótico que hiciera vivir al presente “a costa del porvenir”, de una manera más inofensiva, más agradable tal vez, pero más mezquina, más baja.... ¿Sería la moral de entre todos los peligros el peligro por excelencia?

El libro se divide en tres tratados: “El Bien y el Mal”, “La Falta”, y “La mala conciencia y lo que se le parece”.

Finalmente y después de haber analizado exhaustivamente estos tres conceptos, Nietzsche afirma que el verdadero tipo de filósofo no ha aparecido todavía, puesto que es imprescindible que esté emancipado de la Religión y de la Moral. No obstante propone un medio para liberarnos del misticismo y al mismo tiempos ayudarnos a orientar nuestras vidas en un sentido alegremente filosófico. Opina que a los ascetas hay que oponer una civilización de Arte con una decidida voluntad, al mismo tiempo que realizar esfuerzos sin reparar en medios para la construcción de una sociedad perfectamente jerarquizada. Esta nueva civilización habría que triunfar bajo el signo del dios Dionisos.

CREPUSCULO DE LOS IDOLOS Y EL ANTICRISTO

“Estos dos libros están destinados a los menos, a los que comprenden mi “Zarathustra”. Quizá no haya nacido ninguno de ellos todavía”.

En el verano de 1888 Nietzsche se propone una árdua labor, está ya maduro para una síntesis de sus vivencias y de su filosofía que hasta ahora eran ráfagas de inspiración. Las profecías y los conceptos que están dispersos o solamente apuntados en todos sus libros deben ser remodelados y concentrados en uno solo, “Transvaloración de todos los valores”. Toma notas, apuntes, ordena, recopila y esboza el índice de temas del libro. El primero de ellos —pues en principio se tenía que componer de varios— será “El anticristo”, será el primero y último de su “Transvaloración...” pues su libro póstumo “La voluntad de poder” es una recopilación de apuntes y de notas, y se debe al editor de Weimar, que siguió las indicaciones de Nietzsche, que ya en 1887 había imaginado este libro como “un soliloquio ideal”, pero belicoso y con un estilo y una terminología militares, y al mismo tiempo como el “libro más independiente”: “Yo he dado a la humanidad el libro más profundo que ella posee, mi “Zarathustra"; dentro de poco le daré el más independiente”.

Como para relajarse del abrumador trabajo que se había impuesto, decide escribir una especie de prólogo de esta obra. En principio el título sería “Ociosidades de un psicólogo”. Pero del prólogo sale nada menos que la introducción y el resumen de toda su filosofía: “es artillería pesada” lo que desde él dispara Nietzsche. Por fín llevará el título que corresponde a su grandeza “Crepúsculo de los ídolos” y como subtítulo “Como se filosofa a martillazos”.

El libro empieza con “El problema de Sócrates” y la dialéctica, tema que había tratado ya en “El nacimiento de la tragedia”: “Con Sócrates el gusto griego da un cambio en favor de la dialéctica: ¿que es lo que ocurre aquí propiamente? Ante todo, con esto queda vencido un gusto aristocrático; con la dialéctica la plebe se sitúa arriba... Poco valioso es lo que necesita ser probado. En todo lugar donde la autoridad sigue formando parte de las buenas costumbres, y lo que se da no son “razones” sino órdenes, el dialéctico es una especie de payaso...

“A la dialéctica se la elige tan sólo cuando no se tiene otro recurso... por eso son dialécticos los judíos...” (y los socialistas científicos).

Seguidamente habla de los “mejoradores” de la humanidad, poniendo de relieve la diferencia existente entre la “doma” y la “cría” de una raza. La “doma” no es otra cosa que castrar los mejores instintos y aptitudes de una raza: nivelandola con otras inferiores, tema que ha sido fundamental en el cristianismo, sobre todo en su “doma” de la “bestia rubia” germánica. Como antítesis pone la “ley de Manú” y el valor inmenso que tuvo, al “criar” una raza y una sociedad perfectamente jerarquizada: brahamanes, guerreros, burguesía y sirvientes, además de los “chandalas” clase donde eran arrojados todos los mestizos de su sociedad, los tarados y los incapacitados físicos y morales. En “El anticristo” dirá que fue precisamente el budismo quien transformó esta jerarquización, con lo cual vino la inevitable decadencia del hinduismo y de la raza indo-aria.

Es digno de mencionar en su textual integridad los conceptos que Nietzsche tiene sobre: la libertad, el matrimonio, la cuestión obrera, y el progresismo.

“A veces el valor de una cosa reside no en lo que con ella se alcanza, sino en lo que por ella se paga... Las Instituciones liberales socavan la voluntad de poder, vuelven cobardes, pequeños y ávidos de placeres a los hombres, con ellas alcanza el triunfo siempre el animal de rebaño.

Liberalismo: dicho claramente, ANIMALIZACION GREGARIA... La guerra educa para la libertad. Pues ¿que es la libertad? Tener vo­luntad de autorresponsabilidad. Volverse más indiferente a la fatiga, a la dureza, a la privación, incluso a la vida... El hombre que ha lle­gado a ser libre, y mucho más el espíritu que ha llegado a ser libre, pisotea la despreciable especie de bienestar con que sueñan los tenderos, los cristianos, las vacas, las mujeres, los ingleses y demás demócratas. El hombre libre es un GUERRERO.”

SOBRE EL MATRIMONIO: “La razón del matrimonio, consistía en la responsabilidad jurídica exclusiva del varón: con ello el matrimonio tenía un centro de gravedad, mientras que hoy cojea de ambas piernas. La razón del matrimonio, consistía en su indisolubilidad por principio: con ello adquiría un acento que sabía hacerse oir frente al azar del sentimiento, de la pasión y del instante. Consistía asimismo en la responsabilidad de las familias en cuanto a la elección de los cónyugues. Con la creciente indulgencia en favor del matrimonio “por amor” se ha eliminado precisamente el fundamento, aquello que hacía del matrimonio una institución”.

LA CUESTION OBRERA: “La estupidez, en el fondo la degeneración de los instintos, que es hoy la causa de todas las estupideces, consiste en que haya una cuestión obrera... Yo no alcanzo a ver qué es lo que se quiere hacer con el obrero europeo, después de haber hecho de él una cuestión... Se le ha hecho al obrero apto para el servicio militar, se le ha dado el derecho de asociación, el derecho político, el voto: ¿como puede extrañar que el obrero sienta ya hoy su existencia como una situación calamitosa. ¿Pero qué es lo que se quiere?, volvemos a preguntar. Si se quiere una finalidad, hay que querer también los medios: si se quiere esclavos, se es un necio si se les educa como señores”.

Aquí aparece una contradicción en Nietzsche, o mejor dicho una falta de adivinación. En primer lugar al obrero jamás se le ha educado para señor, se le ha conscienzado para, únicamente ser apto para servir de ejército de choque en provecho de los teóricos del liberalismo y del socialismo, a los cuales y como hemos visto y veremos seguida­mente tanta repugnancia causan a Nietzsche.

Por otra parte, el filósofo, ve en el judío el elemento desitegrador por excelencia, pero le ha pasado posiblemente desapercibido la estrecha relación de éste, dueño por una parte de la alta banca con los jefes de todos los movimientos liberales y socialistas de Europa, judíos en su mayoría también. No ha podido adivinar que se trataba de una acción conjunta: sumos sacerdotes y bajo pueblo de Israel, para el ejercicio del dominio universal que como “raza escogida” se tienen reservado.

Quizá sea esta una cuestión política más que filosófica, y Nietzsche está más interesado en buscar las causas de la desistegración occidental en su propia debilitación que en el beneficiario de ello. Al fin y al cabo, yo tampoco doy la culpa al judío de la decadencia y animalización de nuestras costumbres; en todo caso la culpa la tenemos nosotros y sobre todo nuestras capas “intelectuales” y “políticas” por dejarse atrapar en sus redes. Bastaría un golpe de hombría en los medios políticos y culturales de occidente para que en un sólo día la nefasta influencia judaica dejara de inquietarnos. Este golpe tendrá que venir y no sólo de una nación como antaño, sino de Europa entera, pero para ello es necesario que la nueva élite se vaya formando sin prisa pero sin pausa. Cuando esto ocurra será señal de que Europa habrá recobrado su voluntad de poder.

Continuando con el pensamiento nietzscheiano sobre el problema obrero, esto es lo que expone en “El anticristo”; “LA quién es a quien más odio, entre la chusma de hoy? A la chusma de los socialistas, a los apóstoles de los chandalas, que con su pequeño ser socavan el instinto de placer, el sentimiento de satisfacción del obrero —que lo hacen envidioso, que le enseñan la venganza... La injusticia no está nunca en los derechos desiguales, sino en reclamar derechos iguales... ¿Que es malo? Pero su ya lo he dicho: todo lo que proceda de la debilidad, de la envidia, de la venganza. El anarquista y el cristiano son de una misma procedencia...”

“El anticristo” como muy bien dice A. Sánchez Pascual en su introducción a éste, es una hueso que hay que roer: “Quien quiera vivir a partir de Nietzsche habrá que roer este hueso de “El anticristo”; y, además, tragarlo. Y no sólo en lo negativo, cosa fácil, sino en lo positivo. No sólo en el NO, si no también en el SI oculto que aquí está encerrado. Ante la imposibilidad de hacerlo, más de uno ha acabado por arrojar, todo entero, a Nietzsche”.

Es el libro de la introspección del cristianismo: su origen judío, su teología, la transfiguración de Jesús a partir de sus discípulos y especialmente por Pablo (espíritu de Rabino), pone al descubierto la bajeza y la venganza de plebeyo que existe en las páginas del Nuevo Testamento y por último maldice a Occidente por no haber sabido crear un dios en dos milenios. El siempre propone a Dionisos.

Él democratismo, la revolución francesa y el socialismo, no hacen sino reanudar los temas del cristianismo y éste a su vez, reanuda por su cuenta todos los temas de una comunidad judía dominada por la casta de los sacerdotes, quienes para afianzar su potencia necesitan conservar una masa de oprimidos, de fracasados, de inoportunos. (Téngase en cuenta la proletarización que sufre Europa hace más de un siglo; el supercapitalismo judío está terminado, si no ha terminado ya, con la independencia de la propiedad privada —antítesis del capitalismo—, así mismo, los líderes políticos e intelectuales de tales proletarios no son sino judíos o sirvientes de estos: Marx, Rosa Luxemburgo, Lenin, Freud, Marcusse, Cohn Bendit,  etc.).

En “El anticristo” Nietzsche resume la concatenación de hechos del debilitamiento occidental que había comenzado en el “Crespúsculo de los ídolos”: de Sócrates al cristianismo, del cristianismo a la Revolución francesa y de ésta al socialismo, en formas diferentes, pronunciadas por hombres diferentes, y aparentemente antitéticos; es el mismo fenómeno de debilitación ininterrumpido que continúa. Es la DECADENCIA.

Concretando más, para Nietzsche, la Revolución francesa con sus doctrinas igualitarias, humanitarias, fraternales, democráticas, no hace sino continuar el cristianismo (¿que diría hoy en día?): “Porque la Revolución francesa es la hija y la continuadora del cristianismo, tiene ese mismo instinto hóstil a las castas, a los antiguos privilegios”.

A consecuencia de la Revolución francesa, el socialismo, “tiranía extrema ejercida por necios y mediocres, disimula mal la voluntad de negar la vida.

“Que las razas fuertes de la Europa nórdica no hayan rechazado de sí el Dios cristiano es algo que en verdad no hace honor a sus dotes “religiosas”, para no hablar del gusto. Tendrían que haber acabado con semejante enfermizo y decrépito engendro de la DECADENT. Más, por no haber acabado con él, pese sobre ellas una maldición, ¡desde entonces no han creado ya ningún Dios!”.

* *

En un día de otoño de 1889, el gran filósofo, preso de un ataque de apoplegía que terminaría con su vida, se abraza al cuello de un caballo en los arrabales de Turín para preservar al noble bruto de los malos tratos de un carretero. A partir de aquí, Friedrich Nietzsche, el filósofo, no existe ya. A los cuarenta y cinco años, en la edad dorada de la madurez y de la experiencia. Irrita esta prematura desaparición, pero a través de lo que escribió, ¿Qué más podía decirnos? ¿Hay realmente algo más que añadir?...

Para terminar, sólo añadiré que si la filosofía de Nietzsche forma un sistema es contra su expresa voluntad. Con todo, debemos y podemos hablar de la férrea contextura ideológica nietzscheiana, tanto más sólida cuanto que aparentemente no lo es.

El 25 de agosto de 1900 a la edad de 56 años muere Friedrich Njetzsche.

La revolución nacional-europea-nietzscheiana se esbozó en el III Reich alemán; éste fué derrotado, pero el recuerdo de una de sus sentencias postreras expresadas en “Ecce horno” debe ser un toque de clarín para todo nacional-revolucionario-europeo: “Conozco mi suerte. Alguna vez irá unido mi nombre al recuerdo de algo gigantesco, de una crisis como jamás la había conocido la tierra... Yo no soy un hombre, soy dinamita”.

Desde los umbrales del siglo XX:

¡Gloria eterna a Friedrich Nietzsche!


 
 
sonsoles
30 July 2009 @ 12:20 am

                                          LA REBELDÍA CULTURAL


Si la cultura aplaude al poder, o bien es un momento excepcional de la Historia o el poder ha comprado a la cultura.

 

"Es más fácil pasar un camello por el hueco de una aguja que lograr que un rico vaya al cielo" se decía en aquel viejo Evangelio, pero en esta época lamentable de la democracia capitalista hay algo aun más difícil: que un intelectual rebelde y contrario al pensamiento único progresista-democrático sea aceptado y reconocido públicamente.

 

En este BLT veréis una serie de nombres de literatos y artistas que jamás cedieron al poder, que se enfrentaron al lugar común, a la prensa y la mentalidad vulgar, sin importarles nada, contra todo la prensa.

Unamuno fue republicano en la monarquía (y logro el exilio y confinamiento), fue fascista con la República y rechazó la dictadura idiota del militarismo con Franco. Y así los demás… incluso ese Ortega capaz de escribir 'La rebelión de las Masas' que es el mayor insulto a la vulgaridad, la masa, la mayoría y el numero de votos que jamás se haya escrito. Y aquel Valle Inclán que se enfrentaba con los mismos republicanos que lo habían ensalzado, ya convertidos en ladrones y corruptos a los pocos días de tener el poder.

Donde están esos artistas que no tenían bozal… olvidados, condenados, han sido sustituidos por perritos fieles al progresismo de moda, llenos de premios y de presencia en la prensa, siempre con la democracia y el 'respeto a las libertades … del capital, de abortar o de liarse con una jovencita a base de talonario'.

 

La cultura de estos tiempos de miseria no solo es malísima, de pésima calidad, sino que esta servida por gente de igualmente pésima calidad humana. Este es el problema real. Ya no hay Quevedos que vayan a prisión por escribir un verso… no porque el poder no encarcele a los que escriben (pensemos en Ezra Pound, poeta encerrado años y años solo por escribir lo que no es correcto), sino porque no se escribe lo que se encarcela.

Ya no estamos en un momento excepcional de la Historia, en uno de esos momentos en que es posible el milagro de lo excepcional, estamos en el lodazal de la vulgaridad y la cobardía ante el poder del Oro, el amo más ruin, la adulación, la fama, el dinero y el placer.

Como hemos de añorar aquellos hombres de una pieza que antes llenaban la cultura y las artes, hombres que buscaban la elevación espiritual y humana, sin ceder al vicio ni a la vulgaridad de buscar el aplauso de las masas al precio de rebajar su arte.

 

 

LA CORRUPCION DERECHISTA DE LA CULTURA ALTERNATIVA

 

"Cuando oigo Derecha, saco mi pistola".

 

Los más 'inteligentes' son los que más pronto justifican inteligentemente su cobardía y su egoísmo.

 BLT

 

Pero si hemos de denunciar la sub cultura progresista, antes no debemos escatimar el desprecio hacia el camino decadente que la cultura alternativa ha tomado desde los años 70.

Mientras la lucha cultural y artística de los Nacionalrevolucionarios, y los restos torturados del Nacionalsocialismo, había sido la punta de lanza del combate alternativo en los años 60 y 70, cuando nuestras banderas estaban o en rebeldes como Jean Cau, Eyssenck, Konrad Lorenz, escultores como Brecker o reivindicar músicos como Pfifner o Carl Orf, de la misma forma que Solzenytzyn denunciaba por igual capitalismo que comunismo, cuando las propuesta de Alain de Benoist y otros jóvenes del 68 hablaban de genética, razas y biología tanto como denostaban la democracia como mera careta del Capital, en España escribíamos Thule: la Cultura de la Otra Europa o libro de Arte e incluso teníamos entre nuestras actividades una exposición de pintura o conciertos, y los Nacionalsocialistas de CEDADE o del PENS estábamos a la vanguardia de una cultura de ruptura… ¿que ha pasado en los años 90?.

 

Decadencia!, no, no se trata de excusarnos en el aumento de represión o en la falta de medios, no es eso: el problema es que las propuestas culturales llamadas ahora 'de alternativa' son una miseria derechista que huelen tanto a cesión y pactismo con el conservadurismo que dan tanto asco que las del propio sistema.

Solzenytzyn apoyando a Putin y sus mafias rusas, Benoist tratando de hacer olvidar sus alegatos genéticos y etnicistas para presentar una bandera tan lamentable como la de la 'democracia mejorable', los ex-directores de revistas 'alternativas' como Punto y Coma o Hespérides trabajando para el PP!!, el prototipo del Sistema, los escritores radicales asustados de que sus nombres se recuerden mezclados con 'fascistas', jurando lealtad 'democrática' a la derecha que los contrata como 'negros' de sus ideas, intelectuales ex-NR/NS colocándose el cartel de antinazis para ser aceptados en partidos de la Derecha-Nacional, una larga cola de cobardes disculpándose de sus 'locuras' juveniles de los años 60/70,… lo mismo que aquellos ex troskistas y ex comunistas-URSS colocados ahora de ministros del PP/PSOE … miserias humanas.

Y mientras tantos 'nazis' de pacotilla actuales que se creen que la cultura es el Rock-cutre ese de música tamborilera del Sistema con letras 'patrióticas', resumen  de toda la decadencia y dejadez espiritual del NS auténtico.

Y otros, abandonándolo todo, dedicándose a su 'elevación personal', o sea al capitalismo egoísta de uno mismo, adornándolo de 'Tradicionalismo' o de cualquier otro papel dorado que oculte el olor a COBARDIA y decadencia de la rebeldía.

Las nuevas generaciones NS han dejado de leer a Ortega, Calderon, Papini o Pound, y ya no buscan las exposiciones de Caspar Friedrich o van a ver las escultura de Juan de Avalos, ya no escuchan Wagner ni profundizan en su arte. Creen que leer el Mi Lucha, revisionismo y otros textos políticos les hace nacionalsocialistas… en todo caso les hace nacionalsocialistas sin cultura.

 

Y así hemos de esperar a que sea un judío, historiador del Arte Ernst Gombrich, judío, nacido en Viena pero apátrida asentado en Inglaterra y USA, anti nazy fanático, pero en cambio muy sensato quien diga valientemente: (La Vanguardia 23-11-98)

“Me da vergüenza ser historiador del arte del siglo XX. En Ciencia hubo logros, como el de los genes, mientras en Arte se exponía un urinario”

“Nuestra tradición cultural se está perdiendo, por culpa del periodismo, la televisión y la manían de la originalidad”. “Me han dicho que en Alemania ya no se leen a los clásicos alemanes en las escuelas, Goethe, Schiller,.... aquí en Inglaterra sucede lo mismo con Shakespeare. El resultado es una juventud, una generación siguiente, que ha perdido la propia tradición cultural”.

“Creo que la cultura europea se halla inmersa en un grave proceso de empobrecimiento porque estamos perdiendo la tradición clásica".

“Hablando como historiador de Arte quiero manifestar sin ambages que considero importante luchar por los valores de la civilización tradicional de Europa”.

 

Eso mismo no se atreve a decirlo en TV Sánchez Dragó, que seguramente lo piensa… pero….

Hemos perdido el coraje de quienes luchaban convencidos de su razón y valor, nos han envenenado las miserias humanas de la ''TACTICA', de esos planes a largo plazo para 'penetrar en el Sistema' que para lo que realmente sirven es para que el Sistema penetre en el corazón de ellos y los acobarde y degrade.

 

 

UNA CULTURA DE IZQUIERDA PARA LA DERECHA

 

"Cuando oigo ser de Izquierda, es que son de la Derecha vergonzante".

 

Piensa de izquierdas y vive como la Derecha, esta es la norma del Sistema progresista

 

La rebeldía actual se basa en pedir MAS del mismo pensamiento que el Sistema: más inmigración, más sexo, más dinero, más igualdad…..

 

Hace poco la izquierda catalana organizó un 'homenaje' a Luis Companys, que era el Presidente de la Generalitat de Catalunya cuando fueron asesinados unos 15.000 catalanes por ser católicos (eso es un genocidio según las leyes actuales) o de Derechas. Companys no solo no lo evitó sino que aplaudía y daba armas a los asesinos, que eran sus socios de gobierno.

Que la izquierda le haga un homenaje es normal, total los asesinados y genocidiados no eran ni judíos ni progresistas. Pero lo jocoso es que la derecha, los que eran amigos de los asesinados por ser sacerdote o llevar una cruz, se apunten al homenaje!.

 

El año 2000 es el 400 aniversario de Calderón, y al estrenarse “El Médico de su honra” un ministro (gobierna el PP de la derecha) dijo “que no se podía estrenar esta obra al iniciar las actividades del Compañía nacional de teatro Clásico, porque es volver a la España que debíamos enterrar”.

Gobierna el PP, pero jamás se ha hecho un homenaje ni se edita a Wenceslao Fernández Flores, que era escritor del ABC y amigo de los que fundaron el PP.


                              
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Estos meros ejemplos nos pueden ilustrar en algo muy sencillo: La Derecha democrática-capitalista ha roto totalmente con las raíces culturales y sociales que tenía como propias. Y no tiene ninguna intención de combatir la 'cultura de origen izquierdista' sino todo lo contrario.

Y eso no solo pasa en España, sino que es global en todo el mundo. Es más, España es donde más tarde se ha realizado este cambio.

¿Por qué?.

 

Hay dos razones para este cambio radical:

1- La imposibilidad de asumir la cultura 'tradicional' por parte de una derecha en democracia-capitalista, pues toda la cultura tradicional, desde El Mío Cid a Unamuno es profundamente 'fascista', está involucrada en los Valores de eso que llamamos genéricamente 'fascismo', y la poca que no cumple esta ley … está copada por la izquierda radical, ya sea Freud o Rousseau.

Que hayamos podido sin gran esfuerzo editar un libro como '150 Genios opinan sobre los judíos' muestra lo fácil que es encontrar entre los genios artistas de todos los tiempos una común manía al judaísmo… lo que es realmente embarazoso para la Derecha. Pero es que si buscáramos opiniones contra el materialismo, el placer y el Dinero,… encontraríamos no 150 sino todos. De forma que la cultura tradicional y milenaria de todas las razas es una voz unánime contra los valores decadentes y materialistas actuales.

Si se les ocurriera celebrar al magnífico novelista Wenceslao Fernández Flores alguien podría recodar su 'Una Isla en el Mar Rojo' o 'Impresiones de un hombre de buena fe' donde deja a los demócratas españoles a la altura del betún.


                              
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¿Como van a asumir a un Ortega antidemocrático hasta la raíz, o un Quevedo autor de 'Execración contra los judíos'?… ¿como va la derecha a aceptar los valores de honor, lealtad, desprecio al dinero, honradez, decencia o coraje del mundo tradicional si los miembros de sus partidos viven en los valores del dinero, el lujo, el chanchullo, la fulana y demás decadencias democráticas?.

 

2- La necesidad de fagotizar a la izquierda dentro del Sistema económico.

En realidad a la Derecha le importa poco la cultura, el pensamiento, no es ese el centro de su deseo. Lo que necesita es Capitalismo, el Mercado, el poder del Dinero.

Para lograr la estabilidad del Mercado y su triunfo absoluto la derecha necesitaba que la izquierda asumiera ese Mercado como valor propio intocable.

Por su parte la izquierda abandonó hace tiempo la idea del 'comunismo económico', la igualdad sin propiedad, y se ha centrado desde hace decenios en la propagación de las 'ideas progresistas', que se pueden resumir en 'igualdad en todo menos en lo económico': antiracismo, sexismo, feminismo, placer y destrucción moral, anti elitismo, etc… y el apoyo total al arte y la cultura destructiva de los valores tradicionales.

 

Los partidos 'socialistas' han dominado la OTAN, la ONU, las organizaciones del Mercado, y han asumido sus valores como propios, siempre que apoyen a su vez una educación 'progresista', o sea anti-tradicional.

El pacto metistofélico está pues cerrado: Una sistema de Mercado bajo mentalidad materialista y progresista. Creo que uno de sus ejemplos es la unanimidad de la Asociación de Empresarios cuando pide más inmigrantes el mismo día que los Sindicatos marxistas exigen lo mismo. La derecha pide para disponer en el Mercado de mano de obra barata y dócil, los sindicatos marxistas lo piden para obedecer sus 'ideas progresistas antiracistas'.

 

Y así vemos como un drogado y degenerado Maradona lleva un tatuaje del Che, y va drogado va a Cuba a besarse con Castro, mientras un boxeador USA semiatontado y millonario, como Mike Tyson lleva uno tatuaje …de Mao!!.

Es la 'idea de izquierda' en una vida de derecha capitalista. Drogas, mujeres, placer, decadencia… con el Che y con Mao de payasos de circo, comparsas míticos de esa izquierda de Mercado.

Las canciones de los 'rebeldes' Rollings para anunciar Coca Cola… y los estudiantes colgados del porro y las orgías protestando un fin de semana en favor de Etiopía o cualquier causa de la izquierda de Mercado.

Hoy en día los niños del PP van a los mismos tipos de fiestas y oyen el mismo tipo de música que los nenes de las ONG's antiracistas. Todos por el Mercado, unos mas otros menos, todos con la misma mentalidad 'correcta'.

 

Un ejemplo del nuevo estilo ‘socialista’ del mundialismo es el Ministro de Asuntos Europeos francés, el ’socialista’ Pierre Moscovici, diplomático millonario, amigo de trajes de moda caras, fama de seductor, al que se le acusa entre los pocos socialistas con vergüenza de ser “de los que creen que la revolución se hace desde un Ferrari”

Hombre del funcionariado, quiere ser ministro de Finanzas...(ya sabemos para que) .. pero sus valores más importantes es que fue discípulo del ministro sionista de finanzas Strauss-Kahn, y él mismo es un judío cuyo padre era psicoanalista....en fin, tiene todo para triunfar en esta mierda de Sistema.

 

Mientras la mas conocida militante lesbiana inglesa recibe del gobierno de Blair la Orden del Imperio Británico, impuesta por la reina, por los servicios de los homo sexuales. La izquierda se acomoda en la Orden del Imperio… aunque sea el de los Maricones. Dinero, premios, TV… y la izquierda placida va al comedero del Mercado.

 

Todos estos ejemplos nos muestran, junto a otros cientos, como el alma de la izquierda vive en la casa de la derecha. De la misma forma que vimos como la derecha había asumido el alma de la izquierda,… sin abandonar su casa del Mercado.

 

Ya no hay izquierda, ni siquiera allí donde la dictadura del comunismo sigue vigente, como en China. China es un enorme taller del capitalismo, eso si, ordenado y dirigido por capataces con la hoz y el martillo.

Como mero ejemplo, en Pekin se ha celebrado el 'Brother Cup China International Young Designers', todo en inglés made in USA, donde los diseñadores de moda chinos mostraron sus ‘creaciones’. Pues bien, los modelitos eran tan bestias e imbéciles como los que pueden presentarse en New York, nadie podría distinguirlos, es el mundialismo de la estupidez y del Mercado. China es una enorme aspiración del dólar, con ideas de izquierdas para adornar el florero.

Ved las declaraciones de Hong Ying, china y escritora demócrata que luchó en Tiananmen y ha escrito una novela “Verano de Traición” sobre la represión comunista (Plaza&Janes 1997):.

 “Occidente ahora se encuentra obsesionado por el multiculturalismo, lo que tiene su lado bueno en la tolerancia. Pero su lado malo es que carecen de valores. Para ellos todo tiene el mismo valor cultural, lo que quiere decir que la cantidad vale más que la calidad y la cultura Pop es así más importante que el arte serio. Existe además esa estúpida fascinación por parte de Occidente hacia algunos temas de la cultura china como el kung fu, la geomancia, etc... pero ello no significa que haya entendimiento mutuo sino una especie de degeneración mutua”.

Si, adivinó el problema: no hay entendimiento de los pueblos, hay simplemente una decadencia unida hacia el mundialismo sionista de mercado.

 

 

LA IZQUIERDA GENERA EL ARTE QUE LA DERECHA PAGA

 

El llamado arte moderno es la expresión progresista de la decadencia del mundo del Mercado. Este arte expresa las miserias interiores de la Derecha mediante los medios 'artísticos' inventados por la estupidez de izquierda.

 

Una tal Nancy Rubin es llamada una de ‘las mejores escultoras estadounidenses de este fin de siglo’ (La Vanguardia 4-7-99). Tras este título se esconde un ejemplo de la más completa miseria actual: Sus esculturas están hechas de basura, de montones de trastos sacados de la  basura.

“Los materiales que usa recuerdan la caducidad de la tecnología y habla de los desperdicios de la sociedad de consumo”, eso traducido quiere decir que utiliza mierda y basuras. Y el resultado es una porquería claro.

El crítico dice “poesía, sexualidad y hedonismo son algunos de los mensajes de Nancy Rubin” ¿?... pues ya ves, un montón de aspiradoras y neveras viejas, eso es la poesía.

Hace poco una comunidad de vecinos logró destruir legalmente uno de sus montones de electrodomésticos viejos que pesaban 7 toneladas... así que ahora Nancy acusa “los norteamericanos no están preparados para entender su arte”... y amenaza con venir Europa a ensuciar nuestros países ...¿por qué no se va a Israel?, allí la basura hará juego con sus ideales.

 

Pero si analizamos algo más en serio el tema, aparte de la burla, veremos que el arte moderno es esto: una expresión sobre la sociedad de consumo hecha con materiales y medios que inventa la izquierda progresista.

Y si el inspirador es una basura (la sociedad democrática capitalista) y el artista es de la izquierda progresista, creo que Nancy Rubin genera el 'arte exacto': Montañas de basura.

 

Y si vamos a la música, podemos ver nuevos nombres para ruidos diversos: “un viaje sonoro sorprendente”, así titula su ‘concierto’ el director Jose Vicent,  para usar 300 instrumentos.

Y el más impresentable de los llamados compositores actuales españoles, el pianista Carlos Santos, declara que, además de ser de izquierda, sin hijos y separado (no hay quien lo aguante ni en música ni en lo personal): “hice un recital en los años 70 en Madrid de 3 horas con solo 8 notas... los organizadores me sacaron a rastras”.

 

El libro “The CIA and the cultural cold war” de la inglesa Frances Stonor nos indica como se financio el arte abstracto para combatir el realismo y el arte tradicional. Como el gobierno USA-Sion (oficialmente de 'derechas', y acusado de tal por todos) financió y fomento ayudas de miles de millones a ‘artistas’ modernos y abstractos como representantes del arte democrático y progresista… de izquierdas.

Se financio a filósofos como al judío Issac Berlin, al jazz , todo tipo de sionistas y destructores artísticos, etc.. el arte llamado moderno es el arte subvencionado por la democracia capitalista.

 

Los artistas de la democracia de Mercado eran casi todos de izquierdas, financiados y promocionados por gobiernos de derechas. Picasso era comunista y stalinista, dibujo varios temas en honor a Stalin… mientras era  y es promocionado por los ambientes de la CIA y de la derecha económica.

Esa misma izquierda que a cambio de tener su 'idea' en el trono, deja que la derecha explote al pueblo y triunfe en lo económico, es más, ella misma se hace derecha, el PSOE ha sido el mejor gobierno para la 'liberalización'' mundialista de mercado… entre otras cosas legalizó las ETT's.

Como nos cuenta en El País, 8-12-99:

"Tono, un chaval aficionado a los instrumentos musicales de la época cervantina. Lleva muchos años apuntado al paro y por fin, hace unas semanas, le llamaron de una ETT. Le ofrecieron trabajar de "documentalista" a 790 pelas brutas la hora (555 sueldo base), quizás porque es licenciado en Historia del Arte.. Lo de "documentalista" luego se redujo a 'clasificar historiales médicos", pero le garantizaban un año de contrato y optó. Aunque le pillaba lejos, con dos, transbordos llegaba al trabajo en hora y media, a las ocho de la mañana. Sólo tenía que levantarse a las seis.

El primer día se encontró muerto de frío en un galpón infame, sin iluminación y abierto a dos vientos. Allí le ordenaron que trasladara de un extremo a otro del almacén unas cajas de 20 kilos llenas de radiografías. Otra chica, contratada por la misma ETT, se lesionó la columna a la segunda jornada. El tercer día, una vez acarreadas las cajas, recibió la orden de barrer la nave porque la suciedad era perjudicial para las láminas. El cuarto día lo dedicó a clasificar radiografías. Como no es agradable aguantar de pie ocho horas y no había sillas, se sentó en la mesa, pero acudió el capataz muy amostazado y le dijo que ésa no era manera de trabajar. "¡De pie, de pie; hala, hala!". Al sexto día le despidieron. Entonces comprendió por qué la ETT no le había dado a firmar su contrato. En el finiquito constaba que el trabajo tenía riesgos laborales y que no había representante sindical. Esto último era un rasgo de humor negro. Pero faltaba la última humillación. El capataz le descontó una hora: media porque el primer día se perdió y llegó con 20, minutos de retraso, la otra media porque el despido se produjo media hora antes de acabar la jornada. La mili era más humana".

 

Si, la izquierda apoya las ETT's mientras le dejen financiar sus 'artes actuales de izquierda'.

Quizás no se entienda si no se sabe que tras la derecha y la Izquierda solo hay una mano…Sionismo. Y la característica típica del sionismo es que le importa un cuerno derechas e izquierdas, solo busca Dinero, Poder y Decadencia de nuestro Pueblo.

Y es que si lucháramos solo por 'lo político' no valdría la pena, pero si debemos luchar hasta el final y sin importar sacrificios, no es por 'lo político', sino porque luchamos por el Arte, la Cultura y la Supervivencia de nuestro Pueblo.

 

 

Juntos perdimos la guerra

Juntos perdemos la paz

Lo que jamás perderemos

Son las ganas de Luchar!.

 

 

 

 
 
 
sonsoles
28 July 2009 @ 05:22 pm

Publicamos este texto de Rosenberg escrito en 1944, gracias a la traducción de .J. M. Un texto hasta hoy desconocido en castellano.

Este texto es un homenaje de Rosenberg a Nietzsche, pero sobre todo una exposición contra los argumentos que presentaban a Nietzsche como anti-alemán.


Extraido de Mundo NS

 
http://holocaustmusic.ort.org/uploads/pics/Portrait_of_Alfred_Rosenberg.__Photograph__67483__01.jpg

Sobre Friedrich Nietzsche (1944)

 

"En este momento, y en vista del choque entre dos mundos, la posición de Nietzsche en el pensamiento alemán y en el Ser europeo nos inspira hoy de una manera única.

Sé cuan controvertidos fueron estos dos elementos en su vida y que no es difícil encontrar citas aparentemente contradictorias, incluso mutuamente excluyentes. No obstante, cuando las palabras, sacadas de un ambiente totalmente diferente y escritas en diferentes épocas, son puestas en otro entorno, se convierten para nosotros en símbolos fugaces y aislados, particularmente si nosotros no conocemos al hombre y su completa esencia-estructura. Los elementos que pueden ser a menudo interpretados como indicios de resistencia o de rechazo a su alemanidad, no son con frecuencia indicativos de una lucha contra su propia esencia, contra el Deutschtum, sino más bien de un encarnizado choque con la esencia del mundo, tal y como aparecía entonces. Mucho de lo que parece estar lleno de odio es, en esencia, herido y decepcionado amor. Sólo si entendemos esto seremos capaces de comprender la vida no solamente de Nietzsche, sino de muchos otros luchadores en Alemania. Me gustaría recordar sólo aquellas bellas palabras que representan la medida del desorden interior de Nietzsche: aquí, declara que mantenía tan fervientemente la pura y fuerte semilla de la esencia alemana que esperaba que rechazase a aquellos elementos foráneos que se habían implantado violentamente dentro de ella; esperaba que el espíritu alemán volvería a sí mismo... “Que nadie crea que el espíritu alemán ha perdido para siempre su patria mítica, puesto que continúa comprendiendo con tanta claridad las voces de los pájaros que hablan de aquella patria. Un día ese espíritu se encontrará despierto, con toda la frescura matinal de un enorme sueño: entonces matará al dragón, aniquilará los pérfidos enanos y despertará a Brunilda -¡y ni siquiera la lanza de Wotan podrá obstaculizar su camino!” (1)."

 

Después de una discusión sobre el nacionalismo alemán de Nietzsche, que se muestra, dice Rosenberg, por los vestigios de Antisemitismo y sentimientos anti-franceses manifestados mientras estaba de servicio médico durante la guerra Franco-prusiana, vuelve a la investigación de Nietzsche sobre la crisis espiritual que había acosado el siglo diecinueve

 

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"...Él sabía que habían sido detenidas las aguas de la religión y que había dejado detrás de sí pantanos y charcas; que las naciones se habían separado como enemigas y que deseaban hacerse pedazos las unas a las otras; que las ciencias habían seguido hacia adelante sin ningún tipo de moderación y en la más ciega seguridad en sí misma. Sin embargo, las clases cultas y los Estados se habían mantenido gracias a una “espléndidamente despreciable economía monetaria”. Nunca el mundo fue tan mundano y pobre en amor y cortesía como durante esta época. Las clases educadas no representaban ya ni la caridad ni el refugio. Más bien se volvían más inquietas y menos consideradas y amables. Todo, incluido el arte contemporáneo y las ciencias, estaba contribuyendo a la “aproximación a la barbarie”. Los elementos 'cultos' probaron ser los más grandes enemigos de la cultura, pues ellos buscaron engañarse respecto a la esencia de enfermedad general que sufría Alemania y de este modo obstruyeron cualquier tipo de cura. La verdad, sin embargo, respecto a la cual esta sociedad liberal y sin amor estuvo predicando tanto entonces, se había convertido en un término por completo deslucido para muchos, y los poderes ya no tenían ningún miedo a nada escandaloso o fuera de lo ordinario. De acuerdo con Nietzsche, la “verdad” de la época liberal es una criatura tranquilizadora y confortable que debe continuamente apoyar todo poder establecido y que de ningún modo debe soportar ningún tipo de protesta en su nombre. Con todo, ella misma se convertía en un nuevo centro de Inquisición, manteniendo un silencio absoluto contra todo fenómeno contrario. Era por tanto obvio que una cierta melancolía y MUSTINESSS pesase fuertemente sobre los mejores de la época –una eterna vejación debida a la batalla entre el disimulo y la honestidad, una batalla que se libró en su propio pecho. Había una falta de confianza en sí mismo, pues era incapaz de ser al mismo tiempo guía y proveedor de cultura para los demás.

El espíritu de un periodismo desarraigado, que se llamaba ,ocasionalmente, a sí mismo filosofía, se precipitó sobre las universidades. Con el Fausto y el Nathan el Sabio en sus labios, “el lenguaje y las perspicacias de nuestros nauseabundos jornaleros literarios”, alcanzó el podium con una variedad culta e inteligente de conferenciante. Nietzsche estaba en contra de todo esto: si se habla de pensadores y de filósofos, es necesario para un filósofo tener una “masculinidad brava y recta”. En esta época, sin embargo, este tipo de hombre se había dejado de ver y se encontraba muy raramente. Este siempre decadente curso de los eventos produjo un ambiente que debido a sus insuficiencias, así como a sus propias naturalezas delicadas, Hölderlin y Kleist tuvieron que perecer; ellos no habrían sido capaces de resistir el clima de la así llamada cultura alemana. Sólo “naturalezas fuertes, como Beethoven, Goethe Schopenhauer y Wagner pudieron soportarlo”. Incluso tales figuras solitarias, con todo, necesitaron comprensión y compañeros ante quienes pudieran ser tan abiertos como si tratasen con ellos mismo; un compañero en cuya presencia el estorbar del silencio y la presunción fuesen aliviados. Si de este compañero hubieran sido privados, se habría fomentado en ellos una desesperación creciente por el desarrollo del espíritu alemán. Habría sido la peor acción posible que se podría hacer contra tales inusuales hombres, conduciéndoles tan profundamente dentro de ellos mismos que habrían emergido en erupciones volcánicas. “Todavía existirá siempre aquel semidios que soporta vivir y que vive victoriosamente bajo tales terribles condiciones, si deseas oír su canción solitaria, escucha la música de Beethoven”. En otro lugar Nietzsche declara, “¿Cómo se puede encontrar un gran y productivo espíritu de sí mismo entre un pueblo que ya no es una unidad interna, con su estrato 'culto' tan mal instruido e interiormente subvertido? ... ¿Cómo puede este espíritu resistir si la unidad de la percepción Volk ha muerto; si sabe que aquella parte que se llama a sí misma la parte culturizada del Volk, y que se ha apropiado para sí misma del espíritu artístico de la nación, falsifica y colorea esta percepción?”

Incluso ante la perspectiva de esta total evaluación, Nietzsche tiene la esperanza una vez más fundadas en el fuerte corazón alemán, en una forma alemana de escepticismo, en “el elevado espíritu de Federico el Grande entre los intelectuales” y más de una vez declaró que cuando sólo el rebaño animal era alabado y se le otorgaba honores en Europa; que esta Europa tenía que alcanzar el poder un tipo humano totalmente diferente para alterar el destino. Ofreció una minuciosa crítica de toda la estructura social, un crítica del movimiento marxista, que en aquella época había estado ya falsamente tildado de socialista –una crítica que, en lógica y devastación, es impensable incluso hoy. Para él, el marxismo es la tiranía de los menos, los estúpidos, i.e., de los superfluos, de los envidiosos y los actores de corte, llevada a su conclusión final. Era de hecho la última consecuencia de las “ideas modernas” y de su posterior anarquía. Nietzsche, sobre todo, se opuso a la tentativa de destruir el concepto de propiedad, ya que tal destrucción del concepto de propiedad promovería una destructiva lucha por la existencia...

Es comprensible que pensamientos de esta naturaleza –los cuales fueron puestos primariamente en forma razonada y más tarde como aforismos- cuando fueron presentados al auto-satisfecho mundo liberal, fuesen ignorados o asesinados con risas. Los hombres de esta época no tuvieron conocimiento de ellos, incluso cuando Nietzsche proféticamente interpretó la completa hipocresía de aquel paraíso descrito en el programa marxista de la sociedad ideal sin Estado en la cual no existiría la lucha de clases.

“El marxismo requiere una total subyugación de todos los ciudadanos ante un Estado incondicional como no ha existido nunca”. La premonición de la dictadura marxista que vemos marchar contra nosotros desde Moscú como nuestro mortal enemigo, está claramente descrita aquí. Ella misma se ha aliado con aquellas fuerzas que Nietzsche había trazado como seres particularmente peligrosos. No podemos decir que Nietzsche pudo darse cuenta en todos sus detalles de toda la estructura y psicología del comunismo. Nietzsche sabía, no obstante, que a pesar de todo el conocimiento, el camino de desarrollo embarcado sobre él probablemente no podría ser revertido en un periodo corto de tiempo; que la gran crisis de Alemania y de todo el continente europeo habría de resultar de esta mezcla de liberalismo, plutocracia y anarquía. Estaba profundamente convencido de que esta mezcla introducida por la totalidad del movimiento liberal –y aquí mostró un inagotable odio hacia Rousseau como el autor espiritual de las contiendas – tenía que dirigir al más temeroso altercado y quizás también a la tiranía. Creía que “la democratización de Europa es, al mismo tiempo, un acuerdo involuntario para la crianza de tiranos –esta palabra se ha comprendido mal en todos los sentidos, incluyendo el espiritual.”

Esta clara comprensión de las más radicales posibilidades de desarrollo sitúan a Nietzsche como alguien aparte -como pensador y como filósofo activo y militante- de todos los movimientos de su tiempo. El descubrimiento de Nietzsche de la confusión artística de estilo y su clara convicción de un presente desarraigado que alentaba toda las variedades de tradiciones auto-contradictorias se combinaron en él, para constituir una crítica de toda su época; y una más astuta y más cáustica no puede ser imaginada."

 

Según Rosenberg, el colapse espiritual de Nietzsche se reflejó en su cambio de actitud hacia Wagner. También fue sintomático de una época que mostró escasa simpatía por aquel que cambiaba sus valores. Esta desfavorable actitud fue un fenómeno completamente europeo. Alemania sola no era la culpable de la muerte espiritual de Nietzsche-



http://www.bibl.u-szeged.hu/bibl/mil/ww2/who/pics/rosenberg.jpg

 

"... Incluso si, en muchos campos, un profeta u otro de nuestra tiempo permanece algo más cercano a nosotros, Friedrich Nietzsche como una personalidad total y como un observador imperturbable de toda una época destinada al colapso, ¡fue ciertamente la más grande figura de la intelectualidad alemana y europea mundial de su tiempo! Respecto a todas sus posteriores declaraciones y críticas, debemos concluir que él se sentía herido cada vez que hacía una declaración, y que se volvía sobre el inmediato infligidor de la herida. Esto habría sucedido de la misma manera, si él hubiese vivido en Francia, en Inglaterra o en cualquier otro estado. Por dondequiera el mismo fenómeno de decadencia estaba en marcha, destrozando las tradiciones establecidas sin ser capaces de crear nuevas o de construir nuevos ideales..."

 

Alemania habría heredado la misión sincera de Nietzsche de salvar Europa. Los ejércitos alemanes no sólo estaban defendiendo Alemania, sino a toda la civilización occidental-

 

"El Kulturbürger europeo, cuyos poderes de resistencia estaban agotados por la somnolencia, está siendo aplastado por un condenado fanatismo destructivo del marxismo; un fanatismo, el cual, notablemente en alianza con el Marxismo judeo-occidental, ha sacudido no sólo Alemania, sino todo el continente europeo en sus fundamentos. Si, por tanto, nosotros estamos orgullos de que hoy sola la Alemania nacionalsocialista todavía defienda esta vieja Europa, podemos proclamar, de alguna manera diferente de Nietzsche en el siglo diecinueve, que hoy nosotros somos los “buenos europeos”, ya que este es un derecho por el cual nosotros hemos luchado honorablemente. Al mismo tiempo, empero, para que no caigamos en aquella Tartufería tan acertadamente condenada por Nietzsche, debemos humildemente admitir que muchos fenómenos de la vieja época pueden ser todavía detectados entre nosotros; que muchos pequeños burgueses están todavía viviendo en aquella mohosa atmósfera en la cual Nietzsche sufrió tan malamente; que hay mucho pensamiento limitado, esquemático, que todavía no ha alcanzado aquella libertad que Nietzsche soñaba y en la que también soñamos nosotros; y que muchas personas están en peligro de llegar a ser filisteos en lugar de ser como Fausto. Pero, a pesar de estas percepciones, sentimos en nuestra experiencia el gran curso de una nueva época, y sabemos que aquella que hemos aguantado y que ha dejado a la nación alemana actual la voluntad interior para una resistencia improductiva, es juzgada también en la profunda emoción del solitario Nietzsche –emoción que se prolongó a través de una vida dolorosa, en la cual la soledad a menudo le llevó a la desesperación y a la acusación. Al mismo tiempo, empero, su vida fue siempre llevada hacia adelante por la incondicional necesidad de esta confrontación con el futuro...

Así, nosotros los nacionalsocialistas vemos hoy los efectos de aquellos poderes       –proveniente del pasado- que empezaron a desarrollarse en el siglo diecinueve; un peligroso, destructivo esfuerzo cuya gran úlcera desarrollada ha llevado a una espantosa enfermedad de la esencia europea. Y, al mismo tiempo, vemos varios profetas en medio de estos arroyos insalubres, profetas impelidos a elevar sus voces para hacer añicos estos valores que eran tan contrarios a la creatividad y para ayudar a desarrollar un nuevo orden de vida.

Hoy honoramos al solitario Friedrich Nietzsche como uno de ellos. Después de que nos despojemos de todo aquello que es tiempo-límite y también de todo aquello que es demasiado humano, esta figura permanece hoy cerca de nosotros espiritualmente y, alargando hacía atrás en el tiempo, le saludamos como un pariente próximo, como un hermano espiritual en la lucha por el renacimiento de una mayor espiritualidad alemana y para la formación de un pensamiento tolerante y abierto. Le saludamos como el proclamador de aquella unidad europea, la cual es indispensable para la vida creativa de nuestro viejo continente, un continente el cual está siendo hoy rejuvenecido por una gran revolución."

 

(1)- El Nacimiento de la Tragedia, Ed. de Andrés Sánchez Pascual, Alianza Editorial, 1995, §24, p.189. (Nota del traductor)

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sonsoles
28 July 2009 @ 03:20 pm

LIBRO PRIMERO

SÉNECA - DE LA DIVINA PROVIDENCIA (1) - A LUCILO

CAPITULO I

CÓMO HABIENDO ESTA PROVIDENCIA, SUCEDEN MALES A LOS HOMBRES BUENOS

Séneca - Tratados filosóficos - De la divina providencia

Pregúntasme, Lucilo, cómo se comprende que gobernándose el mundo con divina Providencia, sucedan muchos males a los hombres buenos. Daréte razón de esto con más comodidad en el contexto del libro, cuando probare que a todas las cosas preside la Providencia divina, y que nos asiste Dios. Pero porque has mostrado gusto de que se separe del todo esta parte, y que quedando entero el negocio se decida este artículo, lo haré, por no ser cosa difícil al que hace la causa de los Dioses.

Será cosa superflua querer hacer ahora demostración de que esta grande obra del mundo no puede estar sin alguna guarda, y que el curso y discurso cierto de las estrellas no es de movimiento casual; porque lo que mueve el caso a cada paso se turba, y con facilidad choca; y al contrario, esta nunca ofendida velocidad camina obligada por imperio de eterna ley, y trae tanta variedad de cosas en la mar y en la tierra, y tantas clarísimas lumbreras, que con determinada disposición alumbran, que no pueden moverse por orden de materia errante, porque las cosas que casualmente se unen no están dispuestas con tan grande arte como lo está el gravísimo peso de la tierra, que siendo inmóvil mira la fuga del cielo, que en su redondez se apresura, o  los mares, que metidos en hondos valles ablandan las tierras, sin que la entrada de los ríos les cause aumento. Y ve que de pequeñas semillas nacen grandes plantas, y que ni aun aquellas cosas que parecen confusas e inciertas, como son las lluvias, las nubes, los golpes de encontrados rayos, los incendios de las rompidas cumbres de los montes, los temblores de la movida tierra y demás tumultuosos accidentes que giran en contorno de ella, aunque son repentinas, no se mueven sin razón, pues aun aquéllas tienen sus causas no menos que las que en remotas tierras se miran como milagros; cuales son las aguas calientes en medio de los ríos, o los nuevos espacios de islas que en alto mar se descubren (2); y el que hiciere observación verá que retirándose en él las aguas, dejan desnudas las riberas, y que dentro de poco tiempo vuelven a estar cubiertas, y conocerá que con una cierta volubilidad se retiran y encogen dentro de sí, y que las olas vuelven otra vez a salir, buscando con veloz curso su asiento, creciendo a veces con las porciones y bajando y subiendo en un mismo día y en una misma hora, mostrándose ya mayores y ya menores conforme las atrae la Luna, a cuyo albedrío crece el Océano. Todo esto quede reservado para su oportuno tiempo; porque aunque tú te quejas de la divina Providencia, no dudas de ella.

Yo quiero ponerte en amistad con los Dioses, que son buenos con los buenos; porque la naturaleza no consiente que los bienes dañen a los buenos. Entre Dios y los varones justos hay una cierta amistad, unida mediante la virtud: y cuando dije amistad, debiera decir una estrecha familiaridad, y aun una cierta semejanza; porque el hombre bueno se diferencia de Dios en el tiempo, siendo discípulo e imitador suyo; porque aquel magnífico padre, que no es blando exigiendo virtudes, cría con más aspereza a los buenos, como lo hacen los severos padres. Por lo cual cuando vieres que los varones justos y amados de Dios padecen trabajos y fatigas, y que caminan cuesta arriba, y que al contrario los malos están lozanos y abundantes de deleites, persuádete de que al modo que nos agrada la modestia de los hijos, y nos deleita la licencia de los esclavos nacidos en casa, y a los primeros enfrenamos con melancólico recogimiento, y en los otros alentamos la desenvoltura; así hace lo mismo Dios, no teniendo en deleites al varón bueno, de quien hace experiencias para que se haga duro, porque le prepara para sí.

CAPÍTULO II

¿Por qué, sucediendo muchas cosas adversas a los varones buenos, decimos que al que lo es no le puede suceder cosa mala? Las cosas contrarias no se mezclan; del mismo modo que tantos ríos y tantas lluvias, y la fuerza de tantas saludables fuentes no mudan ni aun templan el desabrimiento del mar, así tampoco trastorna el ánimo del varón fuerte la avenida de las adversidades. Siempre se queda en su ser, y todo lo que le sucede lo convierte en su mismo color, porque es más poderoso que todas las cosas externas. Yo no digo que no las siente; pero digo que las vence, y que estando plácido y quieto se levanta contra las cosas que le acometen, juzgando que todas las adversas son examen y experiencias de su valor. Pues, ¿qué varón levantado a las cosas honestas no apetece el justo trabajo, estando pronto a los oficios, aun con riesgo de peligros? ¿Y a qué persona cuidadosa no es penosa la holganza? Vemos que los luchadores, deseosos de aumentar sus fuerzas, se ponen a ellas con los más fuertes, pidiendo a aquéllos con quien se prueban para la verdadera pelea que usen contra ellos de todo su esfuerzo: consienten ser heridos y vejados; y cuando no hallan otros que solos se les puedan oponer, ellos se oponen a muchos. Marchítase la virtud si no tiene adversario, y conócese cuán grande es y las fuerzas que tiene cuando el sufrimiento muestra su valor. Sábete, pues, que los varones buenos han de hacer lo mismo, sin temer lo áspero y difícil y sin dar quejas de la fortuna. Atribuyan a bien todo lo que les sucediere, conviértanlo en bien, pues no está la monta en lo que se sufre, sino en el denuedo con que se sufre. ¿No consideras cuán diferentemente perdonan los padres que las madres? Ellos quieren que sus hijos se ejerciten en los estudios sin consentirles ociosidad, ni aun en los días feriados, sacándoles tal vez el sudor, y tal las lágrimas; pero las madres procuran meterlos en su seno y detenerlos a la sombra, sin que jamás lloren, sin que se entristezcan y sin que trabajen. Dios tiene para con los buenos ánimo paternal, y cuando más apretadamente los ama, los fatiga, ya con obras, ya con dolores y ya con pérdidas, para que con esto cobren verdadero esfuerzo. Los que están cebados en la pereza desmayan no sólo con el trabajo, sino también con el peso, desfalleciendo con su misma carga. La felicidad que nunca fue ofendida no sabe sufrir golpes algunos; pero donde se ha tenido continua pelea con las descomodidades, críanse callos con las injurias sin rendirse a los infortunios; pues aunque el fuerte caiga, pelea de rodillas. ¿Te admira por ventura que aquel Dios, grande amador de los buenos, queriéndolos excelentísimos y escogidos, les asigna la fortuna para que se ejerciten con ella? Yo me admiro cuando los veo tomar vigor, porque los Dioses tienen por deleitoso espectáculo el ver los grandes varones luchando con las calamidades. Nosotros solemos tener por entretenimiento el ver algún mancebo de ánimo constante, que espera con el venablo a la fiera que le embiste, y sin temor aguarda al león que le acomete; y tanto es más gustoso este espectáculo, cuanto es más noble el que le hace (3). Estas fiestas no son de las que atraen los ojos de los Dioses, por ser cosas pueriles y entretenimientos de la humana liviandad. Mira otro espectáculo digno de que Dios ponga con atención en él los ojos: mira una cosa digna de que Dios la vea: esto es el varón fuerte que está asido a brazos con la mala fortuna, y más cuando él mismo la desafió. Dígote de verdad que yo no veo cosa que Júpiter tenga más hermosa en la tierra para divertir el ánimo, como mirar a Catón, que después de rompidos diversas veces los de su parcialidad, está firme, y que levantado entre las públicas ruinas de la república decía: «Aunque todo el Imperio haya venido a las manos de uno, y aunque las ciudades se guarden con ejércitos y los mares con flotas, y aunque los soldados Cesarianos tengan cerradas las puertas, tiene Catón por donde salir: una mano hará ancho camino a nuestra libertad. Este puñal, que en las guerras civiles se ha conservado puro y sin hacer ofensa (4), sacará al fin a luz buenas y nobles obras, dando a Catón la libertad que él no pudo dar a su patria. Emprende, oh ánimo, la obra mucho tiempo meditada; líbrate de los sucesos humanos. Ya Petreyo y Juba se encontraron y cayeron heridos cada uno por la mano del otro: egregia y fuerte convención del hado, pero no decente a mi grandeza, siendo tan feo a Catón pedir a otros la muerte como pedirles la vida.» Tengo por cierto que los Dioses miraban con gran gozo cuando aquel gran varón, acérrimo vengador de sí, estaba cuidando de la ajena salud y disponiendo la huída de los otros; y cuando estaba tratando sus estudios hasta la última noche, y cuando arrimó la espada a aquel santo pecho, y cuando esparciendo sus entrañas, sacó con su propia mano aquella purísima alma, indigna de ser manchada con hierro. Creo que no sin causa fue la herida poco cierta y eficaz; porque no fuera suficiente espectáculo para los Dioses ver sola una vez en este trance a Catón. Retúvose, y tornó en sí la virtud para ostentarse en lo más difícil; porque no es necesario tan valeroso ánimo para intentar la muerte como para volver a emprenderla. ¿Por qué no habían los Dioses de mirar con gusto a su ahijado, que con ilustre y memorable fin escapaba? La muerte eterniza a aquéllos cuyo fin alaban aún los que la temen.

CAPÍTULO III

Pero porque cuando pasemos más adelante con el discurso te haré demostración que no son males los que lo parecen, digo ahora que estas cosas que tú llamas ásperas y adversas, y dignas de abominación, son en primer lugar en favor de aquéllos a quienes suceden, y después en utilidad de todos en general, que de esto último tienen los Dioses mayor cuidado que de los particulares, y tras ellos de los que quieren les sucedan males; porque a los que rehúsan los tienen por indignos. Añadiré que estas cosas las dispone el hado, y que justamente vienen a los buenos por la misma razón que son buenos (5). Tras esto te persuadiré que no tengas compasión del varón bueno, porque aunque podrás llamarle desdichado, nunca él lo puede ser.

Dije lo primero, que estas cosas de quien tememos y tenemos horror son favorables a los mismos a quien suceden, y ésta es la más difícil de mis proposiciones. Dirásme: ¿cómo puede ser útil el ser desterrados, el venir a pobreza, el enterrar los hijos y la mujer, el padecer ignominia y el verse debilitados? Si de esto te admiras, también te admirarás de que hay algunos que curan sus enfermedades con hierro y fuego, con hambre y sed. Y si te pusieres a pensar, que a muchos para curarlos les raen y descubren los huesos, les abren las venas y cortan algunos miembros que no se podían conservar sin daño del cuerpo. Con esto, pues, concederás que he probado que hay incomodidades que resultan en beneficio de quien las recibe; y muchas cosas de las que se alaban y apetecen se convierten en daño de aquéllos que con ellos se alegran, siendo semejantes a las crudezas y embriagueces, y a las demás cosas que con deleite quitan la vida. Entre muchas magníficas sentencias de nuestro Demetrio hay ésta, que es en mí fresca, porque aun resuena en mis oídos. «Para mí, decía, ninguno me parece más infeliz que aquél a quien jamás sucedió cosa adversa;» porque a este tal nunca se le permitió hacer experiencia de sí, habiéndole sucedido todas las cosas conforme a su deseo, y muchas aun antes de desearlas. Mal concepto hicieron los Dioses de éste; tuviéronle por indigno de que alguna vez pudiese vencer a la fortuna, porque ella huye de todos los flojos, diciendo: «¿Para qué he de tener yo a éste por contrario? Al punto rendirá las armas; para con él no es necesaria toda mi potencia; con sola una ligera amenaza huirá; no tiene valor para esperar mi vista; búsquese otro con quien pueda yo venir a las manos, porque me desdeño encontrarme con hombre que está pronto a dejarse vencer.» El gladiador tiene por ignominia el salir a la pelea con el que le es inferior, porque sabe no es gloria vencer al que sin peligro se vence. Lo mismo hace la fortuna, la cual busca los más fuertes y que le sean iguales: a los otros déjalos con fastidio: al más erguido y contumaz acomete, poniendo contra él toda su fuerza. En Mucio experimentó el fuego, en Fabricio la pobreza, en Rutilio el destierro, en Régulo los tormentos, en Sócrates el veneno, y en Catón la muerte. Ninguna otra cosa halla ejemplos grandes sino es la mala fortuna. ¿Es por ventura infeliz Mucio, porque con su diestra oprime la tea de fuego de sus enemigos, castigando así su error, y porque con la mano abrasada hace huir al Rey, a quien con ella armada no pudo?, ¿fuera por dicha más afortunado si la calentara en el seno de la amiga? ¿Y es por ventura infeliz Fabricio, por cavar sus heredades en el tiempo de descanso en que no acudía a la República, y por haber tenido iguales guerras con las riquezas que con Pirro, y porque sentado a su chimenea aquel viejo triunfador cenaba las raíces de hierbas que él mismo había arrancado, escardando sus heredades?, ¿acaso fuera más dichoso si juntara en su vientre los peces de remotas riberas y las peregrinas cazas, y si despertara el inapetente estómago, ganoso de vomitar con las ostras de entrambos mares, superior e inferior?, ¿o si con mucha cantidad de manzanas rodeara las fieras de la caza, cogidas con muerte de muchos monteros? ¿Es por ventura infeliz Rutilio, porque los que le condenaron serán en todos los siglos condenados, y porque sufrió con mayor igualdad de ánimo el ser quitado a la patria que el serle alzado el destierro, y porque él solo negó ayuda al dictador Sula? Y siendo vuelto a llamar del destierro, no sólo no vino, sino antes se apartó más lejos, diciendo: «Vean esas cosas aquéllos a quienes en Roma tiene presos la felicidad: vean en la plaza y en el lago Servilio gran cantidad de sangre (que éste era el lugar donde en la confiscación de Sula despojaban y mataban a los proscritos): vean las cabezas de los senadores y la muchedumbre de homicidas que a cada paso se encuentran vagantes por la ciudad: y vean muchos millares de ciudadanos romanos despedazados en un mismo lugar, después de dada la fe, o por decir mejor, engañados por esa misma fe. Vean estas cosas los que no saben sufrir el destierro.» ¿Será más dichoso Sula, porque cuando baja al Tribunal le hacen plaza con las espadas, y porque consiente colgar las cabezas de los varones consulares, contándose el precio de las muertes por el tesoro y escrituras públicas? ¡Hacer esto el mismo que promulgó la ley Cornelia (6)! Vengamos a Régulo, veamos en qué le ofendió la fortuna, habiéndole hecho ejemplar de paciencia. Hieren los clavos su pellejo, y a cualquier parte que reclina el fatigado cuerpo se acuesta sobre la herida, condenados los ojos a perpetuo desvelo. Cuanto más tuvo de tormento, tanto más tendrá de gloria. ¿Quieres saber cuán poco se arrepintió de valuar con este precio la virtud? Pues cúrale, y vuélvele al Senado, y verás que persevera en el mismo parecer. ¿Tendrás por más dichoso a Mecenas, a quien estando ansioso con los amores, y llorando cada día los repudios de su insufrible mujer, se le procuraba el sueño con blando son de sinfonías que desde lejos resonaban? Por más que con el vino se adormezca, y por más que con el ruido de las aguas se divierta, engañando con mil deleites el afligido ánimo, se desvelará en los blandos colchones como Régulo en los tormentos: porque a éste le sirve de consuelo el ver que sufre los trabajos por la virtud, y desde el suplicio pone los ojos en la causa; a esotro, marchito en sus deleites y fatigado con la demasiada felicidad, le aflige más la causa que los mismos tormentos que padece.

No han llegado los vicios a tener tan entera posesión del género humano, que se dude si dándose elección de lo que cada uno quisiera ser, no hubiera más que eligieran ser Régulos que Mecenas. Y si hubiere alguno que tenga osadía a confesar que quiere ser Mecenas y no Régulo, este tal, aunque lo disimule, sin duda quisiera más ser Terencio. ¿Juzgas a Sócrates maltratado porque bebió el brebaje de la inmortalidad, disputando de la muerte hasta la misma muerte, y porque apoderándose poco a poco el frío, se encogió el vigor de las venas? ¡Cuánta más razón hay para tener envidia de éste que de aquéllos a quien se da la bebida en preciosos vasos; y a quienes el mancebo desbarbado, de cortada o ambigua virilidad, acostumbrado al ultraje, les escancia la nieve en copa de oro! Todo lo que éstos beben lo vuelven con tristeza en vómitos, tornando a gustar su misma cólera; pero aquél alegre y gustoso beberá el veneno. En lo que toca a Catón está ya dicho mucho, y el común sentir de los hombres confesará que tuvo felicidad, habiéndole elegido la naturaleza para quebrantar en él las cosas que suelen temerse. Las enemistades de los poderosos son pesadas: opóngase, pues, a un mismo tiempo a Pompeyo, César y Craso. El ser los malos preferidos en los honores es cosa dura: pues antepóngasele Vatinio. Áspera cosa es intervenir en guerras civiles: milite, pues, por causa tan justa en todo el orbe, tan feliz como pertinazmente. Grave cosa es quitarse la vida: hágalo. ¿Y qué ha de conseguir con esto? Que conozcan todos que no son males éstos, pues yo juzgo digno de ellos a Catón.

                                                                                
 

CAPÍTULO IV

Las cosas prósperas suceden a la plebe y a los ingenios viles: y al contrario, las calamidades y terrores, y la esclavitud de los mortales, son propios del varón grande. El vivir siempre en felicidad, y el pasar la vida sin algún remordimiento de ánimo, es ignorar una parte de la naturaleza. ¿Eres grande varón? ¿De dónde me consta si no te ha dado la fortuna ocasión con que ostentar tu virtud? Viniste a los juegos Olimpios, y en ellos no tuviste competidor: llevarás la corona Olímpica, pero no la victoria. No te doy el parabién como a campeón: dóytele como al que alcanzó el consulado o el corregimiento con que quedas acrecentado. Lo mismo puedo decir al varón bueno, si algún dificultoso caso no le dio ocasión en que poder mostrar la valentía de su ánimo. Júzgate por desgraciado si nunca lo fuiste: pasaste la vida sin tener contrario; nadie (ni aun tú mismo) conocerá hasta dónde alcanzan tus fuerzas; porque para tener noticia de sí, es necesaria alguna prueba, pues nadie alcanza a conocer lo que puede sino es probándolo. Por lo cual hubo algunos que voluntariamente se ofrecieron a los males que no les acometían, y buscaron ocasión para que la virtud que estaba escondida resplandeciese. Dígote que los grandes varones se alegran algunas veces con las cosas adversas, no de otra manera que los grandes soldados con el triunfo. He oído referir que en tiempo de Cayo César, quejándose un soldado de las pocas mercedes que se hacían, dijo: «¡Qué linda edad se pierde! La virtud es deseosa de peligros, y pone la mira en la parte adonde camina y no en lo que ha de padecer, porque el mismo padecer le es parte de gloria.» Los varones militares se glorían de las heridas y ostentan alegres la sangre que por la mejor causa corre. Y aunque hagan lo mismo los que sin heridas vuelven de la batalla, con mayor atención se ponen los ojos en el que viene estropeado (7). Dígote de verdad, que Dios hace el negocio de los que desea perfectos siempre que les da materia de sufrir fuerte y animosamente alguna cosa en que haya dificultad. Al piloto conocerás en la tormenta, y al soldado en la batalla. ¿De qué echaré de ver el ánimo con que sufres la pobreza, si estás cargado de bienes? ¿De dónde el valor y constancia que tienes para sufrir la infamia, la ignominia y el aborrecimiento popular, si te has envejecido gozando de su aplauso, siguiéndote siempre su Inexpugnable favor, movido de una cierta inclinación a su favor? ¿De qué sabré que sufrirás con igualdad de ánimo las muertes de tus hijos, si gozas de todos los que engendraste? Hete oído consolando a otros, y conociera yo que te sabrás consolar a ti, cuando te apartaras a ti mismo del dolor. Ruégoos que no queráis espantaros de aquellas cosas que los Dioses inmortales (8) ponen como estímulos a los ánimos. La calamidad es ocasión de la virtud: y con razón dirá cada uno que son infelices los que viven entorpecidos en sobra de felicidad, donde como en lento mar los detiene una sosegada calma; todo lo que a éstos les sucediere les causará novedad, porque las cosas adversas atormentan más a los faltos de experiencia. Áspero se hace el sufrir el yugo a las no domadas cervices. El soldado bisoño con solo el temor de las heridas se espanta; mas el antiguo con audacia mira su propia sangre, porque sabe que muchas veces después de haberla derramado ha conseguido victoria. Así que Dios endurece (9), reconoce y ejercita a los que ama; y al contrario a los que parece que halaga y a los que perdona, que los reserva para venideros males. Por lo cual erráis si os persuadís que hay algún privilegiado, pues también le vendrá su parte de trabajo al que ha sido mucho tiempo dichoso: porque lo que parece está olvidado, no es sino dilatado. ¿Por qué aflige Dios a cualquier bueno con enfermedades, con llantos y con descomodidades? ¿Por qué en los ejércitos se encargan las más peligrosas empresas a los más fuertes? El General siempre envía los más escogidos soldados para que con nocturnas asechanzas inquieten a los enemigos, o exploren su camino, o, para que los desalojen; y ninguno de los que a estas facciones salen dice que le agravió su General, antes confiesa que hizo de él buen concepto. Digan, pues, aquéllos a quien se manda que padezcan: «Para los tímidos y flojos son dignos de ser llorados los casos, no para nosotros, a quien Dios ha juzgado dignos de experimentar en nuestras fuerzas todo lo que la naturaleza humana puede padecer.» Huid de los deleites y de la enervada felicidad con que se marchitan los ánimos, a quien si nunca sucede cosa adversa que les advierta de la humana suerte, están como adormidos en una perpetua embriaguez. Aquél a quien las vidrieras (10) libraron siempre del aire, y cuyos pies se calentaron con los fomentos diversas veces mudados, cuyos cenáculos templa el calor puesto por debajo o arrimado a las paredes; á este tal cualquier ligero viento le ofenderá, y no sin peligro, por ser nocivo en todas las cosas inusuales, y por eso viene a ser peligrosísima la intemperancia en la felicidad: desvanece el cerebro y atrae la mente a varias fantasías, derramando mucho de oscuridad que se interpone entre lo falso y verdadero. ¿Por qué, pues, no ha de ser mejor el sufrir una perpetua infelicidad que despierte a la virtud, que el reventar con infinitos y desordenados bienes? La muerte es menos penosa con ayuno, y más congojosa con crudezas. Los Dioses siguen en los varones justos lo que los maestros en sus discípulos, que procuran trabajen más aquéllos de quien tienen mayores esperanzas. ¿Crees por ventura que los Lacedemonios son aborrecedores de sus hijos, porque experimentan su valor con verlos azotar en público, y los exhortan estando maltratados a que con fortaleza sufran los golpes que les dan, rogándoles perseveren en recibir nuevas heridas sobre las recibidas? Siendo esto así, ¿de qué nos admiramos, si Dios experimenta con aspereza los ánimos generosos? ¿Es por ventura blanda y muelle la enseñanza de la virtud? Azótanos y hiérenos la fortuna: sufrímoslo; no es crueldad, es pelea, a la cual cuantas más veces fuéremos saldremos más fuertes. La parte del cuerpo que con frecuente uso está ejercitada, es la más firme: conviene que seamos entregados a la fortuna, para que por su medio nos hagamos más fuertes contra ella, y para que poco a poco vengamos a ser iguales. La continuación de los peligros engendra desprecio de ellos: por esta razón los cuerpos de los marineros son duros para sufrir los trabajos del mar, y los labradores tienen las manos ásperas, y los brazos de los soldados son más aptos para tirar los dardos. Los correos tienen los miembros ágiles: y en cada uno es fortísima aquella parte en que se ejercita. El ánimo llega con la paciencia a despreciar el poder de los males; y si quisieres saber lo que él podía obrar en nosotros, considera las naciones donde ha puesto sus limites la paz romana: quiero decir los Alemanes, y las demás gentes que andan vagantes en las riberas del Danubio, siempre los oprime un perpetuo invierno y un anublado cielo: y sustentándolos escasamente el estéril suelo, defiéndense de las lluvias en chozas cubiertas de ramas y hojas; bailan sobre las lagunas endurecidas con el hielo, y para sustentarse cazan las fieras. ¿Parécete que éstos son míseros? Pues ninguna cosa en quien la costumbre se ha convertido en naturaleza es mísera, porque poco a poco vienen a ser deleitables las que comenzaron por necesidad. Estas naciones no tienen domicilios, ni lugares de asiento más de aquéllos que les da el cansancio de cada día: su comida es vil y la han de buscar en sus manos; y siendo terrible la inclemencia del cielo, traen desnudos los cuerpos, siendo esto que tú tienes por descomodidad la vida de tantas gentes. ¿Por qué, pues, te admiras de que los varones buenos sean vejados, para que con la vejación se fortifiquen? Ningún árbol está sólido y fuerte sino el fatigado de continuos vientos, porque con el mismo combate de ellos se aprietan y fortifican las raíces: y al contrario, los que crecieron en abrigados valles son frágiles. Según esto, en favor de los varones buenos es el ser muy versados en cosas formidables, para que se hagan intrépidos, sufriendo con igualdad de ánimo las cosas que no son de suyo malas sino para el que las sufre mal.

CAPITULO V

Añade, que asimismo es bueno para todos (quiero decirlo así) que cada uno milite y muestre sus obras. El intento de Dios es persuadir al varón sabio que las cosas que el vulgo apetece y las que teme, ni son bienes ni males. ¿Conoceráse el ser bienes si no los diere sino a los varones buenos, y el ser males si no los diere sino a los malos? La ceguera fuera detestable si ninguno perdiera la vista sino aquél que mereciese le fuesen sacados los ojos. Carezcan finalmente de luz Apio y Metelo. Las riquezas no son bienes, pues téngalas Eliorufian, para que cuando los hombres consagraren su dinero en el templo, le vean también en el burdel. El mejor medio de que Dios usa para desacreditar las cosas deseadas, es darlas a los malos y negarlas a los buenos. Bien está eso; pero parece cosa injusta que el varón bueno sea debilitado, herido y maltratado, y que los malos anden libres y afeminados. Si eso dices, también sería cosa inicua que los varones fuertes tomen las armas, y que pasen las noches en la campaña, asistiendo en el batallón con las heridas atadas, y que en el ínterin estén sosegados y seguros en la ciudad los eunucos, que profesan deshonestidad. Y tampoco parecerá justo que las nobilísimas vírgenes se desvelen de noche para los sacrificios, cuando las mujeres de manchada opinión gozan de profundo sueño. El trabajo cita a los buenos, y el Senado suele estar todo el día en consejo, cuando en el mismo tiempo el hombre más vil deleita su ocio en el campo, o está encerrado en el bodegón, o gasta el tiempo en algún liviano paseo. Lo mismo, pues, sucede en esta gran República del mundo, en que los varones buenos trabajan y se ocupan, y sin ser forzados siguen voluntariamente a la fortuna, igualando con ella los pasos, y si supieran a donde los encaminaba, se le adelantaran. También me acuerdo haber oído esta fortísima razón de Demetrio: «De solo esto me puedo quejar, oh Dioses inmortales, de que antes de ahora no me hayáis hecho notoria vuestra voluntad, para que hubiera venido primero a estas cosas a que ahora estoy pronto. ¿Queréis quitarme los hijos? Para vosotros los crié. ¿Queréis algún miembro de mi cuerpo? Tomadle: y no hago mucho en ofrecerle, habiendo de dejarlos todos muy presto. ¿Queréis la vida?, ¿por qué no la he de dar? Ninguna detención habrá en restituiros los que me disteis. Todo lo que pidiéredes, lo recibiréis de mí, que con voluntad lo doy. ¿Pues de qué me quejo? De que quisiera darlo por voluntaria ofrenda, más que por restitución. ¿Qué necesidad hubo de quitarme lo que podíades recibir? Pues aun con todo eso no me habéis de quitar cosa alguna, porque no se quita sino al que la retiene. Yo en nada soy forzado, y nada padezco contra mi gusto, ni en esto os hago servicio: confórmome con vuestra voluntad, conociendo que todas las cosas corren por una cierta ley promulgada para siempre (11).» Los hados (12) nos guían, y la primera hora de nuestro nacimiento dispuso lo que resta de vida a cada uno: una cosa pende de otra, y las públicas y particulares las guía un largo orden de ellas. Por lo cual conviene sufrir todos los sucesos con fortaleza, porque no todas las cosas suceden como pensamos: vienen como está dispuesto, y si desde sus principios está así ordenado, no hay de qué te alegres ni de qué llores, porque aunque parece que la vida de cada uno se diferencia con grande variedad, el paradero de ella es uno. Los mortales habemos recibido lo que es mortal: use, pues, la naturaleza de sus cuerpos como ella gustare; y nosotros estando alegres y fuertes en todo, pensemos que ninguna cosa de las perecederas es caudal nuestro. ¿Qué cosa es propia del varón bueno? Rendirse al hado (13), por ser grande consuelo el ser arrebatado con el universo. ¿Qué razón hubo para mandarnos vivir y morir así? La misma necesidad obligó a los Dioses, porque un irrevocable curso lleva con igualdad las cosas humanas y las divinas. Que aquel formador y gobernador de todas las cosas escribió los hados, pero síguelos: una vez lo mandó y siempre lo ejecuta (14). ¿Por qué, pues, siendo Dios, no fue justo en la distribución del hado, asignando a los varones buenos pobreza, heridas y tristes entierros? El artífice no puede mudar la materia: ésta es la que padeció. Hay muchas cosas que no se pueden separar de otras, porque tienen tal coherencia que son indivisibles. Los ingenios flojos y soñolientos, cuyo desvelo parece sueño, están forjados de elementos débiles; pero para formar un varón que se deba llamar vigilante, es necesario hado más fuerte. Y éste no hallará camino llano, necesario es vaya cuesta arriba y cuesta abajo, y que padezca tormentas gobernando el navío en el mar alborotado; y teniendo todas sus andanzas encontradas con la fortuna, es forzoso le sucedan muchas cosas adversas, ásperas y duras para que él las allane. El fuego apura el oro, y la calamidad a los varones fuertes. Mira la altura a donde ha de subir la virtud, y conocerás que no se llega a ella por caminos llanos. (15) «El comienzo del camino es arduo, y en él por la mañana apenas pueden afirmar los pies los caballos por ser altísimo, en medio del cielo, de donde el mirar las tierras y el mar hacia abajo me causa temor, palpitando el pecho con miedo. Lo último de él es cuesta abajo, y necesita de particular industria, y entonces la misma Diosa Tetis, que me recibe en las sujetas hondas, suele recelar no me despeñe.» Habiendo oído estas dificultades aquel generoso mancebo, dijo: «Ese camino me agrada, subo en el carro. Es de tanta estimación hacer este viaje al que ha de caer, que no consiente que el ánimo se acobarde con miedo. Y para que aciertes el camino sin que algún error te desvíe, has de pasar por los cuernos del adversario Toro, y por los arcos Hemonios, y por la boca del violento León.» Después de esto le dijo: «Haz cuenta que te he entregado el carro. Con estas cosas, con que juzgas me atemorizo, me incito, porque tengo gusto de ponerme donde el mismo Sol tiene miedo: que es de abatidos y flojos emprender las cosas seguras: por lo arduo camina la virtud.»

 



CAPÍTULO VI

¿Por qué permite Dios que a los varones buenos se les haga algún mal? No permite tal: antes aparta de ellos todos los males, las maldades, los deleites, los malos pensamientos, los codiciosos consejos, la ciega sensualidad y la avaricia, que anhela siempre por lo ajeno. ¿Hay por ventura quien pida a Dios que guarde también las alhajas de los buenos? Ellos le eximen de este cuidado, porque desprecian todo lo externo. Demetrio arrojó las riquezas, juzgando eran carga del entendimiento recto: pues ¿por qué te admiras si consiente Dios que al bueno le suceda lo que el mismo bueno quiere le suceda alguna vez? Pierden sus hijos los varones buenos: ¿qué importa, si alguna vez ellos mismos los matan? (16). Son desterrados los buenos: importa poco si ellos voluntariamente se suelen desterrar de su patria, sin intento de volver a ella. Son muertos: ¿qué importa, si tal vez ellos mismos se quitan la vida? (17) ¿Para qué, pues, padecen algunas adversidades? Para enseñar a otros a sufrirlas, porque nacieron para ser ejemplo. Sepan, pues, que les dice Dios: «Vosotros a quien agradan las cosas rectas ¿de qué os podéis quejar de mí? A otros he dado falaces bienes, y unos ánimos vacíos: burléme de ellos como con un largo y engañoso sueño: adornélos de oro, plata y marfil; pero en lo interior no hay cosa buena. Éstos en quien ponéis los ojos como dichosos, si los miráredes, no por la parte que se manifiestan, sino por la que se esconden, veréis que son miserables asquerosos, torpes y feos; y finalmente, son como las paredes de sus casas adornadas solamente por defuera. Esta felicidad no es sólida y maciza, sólo tiene la superficie, y ésa muy delgada. Finalmente, mientras les es permitido el estar en su dicha mostrándose en la forma que ellos quieren ser vistos, resplandecen y engañan; pero cuando sucede algo que los perturbe y que los descubra, entonces se conoce cuánto de verdadera y honda fealdad encubría el ajeno resplandor. A vosotros he dado bienes seguros y permanecientes, y cuanto más los desenvolviéredes y los miráredes, los hallaréis por todas partes mayores y mejores. Heos dado valor para hacer desprecio de lo que a otros causa temor, y para tener hastío de lo que otros desean. No resplandecéis por defuera, porque vuestros bienes están encerrados dentro. De esta misma manera el Orbe desprecia lo exterior, porque está contento con la vista de sí mismo: todo el bien lo encerré dentro, y vuestra felicidad consiste en no tener necesidad de la felicidad. Diréis que os suceden muchas cosas tristes, terribles y duras de sufrir. Por no reservaros de estas cosas, armé contra ellas vuestros ánimos, y en esta parte parece pasáis adelante a los Dioses, porque ellos no pueden padecer males, y vosotros os halláis superiores a las pasiones de ellos. Despreciad la pobreza, pues nadie vive con tanta como la que tuvo cuando nació. Despreciad el dolor, pues o él se acabará u os acabará. Despreciad la fortuna, porque no le di armas con que pudiese ofender el ánimo. Despreciad la muerte, que os acaba o transfiere. Y ante todas cosas hice ley que ninguno os pudiese detener forzados, habiéndoos dejado patente la salida, y si no queréis pelear podéis huir. Y por esta causa entre todas las cosas que quise os fuesen necesarias, ninguna hice que fuese más fácil que el morir, puse el ánima en lugar dispuesto a entregarse. Atended ahora y veréis cuán breve y desocupado es el camino que os lleva a la libertad. No os puse tan largas dilaciones a la salida de la vida, cuantas a la entrada: porque de otra manera, si tardáredes tanto en morir como en nacer, tuviera la fortuna en vosotros un extendido imperio. En todo lugar os enseñé la facilidad que hay para renunciar a la naturaleza, volviéndole su dádiva. Aprended la muerte, mientras veis que entre los mismos altares y las solemnes ceremonias se deja la vida.» Los fuertes cuerpos de los toros caen de una pequeña herida, y a los animales de grandes fuerzas los derriba el golpe de una humana mano, y con delgado hierro se rompe la nuca de la cerviz; y cuando el nervio que traba el cuello con la cabeza se corta, cae aquel gran peso. El espíritu no está encerrado en hondo lugar, ni se ha de sacar con garabatos, ni es necesario revolver con nueva herida las entrañas, que más vecina está la muerte. No puse lugar determinado para estos golpes: por cualquiera está dispuesto a aquello que llamamos morir, que es cuando se despide el alma del cuerpo: es cosa tan breve que no puede conocer su velocidad, ora sea apretando un nudo en la garganta, ora impidiendo el agua la respiración, ora la dureza del suelo rompa la cabeza de los que caen, o las comidas brasas corten el curso del espíritu que vuelve atrás. Sea esto lo que fuere, todo ello corre aprisa. ¿De qué, pues, os empacháis y estáis tanto tiempo temiendo lo que se hace en un instante?

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NOTAS

(1) Rodríguez de Castro, en el tomo II de su Biblioteca Española, dice: «El libro De Providentia le compuso Séneca después de la muerte de Cayo, para responder a la pregunta de su amigo Lucio, que deseaba saber por qué tenían que sufrir adversidades los que eran buenos.»

(2) Véase la Historia natural de Plinio, libro II, capítulos LXXXVI, LXXXVII, LXXXVIII y LXXXIX.

(3) También hombres libres y caballeros romanos y jóvenes de familias ilustres solían tal vez combatir en la arena, o por falta de medios para subsistir, o por adulación a los Emperadores. (Véase Justo Lipsio en sus Saturnales, libro II, capítulo III.)

(4) Habló como gentil, que no es lícito matarse.

(5) Habló como gentil en decir que había hado: todo sucede conforme la voluntad de Dios, de aprobación o permisión.

(6) Lex Cornelia de sicariis.

(7) A lo menos débese hacer.

(8) En decir que había Dioses, habló como gentil, que solo hay un Dios todopoderoso.

(9) Dice que endurece, no porque quite la liberlad, sino porque niega los auxilios eficaces, que de gracia podía dar, o dice que endurece porque labra con trabajos.

(10) Navarrete traduce vidrieras por piedras especulares. Los romanos no conocían el uso de los vidrios; se servían en su lugar de aquéllas, que eran una especie de talco.

(11) Demetrio como gentil decía esto a los Dioses. El cristiano dígalo a un solo Dios verdadero.

(12) No hay hado.

(13) No le hay.

(14) No obra Dios necesariamente, si no es en las operaciones ad intra. En todo esto habla Séneca como gentil.

(15) Febo a Faetón.

(16) Habló como gentil, que no es lícito por la patria potestad matar los hijos.

(17) Es error decir que es licito matarse.


 
 
sonsoles
28 July 2009 @ 03:14 pm
Nuestro Héroe - Walt Disney
POR A.V. SCHAERFFENBERG
 
A usted no le gustaría que su biografía estuviera escrita por Marc Eliot. A no ser, claro está, que fuese usted un judío marxista o un traidor racial amante de los judíos. Incomprensiblemente, ningún hombre Blanco carente de respeto hacia si mismo podría esperar un tratamiento correcto en las manos de este biógrafo carroñero.
Pero mientras usted vive, no debería temer nada de las opiniones del Sr. Eliot Ya que pertenece a esta nueva estirpe de buitres
"políticamente correctos" que se nutren de la vida de hombres ya fallecidos. Una forma barata y fácil de fomentar una controversia para un libro (controversia = ventas) es la difamar convenientemente a una personalidad fallecida, cuya persona es todavía generalmente reverenciada. Y si la víctima en cuestión no resultaba ser amiga de los judíos, entonces las oportunidades de lograr cada vez más entrevistas en órganos de opinión judíos como el "New York Times" están virtualmente aseguradas para chacales de este género. La desvergonzada cobardía de estos necrófilos personajillos se ve recalcada por el hecho de que las personas sobre las que escriben no pueden defenderse, ya que están muertas.
Habiendo hecho ya jirones la reputación de ciertos héroes Blancos como Enrique Ford, H.L. Mencken y Carlos Lindbergh. las alas de los buitres baten hacia la próxima víctima de su voracidad, en esta ocasión, nada más y nada menos que Walt Disney. Si alguien no necesita introducción alguna, ese hombre es el Tío Walt, una de las figuras universalmente más amadas de esté siglo XX. Es decir, hasta que Marc Eliot decidió hacerse de oro logrando el apoyo del Poder Sionista mancillando el nombre de un genuino Ario. No debería resultar pues una sorpresa, que otro libro del Eliot, "Down Thunder Road", sea una servil parodia de Bruce Springsteen. El autor es, por consiguiente, uno de esos chaqueteros enemigos de la cultura Blanca, que vendió a su propia raza para inflar el ego del excesivamente supravalorado y judaico cantante de rock 'n' roll, mientras embadurnaba de tinta e intentaba destrozar a auténticos héroes de la Raza Blanca, como el creador de "Fantasia", para satisfacer la incoherente ansia de la distorsión de un seboso y repugnante judío. Paradójicamente, la mayoría de las cosas que Eliot encuentra más horribles son precisamente los hechos de la vida de Disney que cualquier lector Sano aplaudirá. Para los Nacional Socialistas particularmente, "El Príncipe Oscuro de Hollywood", como es llamado despectivamente en el subtítulo de la biografía, ganará en respeto y admiración.
 
Una Trampa, Judía para Disney
 
A pesar de su descarada hostilidad (¿enviada?) hacia el protagonista, el autor revela por primera vez la increíble magnitud del trasfondo Nacional Socialista de Walt Disney y su generalmente desconocido combate contra el dominio judío de su oficio y su país. Eliot cuenta como Disney comenzó como un joven y oscuro ilustrador en los primeros años 20, cuando abandonó su hogar en Kansas para tentar la suerte en Hollywood. La primera producción de Walt, Alicia (de Lewis Carroll), puso de relieve sus innovadoras técnicas cinematográficas, que consistían en combinar personajes animados con actores reales. Pero necesitaba un distribuidor para hacer triunfar a su obra. Por aquel entonces, como es sabido, la distribución cinematográfica era el reino privado de los judíos, que, por instinto, habían percibido desde los primeros pasos del cine que éste podría ser un medio inigualable para dominar y moldear las mentes de la masa de Gentiles. Consecuentemente, Milton Feld fue el primer agente de Disney, y le puso en camino al agujero de ratas Talmúdicas que era Nueva York. Una vez allí, cayó en las garras de Margarita Winkler. Ella administró la primera distribución de las series de Alicia por las cuales él recibió 1,500$ por película, lo suficiente para justificar los costos de producción, pero fue un humilde comienzo por el cual el ingenuo artista del MedioOeste estuvo sinceramente agradecido.
 
Unos pocos meses más tarde, no obstante, Winkler le informó de que reduciría sus honorarios a la mitad, ya que sus series no estaban siendo bien recibidas y estaba perdiendo dinero en la taquilla. Eliot escribe, "Disney estaba menos al tanto de la restricción que de la razón de porque sus películas no eran más exitosas. No había manera para él de saber que la decisión de Winkler no tenía nada que ver con la calidad de sus películas. Habían sido, de hecho, las más exitosas de las de Winkler y habían comenzado a crear un numeroso grupo de entusiastas seguidores a lo largo de la costa este. No obstante, habiéndose casado recientemente con Carlos B. Mintz un antiguo representante de la Warner Bros., Winkler le había trasferido todo cl control de la compañía a él. Mintz redujo inmediatamente todos los pagos a los proveedores de la compañía, sin importarle cuanto aportaban sus películas." En ese momento la trampa contra Walt Disney estaba en camino.
Mintz se presentó inesperadamente un día en el estudio Hyperion y mintió a Walt y a su hermano Roy, diciéndoles que las series de Alicia habían sido canceladas por falta de interés. Walt "se encerró en su despacho y permaneció allí hasta la noche del día siguiente, rechazando hablar con nadie y culpándose a sí mismo por el fracaso de la compañía. Lo que él no sabía era que Mintz había estado viajando regularmente de Nueva York a Hollywood para negociar un acuerdo con Carl Laemmle, el fundador de Universal Pictures, respecto a una serie sobre un conejo para competir con las altamente triunfantes series del Gato Félix. Cuando el acuerdo estuvo sellado Mintz vislumbró un camino a seguir que no sólo había sido concebido por los Disney sino que, si todo resultaba según lo planeado, los 'patanes' (¿o 'goyims'?, AVS), como Mintz se refirió a los Disney a sus espaldas, airearían permitiéndole quitarles el estudio para consolidar el trato. Tras dejar pasar unos cuanto días,
 
Mintz hizo otra visita al Hyperion, esta vez con 'buenas nuevas”. Podría ser capaz de salvar su acuerdo, dijo a los dos hermanos, si podían crear un dibujo animado original, algo como –dijo- “un conejo."
 
El Conejo de Disney en la Trampa
 
Totalmente engañado por lo que él creyó era la amable ayuda de su distribuidor judío, Walt se afanó para producir finalmente "Oswaldo el Conejo afortunado". Aquel por el que Oswaldo debía estar contento resultaría evidente en tiempos de pago. Mintz, en su calidad de mediador, recibió el doble de sus honorarios por firmar también como "creador" para la agencia títere de su inocente esposa, "de este modo creando dos sociedades entre Walt y Laermule". Oswaldo fue un éxito instantáneo y enorme, y generó "beneficios proporcionales" para el agente judío y la caricatura judía. El sólo comenzó a rebelarse, cuando accidentalmente descubrió que Mintz y Laemmle estaban embolsándose secretamente algunos millones adicionales comercializando a Oswaldo en juguetes, caramelos, ropas y otros productos para niños, todo sin su conocimiento, consentimiento o participación. Mintz fingió conmiseración y le habló para que evitase cualquier acción que pudiera perjudicar al Gran Señor, Carl Laemmle.
En febrero de 1.928, con Oswaldo el conejo afortunado como la caricatura más popular en las pantallas de toda América, Disney fue con su esposa, Lillian, a renovar su contrato con Mintz en Nueva York, éste "disfrutó mucho presentando a Walt a varíos productores y directores que habían venido para conocer al audaz y joven animador de Hollywood". Ese mismo día, Mintz sentó a Walt en su lujosa oficina de la quinta Avenida. "Entonces, sin perder el tiempo, de una manera tranquila e intensa marcadamente diferente de la que había empleado en el almuerzo, Mintz comunicó que lo que iba a decir iba a ser su única oferta. Desde ese momento los honorarios de Disney por caricatura serían recortados de 2,250 $ a 1.800 $. Si esto no era aceptado, la única alternativa para Snappy (la agencia de Míntz) sería la de retirar todas las producciones posteriores de las caricaturas de Oswaldo. Y Mintz advirtió a Walt que usaría el propio equipo de Disney para hacerlo!" Los pasos de esta conspiración sanedrínica estaban en marcha en el lejano Hollywood, en el mismo instante en el que Mintz elogiaba a Walt durante el almuerzo, la mayoría de los animadores de Disney "se resignaban simultáneamente a aceptar las posturas de Snappy". Tomando ventaja por la distracción de Disney y su inesperado ultimátum, Mintz pretendió ablandarse, y ofreció permitir a Walt mantener los derechos de Oswaldo, sólo si Snappy podía obtener los derechos del 50% de los estudios Disney. Fue la eterna historia del Demonio conspirando por la posesión de un alma humana.
Avisado por Roy, Walt desistió de preservar los derechos de su propia creación, Oswaldo el conejo afortunado, perdiendo por consiguiente todos su ingresos, pero retuvo la propiedad de su drásticamente disminuido estudio. Perdidas virtualmente tolas las esperanzas con su hurtada propiedad, Walt y Lillian tomaron tristes el tren para el largo viaje de vuelta al hogar. Fue en esta deprimente jornada, no obstante, en la que el genio Ario que vence los grandes obstáculos alumbró el fértil intelecto de Walt Disney creando Mickey Mouse. El resto es historia. El destino de Oswaldo el conejo afortunado fue sombrío debido a su nuevo carácter a pesar de ser tan popular bajo la mano de Disney. Sin su creador, de todas formas, la fortuna de Oswaldo desapareció rápidamente y se marchitó sólo tras un corto período de tiempo cayendo en el olvido. Los esfuerzos de los judíos por generar ganancias perpetuas a través de Oswaldo y sus vanas imitaciones del modelo de los estudios Disney no dieron resultado, mientras que las Producciones Walt Disney remontaron el vuelo hasta unas cotas sin precedentes en medio del clamor mundial en los años30.
 
Disney en el "Partido Nazi Americano"
 
Walt, con los sentidos fijos en su arte, llegó a percatarse del denominador común -el judío- de Feld, Winkler, Mintz y Laemmle, así que se preparó para otro combate a vida o muerte con la judería, cuando ingenuamente aceptó a algunos judíos para integrarse en su organización la cual se expandía rápidamente. Para ser sinceros, mientras todavía estaba combatiendo por la existencia, pocos creían que podría volver a levantar cabeza tras la conspiración de Mintz. Pero tras su inesperado éxito con Mickey Mouse, los judíos comenzaron a verle como un peligro para sus planes. Entre los animadores posteriores a Mintz que ingresaron en los estudios Disney estaba Arthur Babbitt. Desconocido para Walt, por otro lado, además de ser un judío, Babbitt también estaba controlado por el FBI por ser simpatizante comunista. Empezó a preparar secretamente el terreno para una huelga que llevaría a los empleados de Disney a la abiertamente marxista Hermandad de Caricaturistas. El que estos mismos empleados fueran los animadores mejor pagados del sector, con condiciones de empleo ejemplares, no impidió las demandas de Babbitt, ya que su única intención era la de hacer de la Productora Disney otro nido propaganda Roja. Tras ensalzar (e inadvertidamente poner al descubierto) la creación y manipulación de la Hermandad de Escritores de la Pantalla por parte del Partido Comunista de los Estados Unidos de América, Eliot se pavonea de que los comunistas "continuaron desempeñando un papel muy importante en la politización de la ciudadanía de Hollywood" en los años 40.
Habiéndose enfrentado con anterioridad con la extinción a manos de los judíos capitalistas, Disney estaba ahora enfrentado a los judíos comunistas que intentaban quitarle su estudio. Los métodos eran diferentes, pero el enemigo era el mismo. Por fin descubrió la verdadera identidad del peligro, y comenzó a buscar respuestas a sus preguntas. Según Eliot, "Durante aquel tiempo Disney ayudó a organizarse a los realizadores independientes de películas contra la maquinaria de la industria del cine, también acompañar a Lessing (Gunther Lessing, abogado y amigo intimo de Disney) a las reuniones y concentraciones del partido (sic) Nazi Américano." EI Partido Nazi Americano fue fundado en 1.958, cerca de 20 años después de los hechos mencionados por Eliot Las reuniones a las que asistió Walt Disney eran dirigidas por los "Camisas Plateadas" de Guillermo Dudley Pelley, una temprana organización Nacional Socialista' y no un partido con un programa concreto exceptuando la consecución de la neutralidad de los Estados Unidos de América.
Babbitt, el agitador huelguista, siguió a Disney a las reuniones de los Camisas Plateadas y le espió: "En los años inmediatamente posteriores entramos en guerra, había un pequeño pero ferozmente leal, y supongo que legal, grupo de seguidores del Partido Nazi. Se podían comprar copias de "Mi Lucha" en cualquier quiosco de Hollywood. Nadie me pidió que fuera a ninguna concentración, pero yo lo hice, lleno de curiosidad. Había reuniones libres, a las que cualquiera podía asistir y yo quería ver de que se trataba por mi mismo. En más de una ocasión vi a Walt Disney y Gunther Lessing allí, junto con otras eminentes personalidades pro-Nazis (sic) de Hollywood. Disney siempre estaba yendo a reuniones. Fui invitado a hogares de numerosos actores y músicos, y todos ellos trabajaban activamente para el Partido Nazi Americano. Se lo conté a mi novia que era a su vez editora de la revista "Coronet" y ella me animó a escribir lo que había visto. Tenia algunos contactos con el FBI y les di información." El hecho de que el marxista Babbitt no tuviera reparos en colaborar con el archiconservador FBI cuando se trató de combatir a los Nazis no debería sorprender a nadie consciente de que la duplicidad es la segunda naturaleza de la mente judía. No sin motivo Disney se refirió a él como "la rata de alcantarilla"
 
¿El Ratón Mickey o la Rata Holgazana?
 
Pero fue escuchando a los oradores Nacional Socialistas cuando Walt inició su auténtico despertar político. Por primera vez, se percató de los pasos de la progresiva influencia judía en Hollywood y comenzó a percibir las causas profundas de su propio problema con Mintz, y del más reciente conflicto con Babbitt. Irónicamente, el dominio de la industria del cine americana nos es sucintamente presentado en la biografía anti-Disney de Marc Eliot. Apunta que el cine comenzó en el cambio de siglo como una empresa totalmente Gentil liderada por su inventor; Tomás Alva Edison. Él y el resto de sus compañeros cinematógrafos Arios estaban intensamente preocupados por su responsabilidad pública, especialmente en lo que concierne a los niños, y deseaban producir películas de carácter ético y de gran calidad que fuesen moralmente sanos y constructivos artísticamente.
El instinto judío pronto olfateó las posibilidades financieras de este nuevo medio, como quiera que apelara a las más viles inclinaciones de las masas:
Edison fue muy atacado repentinamente, barriendo la popularidad de la primera innovación del siglo, charlatanes callejeros, y parlanchines que aparecieron por primera vez en los bajos del Este de Nueva York. El sintió que degeneraron el sofisticado arte del cine ofreciendo 'peep shows' y otras diversiones libidinosas dirigidas a satisfacer los placeres carnales de los trabajadores. En 1.940, Edison fundó la primera alianza de productores de películas, que llegó a ser conocida como el 'Trust'. Su objetivo era el de proteger al publico y sus propios intereses financieros) de la. basura inmoral producida por lo que él denominó los 'advenedizos judíos', los cuales no sólo llamaban la atención de los trabajadores sino que producían sus propias películas para mostrárselas. En forma de respuestas, un grupo independiente de productores –en su mayoría judíos, liderado por Cari Laemmle, formó su propia organización distribuidora, o de intercambio, como ellos la denominaron. Organizaron un efectivo e ilegal mercado negro para importar películas crudas extranjeras y equipos que les permitieron continuar haciendo películas".
No obstante, Edison no era un débil supracivilizado, como los cobardes productores de hoy en día. Organizó sus propias tropas de asalto. Como Eliot narra correctamente, "Destrozaron las arcadas de los ilegales y colocaron barricadas de fuego en los vecindarios que los alojaban." Era el único argumento que los judíos comprendían y funcionó. Nueva York estaba limpia de nuevo. Pero los judios y la chusma de Laemmle sobresalientes en la supervivencia como en ningún otro arte emigraron a California, "para poner tanta distancia entre ellos y Edison como les fuera posible". Allí encontraron un estado realmente barato, un clima perfecto, y la protección natural de una zona de 3.000 millas de escapada. California les dio una segunda oportunidad de hacer sus películas.
"Al contrario que sus primero socios de la Costa Este,. los directores de los estudios de Hollywood estaban más interesados en los beneficios que en la experimentación artística. Pusieron en pantalla lo que más vendía. El público estaba deseando pagar por ver películas repletas de sexo y de violencia, y Hollywood estaba más que contento de poder hacerlas. No obstante los magnates de Hollywood no tenían ni idea de lo que significaba el término de películas 'socialmente aceptables'. No sabían si sus películas eran morales o inmorales y por tanto no podían tener las mas mínima preocupación. Para ellos, las películas eran estrictamente medios de ganancias, no instrumentos de expresión. Cuanto mas dinero diese una película, mejor era. Todas las veces que la industria fue atacada por ser moralmente corrupta, ninguno de los propietarios de Hollywood creyó que el problema tuviese que ver nada con la moralidad.
"Lo cual, por supuesto, era precisamente el problema. Entre aquellos que percibieron correctamente que Hollywood estaba dominado por los judíos, muchos de ellos en el gobierno y el sector privado no eran más gentiles, incapaces de comprender, por estar abandonada, la esencia de la moralidad Cristiana. Creían que los hombres de negocios judíos de Hollywood habían corrompido un arte con el propósito de ganar dinero, y de paso contribuyendo a la creciente corrupción moral de América. Eran, en palabras de Enrique Ford, un ejemplo perfecto del creciente problema de América, eL influjo "judío internacional" en el cambio de siglo.
Ford no fue el único Americano Ario célebre que se enfrentó al Hebraico Hollywood. Guillermo Randolfo Hearst, "nada amigo ni de los judíos ni de la industria del cine", publicó una serie de editoriales documentando la degeneración y el marxismo latente en las películas. "La campaña de Hearst recibió apoyos en el congreso, donde la definición de la moralidad en las películas había pasado con los años a incluir no solamente la provocación sexual sino la subversión política. En Marzo de 1.929, el senador americano Smith Brookhart expuso lo que él consideraba la deteriorada situación en Hollywood como nada más que una lucha por los beneficios a costa de la moralidad social entre estudios rivales, liderados por 'cuadrillas de judíos'."
 
Mickey Mouse y la Esvástica
 
En consecuencia expuesto a los hechos del poder judío en Hollywood, el velo cayó de los ojos de Walt Disney e hizo voto de mantener su estudio libre de judíos para siempre. Además de lo concerniente a su arte, quería combatir la misma amenaza que amenazaba a su país y a su civilización. Consciente de que su pertenencia en un grupo abiertamente Nacional Socialista sólo añadiría combustible a la pira preparada para él por sus enemigos, Disney se aproximó al "más respetable" movimiento “América Primero”, una organización tapadera de los grupos conservadores, de derechas e incluso Fascistas y Nacional Socialistas incluidos las Camisas Plateadas, en oposición popular a la histeria de guerra generada desde el capitolio en Washington, D.C. hasta la capital del cine en Hollywood. Walt se convirtió incluso en un abierto activista, incluso compartiendo el estrado de los oradores con Carlos Lindbergh en las concentraciones y discursos radiofónicos de “América Primero” a lo largo y ancho del país.
Por siempre un genio, no pudo resistirse a insertar subrepticiamente algún apoyo críptico para la Causa en sus caricaturas. Inevitablemente, tanto los amigos como los enemigos se percataron: “Había algunos que comenzaron a ver 'señales secretas' en los trabajos de Disney, incluyendo, en una ocasión, una esvástica en la imagen final de una caricatura de Mickey Mouse el 19 de junio de 1940. La conmoción y el enfado que rodearon a la tira animada llegó eventualmente al despacho de J. Edgar Hoover después de que un 'fan' de Disney escribiera al jefe del Gabinete citando la edición del 19 de junio. El 'fan' advertía que 'en la ultima sección de Mickey Mouse de Walt Disney había una muy visible esvástica en forma de dos notas musicales cruzadas'." De hecho, la aparición de la cruz en cuestión no parece accidental debido a su colocación sobre las palabras "el viejo lacero". Disney, un ferviente amante de los caballos, a menudo se refirió a si mismo como "un viejo lacero". La caricatura probablemente interpretada como una broma personal, el único campo público en el que Walt sentía que podía identificarse con el Nacional Socialismo, al menos de una forma críptica.
Mientras, la huelga promovida por Babbitt estaba perjudicando a su estudio llevándose a sus animadores. Los huelguistas judíos y comunistas trabajaban codo con codo con los magnates judíos capitalistas todavía ansiosos de controlar a Disney de una manera u otra, como Francisco Tashlin, líder de la compañía propiedad de Harry Cohn "Las Gemas de la Pantalla": "Entre los primeros en firmar con Tashlin estaba David Swift, uno de los más jóvenes y prometedores animadores de Disney. Cuando Walt supo de los planes de Swift de abandonar, según el artista 'Al final me llamó y hablando con un claro acento judío dijo, 'De acuerdo chico, te vas fuera a trabajar para esos judíos. Ahí está tu lugar, con esos judíos'."
 
Un Eminente Judío Ocupa los Estudios Disney
 
Los esfuerzos de Disney para prevenir a su país de involucrarse en una guerra para la liberación de los estipendios judíos tuvo un brusco final inmediatamente después de Pearl Harbor. Su estudio fue ocupado por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y fue obligado a crear breves cortometrajes propagandísticos ni más ni menos que para el Secretario del Tesoro, Enrique Morgenthau, creador del sangriento "Plan Morgenthau", destinado a liquidar al pueblo alemán por su imperdonable pecado de antisemitismo. "Se quejó amargamente a Roy y Lessing de como su estudio estaba siendo forzado a aceptar a 'aquel judío', como Walt se refirió al Secretario, no como un asesor sino como un propietario que quería estar a cargo de todo. Para Walt, el estudio funcionaba ahora con el mensaje de Morgenthau sacado a la luz por los mensajeros de Disney - películas de propaganda política que hicieron subir como la espuma la popularidad del ratón americano Mickey, su querida, Minnie, el pato Donald, el camarada Goofy, y el perro Pluto. Se dice que en un momento dado Disney se refirió a sus adorados personajes como cautivos, forzados a desempeñar un papel similar al de Pinocho para un Stromboli como Morgenthau".
Pero la ocupación judía de los estudios Disney fue breve y el ejército se retiró en 1.943. Después de esto, Walt continuó el combate, aunque fuese fútil, contra la creciente marea marxista, principalmente testificando anteriormente a varias investigaciones gubernamentales acerca de la infiltración comunista en las artes y los medios de entretenimiento. Pero los judíos no volvieron a ser capaces de ganar la posición anterior en la Productora Disney, al menos mientras él vivió, y su nombre continuó siendo un sinónimo de la excelencia de la cultura popular.
 
Disneylandia Invadida por Ratas
 
Tras su muerte en 1.966, a la edad de 65 años, el estudio pasó a sus herederos. Sus riñas e incompetencias llevaron a la productora y a la corporación Disney a un rápido declinar, generando una peligrosa crisis para su legado artístico y financiero, abriendo a la vez nuevas posibilidades al Viejo Enemigo: "Un hombre bajito y obeso con unos ojos semejantes a unos orificios de bala y pelo negro que un socio describe como no menos negro que su corazón, Saul Steinberg, había llegado a la conclusión de que en su presente estado de debilidad, la Productora Walt Disney estaba en una posición perfecta para una expropiación. Lo que había atraído a Steinberg fue el continuo declive del valor de las existencias de Disney. Ya en 1.984, Disney cotizaba cada acción a 45 $, muy por debajo de los 84 $ del año anterior. Steinberg quería adquirir el apurado estudio para vender sus fondos individuales -la filmoteca, el estudio Burbank, los parques de atracciones- por lo que creía que le daría el equivalente de 100 $ por acción, un enorme beneficio de más de doble de su inversión."
Pero Steinberg fue únicamente el primero de los chacales atraído por el olor a carroña que despedía el declive de la compañía Disney: El desarrollo de la Disney llamó entonces la atención de la nueva generación de mediadores de Wall Street, inversores de una gran cantidad de compañías a quebrar cuyo valor aumentaría luego rápida y repentinamente. De la
noche a la mañana, uno de estos mediadores, Ivan Boesky, entró en el juego. Su objetivo no era apoderarse del estudio, sino meramente la de guiar la anticipada escalada de valor de las existencias lo que naturalmente sería seguido de algunos repentinos y grandes beneficios de Steinberg, Roy E. Disney o suyos propios. Boesky se convirtió de esta forma en el cuarto mayor accionista del estudio de Walt Disney."
Al final, no hubo diferencia alguna en cual de los carroñeros tomara las riendas. El chacal victorioso fue Miguel Eisner, responsable de distribuir tales "epopeyas" como el anti-nazi "En Busca del Arca Perdida", el favorable al mestizaje "Oficial y Caballero", y el descaradamente bolchevique "Rojos". Basados en estas financieramente exitosas películas, si bien artística y moralmente cuestionables, los directores del equipo Disney, se desmoralizaron tras pago de 325 millones de $ a Saul Steinberg en concepto de intereses", y permitieron á Eisner convertirse en el gerente del estudio. Fiel a las formas, abrió las puertas de la Dysney a sus compañeros del Pueblo Elegido, como Jeffrey Katzenberg y Ricardo Frank, ambos ejecutivos de la Paramount, los cuales salvaron al estudio de la destrucción financiera por medio de despidos masivos y recortes drásticos del alto dintel de producción creado por Walt
La Productora Disney de hecho creció económicamente, pero nunca se recuperó artísticamente. "No obstante, ocultos entre los sumisos se oían las disgustadas voces de muchos veteranos de la compañía. Los animadores fieles al viejo estilo, especialmente, estaban disgustados por la animación casi totalmente computerizada del estudio. Aunque el mismo Walt adoraba las innovaciones técnicas, el sentimiento entre muchos de los animadores veteranos era el de que el estudio había abandonado su herencia creativa, el arte de la creación a mano al servicio del argumento. Las nuevas películas, se quejaban, no parecían más que burdas copias de unos originales mucho mejores. Uno de los más antiguos animadores de la Disney afirmó que 'Querida, he encogido a los niños', más o menos con su argumento, no era en realidad más que una versión de "Alicia en el País de las Maravillas". Un veterano guionista sugirió que la caracterización dé Roger Rabbit se parecía mucho al original Oswaldo de Walt.
Por supuesto, la razón real de la despersonalización y la calidad a la baja del producto rehecho de la Disney de hoy en día no reside en ninguna técnica de informática, sino en descarados hombres de negocios que ahora controlan el vasto imperio Disney y se enfrentan con algo que sus mentes no hubiesen sido ni de lejos capaces de concebir. Incluso el identificable Eisner se ha ido: "Cauto, quizás, de la promesa del Presidente Clinton de un impuesto más severo sobre las ganancias, cobró la mayoría de las existencias y se llevó a casa un cheque de 192 millones $."
"En una taberna de Burbank, el hijo de uno de los animadores del equipo original de Disney se sentaba en una esquina, bebiendo un whiskey con soda. Las noticias de la distribución de las existencias de Eisner le hicieron reír entre dientes. Meneó su cabeza, bebió un trago, y se echó hacia atras. '¿Qué cree usted que hubiese pensado el viejo Walt sobre un judío que sacaba tanto dinero de su estudio?'"
Así acaba la última biografía del mayor animador del mundo. Su portada exhibe una fotografía de un perfil siniestro, obviamente perteneciente a Walt Disney. Pero la encorvada, ávida y ganchuda imagen no guarda semejanza con el creador Ario de “Blanca Nieves” y “20000 leguas de viaje submarino”. Más bien es la notoria silueta de aquella intrínsicamente endiablada eminencia que le persiguió toda su vida, incluso tras su muerte. Por identificar y despreciar aquel demonio, los anti-semitas en general y los Nacional-Socialistas en particular están condenados por los dueños de la opinión pública de Hollywood como “psicóticos”, porque alguien que no aprecie cuan adorables son los judíos ha de ser insano. Sí es así, entonces estamos en la mejor compañía posible, con amigos como Walt Disney.
POR A.V. SCHAERFFENBERG
 
Walt Disney y Mickey Mouse
Fuente .
http://www.libreopinion.com/members/ultravia/waltdisney.htm
GRACIAS
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sonsoles
27 June 2009 @ 11:09 am

Wagner y Schopenhauer


Por Ramón Bau

 

Reseña de: “RICHARD WAGNER ET SCHOPENHAUER”. Por EDOUARD SANS. EDITIONS UNIVERSITAIRES DU SUD, BP 4011, 31028 Toulouse 4 , France, 1.999, 466 páginas.

Solo de tarde en tarde se editan obras realmente singulares y esenciales sobre la cosmología wagneriana, textos que no siguen esa tendencia actual a hablar de Wagner según la mentalidad de un espectador de cine o de un asistente al último recital de algún cantautor de moda, sino que logran elevarse con Wagner a la concepción misma del Arte y la Vida.
Es de reseñar que en el Prólogo el autor, E. Sans, señala expresamente su homenaje al gran pensador Henri Lichtenberger, con su obra “Richard Wagner Poeta y Pensador”, como “el mejor libro que jamás se haya escrito en francés sobre el Maestro, y en el que yo he basado lo mejor de mi inspiración”. Y es de reseñar porque sin duda la obra de Lichtenberger, pese a la dificultad en lograr su única edición en francés, era hasta ahora, para los que no entiendan alemán, la mejor forma de introducirse en el wagnerianismo en serio, de forma que Sans sigue esa línea recta y acertada de penetrar con seriedad, conocimiento y profundidad en el sentido wagneriano de la vida.

Y con este preámbulo espero haber despejado cualquier duda sobre la imposibilidad de leer este libro en un fin de semana de playa ni en abordarlo como si fuera la novela de moda de uno de esos recientes Premios Literarios creados para distraer a aburridos bajo la sombrilla de un merendero o para tratar de aumentar algo el ‘ratio’ estadístico de libros leidos al año del español medio. No, es un libro difícil, arduo, que debe leerse, aparte de en francés, con suma atención y meditando cada cinco minutos. Para colmo, y con ello espero evitar a esta obra genial algunas otras lecturas intrépidas pero inadecuadas, exige un cierto conocimiento previo de las bases de la filosofía schopenhauariana, no digo a fondo, pero si mínimas y de lenguaje.
En una palabra, no es un libro para divertirse ni para pasar el rato, no pretende distraer sino formar, no pretende alegrar unas vacaciones sino dar sentido a una vida.

SOBRE EL AUTOR:

¿Quién conoce algo de la vida de Lichtenberger?… pues por eso mismo tampoco casi nadie sabrá nunca de Edouard Sans. Doctor en Filosofía y Letras, especialista en el idioma alemán y responsable durante años de la enseñanza oficial del francés en Alemania. Sans es una de estas personas para las que el pensamiento, el arte y la formación son la riqueza de su vida, y en este caso su atención se ha centrado siempre en la obra wagneriana. Conferenciante brillante, he podido asistir a un par de sus charlas sobre temas wagnerianos, que muestran un conocimiento profundo y meditado de todos y cada uno de los aspectos de la obra wagneriana, desde el musical hasta el filosófico.

INTRODUCCION

Wagner no fue un filósofo, y en realidad no se interesó nunca por la ‘Filosofía como Ciencia’, como sistema y según sus concepciones digamos ‘profesionales’. Pero en cambio Wagner estuvo muy al tanto de las líneas de pensamiento, de lo que podemos llamar Filosofía Vital y esencial, no en sus detalles sino en su base fundamental, como explicación del Mundo, la Vida y el Hombre.
Sabemos que leyó con desagrado a Hegel, con dificultad a Kant y con pasión a Feuerbach. Pero sin duda el gran cambio en el pensamiento de Wagner viene de la lectura, de la aportación ‘intelectual’ que recibe de Schopenhauer en 1854, hecho que él mismo reconocerá reiteradamente y sin recato llamando en adelante a Schopenhauer ‘nuestro filósofo’ y manifestando su admiración y respeto absoluto por su pensamiento.
Y en esta Introducción se plantea en realidad la esencia del problema: la concepción del mundo.
Hay dos grandes formas ‘serias’ de entender la Vida y el Mundo: Optimista o Pesimista, o como decía Lichtenberger: Con una visión de Poder o una Visión Religiosa. Yo diría, para ser justos que hay una tercera forma de ver la vida: la Estúpida, que suele ser mayoritaria, y que consiste en no plantearse nada y tratar de vivir lo mejor posible los placeres inmediatos del cuerpo, mientras se trata de alimentar el ‘alma’ de TV y necedades (usando, como mucho, a Wagner como música de fondo en la boda de un hijo gracias a su marcha nupcial).
Pero, si nos ajustamos a una cierta seriedad, podemos ver que Wagner inicia su Drama con una visión optimista del mundo, tomada de Feuerbach, reflejada perfectamente en la personalidad de Siegfried, el que tiene confianza de sí mismo y se enfrenta a su destino desde la Voluntad de Poder, para a partir de la lectura de ‘El Mundo como Voluntad y Representación’, girar rápidamente a una visión Pesimista del Mundo, en la que se asume el Dolor y la Inevitabilidad de la Tragedia de la Vida, siendo Parsifal el paradigma de esa medida del Hombre que siente la Compasión por el Dolor como elemento Redentor.
Esa visión Pesimista que Wagner asume totalmente (y que en la Tetralogía le lleva a centrar su introspección más en Wottan y Brunilda que en Siegfried), se manifiesta en 3 grandes Areas:
El plano Metafísico, donde se analiza la tragedia de la Vida y el valor de la intuición y el sentimiento frente a lo material y la Razón.
En el plano Etico, asumiendo la Piedad, la redención y la unidad de todos los seres en el dolor y el Amor.
En el plano Estético al centrar en el Arte y la obra Trágica el camino estético para la redención del Hombre sumido en el Dolor. Y tras ello concebir la Música como esencia de la Voluntad sin Tiempo ni Espacio, o sea liberada de lo Mundano, de las ataduras de lo individual.

EL ENCUENTRO CON SCHOPENHAUER Y SU FILOSOFIA

Antes de empezar el análisis profundo de las repercusiones en estos tres planos vitales del pensamiento de Schopenhauer en Wagner, el libro expone en dos Capítulos cuando y como Wagner empieza a leer a Schopenhauer, de manos de su amigo Herwegh, en su destierro de Zurich, primero en 1852 de forma parcial, para en 1854 estallar su descubrimiento al leer la obra principal del pensador.
Primero Wagner se sintió atraido por lo más superficial: por la concepción estética que Schopenhauer tiene de la música, a la que pone con centro de las artes, y a su lenguaje directo y comprensible, frente a ‘lo confuso y charlatan del lenguaje de Hegel’. Pero en 1854 asume ya la concepción global del pensamiento.
Es importante destacar que nunca dejará de manifestar su admiración y respeto por Schopenhauer pese a que éste no dejará de dar motivos para que Wagner se hubiera molestado con él, lo que demuestra la falsedad de esas concepciones de Wagner como persona irascible y maniática. Schopenhauer no simpatizó con el grupo de sus amigos exilados en Zurich, en parte por la posición política que habían tenido, pero además al recibir como regalo de Wagner el poema del ‘Anillo’, Schopenhauer lo criticó duramente por considerarlo ‘contrario a la moral’, y en lo musical le hizo llegar estas palabras: “decirle que yo sigo fiel a Rossini y Mozart” (más adelante analizaremos por qué esa preferencia en Schopenhauer por la música pura frente al Drama Musical). Pese a ello Wagner nunca criticó a Schopenhauer sino que por contra lo difundió y exaltó, sus veladas literarias y filosóficas en Tribschen eran una alabanza continua a la filosofía schopenhaueriana, y fue Wagner quien animó a Nietszche a escribir una defensa absoluta de la cosmovisión schopenhauriana en ‘El Nacimiento de la Tragedia’.
Es interesante constatar como en la carta a Liszt del 24 Enero 1.858 Wagner subraya ya como genial a Calderón por su ‘La Vida es Sueño’, obra que evidentemente coincide al 100% con la visión schopenhaueriana en la negación de la autenticidad del mundo de los fenómenos y la visión trágica de la vida (“Pues el delito mayor del hombre es haber nacido”).

El Capítulo II del libro está dedicado a introducir al lector en la esencia de la filosofía de Schopenhauer, asumiendo un mínimo de conocimiento previo. Lo más importante es comprender su crítica absoluta a la ‘Representación’, todo lo material y superficial, lo que hoy en día es lo único ‘importante’. Y a la vez la visión trágica de la Voluntad, la fuerza vital, que empuja con fuerza increíble al hombre al Deseo, que es la antesala de todo Dolor y Tragedia.
El Deseo se objetiviza en miles de temas, se materializa en el tiempo y el espacio, y no tiene fronteras, el deseo insaciable que lleva siempre a la insatisfacción de la Voluntad sin freno y al Dolor, a la tragedia y la muerte sin satisfacción del deseo.
Para Schopenhauer, en la línea budista, la renuncia y la superación del Deseo es la única salida, pero exige una lucha constante, jamás se logra eliminar a la Voluntad desbocada, solo se logra controlarla más o menos. Todo lo que es ‘individual’, o sea sometido al tiempo y espacio, está en la imperfección y el dolor. Solo superando lo particular y elevándose a lo ideal, se logra evitar deseos y decepciones.
La Música (y el arte en general) no solucionan el deseo, que solo se elimina con una concepción Etica, pero si dan un reposo, un momento de elevación fuera del tiempo y el espacio, donde calmarse del torbellino del dolor y el deseo.

CONTRA EL ESPACIO Y EL TIEMPO

El Espacio y el Tiempo son la base del principio de Razón, o sea de lo Representativo, y además son los elementos básicos de la individualización. Por tanto son los elementos que condicionan el Ideal. El Espacio individualiza y multiplica lo general, el Tiempo le da lo efímero.
Wagner quiso tratar este tema esencial en el pensamiento schopenhaueriano, y que fue totalmente aceptado por Wagner, dentro de “Tristan e Isolda”.
En el texto de Wagner “¿Para que sirve este conocimiento?” (escrito en 1880) se apoya radicalmente la concepción del espacio y tiempo de Schopenhauer, y dice “La paz, la calma, la felicidad interior, no se encontrarán más que allí donde no exista el donde y el cuando”. Tema que como sabemos explicita en Montsalvat, ese ‘lugar sin espacio ni tiempo’ de su Parsifal (todos recordamos las enigmáticas palabras de Gurnemanz a este respecto), pero que tiene en el ‘Tristan’ su versión poética.
Tristan e Isolda maldicen el tiempo y el lugar, su amor es invencible si está fuera del Tiempo y el Espacio, que los separan con sus limites y tragedias. Los separa todo lo que los concreta y los une aquello que les permite elevarse por encima de las ‘cosas representativas’.
Por eso su amor se expresa especialmente libre cuando eliminan de alguna forma de su relación los elementos Tiempo (al beber el filtro y creer en la Muerte que les libera del Tiempo) o del Lugar (en la Noche, cuando ‘no están’ en ningún sitio, fuera de todo ‘lugar’, en la oscuridad). Y su tragedia se inicia cuando no mueren y se enfrentan a la realidad del barco que llega al puerto, o cuando acaba la Noche y llega el Día, o sea la realidad.
La individualización, lo concreto, la representación… el fin del Sueño, es la maldición que nos y les lleva al Dolor y la Tragedia, el deseo, la decrepitud, la limitación del Ideal, la necia y vulgar realidad temporal.
Un amigo me decía con razón que todo nuevo ‘Tristan e Isolda’ acabaría cuando deban ir al lavabo,… allí la Representación se burlaría de su Voluntad de Amor e ideal, la vulgaridad de la vida concretada en sus necesidades lógicas son el mejor antídoto al Ideal.
Wagner escribió su obra “El público en el Espacio y el Tiempo”, donde comenta la tiranía de estos conceptos: “Mientras Giordano Bruno era enviado a la hoguera, en el Oriente Budista hubiera sido honrado como un santo. Espacio y tiempo hacen del genio una anomalía, una aberración”.
Que palabras más indicadas para nuestra época… la vida actual, con sus tabús igualitarios, hace del genio una aberración que molesta.

LA INTUICION FRENTE A LA LOGICA REPRESENTATIVA

Es evidente que la representación, la realidad material, mantiene un valor y debe ser tenida en cuenta en la vida, y está ligada claramente a las leyes de la Lógica, de la Ciencia. Pero lo que Feuerbach o Schopenhauer indicaban es que ese ‘conocimiento’ lógico que Hegel (más tarde Marx y con ello el mundo actual materialista) es puramente utilista, no descubre la esencia de las cosas ni el Valor de la Vida, sino que es solo una herramienta para el tiempo y el lugar, no para la esencia y el sentido de una existencia. El conocimiento lógico no va a evitar el dolor y la Tragedia, ni dará sentido a su actuación.
En esto Wagner coincide totalmente con los dos pensadores que más le influyeron. Y con la esencia de la Tragedia Griega, que ya trató con una certeza absoluta este tema en “Edipo Rey”. Edipo sigue la lógica y ésta le lleva irremediablemente al desastre, hasta que comprende que su error ha sido fiarse de sus sentidos y su lógica y no mirarse adentro, por eso al final se arranca los ojos, símbolo de que rechaza el ‘ver superficial, material’.
En Feuerbach el rechazo a la lógica material viene dado por su apoyo al sentimiento, a la defensa de la sensualidad y el Poder (que es lo que mueve a Siegfried, su Voluntad de Poder, no su lógica), en Schopenhauer el Conocimiento de la Tragedia de la Vida y la adopción de una Etica de Renuncia es lo que permite asumir lo inevitable (el tiempo y el lugar con sus consecuencias), sin pretender ‘comprenderlo en su ilógica material’, sino superarlo por su aceptación trágica. Wottan o Parsifal no tratan, en el caso de Wottan a partir de un momento dado en que ‘acepta’ el destino inevitable de los dioses al desastre, de razonar sino de Sentir, uno por la Compasión y otro por la Renuncia, y así superar el drama.
Cuando Wottan trata de razonar (en el ‘Oro del Rhin’) para lograr el Poder, solo logra lanzar todo a la Tragedia. Loge, el gran razonador, no logra más que hundir el mundo en la maldición. Solo cuando Wottan asume la tragedia y deja de razonar, cuando renuncia y deja el destino en manos del Hombre Nuevo (sin pretender intervenir, pues sus intervenciones son siempre desastrosas) es cuando se empieza a resolver el drama.
De la misma forma Parsifal encontrará el Camino de Montsalvat solo cuando deje de buscarlo en lo Espacial y se encuentre con su Compasión y asuma el Dolor.
Wagner concibe el drama en base intuitiva, sentimental, no lógica, lo que es coincidente con sus filósofos preferidos. Es muy significativa la respuesta que da a Rockel cuando este le pregunta porque se destruye el Walhalla si el Anillo ya está en poder de las hijas del Rihn tras la muerte de Brunilda. Y Wagner le escribe en su carta del 25-1-54 indicándole que en realidad es Wottan quien destruye el Walhalla con su sentimiento y deseo íntimo de que así sea. No es Siegfried ni Brunilda, ni el Anillo, es Wottan que siente el deseo de acabar con el poder de los dioses. Es pues el sentimiento el que escribe el poema, no la lógica de los hechos.
“El artista es el que es consciente del inconsciente” escribirá en Opera y Drama, mucho antes de que Schopenhauer le dé la base filosófica precisamente para esa misma idea. Tomar conciencia de la Voluntad (lo inconsciente) es el camino de superación en Schopenhauer, frente a los que ignoran la Voluntad y siguen sus trampas en la Representación, en lo material, en la Lógica.
Por ello Wagner indica que “La forma artística ideal es aquella que puede ser enteramente entendida sin reflexión, la que pasa directamente del corazón del artista “ (Carta a Villot 1860).
En este sentido Wagner critica la ‘Ciencia’ cuando ésta pretende asumir un papel ‘rector’ en la conciencia, como es el caso de la Vivisección con animales por ejemplo, y en su ‘Carta abierta a Ernst Weber’ indica que para la ciencia el conocimiento es solo un tema lógico, un interés psicológico, mientras que para Wagner (como para Schopenhauer) se trata de dirigir la ciencia por el sentido Etico. “El poeta busca en el mundo el orden moral, el científico busca el orden mecánico”, y lo malo es cuando ese orden mecánico representativo pretende dominar sobre todo.

EL DOLOR EN EL MUNDO

Es bien conocida la experiencia principal de Schopenhauer: El bienestar es solo ausencia de dolor, el dolor es lo único real. La consecución de un deseo trae solo un placer inmediato y temporal, pero es absolutamente incapaz de durar y siempre es seguido de otro deseo insatisfecho, o peor, queda relegado por un dolor real nuevo. Basta un dolor de muelas para echar por la borda todo deseo satisfecho.
Con la satisfacción del deseo se atenúa un instante la Voluntad del deseo, pero es solo un instante en una vida de deseos y dolores. Amfortas encuentra un momento de paz en su baño pero el dolor se repone en breve. Klingsor trata de eliminar el deseo por la castración, pero con ello solo elimina ‘su’ deseo temporal, en el espacio y tiempo, pero no el ‘deseo en sí’, su esencia. Por eso sigue insatisfecho y su deseo es el mismo aunque no le permita su ‘espacio y tiempo’ cumplirlo.
En este sentido el consumismo actual sería como si Amfortas quisiera curarse a base de un baño cada diez minutos!, la continua satisfacción de deseos como cura es solo una ilusión, ni cierra la herida ni logra satisfacer más que al necio.
Esta realidad trágica, es la que muchos no se atreven a mirar a la cara, tratando así de escapar por no tener fuerza suficiente como para aceptar la realidad y buscar su superación. Wagner acepta el hecho del Mundo como dolor, pero al mismo tiempo asume la Redención, la solución al dolor por la Compasión y la Conciencia de ese Dolor. “Creer que el Mundo solo tiene un significado Físico, representativo, y no un sentido Moral, este es el error Capital, el más nefasto y la verdadera perversidad del pensamiento” (“Parerga” de Schopenhauer).
Y así se entra en uno de los Capítulos fundamentales del pensamiento de Wagner bajo la clara influencia de Schopenhauer: La Piedad, no como sentimiento de simpatía sino como asumción del dolor de cada ser como propio. O sea trascender del Espacio y Tiempo, no hay el dolor de uno y ahora, sino el Dolor eterno, de todos y siempre.
No se trata de algo ‘moral’, es más algo Místico, debe significar un sentimiento general contra el egoísmo, aniquilar el YO individual en favor del YO global, o sea considerar a la comunidad como YO.
En su ‘Carta a Ernst Weber’ Wagner declara que es gracias a Schopenhauer que “ha descubierto la Piedad como la única base moral verdadera”.
La importancia de este hecho en la vida personal y en la obra de Wagner es fundamental, y no hace falta decir que esta toma de conciencia fue además la base de su ‘Parsifal’.

Y en el dolor no se cuenta la Muerte, que es precisamente el fin del dolor individual, pero no del dolor vital del mundo. Siegfried recupera el amor y la lucidez cuando muere, vuelve a pronunciar “Brunilda!”. La muerte libera, no es dolor sino redención, escapa del Tiempo y Espacio. Por ello los indues consideran el objetivo máximo para el ‘santo’ el Nirvana, o sea la aniquilación total, el dejar de reencarnarse, pues re-vivir es el castigo al pecado. Wagner en ‘La Obra de arte del Porvenir’, también antes de leer a Schopenhauer, ya ‘intuye’ la muerte como liberación (es constante esa intuición previa de Wagner de los conceptos que luego racionalizará con Schopenhauer): “La muerte despoja al hombre de su egoísmo personal y lo diluye completamente en la Comunidad”, siempre negando el suicidio, que no es más que un engaño ‘material’, no una Superación interior. El suicidio es como la castración de Kligsor, un engaño material cuando lo que se precisa es eliminar el deseo y la Voluntad del alma.

LA COMPASION Y LA REDENCION

Para Schopenhauer la Piedad (en el sentido de compasión íntima, asumir del dolor ajeno y vencer el egoismo personal) es la Virtud por excelencia. Muy superior al Amor.
Schopenhauer tuvo en su perro ‘Brahma’ (el nombre ya decía mucho) al mejor amigo, porque era incapaz de ser hipócrita. En el Amor hay un dar pero también un recibir, en la Compasión verdadera solo se da. Por eso la Compasión está libre de hipocresía, es pura.
De esa forma si en la obra de Wagner el Amor es la base de la Redención hasta llegar a Parsifal, la sublimación total que se da en Parsifal es superar el Amor por la pura Compasión.
En Wagner existe además una superación del concepto pesimista radical de Schopenhauer, pues en Wagner la muerte no es nunca el fin, sino el precio de la Redención. Pagado el precio por la Muerte o por la Renuncia, por la Compasión y el Dolor, el Redentor es la figura ‘optimista’ que el artista Wagner intuye y sobrepone al pesimismo radical del filósofo.
La Redención parte de la idea de que el Mundo está unido al dolor y el mal, pero que es posible superar esta realidad por la conciencia del sufrimiento y la compasión.
Parsifal logra vencer su Voluntad pero no para aniquilarse en el Nirvana budista, ideal de Schopenhauer, sino para a través de la compasión llevar la salud al mundo entero.

LAS CONSECUENCIAS DE LA PIEDAD

La condena contra la vivisección y el vegetarianismo son consecuencias directas de la filosofía schopenhaueriana.
Primero de la concepción del Mundo como un Ente global, de forma que el dolor del animal es algo que concierne al Hombre Superior y le conmueve con igual fuerza que el dolor humano, pues la diferencia está en el ‘Espacio y Tiempo’, no en su esencia. El Dolor se objetiviza en un hombre o en un animal, pero su esencial es la misma, es la Tragedia de la Vida, y el Hombre que asume una conciencia del dolor y busca en la Compasión un camino de Redención y de superación de esa Vida trágica, debe ver en el dolor animal esa misma esencia de todo el dolor del Mundo.

Wagner va más lejos en este tema: Subraya que el dolor de los animales más sensibles le causa mayor compasión que el de los hombres, porque un hombre puede superar el dolor por su comprensión, puede dar sentido al dolor al comprender la tragedia de la vida, de forma que un sentido superior de la vida puede atenuar el dolor al darle sentido. Pero el animal queda solo ante el dolor, es puro dolor el que siente y no puede superarlo, en dolor en el animal es una tragedia sin sentido para él.
En este sentido hay que entender también su posición vegetariana, común en el filósofo y en Wagner, quien explicita en la comunidad del Graal su abstención de carne.
Es importante ver la diferencia con Kant, que considera que el animal no tiene derechos, pero que debemos ser piadosos con los animales como ‘ejercicio’ para serlo con los hombres, en una palabra, para la moral clásica el hombre cruel con los animales muestra que será cruel con los hombres, y por eso se le critica, no por serlo con los animales sino por manifestar así su crueldad con los hombres. En cambio para Wagner y Schopenhauer los animales son parte de esa unidad global del dolor y la sensibilidad, y la crueldad con ellos es un mal en sí misma, no en referencia al hombre.
Sin embargo tanto Schopenhauer como Wagner no llevaron nunca su concepción moral vegetariana hasta extremos inasumibles. Ambos asumían que el dolor por la muerte de un insecto es en todo caso menor que el dolor que causa ese insecto con su picadura, de forma que se negaron ambos a llevarse al extremo de las religiones indostánicas sobre estos temas. Aun aceptando el principio de unidad de los seres vivos no asumieron posiciones extremistas sino solo defendieron un ‘principio de actuación’ general: evitar el dolor innecesario y compadecer siempre el dolor de todo ser viviente.

LA NEGACION DE LA VOLUNTAD DE VIVIR

En Schopenhauer esta es la única vía posible para superar el dolor y la tragedia de la Vida, de la Voluntad: negarla a través del conocimiento. O sea concienciarse de la incapacidad del Deseo para dar la felicidad, y negarse pues a seguir el juego a las trampas de la Voluntad, las ilusiones del Deseo y el Placer. No hablamos de querer morir ni suicidarse, que no son más que trampas que solucionan en todo caso ‘tu’ caso, sino de asumir una filosofía de la Vida que supere el deseo, ayudando así por Piedad a todos a superar los dramas vitales que irremediablemente sufrimos.
Wagner asume esto como una verdad dura, muy dura: “la negación final de la Voluntad de Vivir es de una gravedad terrible, pero es la única solución redentora” (Carta a Liszt 1854).
Hay que comprender fundamentalmente este tema, que en el fondo está perfectamente reflejado en Wottan una vez deja de querer (desear!) intervenir en el mundo, tras su encuentro como ‘El Viajero’ con Siegfried. Y que es también reflejo de la posición, mucho más wagneriana como veremos, de Sachs frente a Eva.
El hombre común, dice Wagner en su carta a Liszt vive creyendo en el Deseo y las ilusiones de lo representativo, y de golpe de encuentra enfrentado a la terrible gravedad de la vida, por el dolor, el drama, la enfermedad, la tragedia o la miseria, por la insatisfacción y la temporalidad de todo lo que desea y obtiene. El engaño de la vida lo descubre tarde o temprano y queda anonadado, desamparado. Para el hombre vulgar solo hay una defensa: la ignorancia y la falta de sensibilidad, que hacen que sufra sin llegar a captar ni siquiera el drama de la Vida. Pero para el hombre sensible, para el hombre que ‘entiende’, el drama y el dolor del mundo es insoportable si no lo conoce de antemano, si no se prepara para ello, y en este sentido la filosofía de Schopenhauer y el arte wagneriano prepara a la humanidad para en la compasión y la idea de Redención y Resignación soportar el dolor del mundo. Es un camino difícil y doloroso, como el de Parsifal hacia Montsalvat.
La castración de Klingsor es un aviso (el propio Wagner lo explica en su exposición de Parsifal de 1865) de que no es solución eliminar el ‘deseo’ en la vía de lo material, en la Representación, o sea poner trabas de Espacio y Tiempo al deseo, eso es inútil, el Deseo, el dolor está en el alma, en la Voluntad.
Para Wagner la solución está en Sachs o el Rey Marke, en la Renuncia y el Amor compasivo por los demás, en negar la Voluntad y asumir el dolor superándolo en el sentimiento del alma. Así donde más se ve la influencia de Schopenhauer en la obra wagneriana es en que tras su lectura Wagner lleva la Redención al interior, al tema ético, y abandona la idea ‘optimista’ de Siegfried, de una redención en el mundo exterior, por la acción social en lo Representativo.

LA RELIGION

Sin duda Wagner no se mostró muy favorable a la religión en general hasta 1854, sus escritos de la primera época (especialmente Arte y Revolución) lanzan acusaciones concretas contra el cristianismo:
1- El cristianismo es antinatural, promueve un divorcio del hombre con la Naturaleza, siguiendo las ideas de Feuerbach.
2- La Iglesia está ligada al mundo terrenal y se ensucia con su contacto, cosa que se ve en las críticas efectuadas en Tannhäuser al papado.
3- La religión ha cerrado capacidades al arte, restringiendo la sensualidad y condenando como pecado la libre expansión sentimental. Esta era la principal acusación de Feuerbach en el plano estético a ‘las religiones’.
La lectura de Schopenhauer le lleva a cambios de concepción absolutas, y en adelante incluso irá mucho más lejos que Schopenhauer en este tema, promoviendo lo religioso muy por encima de la propia consideración del filósofo.
Para Schopenhauer, un ‘ateo religioso’ como se llamará el mismo, su rechazo total a la teología y las bases ‘lógicas’ de las religiones, está compensado por su consideración en favor de la faceta asceta y mística del cristianismo y por ello cree positivo el sentimiento religioso, no por su ‘verdad objetiva’, sino por su apoyo a la negación de la Voluntad, por ser la base en la que muchas personas logran el consuelo y la Piedad por el Dolor.
Wagner no solo asumirá esta visión favorable sino que en ‘Religión y Arte’ dará a las artes la misión de hacer llegar la esencia de la religión allí donde molesta sus dogmas. O sea, superar los errores ‘formales’ de las religiones mediante hacer llegar su mensaje íntimo, espiritual y positivo mediante el Arte.  Wagner asume en ‘Religión y Arte’ que la esencia de una religión es la insatisfacción del hombre ante el mundo y su dolor, una búsqueda pues de comprensión a esa insatisfacción.
En este sentido revela Wagner de que la música de Haendel refleja lo positivo de la Religión, mientras que la letra bíblica que se canta no corresponde en modo alguno al sentimiento de la música. El Arte descubre el sentido real, mientras la ‘letra teológica’ estropea ese mensaje. Dice “El texto que se canta en las grandes composiciones religiosas no es sentido por el auditorio en base a su significado conceptual, sino que sirve solo de material para la Voz como instrumento musical”. Es pues la música (el arte) la que nos induce el sentimiento religioso, no los textos bíblicos.

De la misma forma Wagner no acusa a la religión del estado catalamitoso del hombre moderno, sino que culpa al hombre mismo: “Es inútil lanzar sobre la religión las culpas de la situación actual, el error viene de la propia decadencia de la humanidad”.
Wagner es cristiano mediante un pesimismo activo, el mundo es pecado pero la redención existe.
En cambio Schopenhauer está muy cerca del Budismo, una religión sin dios, que tiene su ‘cielo’ en el aniquilamiento individual.

LA TEORIA DEL ARTE MUSICAL

Como ya hemos dicho Schopenhauer dedica en su obra principal bastante espacio a tratar el tema de la Música, a crear una cierta ‘filosofía de la música’.
Lo primero que le llama la atención es que hay temas que ‘llegan al hombre’ de forma directa, sin necesidad de nada más, de alguna forma ‘pre existen’. Una de ellas es el sentido de los colores (¿por qué unos colores excitan y otros calman?) pero sobretodo el tema de la armonía, la acción directa de ciertas combinaciones de sonidos sobre el sentimiento. De esa forma la música es un arte ‘directo’, que se basa en una sensación natural preexistente a la formación o preparación musical.
Por tanto para Schopenhauer la Música es una expresión directa de la Voluntad, y como tal no es conceptual o racional sino sensible. Es por ello que Schopenhauer critica a Wagner y en general, a la llamada ‘música descriptiva’, que abandone la ‘pureza musical’ mezclando música con ‘conceptos de la representación’. Así el filósofo prefiere Rossini o Mozart como músicos de belleza y armonía perfecta, mientras critica que la concepción de música como parte del arte dramático (drama, música y texto) es una ruptura de la pureza de la música como pura Voluntad y la mestiza con el mundo de lo representativo (lo teatral).
En esto Wagner ya se había pronunciado antes de conocer a Schopenhauer en su ‘Opera y Drama’, donde expone los límites de la música y critica la separación de música, teatro y poesía, propugnando su unidad en el drama musical.
La música da el sentimiento, la poesía nos dice, de forma bella, el porque de ese sentimiento, el teatro dramático expone el entorno de Espacio y Tiempo que necesita el hombre para entender.
Así pues si bien Wagner se entusiasmó con la concepción de Schopenhauer sobre la superioridad de la música, no renunció totalmente a sus ideas expresadas en ‘Opera y Drama’, pero si las dulcificó: Trsitan y Parsifal son obras en las que el ‘argumento’ se deja más en la música, en lo ‘interior’, y ‘dejan de pasar cosas’ si lo compramos con el Anillo. Wagner asume más el elemento musical como lenguaje interior frente a las explicaciones cosmológicas (mucho más políticas, en el sentido de implicadas en lo representativo) del Oro, por ejemplo.
En realidad pensamos que para Wagner el Arte es algo ‘serio’, lo más serio, y que en realidad lo político solo tiene como objetivo lograr las condiciones materiales para la expansión del Arte, o sea para la elevación del hombre. Por eso rechaza la ópera como distracción agradable (con Rossini en la cumbre) o espectáculo (la Gran Opera que buscaba Meyerbeer).
El teatro para ir después de una buena cena a hacer la digestión y la música como ‘hilo musical’ es todo lo contrario a Wagner.

SCHOPENHAUER Y LA TETRALOGIA

Cuando Wagner se inicia a fondo en Schopenhauer (1854 a 1856) ya tenía escrito todo el libreto del Anillo. En la noche del 23 de diciembre de 1852 Wagner lo lee en casa de sus amigos los Wille. Esta obra estaba así influida por la posición de Wagner entonces, acorde al optimismo sensible, el Amor y la Voluntad de Poder de Feuerbach. De todas formas Wagner ya asumía de forma inconsciente aun los principios que luego iba a conceptualizar gracias a Schopenhauer. La inutilidad del Deseo en Alberich (que es una imagen perfecta de la Voluntad desbocada al deseo en Schopenhauer), y el personaje de Wottan que va a cobrar una importancia vital tras 1854.
En ‘Mi Vida’ dice Wagner “Volvi a leer mi poema del Nibelungo y reconocí asombrado que lo que ahora descubría en la teoría (de Schopenauer), ya me era familiar en mi propia concepción poética. Fue en ese momento que yo comprendí totalmente a mi Wottan y, trastocado, me lancé a estudiar aun más la obra de Schopenhauer”. Tras esto retocó partes del poema, mientras seguía con la composición musical, pero ya centrando mucho más en Wottan y Brunilda el centro del drama.
En este sentido Siegfried es un ‘residuo del pensamiento wagneriano previo a 1854’, mientras que Wottan y Brunilda están ya tratados según las nuevas ideas que asumió con pasión.

GENIO Y VITALISMO

El odio al ruido y lo feo fueron fundamentales en Wagner y Schopenhauer, ambos no podían crear si no estaban rodeados de tranquilidad y cierta belleza. No sorprende así ver que todos los lugares donde estuvo Wagner componiendo fueran de una belleza natural enorme, y alejados del ruido ciudadano.
Se habla en los medios vulgares del afán de lujo en Wagner, pero no comprenden que no era lujo sino belleza. Wagner y Schopenhauer tenían ciertas características comunes del carácter: una enorme sensibilidad, conciencia de genialidad, irritabilidad con lo vulgar, capacidad de sufrimiento por el dolor ajeno. Por ello ambos deseaban aislarse y necesitaban un ambiente tranquilo, pues cualquier fealdad o disturbio, que a otros les resbala, a ellos los irritaba tremendamente.
El aislamiento de Schopenhauer no es producto de un carácter retraído, sino de una experiencia de insatisfacción y decepción ante los contactos con la humanidad. Es conocida la anécdota de Schopenhauer que entraba cada día en un Café y ponía una moneda de oro en su mesa. Al marchar la recogía. Un día le preguntó el camarero porque ponía esa moneda. El filósofo le dijo: “Cada día pongo esa moneda para dársela al primero al que le oiga una conversación inteligente y bella… pero cada día me la tengo que llevar”.
En Wagner la conciencia de genialidad y superioridad ante la vulgaridad general era tan fuerte como en Schopenhauer, pero Wagner tuvo la suerte de saberse rodear de un círculo de amistades elevadas que le permitieron vivir en un ambiente cultural ‘social’, mientras que en Schopenhauer la solución que tomó fue un fuerte aislamiento progresivo.
Veamos que para Wagner no todos los redentores, los que Renuncian, son vencidos o deben morir para redimir, son compasivos. Sachs, Parsifal, Marke o Wolfram viven, no mueren ni renuncian a la vida, solo son compasivos con la dicha de otros. Son los que ‘tienen Conciencia’ del dolor y la Compasión… todo lo contrario que Siegfried, el que no tiene Miedo, ni conciencia del Dolor, no tiene ‘mala conciencia’, no cambia ni duda, porque está concebido bajo una visión externa a Schopenhauer.

WAGNER Y LO POLITICO

Tras una primera etapa claramente revolucionaria, donde preconiza la liquidación del Estado y la idea de liderazgo de un “hombre del pueblo que fuera el primero del pueblo, el más libre de los hombres libres”, Wagner fue abandonando las ilusiones políticas puras, aunque siempre siguió fiel a 2 principios que le causaron enormes problemas:

1- El nacionalismo alemán, el concepto de Comunidad y de Raza. El fin del egoísmo, el final de la indivualización que da Tiempo y Lugar es precisamente sentirse unido a la Comunidad, al pueblo. Wagner denuncia la decadencia germana producida por el dinero y el egoismo individual.
Es bien conocida la amistad y la coincidencia de ideas entre el Conde Gobineau (famoso ya entonces por su “Ensayo sobre la desigualdad de las Razas” con Wagner).
Para Wagner en ‘Heroísmo y cristianismo’ el conjunto de razas debe reconocer su unidad en el dolor, y deben todos sentir esa conciencia de dolor común. No hay nada pues de ‘odio’ o ‘racismo del desprecio’ en Wagner.
Pero para Wagner, siguiendo a Gobineau, la Raza Blanca es aquella que ha sido más consciente del dolor en el Mundo y ha sabido superar las limitaciones Tiempo-Espacio para ‘conocer la esencia’. En este sentido Wagner apoyaba el ‘racismo’ en un sentido de asignar una sensibilidad distinta a cada raza.
Orgulloso del pueblo alemán, apoyo siempre su unidad y el Reich, lo que le comportó no pocos problemas en su vida, y más posteriormente.
Es evidente que para Edouard Sans esta parte del pensamiento wagneriano le es difícil de valorar, atado a lo ‘políticamente correcto’ del momento actual y al apoyo que Wagner dio a la derrota de Francia en la guerra Franco-Prusiana en su texto “¿Quién es Alemán?” y el texto “El 25 de agosto de 1870, el Ejército alemán en París”… por algo Wagner declara “Soy el hombre más alemán, soy el espíritu de lo más alemán”.

2- Una crítica radical al judaísmo, en eso coincidente con Schopenhauer. No rechazaba al individuo judío, tuvo buenos amigos y admiradores judíos, sino al ‘judaísmo’ como concepción del mundo. Junto a su filósofo preferido consideraba el judaísmo como arquetipo de una visión ‘progresista’ y ‘materialista’ del mundo, falto de piedad y causante mediante la Biblia y su crueldad de la degradación de la raiz compasiva y pacífica del cristianismo. No fue un antijudaísmo agresivo sino defensivo, contra las acciones que ese judaísmo comportaba.
No daba posibilidad de redención a este judaísmo, pues para ello debería ‘dejar de serlo’, eso es, aniquilarse como judío. Esta posición se trajo problemas gravisímos en su época y ahora. De todas formas recordemos las palabras de Henmann Levi en carta del 13 abril 82: “El combate que Wagner lleva contra el judaísmo en la música y el arte proviene de los motivos más elevados,… y por eso su comportamiento conmigo mismo, con Josef Rubinstein y otros judíos a los que apreció profundamente”.

LA CRISIS PESIMISTA DE WAGNER

Cuando Wagner lee a Schopenhauer está bajo una profunda crisis pesimista, que le hace mucho más receptivo.
Exilado, sin posibilidades de actuar artísticamente sobre el público, convencido del fracaso de los proyectos revolucionarios, rechazadas sus peticiones de volver a Alemania, con problemas económicos y su dependencia de donativos de amigos, y para colmo el convencimiento de la imposibilidad de su amor con Mathilde, estando Minna, su esposa, de viaje y roto ya su amor matrimonial. Wagner conoce pues la angustia y el dolor, más aun dada su sensibilidad extrema, e intuye ya en sí la necedad del Deseo y las trampas de la Vida, el Dolor y la desesperanza de encontrar soluciones en lo Representativo… al leer Schopenhauer no hará sino ‘re-descubrir’ esas mismas intuiciones propias y darles una forma conceptual coherente.
Pero además Wagner, como Schopenhauer, tenían una visión seria de la vida y de su existencia, alejados ambos de esas formas superficiales de vivir que llevaron a Calderon a decir “Bienaventurados los que viven engañados”. No, en Wagner no es posible un autoengaño, una vida fácil superficial. Su seriedad vital le impulsan a buscar las razones finales y las consecuencias últimas. Schopenhauer es el único que le ofrecerá un cuerpo lógico y una solución al drama vital.
El Pesimismo no debe entenderse como una posición de fatiga y decadencia. El propio Nietszche en su “Nacimiento de la Tragedia” (cuando estaba en su etapa schopenhaueriana) indica perfectamente lo que se debe entender por el pesimismo activo: “¿El pesimismo debe ser siempre signo de decadencia, de instintos fatigados y débiles?…No, hay un pesimismo de los Fuertes”. En Wagner el pesimismo siempre fue activo, fuerte pero consciente, compasivo y Redentor.

WAGNER NO ES SCHOPENHAUER

Aunque hemos visto y veremos la gran influencia que tuvo en Wagner el descubrimiento de la filosofía schopenhaueriana, Wagner nunca asumió ésta como un total, ni siquiera en temas realmente centrales. Wagner conceptualiza con Schopenhauer sus propias intuiciones previas, se adapta en algunos temas, pero no deja de marcar grandes diferencias.

Ante todo Wagner es un hombre pasional, que tiene altos y bajos, y que pone toda la pasión de vivir en sus hechos y obras. Mientras Schopenhauer se retira y se recluye en una vida cómoda y aislada, conforme a su idea de negar el deseo y la pasión, Wagner nunca dejará de ser apasionado aunque reconoce la necesidad de la Renuncia y lo inútil del deseo. En una palabra, Wagner es mucho más ‘humano’ y vitalista, y no reniega nunca de serlo.

Wagner intuye ,y así lo expresa en su arte, la posibilidad de Redención, y la Alegría de esa Redención, cosa inaudita e imposible en el marco puramente schopenhaueriano. En Schopenhauer la compasión es una virtud pero no una solución al mundo, está más cerca de las posiciones budistas, no hay más Redención que el Nirvana, la aniquilación de la Voluntad en la Nada. Basta escuchar el canto de alegría de vivir del tercer acto de Los Maestros Cantores o la esperanza del Encanto del Viernes Santo para comprender que Wagner tiene una concepción de la Redención completa, real, no solo individual.
En Schopenhauer puede encontrarse una luz para el individuo superior que es capaz de dominar el deseo y la Voluntad, pero nunca aceptará una Redención para la Colectividad, real, en el mundo de la representación.

Y aquí estamos en otra diferencia capital: Wagner ama al pueblo sencillo, y a su Alemania especialmente. Wagner cree en una redención para el pueblo entero, mediante un Redentor Genial, Unico y especial, pero un redentor para todos, un Cristo, no una redención de una minoría. Schopenhauer despreció siempre al pueblo, y aplaudió todo aplastamiento de los movimientos populares de su época. Fiel absolutamente a su filosofía no tenía esperanza alguna de que la ‘cantidad’ pudiera ser elevada, y no daba por ello a la masa más valor que ser el decorado ‘Espacio y Tiempo’ para las obras de algunos pocos genios superiores. Wagner en cambio reconoce la necesidad del Héroe y del genio, y aborrece la idea de igualdad o de masa, pero pone como condición que el Genio actue en bien del pueblo sencillo.

En Wagner el desprecio al dinero fue absoluto, pese a la fama dada por sus enemigos de malgastador, nunca se preocupó del dinero y nunca fue avaro, fue generoso y si quizás gastó por encima de sus posibilidades nunca lo hizo por egoismo atesorador. Buscó rodearse de belleza e inteligencia, arte y naturaleza, no de dinero. Schopenhauer vivió de renta pero debido a ello fue huraño y ahorrativo, siempre preocupado por disponer del dinero que le permitía vivir aislado del mundo.

Wagner ni fue ateo ni dejó de creer en Cristo, incluso en sus años más alejados de la religión, y posteriormente encontró en la religión (no en las Iglesias sino en el cristianismo asceta y piadoso) el centro de la redención por la Piedad. Schopenhauer era ateo, aunque apreciaba en las religiones el contenido de piedad y de amor no egoista, pero solo como una ‘ayuda a la difusión de la Piedad’, no como una solución y menos como una realidad postmundana.

En una palabra Wagner quiere reformar el Arte y el drama para educar al público y lograr que una minoría superior logre la Redención del pueblo, elimine el materialismo y establezca un Estado Artístico que ayude a los necesitados por la compasión y el Amor. Todo esto es una utopía para Schopenhauer, que solo aspira a que unos pocos genios sean capaces de conceptualizar el Dolor del Mundo y así sobrellevar la cruz de la Vida con dignidad. Los demás los deja a merced de su necedad y al destino de correr inútilmente detrás de las trampas y fantasmas del deseo mundano que la Voluntad les impone. El filósofo compadece el dolor de los demás pero no puede hacer más que mostrarles el camino en la negación de la Voluntad, el que no sea capaz de ello tendrá el infierno del mundo como merecido castigo.

WAGNER Y EL PROGRESO

Tanto Schopenhauer como Wagner eran absolutamente anti-dialécticos, “El progreso en vuestra quimera, es el sueño de nuestro siglo, como el de la resurreción de los muertos fue la quimera del siglo X. Cada Tiempo tiene su utopía” (El Mundo como Voluntad y representación”), de forma que Hegel y Marx son lo más alejado del pensamiento schopenhaueriano. Wagner dulcifica esa posición aunque niega el interés por el Progreso Material, de lo Representativo, pero concede la posibilidad e interés al progreso del espíritu, del pensamiento y el conocimiento. Mientras que en Schopenhauer no hay posibilidad de cambiar el futuro, la humanidad está condenada a bailar tras el deseo y la Voluntad desbocada hasta su extinción, y la redención del genio que es capaz de controlar la Voluntad y asumir la Piedad por el mundo es solo un caso aislado.

En su obra “Kunstwerk der Zukunft” Wagner expone muy bien su rechazo al progreso moderno de lo representativo, lo material: “Todo lo que la civilización llamada moderna trae consigo, el gusto por el lujo, lo superfluo que nos hacen olvidar las necesidades profundas, la moda que es la peor de las tiranías”… “Nos hemos convertido en un pueblo lector de la prensa, esto ha sido nuestra pérdida”. El progreso en este sentido material y social tomado como ‘valor en sí’ es un desastre que lleva a la decadencia. El progreso para Wagner solo tiene sentido rector en el mundo del conocimiento y el sentimiento, no en lo representativo.

EL AMOR

Schopenhauer dedicó un Capítulo de su obra principal a la ‘Metafísica del Amor sexual’, en el que designa el Amor como una trampa de la Naturaleza para la reproducción. Satisfacemos el egoísmo en forma de placer a cambio de una posibilidad de reproducción, que sin esa ‘recompensa’ sería más difícil de obtener por el egoismo de la gente normal. De ahí que las opiniones del filósofo sobre la mujer no sean precisamente ‘políticamente correctas’ hoy en día.
Sin embargo Schopenhauer en este texto acepta un tema como incomprensible para él: El suicidio de los amantes frustrados, el morir de amor, el deseo de aniquilamiento cuando el amor une y el Espacio-Tiempo separa.
Wagner en su importantísima carta del 1 diciembre de 1858 a Mathilde expone como tras releer a Schopenahuer lentamente en esos momentos tan sensibles para él, es capaz de ‘corregir’ en algún tema al filósofo, y precisamente el tema es “indicar claramente la vía hacia el aniquilamiento de la Voluntad a través del Amor, no solo por la filantropía abstracta (como indica Schopenhauer) sino por el verdadero Amor… vía que no ha aceptado Schopenhauer”. Wagner comprende que el Amor auténtico, es un contacto con el Ideal, o sea con la serenidad, y que el sufrimiento viene precisamente en el retorno a la mezquina realidad Espacio-Tiempo.
El error de Tannhäuser o Kundry no es dejarse llevar al Amor, sino en no saber asociar al Amor natural y sensual la espiritualidad y la profundidad, como dice Tannhäuser: “solo conozco el Amor en la felicidad del placer”. De forma que mientras Schopenhauer dice “Todo amor verdadero y puro es Piedad, y todo amor que no sea Piedad es sólo egoísmo”, según su concepción de que el amor sensual es solo una trampa del egoísmo, en cambio Wagner da al Amor, quizás por haberlo sentido tan profundamente y de forma tan espiritual como con Mathilde, una dimensión especial, el amor que partiendo de lo sensual se eleva a Ideal, alcanza el espíritu y une a ambos en un estado fuera del Tiempo-Espacio, momentáneamente siempre claro, siendo pues otra vía, junto a la Compasión, de aniquilar la Voluntad desbocada del Deseo.
Por ello el Amor físico sin esa elevación superior es un prostitución, el pecado de Klingsor, es el ‘amor’ convertido en ‘Oro’, pues si Alberich maldice el Amor es porque está convencido de comprar el ‘amor puramente sensual’ a través del Oro. Alberich maldice el Ideal del Amor, no el engaño de la Naturaleza, el placer y el sexo.
Wagner escribirá a Mathilde el 1 enero de 1859 “Es fantástica la sensación que me domina cuando comprendo la dulzura y la delicadeza, pero también la castidad con la cual tu me has amado”. Castidad que no es continencia o ausencia de deseo, sino elevación y subordinación de ese deseo al Ideal.

Si queremos entender un poco más este Amor y su diferencia con el sentimiento de Amor-Compasión, recordemos lo que dice el propio Wagner en la carta del 1 de octubre de 1858 a Mathilde: “Lo que caracteriza a la Piedad es que no está determinada por las cualidades individuales de la persona que sufre, sino solo por su propio sufrimiento. En cambio en el Amor nos debemos elevar hasta unirnos al otro, y solo podemos compartir ese Ideal con alguien con quien sus cualidades sean lo más afines a nuestro Ideal”.

El Amor en Wagner, expresado en su ‘Tristan’, contiene mucho de Schopenhauer, pero en el tercer acto los amantes se unen ya no en la sensualidad desbordada del primer acto, en su amor como producto de la Voluntad, sino que se produce en ellos una unión Ideal, un Amor fuera del Espacio-Tiempo, un Amor que es unión total en ‘otro mundo’, un ‘suicidio por Amor’, eso que Scopenhauer no entendía, y que Wagner lo había sentido con Mathilde, el Amor Ideal fuera de la Representación temporal.
En realidad Schopenhauer está muy cerca del Budismo, una religión sin dios, que tiene su ‘cielo’ en el aniquilamiento individual.
Mientras Thomas Mann en sus textos sobre Tristan no logra ver más que sensualidad desbordada al máximo, y una renuncia intelectual ante las dificultades, en Wagner no se trata de una renuncia sino del Amor Puro Ideal que los une una vez han superado las inquietudes de la realidad aceptando la Muerte.

APENDICES:

Este libro acaba con un apéndice de textos wagnerianos sobre Schopenhauer poco conocidos, traducidos al francés, cartas y el fragmentos del diario de Venecia. Y por último un índice bibliográfico.

Por supuesto la lectura detallada de este libro da mucho más de sí que lo que se puede escribir en un artículo, es un libro con enormes posibilidades, tantas como tiene el pensamiento y arte de Richard Wagner.
Y dejemos claro que Edouard Sans, como yo mismo, deja claro siempre que Wagner, como artista, persona e intuitivo es muy superior a Schopenhauer. El filósofo proporciona la sistematización, la concienciación intelectual, pero Wagner supera el encorsetamiento de todo sistema de pensamiento y lo lleva a la Vida y el Arte.


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sonsoles
26 October 2008 @ 07:37 pm

Interesante libro en Linea de Schopenhauer y algunos enlaces del filósofo esencial.

SCHOPENHAUER : UNA FOLOSOFÍA DE LA TRAGEDIA.

Alexis Philolenko.
http://books.google.es/books?id=I23mn7RfreEC&dq=schopenhauer&printsec=frontcover&source=bl&ots=M1xzWNs57U&sig=peR0m5mZ3qVSzItkuQpFP_rXKVI&hl=es&sa=X&oi=book_result&resnum=8&ct=result#PPA29,M1

Y además :

Citas

"Parerga y Paralipómena"

Sobre el mundo

"Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre... La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir... Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas."

"Nuestro mundo civilizado no es más que una mascarada donde se encuentran caballeros, curas, soldados, doctores, abogados, sacerdotes, filósofos, pero no son lo que representan, sino solo la mascara, bajo la cual, por regla general, se esconden especuladores de dinero."  

 

Sobre el sentido de la vida

"Los hombres se parecen a esos relojes de cuerda que andan sin saber por qué. Cada vez que se engendra un hombre y se le hace venir al mundo, se da cuerda de nuevo al reloj de la vida humana, para que repita una vez más su rancio sonsonete gastado de eterna caja de música, frase por frase, tiempo por tiempo, con variaciones apenas imperceptibles."

"Me dicen que abra los ojos y contemple las bellezas que el sol alumbra; que admire sus montañas, sus valles, sus torrentes, sus plantas, sus animales y no sé cuantas cosas más. Pero entonces, ¿el mundo no es más que una linterna mágica?. Ciertamente el espectáculo es espléndido, pero en cuanto a representar allí algún papel, eso es otra cosa."

"No hay más que tres resortes fundamentales de las acciones humanas, y todos los motivos posibles sólo se relacionan con estos tres resortes. En primer término, el egoísmo, que quiere su propio bien y no tiene límites; después, la perversidad, que quiere el mal ajeno y llega hasta la suma crueldad, y últimamente la conmiseración, que quiere el bien del prójimo y llega hasta la generosidad, la grandeza del alma. Toda acción humana debe referirse a uno de estos 3 móviles, o aun a dos a la vez."  

 

Sobre la bondad natural del ser humano

"Imaginad suprimida la fuerza pública, sea, quitado el bozal. Retrocederíais con espanto ante el espectáculo que se ofrecería a vuestros ojos, espectáculo que cada cual se figura fácilmente. ¿No basta esto para confesar cuan poco arraigo tienen la religión, la conciencia, la moral natural, cualquiera que sea su fundamento?."

"Sólo la conmiseración es el principio real de toda justicia libre y verdadera. La conmiseración es un hecho innegable de la conciencia humana; es esencialmente propia de ésta y no depende de nociones anteriores, de ideas a priori, religiones, dogmas, mitos, educación y cultura."

"Lo que la lluvia es para el fuego, eso es la lástima para la ira."  

 

Sobre la amistad

"Nada mejor la ignorancia del mundo como alegar, cual prueba de los méritos y valía de un hombre, que tiene muchos amigos. ¡Como si los hombres otorgasen su amistad con arreglo a la valía y al mérito! ¡Como si, por el contrario, no fueran semejantes a los perros, que aman a quien les acaricia o solamente les hecha huesos que roer, sin mas halago! Quien mejor sabe acariciar a los hombres - aun cuando sean asquerosas alimañas -, ese tiene muchos amigos."

"Debo confesarlo sinceramente. La vista de cualquier animal me regocija al junto y me ensancha el corazón, sobre todo la de los perros, y luego la de todos los animales en libertad, aves, insectos, etc. Por el contrario, la vista de los hombres excita casi siempre en mi una aversión muy señalada, por que con cortas excepciones, me ofrecen el espectáculo de las deformidades mas horrorosas y variadas: fealdad física, expresión moral de bajas pasiones y de ambición despreciable, síntomas de locura y perversidades de todas clases y tamaños; en fin, una corrupción sórdida, fruto y resultado de hábitos degradantes. Por eso me aparto de ellos y huyo a refugiarme en la naturaleza, feliz al encontrar allí a los brutos."    

 

Sobre la sociedad y el estado

"El estado no es más que el bozal que tiene por objeto volver inofensivo a ese animal carnicero, el hombre, y hacer de suerte que tenga el aspecto de un herbívoro."

"No hay que desesperar a cada absurdo que se dice en público o en la sociedad, que se imprime en los libros y que se acoge bien, o al menos no se refuta; no hay que creer tampoco que quedará eternamente consolidado. Sepamos, para consuelo nuestro, que más tarde, e insensiblemente el absurdo se rumiará, se elucidará, se meditará, se examinará, se discutirá, y las mas veces de las veces se juzgará con justicia al fin y al cabo, de suerte que, después de transcurrido un tiempo variable en función de la dificultad del asunto, casi todo el mundo acabará por comprender lo que el espíritu lúcido había visto a primera vista. Verdad es que en el ínterin hay que tener paciencia, por que un hombre de juicio justo entre personas que están en el error se parecerá a aquel cuyo reloj marcha bien en una ciudad en donde todos los relojes andan desarreglados. Él sabe la hora exacta; pero ¿qué importa?. Todo el mundo se guía por los relojes públicos, que marcan una hora fatal, aun los que saben que sólo el reloj del primero da la hora verdadera."

"Toda sociedad exige, necesariamente, un acomodamiento recíproco, un temperamento; así cuanto más numerosa es, más insípida se hace. No se puede ser verdaderamente uno mismo, sino mientras está uno sólo; por consiguiente, quien no ama la soledad, no ama la libertad, porque no es uno libre sino estando solo."

"Ah! Cuando la calidad de la sociedad pueda sustituir a la cantidad, entonces merecerá la pena vivir aunque sea en el gran mundo, pero cien necios puestos en montón no hacen un hombre de talento".  

 

Sobre la felicidad

"Pero lo que más que nada contribuye directamente a nuestra felicidad, es un humor jovial, porque esta buena cualidad encuentra inmediatamente su recompensa en sí misma. En efecto; el que es alegre, tiene siempre motivo para serlo, por lo mismo que lo es. Nada puede remplazar a todos los demás bienes tan completamente como esta cualidad, mientras que ella misma no puede reemplazarse por nada. Que un hombre sea joven, hermoso, rico, y considerado, para poder juzgar su felicidad la cuestión sería saber si, además es alegre; en cambio si es alegre, entonces poco importa que sea joven o viejo, bien formado o contrahecho, pobre o rico: es feliz."

"Así pues debemos abrir puertas y ventanas a la alegría, siempre que se presente, porque nunca llega a destiempo, en vez de vacilar en admitirla, como a menudo hacemos, queriendo primero darnos cuenta de si tenemos motivos para estar contentos por todos conceptos, o por miedo de que nos aparte de meditaciones serias o de graves preocupaciones; y sin embargo, es muy incierto que ellas puedan mejorar nuestra situación, al paso que la alegría es un beneficio inmediato. Ella sola es, por decirlo así, el dinero contante y sonante de la felicidad."

"Es cierto que nada contribuye menos a la alegría que la riqueza, y nada contribuye más que la salud; en las clases inferiores, entre los trabajadores de la tierra, se observan los rostros alegres y contentos; en los ricos y grandes dominan las figuras melancólicas."  

 

Sobre la lectura

"Por eso es muy importante conocer el arte de no leer. Consiste en no leer lo que preocupa momentáneamente al gran público, como libelos políticos y eclesiásticos, novelas, poesías, etc., algunos de los cuales alcanzan varias ediciones"

"Para leer lo bueno es necesario no leer lo malo, por que la vida es corta y el tiempo y las fuerzas limitadas."

"Sentencias de la razón llaman todos a ciertas frases que se creen verdad sin investigarlas, convencidos que, aunque quisieren, no podrían comprobarlas seriamente, teniéndolas que poner en duda por lo pronto. Han obtenido ese crédito desde que empezaron a hablar y pensar, siéndoles siempre repetidas e inoculadas; así, pues, se han acostumbrado a pensarlas desde que han reflexionado, no pudiendo ya separarlas de si, por que se han unido a sus cerebros. Lo dicho es tan verdad, que sería superfluo y hasta peligroso el demostrarlo con ejemplos."

"Se escriben libros sobre los grandes espíritus de pasado, y el público los lee, pero no a aquellos, por que quiere siempre ver impresos frescos, y con el vulgo está más en armonía la charla de los cretinos contemporáneos que los pensamientos de los grandes espíritus. Doy las gracias al destino, que me hizo leer un hermoso epigrama de Schlegel, que ha llegado a ser mío: 'Leer con calor a los verdaderos antiguos, lo que de ellos dicen los modernos no significa mucho'. ¡Cómo se parecen los hombres vulgares! ¡Todos parecen hechos con el mismo molde! ¡Les ocurre siempre lo mismo en las mismas ocasiones! Y sus bajas intenciones personales, y la charla despreciable de tales sujetos lee un público estúpido con tal de que estén impresas hoy mismo, dejando en los estantes a los grandes espíritus."

"En todos los tiempo hay dos literaturas, paralelas y opuestas: una real y una aparente. Aquella llega a ser la literatura permanente, hecha por hombres que viven para la ciencia y la poesía, avanzando seria y acompasadamente, pero con mucha lentitud, produciendo en Europa una docena de obras por siglo, pero obras que quedan. La otra literatura está escrita por hombres que viven de la ciencia o poesía: llenando todos los años el mercado con muchos miles de obras, pero al cabo de algunos años se pregunta: ¿dónde están las obras? ¿Dónde está la gloria tan rápida y ruidosa? Puede llamarse a una literatura permanente y la otra pasajera."

"No hay mayor goce espiritual que la lectura de los antiguos clásicos: su lectura, aunque de una media hora, nos purifica, recrea, refresca, eleva y fortalece, como si se hubiese bebido en una fresca fuente que mana entre rocas."

"En la historia mundial siempre significa algo un medio siglo, por que siempre ocurre algo. Pero en la historia de la literatura no significa nada, por que no sucede nada, ya que los intentos chapuceros no importan. Se está donde se estaba hace cincuenta años. [...] Así por ejemplo la filosofía de Fichte y Schelling está coronada por la caricatura de Hegel. Este epiciclo se desviaba últimamente de la línea circular por Kant conducida. De donde la he recogido yo para continuarla; entre tanto, recorrieron su epiciclo los citados seudofilósofos y aun algunos otros, epiciclo que ahora concluye, reconociendo el público que se encuentra donde ha partido."  

 

Sobre la religión

"En verdad que no es el judaísmo, sino el brahmanismo y el budismo quienes, por su espíritu y tendencia moral, se aproximan al cristianismo. El espíritu y la tendencia moral son la esencia de una religión, y no los mitos que lo envuelven. El espíritu del antiguo testamento es verdaderamente extraño al puro cristianismo, por que en todo el nuevo testamento se trata del mundo como una cosa a la cual no se pertenece y no se ama, una cosa que está bajo el imperio del diablo. Esto se halla conforme con el espíritu de ascetismo, de renunciamiento y de victoria sobre el mundo; espíritu que junto con el de amor al prójimo y el perdón de las injurias, señala el rasgo fundamental y la estrecha afinidad que unen al cristianismo, al brahmanismo y al budismo."

"Cuan limitado y pobre es el intelecto humano normal, y cuan escasa la claridad de la conciencia, se percibe en que, a pesar de la brevedad pasajera de la vida humana arrojada al tiempo infinito, la miseria de nuestra existencia, los infinitos enigmas, el carácter importante de tantas apariencias y la insuficiencia de la vida, a pesar de todo, no filosofan todos constantemente, sino sólo unos cuantos pocos, perfectas excepciones. Los demás viven en este sueño, casi como los animales, de los cuales al fin se distinguen sólo por tener la previsión de algunos años. La necesidad metafísica que quizás sintieran está prevista desde arriba y por adelantado por las religiones, que les bastan, sean como fueren. Sin embargo, pudiera suceder que en el silencio se filosofa mucho más de lo que parece, aunque sea esta filosofía... ,como sea. Realmente es nuestra situación muy deplorable; vivir un lapso de tiempo lleno de dificultades, miserias, angustias y dolores sin saber ni siquiera de dónde venimos, a donde vamos, y con todo esto tener que oír aun a los clérigos de todos los colores, con sus respectivas revelaciones y sus amenazas contra los incrédulos."

"Que el mundo tiene sólo una significación física y no moral es el mayor error y el más pernicioso error fundamental, la verdadera perversidad del pensar, y en el fondo, es también lo que la fe ha personificado como el anticristo."  

 

Sobre la filosofía

"Para filosofar hacen falta dos condiciones: primera, tener el valor de no suprimir ninguna pregunta, y segunda, comprender como problema todo aquello que se comprende por si mismo, teniendo conciencia de ello"

"Lo que se opone más al hallazgo de la verdad no es la falsa apariencia que surge de las cosas, llevando al error, ni tampoco inmediatamente la debilidad de la inteligencia, sino la opinión presupuesta, el prejuicio que se impone como impedimento a priori a la verdad."

"...al periodo brillante de Kant seguía otro inmediatamente en la filosofía alemana que pretendía imponerse en lugar de convencer: ser brillante e hiperbólica, pero incomprensible en lugar de profunda y clara.[...]Pues en Hegel y sus secuaces ha llegado el superlativo la impertinencia de escribir tonterías, y el reclamo sin conciencia, y la intención manifiesta de estos sordos manejos, de modo que se puso al fin de manifiesto para todos toda esta charlatanería, acabando también con la protección de arriba gracias a ciertas revelaciones. Los antecedentes de Fichte y Schelling, respecto a la filosofastrería más miserable que jamás ha existido, arrastraban también a estos al abismo del descrédito."

"Si imagino un objeto, quizá un panorama, y me imagino que en este momento me cortan la cabeza, sé bien que el objeto quedaría invariable: esto indica en lo más profundo que también yo existía todavía. Esto lo comprenderán muy pocos, y para éstos queda dicho."

"La inteligencia no es una magnitud extensa, sino intensa; por esto opone un hombre razonable su criterio a diez mil personas, y mil necios no hacen un hombre razonable."

"Lo que falta en la mayoría de las cabezas son dos cualidades emparentadas: juzgar y tener ideas propias. Ambas cualidades faltan de una manera increíble y los que no pertenecen a ellos no comprenden la tristeza de su existencia."

"La genialidad consiste en la objetividad del intelecto."

"Para tener ideas originales, extraordinarias y quizá hasta inmortales, basta quedar extraño completamente al mundo y a las cosas por un momento."  


 

  "El mundo como voluntad y representación" Vol. I -

"El mundo es mi representación: esta verdad es aplicable a todo ser que vive y conoce, aunque sólo al hombre le sea dado tener conciencia de ella; llegar a conocerla es poseer el sentido filosófico. Cuando el hombre conoce esta verdad estará para él claramente demostrado que no conoce ni un sol ni unta tierra, y sí únicamente un ojo que ve el sol y una mano que siente el contacto con la tierra; que el mundo que le rodea no existe más que como representación, esto es, en relación con otro ser: aquel que le percibe, o sea él mismo. Si hay alguna verdad a priori es ésta, pues expresa la forma general de la experiencia, la más general de todas, incluidas las de espacio, tiempo y causalidad, puesto que la suponen."

"Toda satisfacción, o lo que comúnmente se llama felicidad, es , por su naturaleza, siempre negativa, nunca positiva. No es algo que exista por sí mismo, sino la satisfacción de un deseo, pues la condición primera de todo goce es desearle, tener necesidad de alguna cosa. Mas con la satisfacción desperece el deseo y por lo tanto cesa la condición del placer y el placer mismo. De aquí que la satisfacción o felicidad no pueda ser nunca más que la supresión de un dolor, de una necesidad"

"El suicidio, lejos de negar la voluntad, la afirma enérgicamente. Pues la negación no consiste en aborrecer el dolor, sino los goces de la vida. El suicida ama la vida; lo único que pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece."

"Nosotros lo reconocemos, efectivamente: lo que queda después de la supresión de la voluntad no es para todos aquellos a quienes la voluntad anima todavía, sino la nada. Pero también es verdad que para todos aquellos en los cuales la voluntad se ha convertido o suprimido, este mundo tan real, con todos sus soles y nebulosas, no es tampoco otra cosa más que la nada." (Esta nada entendida como el punto en que no hay sujeto ni objeto)


 

  "El mundo como voluntad y representación" - Vol. II -

"Entonces encontramos la doctrina de la metempsícosis, surgiendo desde los primeros tiempos y nobles edades de la humanidad, siempre alrededor de todo el mundo, como la creencia de la gran mayoría de pueblos, de hecho realmente como doctrina de todas las religiones, con la excepción del Judaísmo y las dos religiones que surgen de éste. Pero, como habíamos mencionado, nosotros encontramos esta doctrina en su forma más sutil y más cercana a la verdad en el Budismo. De acuerdo con esto, cuando los cristianos se consuelan así mismos con el pensamiento de encontrarse en otro mundo en el cual conservarán su personalidad completa y podrán reconocerse unos a otros, en esas otras religiones el encuentro se produce de nuevo, pero bajo el incógnito. [...] La vieja historia de la iglesia evidencia cuanto de difícil fue suprimir esta idea. Muchos de los heréticos eran conformes a esta primitiva creencia, por ejemplo, Simonianos, Basilidianos, Valentinianos, Marcionitas, Gnósticos y Maniqueos."

"...el optimismo no sólo es una falsa sino también perniciosa doctrina, por que éste presenta la vida como un deseable estado y a la felicidad como su esencia y objeto. Partiendo de esto, cada cual puede creerse como el más legitimado para proclamar la felicidad y la alegría. Si, como usualmente pasa eso no le entra en el lote, creerá que sufre una injusticia, y de hecho perderá el punto de equilibrio de su existencia; en vez de todo esto, mucho más correcto es recordar el trabajo, la privación, miseria, y sufrimiento, coronada por la muerte, como la verdadera esencia y objeto de nuestra vida (tal como afirman Brahmanismo y Budismo, y también el genuino Cristianismo), y que el triunfo consiste en negar a esa voluntad-de-vivir. En el nuevo testamento, el mundo es presentado como un valle de lágrimas, la vida como un proceso de purificación, y el símbolo del Cristianismo es un instrumento de tortura."

"Si yo deseara llevar los resultados de mi filosofía hacia un estandarte de verdad, debo conceder al Budismo preeminencia sobre los otros. En cualquier caso, es para mí un placer ver como mi doctrina está en clara sintonía con una religión que la mayoría de los hombres de la tierra han adoptado como propia, ya que sus seguidores son más que cualquiera otra. Y esta concordancia me es más placentera cuando constato que mi desarrollo filosófico ciertamente no se produjo bajo su influencia. Por que hasta 1818, cuando mi trabajo apareció, sólo se encontraban en Europa unos muy poco trabajos sobre el Budismo, y éstos muy incompletos e inadecuados, confinados casi enteramente a unos pocos ensayos en los primeros volúmenes de los Asiatic Resources, y principalmente relativos al budismo de los Birmanos. Solo desde ese tiempo se nos ha proporcionado más información gradualmente respecto a esa religión [...] Pero yo no puedo negar el placer con el cual leo algunos pasajes preliminares extraídos del Kahgyur, por ejemplo, el siguiente discurso del Buda ya muriendo, con Brahma, el cual le rinde homenaje:
"Esta es una conversación con el sujeto de la creación: ¿Por quién fue el mundo hecho?- Shakya pregunta algunas cuestiones a Brahma -quien era él, quien hizo o produjo tantas y tantas cosas, y dotó o bendijo a ellas con tantas y tantas virtudes o propiedades,- quien fue el que causó las varias revoluciones en la destrucción y regeneración del mundo. Él niega que nunca hubiera hecho algo para ese efecto. Al final, él mismo pregunta a Shakya como el mundo fue creado -¿Por quien?. Aquí el atribuye todos los cambios en el mundo al trabajo moral de todos los seres animales, y es este estado en el que el mundo entero es todo como una ilusión, no hay realidad en las cosas; todo está vacío. Brahma siendo instruido en su doctrina, se convierte en su seguidor."

 

"Microcosmos y macrocosmos" (un diálogo entre la materia y el sujeto del conocimiento):

El defectuoso parecer concerniente a la contradicción entre materialismo e idealismo podría quedar dilucidado mediante un diálogo entre la materia y el sujeto, un drama que también podría titularse "macrocosmos y microcosmos":
El Sujeto: Yo soy, y fuera de mi no hay nada, puesto que el mundo es una representación mía.
La Materia: ¡Qué delirio tan osado!- Yo, yo soy, y nada hay fuera de mí. Pues el mundo es mi forma transitoria. Tú eres un mero resultado de una parte de esa forma y, por ello, eres algo casual y fortuito.
El Sujeto: ¡Cuan disparatada arrogancia!. Ni tú ni el mundo existiríais sin mí y a mi estáis condicionados. Quien haga abstracción de mí y crea poder seguir pensando vuestra existencia, da en concebir un tosco engaño; su existencia al margen de mi representación supone una inmediata contradicción, un hierro de madera. Ambas cosas están representadas por mí, mi representación es el ámbito de su existencia, y por ende, yo soy su primera condición.
La Materia: Afortunadamente la osadía de tus asertos será puesta muy pronto en sus sitio y no merced a meras palabras; algunos instantes más y dejarás de ser nada en realidad, te hundirás en la nada junto con tu grandilocuencia, después de haberte columpiado transitoriamente cual una sombra espectral y correr la suerte de cada una de mis efímeras formas. Pero yo, en cambio, permanezco incólume y sin merma siglo tras siglo, a través del tiempo infinito, y presencio impávida el juego de las transformaciones de mis formas.
El Sujeto: Ese tiempo infinito, que te vanaglorias de atravesar, así como el espacio igualmente infinito, sólo existen en mi representación, habida cuenta de que son meras formas de mi representación, esa representación que albergo dentro de mí y en la que tú te presentas, dando cabida a todo cuanto eres. El aniquilamiento con que me amenazas, no me atañe, pues de lo contrario tú te verías aniquilada junto conmigo; ese aniquilamiento le concierne sólo al individuo que es mi portador por algún tiempo y que, como todo lo demás, es representado por mí.
La Materia: Aún cuando te conceda esto y lo admita, tu existencia, a la cual ese transitorio individuo está indisolublemente ligado, lejos de ser algo que se sostiene por si mismo, sigue dependiendo pese a todo de la mía propia. Pues tú sólo eres sujeto en tanto que tengas un objeto, y ese objeto soy yo; yo soy el núcleo y su contenido, lo que permanece, aquello que lo coaliga y sin lo cual revolotea tan incoherente como sustancialmente, al igual que los sueños y las fantasías de tus individuos, quienes gracias sólo a mí ponen a buen recaudo su apariencia.
El Sujeto: Haces bien en no querer impugnarme a través de mi existencia por el hecho de manifestarse ésta en los individuos, pues tan inseparablemente encadenado a ella como yo lo estoy, lo estás tú a tu hermana, la forma, sin la cual no te manifiestas nunca. A ti, al igual que a mí, ningún ojo te ha visto desnuda y a solas, ya que ambos somos meras abstracciones, y por lo tanto entes de razón. Un ser es, al fin y a la postre, algo que se intuye a sí mismo y es intuido de suyo, aun cuando su ser en sí mismo no pueda consistir en esa intuición ni en el proceso de verse intuido, papeles que nos repartimos entre ambos.
Ambos: Así pues, estamos inseparablemente unidos como partes necesarias de un todo, el cual nos comprende a ambos y se halla por encima de los dos como un género superior. Sólo un malentendido puede enfrentarnos para que cada uno combata la existencia del otro, siendo así que la suya propia se mantiene o quiebra con ella.

Este otro género superior es el mundo como representación o la manifestación, con cuya desaparición sólo queda todavía la voluntad, en cuanto algo metafísicamente puro, como cosa en sí. Pero aquel que no reconoce como tal a la voluntad, puede colocar en su lugar una x, al que también puede dar en llamar y o z, como le venga en gana. La presente consideración versa sobre alguien así."



"Los dos problemas fundamentales de la ética"

"La individuación es un mero fenómeno surgido en virtud del espacio y tiempo, que no son más que formas de todos los objetos en mi facultad cerebral de conocer condicionadas con por ella; de ahí que también la pluralidad y diversidad de los individuos sea mero fenómeno, es decir, que exista sólo en mi representación. Mi esencia verdadera, interna, existe en todo lo viviente de un modo tan inmediato como aquel en el que se me manifiesta exclusivamente a mí mismo en mi autoconciencia. Este conocimiento, cuya expresión al uso del sánscrito es la fórmula "tat-twan asi", es decir, "esto eres tú", es el que aparece como compasión; en el que, por tanto, se basa toda virtud auténtica, es decir, desinteresada, y cuya expresión real es toda buena acción. Es en último término a este conocimiento al que se dirige toda apelación a la clemencia, a la caridad, a la misericordia en lugar de la justicia: pues tal apelación es un recuerdo de la consideración en la que todos somos uno y el mismo ser. En cambio, el egoísmo, la envidia, el odio, la persecución, la dureza, la venganza, el sadismo y la crueldad se basan en aquel primer conocimiento y se dan por satisfechos con él. La emoción y el gozo que sentimos al oír, más aun al ver, y sobre todo, al realizar nosotros mismos una acción noble, se basa en el fondo en la certeza de que, más allá de toda pluralidad y diversidad de los individuos que el principium individuationis nos presenta, se encuentra una unidad de todos ellos que es verdaderamente existente y hasta accesible para nosotros, por que se pone de relieve fácticamente."


 

"Metafísica de las Costumbres"

"El Estado supone, por lo tanto, el medio merced al cual el egoísmo aliado con la razón intenta esquivar sus propios fatídicos resultados, que se vuelven contra él mismo, particularmente los de Eris (diosa de la discordia), y que cada uno propicie el bien de todos por que vea en ello el suyo propio. En el seno del Estado no sólo se ve cada cual asegurado ante la humillación de su derecho por parte de otro, sino que también se acomete la distribución de la industria, por medio de la cual se logra que las fuerzas humanas reunidas dentro del Estado conviertan al resto de la naturaleza en algo más solícito cada vez y esas fuerzas unidas fomenten el provecho de todos, resultando un beneficio que ninguno podría lograr individualmente; así las cosas, si el Estado pudiera alcanzar plenamente su objetivo, desaparecerían prácticamente todos los males y se instauraría poco a poco un bienestar comunitario que se aproximaría mucho al país de Jauja. Ahora bien, de un lado, el Estado se halla siempre muy a la zaga de conseguir ese objetivo y, de otro, siempre restan innumerables males que son consustanciales a la vida y la tienen sumida en el sufrimiento, además de que, nunca dejaríamos de encontrarnos al fin y ala postre con el aburrimiento, con ese tedio siempre dispuesto a ocupar de inmediato el lugar que deje vacante cualquiera de los otros males. En definitiva, el Estado no es capaz tan siquiera de hacer desaparecer la discordia entre los individuos, quienes, cuando le están vedadas las grandes pugnas, se entregan con gusto a las pequeñas escaramuzas. Y, por último, cuando Eris es felizmente expulsada del interior, retorna de nuevo desde el exterior; cuando Eris queda proscrita como conflicto entre los individuos por el Establecimiento del Estado, regresa desde fuera como guerra entre los pueblos, exigiendo con intereses y de una sola vez, cual si se tratara de una deuda acumulada, los cruentos sacrificios que habían sido sustraídos en el ámbito individual por motor de una prudente precaución: la doctrina del derecho."


 

"Sobre la voluntad en la naturaleza"

"Las confirmaciones extrañas y empíricas que aquí han de citare, refiérense en su totalidad al meollo y punto capital de mi doctrina, a la metafísica propiamente dicha de ella, a aquella verdad fundamental y paradójica de que esa cosa en sí, que Kant oponía al fenómeno, llamado por mí representación, de que esa cosa en sí, considerada como inconocible; ese substrato de todos los fenómenos y de la Naturaleza toda, por lo tanto no es más que aquello que, siéndonos conocido inmediatamente y muy familiar, hallamos en el interior de nuestro ser propio como voluntad; que, por lo tanto, esa voluntad, en vez de ser como hasta aquí han supuesto todos los filósofos algo inseparable del conocimiento y mero resultado de éste, le es fundamentalmente diferente e independiente del todo; independiente de la inteligencia, que es de origen secundario y posterior, pudiendo por lo tanto, substituir y manifestarse la voluntad sin la inteligencia, que lo que sucede real y efectivamente en la Naturaleza entera, desde la animal hacia abajo."


"Enseña, además mi filosofía, que las manifestaciones aisladas de esta voluntad son puestas en movimiento en los seres conscientes, esto es, en los animales, por motivos, pero que no lo son menos en la vida orgánica del animal y de la planta por excitaciones, y en lo orgánico, por simples causas."

 
 
sonsoles
26 October 2008 @ 06:55 pm

FRANCISCO DE QUEVEDO VILLEGAS.

 

CRONOLOGÍA BIOGRÁFICA

1580. Nace, probablemente, el 17 de septiembre en Madrid Francisco de Quevedo Villegas. Es bautizado el día 26 del mismo mes en la Iglesia de San Ginés. Son sus padres Pedro Gómez de Quevedo y María de Santibáñez, ambos oriundos del valle de Toranzo en la Montaña. Los cónyuges ocupan puestos de confianza en la corte, el primero como escribano de cámara de la reina Ana y secretario particular del príncipe e infantes. Francisco es el tercero de seis hermanos.

 

1586. Muere su padre. María de Santibañez será tutora de sus hijos hasta su muerte en el año 1600.

 

1594. Tras haber pasado posiblemente por las aulas del Colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid, estudia en el Colegio de la Compañía en Ocaña, beneficiándose de la ayuda económica que había obtenido del monarca su abuela Felipa de Espinosa.

 

1596. Comienza estudios de artes en la Universidad de Alcalá de Henares. Obtendrá tres años más tarde el grado de bachiller y, poco después, el de licenciado en 1600, año en el que inicia estudios de Teología en la misma universidad. Se ha supuesto que en estas fechas se inicia la amistad con Pedro Téllez Girón, más tarde duque de Osuna.

 

1601. Prosigue sus estudios, al parecer, en la Universidad de Valladolid, ciudad a la que se había trasladado la corte.

 

1602. Tras dos años bajo la tutela de Andrés de Ozaeta, el escritor, junto a sus hermanos menores, estará a cargo de Agustín de Villanueva, residente en la corte de Valladolid, hasta 1605. Villanueva, casado con Ana Díez de Villegas, pariente de Quevedo, tenía en la época el cargo de Secretario del Rey. Uno de sus hijos, Jerónimo (1594), llegaría a ocupar el puesto de protonotario de Aragón y a ser uno de los hombres más influyentes bajo el reinado de Felipe IV. En este período, Quevedo comienza a hacerse un nombre en el mundo de las letras. Algunos poemas suyos aparecerán recogidos en las Flores de poetas ilustres de Pedro de Espinosa. Entre 1604 y 1605 mantiene correspondencia con Justo Lipsio.

 

1606. De regreso a la corte de Madrid, Quevedo vuelve también a su ciudad natal, donde probablemente recibe órdenes menores y se integra en la vida literaria de la corte.

 

1609. Escribe España defendida. Comienzan sus pleitos para obtener el señorío de La Torre de Juan Abad.

 

1610. Se le niega el permiso para publicar el Sueño del juicio final por "chabacano e imprudente".

 

1613. Viaja a Palermo para ponerse al servicio del duque de Osuna, Virrey de Sicilia entre los años 1610 y 1616.

 

1614. Se desplaza a Niza, Génova y Madrid, siguiendo instrucciones de su protector.

 

1615. Viaja desde Palermo a Madrid como portador del donativo votado por el parlamento de Sicilia. Además, y en calidad de hombre de confianza de Osuna, intriga en la corte, acudiendo incluso al soborno, para asegurar el nombramiento del Duque como Virrey de Nápoles. Estos hechos serán investigados, implicando a Quevedo, en 1621, tras la caída en desgracia del Duque.

 

1616. El duque de Osuna ocupa su nuevo cargo de Virrey de Nápoles, en donde encontraremos también a Quevedo a partir de septiembre.

 

1617. Se desplaza en misión diplomática a Roma. Poco después viaja una vez más a Madrid para llevar el donativo del parlamento napolitano y cuidar de los intereses del Duque. Felipe III le concede el hábito de Santiago.

 

1618. Se inicia el declive político del duque de Osuna. Quevedo regresa desde Nápoles a España de manera definitiva.

 

1621. Muerte de Felipe III y subida al trono de Felipe IV. Proceso contra Pedro Téllez Girón, que salpica a Quevedo. Se convierte en Señor de la Torre de Juan Abad, villa manchega sobre la que había heredado ciertas rentas y cuya jurisdicción vende ahora el Consejo de Castilla. Precisamente a esta villa había sido desterrado poco antes del cambio de reinado y de que comenzase el procedimiento legal contra el Duque. También conoce la cárcel en Uclés durante un breve período. Sufrirá un nuevo destierro en sus posesiones manchegas como consecuencia del proceso judicial contra su antiguo protector. En los Grandes anales de quince días relata la confusión de las jornadas inmediatas a la muerte de Felipe III.

 

1624. Viaja junto a la corte a Andalucía. En una de las etapas alberga a Felipe IV en su residencia de La Torre de Juan Abad. El 25 de septiembre muere en prisión el duque de Osuna.

 

1626. Acompañando de nuevo a la corte, se desplaza a Aragón a principios de año. Unos meses más tarde, aparecen impresas sin autorización en Zaragoza dos obras suyas: Política de Dios y El Buscón.

 

1628. Nuevo destierro en sus posesiones de La Torre de Juan Abad como consecuencia de su defensa del patronato único de Santiago Apóstol.

 

1629. Escribe anónimamente El chitón de las tarabillas, en apoyo de la política del conde-duque de Olivares, a quien elogia asimismo en otros escritos.

 

1631. Tras alguna denuncia ante la Inquisición, y la proliferación de ediciones piratas, publica Juguetes de la niñez, obra en la que se recogen, junto a otros nuevos, textos anteriores de carácter burlesco y satírico que aparecen ahora revisados y censurados. También se publican ahora las ediciones de las obras poéticas de Fray Luis de León, con dedicatoria a Olivares (redactada en 1629), y Francisco de la Torre.

 

1632. Antonio Juan Luis de la Cerda, duque de Medinaceli, con quien pocos años antes había iniciado una amistad que marcará la última etapa de la vida del escritor, le representa en las capitulaciones matrimoniales con Esperanza Mendoza, señora de Cetina. Contraerán matrimonio en 1634, pero se separarán pocos meses más tarde. Recibe el nombramiento de Secretario del Rey.

 

1633. La hostilidad hacia el conde-duque de Olivares es ya evidente. Redacta en julio el acerbo memorial Execración contra los judíos, que es, además de la más rotunda muestra de su antisemitismo, un ataque frontal a la política del valido. Posiblemente comienza también ahora la escritura de La Hora de todos.

 

1634. Publica La cuna y la sepultura y la traducción de La introducción a la vida devota de Francisco de Sales. En esta época desarrolla una gran actividad literaria; de entre 1633 y 1635 datan obras como De los remedios de cualquier fortuna, el Epicteto, Virtud militante, Las cuatro fantasmas, la segunda parte de Política de Dios, la Visita y anatomía de la cabeza del cardenal Richelieu o la Carta a Luis XIII.

 

1635. Se publica el libelo contra Quevedo titulado Tribunal de la justa venganza.

 

1639. El 7 de diciembre es detenido en casa del duque de Medinaceli y conducido al convento de San Marcos de León, donde permanecerá encarcelado hasta junio de 1643, cinco meses después de la caída de Olivares. En este tiempo escribe La Rebelión de Barcelona y Providencia de Dios.

 

1644. En noviembre, con su salud muy deteriorada, se retira a La Torre de Juan Abad. Publica el Marco Bruto y La caída para levantarse. Prepara en este tiempo la edición de su poesía, que aparecerá póstumamente por González de Salas en 1648.

 

1645. El 8 de septiembre muere en Villanueva de los Infantes, adonde se había desplazado a principios de este año.

 

Fernando Cabo Aseguinolaza

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B I B L I O G R A F Í A

 

(Clásica, reciente y muy incompleta)

 

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Continuación

 


SONETOS DE QUEVEDO


 

PERTENECIENTES AL PARNASO ESPAÑOL, 1648 (pp. 60-63, 80-86)

 

 

I

Enseña a morir antes y que la mayor parte de la muerte es la vida y esta no se siente, y la menor, que es el último suspiro, es la que da pena.

 

Señor don Juan, pues con la fiebre apenas

se calienta la sangre desmayada,

y por la mucha edad, desabrigada,

tiembla, no pulsa, entre la arteria y venas;

 

pues que de nieve están las cumbres llenas,

la boca, de los años saqueada,

la vista, enferma, en noche sepultada,

y las potencias, de ejercicio ajenas,

 

salid a recibir la sepoltura,

acariciad la tumba y monumento;

que morir vivo es última cordura.

 

La mayor parte de la muerte siento

que se pasa en contentos y locura,

y a la menor se guarda el sentimiento.

 

 

 

II

Represéntase la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece lo que se vivió.

 

"ª Ah de la vida!"... «Nadie me responde?

ª Aquí de los antaños que he vivido!

La Fortuna mis tiempos ha mordido;

las horas mi locura las esconde.

 

ª Que sin poder saber cómo ni adónde

la salud y la edad se hayan huido!

Falta la vida, asiste lo vivido,

y no hay calamidad que no me ronde.

 

Ayer se fue; mañana no ha llegado;

hoy se está yendo sin parar un punto:

soy un fue, y un será, y un es cansado.

 

En el hoy y mañana y ayer, junto

pañales y mortaja, y he quedado

presentes sucesiones de difunto.

 

 

 

III

Signifícase la propria brevedad de la vida, sin pensar,y con padecer, salteada de la muerte.

 

ªFue sueño ayer; mañana será tierra!

ªPoco antes, nada; y poco después, humo!

ªY destino ambiciones, y presumo

apenas punto al cerco que me cierra!

 

Breve combate de importuna guerra,

en mi defensa, soy peligro sumo;

y mientras con mis armas me consumo,

menos me hospeda el cuerpo que me entierra.

 

Ya no es ayer; mañana no ha llegado;

hoy pasa, y es, y fue, con movimiento

que a la muerte me lleva despeñado.

 

Azadas son la hora y el momento

que, a jornal de mi pena y mi cuidado,

cavan en mi vivir mi monumento.

 

 

 

IV

Repite la fragilidad de la vida, y señala sus engaños y sus enemigos.

 

«Qué otra cosa es verdad sino pobreza

en esta vida frágil y liviana?

Los dos embustes de la vida humana,

desde la cuna, son honra y riqueza.

 

El tiempo, que ni vuelve ni tropieza,

en horas fugitivas la devana;

y, en errado anhelar, siempre tirana,

la Fortuna fatiga su flaqueza.

 

Vive muerte callada y divertida

la vida misma; la salud es guerra

de su proprio alimento combatida.

 

ªOh, cuánto, inadvertido, el hombre yerra:

que en tierra teme que caerá la vida,

y no ve que, en viviendo, cayó en tierra!

 

 

 

V

Prevención para la vida y para la muerte.

 

Si no temo perder lo que poseo,

ni deseo tener lo que no gozo,

poco de la Fortuna en mí el destrozo

valdrá, cuando me elija actor o reo.

 

Ya su familia reformó el deseo;

no palidez al susto, o risa al gozo

le debe de mi edad el postrer trozo,

ni anhelar a la Parca su rodeo.

 

Sólo ya el no querer es lo que quiero;

prendas de la alma son las prendas mías;

cobre el puesto la muerte, y el dinero.

 

A las promesas miro como a espías;

morir al paso de la edad espero:

pues me trujeron, llévenme los días.

 

 

 

VI

Arrepentimiento y lágrimas debidas al engaño

 

Huye sin percibirse, lento, el día,

y la hora secreta y recatada

con silencio se acerca, y, despreciada,

lleva tras sí la edad lozana mía.

 

La vida nueva, que en niñez ardía,

la juventud robusta y engañada,

en el postrer invierno sepultada,

yace entre negra sombra y nieve fría.

 

No sentí resbalar, mudos, los años;

hoy los lloro pasados, y los veo

riendo de mis lágrimas y daños.

 

Mi penitencia deba a mi deseo,

pues me deben la vida mis engaños,

y espero el mal que paso, y no le creo.

 

 

 

VII

Agradece, en alegoría continuada, a sus trabajos su desengaño y su escarmiento.

 

ªQué bien me parecéis, jarcias y entenas,

vistiendo de naufragios los altares,

que son peso glorioso a los pilares

que esperé ver tras mi destierro apenas!

 

símbolo sois de ya rotas cadenas

que impidieron mi vuelta, en largos mares;

mas bien podéis, santísimos lugares,

agradecer mis votos en mis penas.

 

No tanto me alegrárades con hojas

en los robres antiguos, remos graves,

como colgados en el templo y rotos.

 

Premiad con mi escarmiento mis congojas;

usurpe al mar mi nave muchas naves;

débanme el desengaño los pilotos.

 

 

 

VIII

Conoce la diligencia con que se acerca la muerte,y procura conocer también la conveniencia de su venida, y aprovecharse de ese conocimiento.

 

Ya formidable y espantoso suena,

dentro del corazón, el postrer día;

y la última hora, negra y fría,

se acerca, de temor y sombras llena.

 

Si agradable descanso, paz serena

la muerte, en traje de dolor, envía,

señas da su desdén de cortesía:

más tiene de caricia que de pena.

 

«Qué pretende el temor desacordado

de la que a rescatar, piadosa, viene

espíritu en miserias anudado?

 

Llegue rogada, pues mi bien previene;

hálleme agradecido, no asustado;

mi vida acabe, y mi vivir ordene.

 

 

 

IX

Muestra el error de lo que se desea y el acierto en no alcanzar felicidades.

 

Si me hubieran los miedos sucedido

como me sucedieron los deseos,

los que son llantos hoy fueran trofeos:

ª mirad el ciego error en que he vivido!

 

Con mis aumentos proprios me he perdido;

las ganancias me fueron devaneos;

consulté a la Fortuna mis empleos,

y en ellos adquirí pena y gemido.

 

Perdí, con el desprecio y la pobreza,

la paz y el ocio; el sueño, amedrentado,

se fue en esclavitud de la riqueza.

 

Quedé en poder del oro y del cuidado,

sin ver cuán liberal Naturaleza

da lo que basta al seso no turbado.

 

 

 

X

Contiene una elegante enseñanza de que todo lo criado tiene su muerte de la enfermedad del tiempo.

 

Falleció César, fortunado y fuerte;

ignoran la piedad y el escarmiento

señas de su glorioso monumento:

porque también para el sepulcro hay muerte.

 

Muere la vida, y de la misma suerte

muere el entierro rico y opulento;

la hora, con oculto movimiento,

aun calla el grito que la fama vierte.

 

Devanan sol y luna, noche y día,

del mundo la robusta vida, ª y lloras

las advertencias que la edad te envía!

 

Risueña enfermedad son las auroras;

lima de la salud es su alegría:

Licas, sepultureros son las horas.

 

 

 

XI

Descuido del divertido vivir a quien la muerte llega impensada.

 

Vivir es caminar breve jornada,

y muerte viva es, Lico, nuestra vida,

ayer al frágil cuerpo amanecida,

cada instante en el cuerpo sepultada.

 

Nada que, siendo, es poco, y será nada

en poco tiempo, que ambiciosa olvida;

pues, de la vanidad mal persuadida,

anhela duración, tierra animada.

 

Llevada de engañoso pensamiento

y de esperanza burladora y ciega,

tropezará en el mismo monumento.

 

Como el que, divertido, el mar navega,

y, sin moverse, vuela con el viento,

y antes que piense en acercarse, llega.

 

 




Fuentes :

http://www.usc.es/~quevd/welcome.html
http://www.los-poetas.com/f/quev.htm
http://www.lcc.uma.es/~perez/sonetos/quevedo.html

 

AGRADECERE CUALQUIER AMPLIACIÓN, CORRCCIÓN, COMENTARIO O LO CONSIDEREN VUESTRAS NERCEDES EN MEJORA DE ESTA HUMILDE PÁGINA A UN GRANDE.

 
 
sonsoles
24 May 2008 @ 02:50 pm
                          El Mito de la Caverna
                                              Platón

                              


-Después de eso -proseguí - compara nuestra naturaleza respecto de su
educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta.
Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que
tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde
niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben
permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden
girar en derredor las cabeza. Más arriba y más lejos se halla l luz de un fuego
que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un tabique
construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante
del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.
-Me lo imagino.
- Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan
toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en
piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y
otros callan.
-Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.
-Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí
mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el
fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?
-Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.
-¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro del
tabique?
-Indudablemente.
-Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar
nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?
-Necesariamente.
-Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y
alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿ no piensas que
creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?
- ¡Por Zeus que sí !
- ¿ Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los
objetos artificiales transportados?
- es de toda necesidad.
- Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación
de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de
ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y
marchar mirando a la luz y , al hacer todo esto, sufriera y a causa del
encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había
visto antes. ¿ Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había
visto antes eran fruslerías y que ahora en cambio, está más próximo a lo real,
vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara
cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a
contestar preguntas sobre lo que son, ¿ no piensas que se sentiría en
dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más
verdaderas que las que se le muestran ahora?
- Mucho más verdaderas.
- Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿ no le dolerían los ojos y trataría
de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar
que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?
- Así es.
- Y si a la fuerza se lo arrastrara por por una escarpada y empinada cuesta, sin
soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿ no sufriría acaso y se irritaría por
ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le
impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los
verdaderos ?
- Por cierto, al menos inmediatamente.
- Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En
primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de
los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y
los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el
cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más facilmente que,
durante el día, el sol y la luz del sol.
-Sin duda.
- Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en
otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo cómo es en sí y por sí, en
su propio ámbito.
-Necesariamente.
-Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las
estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún
modo es causa de las cosas que ellos habían visto.
- Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
- Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y
de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz
del cambio y que los compadecería.
- Por cierto.

-Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las
recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los
objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de
cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de
ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría
deseoso de todo eso y que envidiaría a los más estaría deseoso de todo eso y
que envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿ O más bien
no le pasaría como al Aquiles de Homero, y "preferiría ser un labrador que
fuera siervo de un hombre pobre" o soportar cualquier otra cosa, antes que
volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida ?
- Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella
vida.
- Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿
no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
- Sin duda.
- Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua
competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas,
y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se
acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿ no se expondría al ridículo y a que
se dijera de él que, por haber subido hasto lo alto, se había estropeado los
ojos, y que ni siquiera valdría la pena intenar marchar hacia arriba? Y si
intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿ no lo matarían, si pudieran
tenerlo en sus manos y matarlo?
- Seguramente.
- Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta elegoría a lo que
anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio
de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que ha en ella con el poder
del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de
arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en
cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto
es realmente cierto; en todo caso, lo que a mi me parece es que lo que dentro
de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez
percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas,
que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el
ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que
es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado
como en lo público.
- Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.
- Mira también si lo compartes en esto: no hay que asombrarse de que quienes
han llegado allí no estén dispuestos a ocuparse de los asuntos humanos, sino
que sus almas aspiran a pasar el tiempo arriba; lo cual es natural, si la alegoría
descrita es correcta también en esto.
- Muy natural.
- Tampoco sería estraño que , de contemplar las cosas divinas, pasara a las
humanas, se comportase desmañadamente y quedara en ridículo por ver de
modo confuso y, no acostumbrado aún en forma suficiente a las tinieblas
circundantes, se viera forzado, en los tribunales o en cualquier otra parte, a
disputar sobre sombras de justicia o sobre las figurillas de las cuales hay
sombras, y a reñir sobre esto del modo en que esto es discutido por quienes
jamás han visto la justicia en sí.
-De ninguna manera sería extraño.
- Pero si alguien tiene sentido común , recuerda que los ojos pueden ver
confusamente por dos tipos de perturbaciones: uno al trasladarse de la luz a la
tiniebla, y otro de la tiniebla a la luz; y al considerar que esto es lo que le
sucede al alma, en lugar de reírse irracionalmente cuando la ve perturbada e
incapacitada de mirar algo, habrá de examinar cuál de los dos casos es: si es
que al salir de una vida luminosa ve confusamente por falta de hábito, o si,
viniendo de una mayor ignorancia hacia lo más luminoso, es obnubilada por el
respalndor.Así, en un caso se felicitará de lo que le sucede y de la vida a que
accede; mientras en el otro se apiadará, y si se quiere reír de ella, su risa será
menos absurda que si se descarga sobre el alma que desciende de la luz.

    
 
 
sonsoles
22 May 2008 @ 06:10 pm
 LA DECADENCIA COMO FORMA DE VIDA

"El único que no cambia es el idiota, porque no sabe que lo es"
Oscar Wilde

         

La primera condición para una decadencia es que la mayoría, las
personas más egoístas y cómodas, aquellas que nunca harían nada por
nada, esas, crean firmemente que no hay decadencia alguna en la
sociedad, es más, crean que están ‘en el mejor de mundos posibles’,
como diría Voltaire en boca de ‘Candide’. Y la segunda condición es
que las personas que ocupan mayores cargos, los dirigentes, aquellos
que tienen los medios de control de la sociedad también nieguen
totalmente, al menos en público, que exista la menor decadencia, es
más, que crean que el futuro será siempre mejor y solucionará los
problemas que no han solucionado en las últimas décadas ellos,
usando el mismo sistema que hasta ahora no han funcionado.... eso
que se llama ‘progresismo’.
Ni el pueblo ruin y borracho de la Roma decadente, ni los emperadores
y senadores corruptos y adinerados, repletos de esclavos y vacíos de
virtudes, creían en la decadencia incluso cuando era ya un hecho
manifiesto.
Y es que el necio no cambia porque no sabe que es necio, y el malvado
no cambia porque no sabría dejar de serlo. Así las decadencias son
siempre una cabalgata de necios dirigidos por malvados.... todos
corriendo alegremente hacia el desastre, unos por estupidez y
comodidad, y otros por ambición egoísta del presente y desprecio del
futuro. Unos creen que ‘ya lo arreglarán’ y otros ‘después de mi el
diluvio’.
La Iglesia se pudre en decadencia mientras los fieles van a misa como
si nada pasara y los obispos pactan y comen en la misma mesa en la
que los masones y laicistas cavan la ruina de la religiosidad.
Ese pacto infernal entre las masas y los malvados es el signo de los
tiempos, lo ha sido siempre.
Por eso el combate contra la decadencia es siempre un combate contra
el signo del tiempo, es y ha sido en todo momento un combate heroico
contra arriba y abajo.

EL GRAN ESTILO COMO TERMÓMETRO DE DECADENCIA.
“Los pueblos modernos de Europa son rebaños de siervos. La
ciudadanía es una capitidisminución máxima. El régimen
democrático con su opresión sistemática y creciente nos ha
enraizado ya en el alma el sentimiento de la opresión, hasta el
punto de que va convirtiéndose en un temor enorme, en el que
todo nos parece inconveniente y subversivo; así nos aplana,
nos embrutece, nos disminuye, y de aquí la degradación, el
rebajamiento de los caracteres, la decadencia progresiva, la
mediocridad en todo, la lenta degradación de todos los valores
culturales...”
“Las Tinieblas de Occidente”, Vicente Risco
Para detectar la enfermedad de la decadencia no hay nada mejor que
analizar en que estado se encuentra el Gran Estilo, o sea como ve la
sociedad los actos de estilo digno, hechos singulares de heroísmo o
sacrificio, actos que muestran una entereza humana profunda, una
sensibilidad excelsa y elegante, una alta consideración de lo humano,
allí donde el comportamiento se hace honorable en extremo, ese Gran
Estilo que distingue la Calidad humana. Ver donde el Arte es sensible,
donde la generosidad florece y la respuesta a la grosería es la
dignidad.
En la sociedad llamada ‘occidental’ actual, mejor sería llamarla
mercantil y sionista, podemos ver que todo aquello que se muestra al
gran público es bajo y cutre, y aquello que podría reflejar en Gran Estilo
es despreciado como ‘antidemocrático’, ‘extremista’, ‘no dialogante’,
‘elitista’, etc...
Hay a nivel de personas anónimas grandes hechos y heroicos
comportamientos, seriedad y Estilo, pero todo ello se mantiene en el
entorno privado, quedando para lo público la grosería más repulsiva, la
vulgaridad, lo grotesco y chabacano, todo aquello que agrada a las
masas más rebajadas y a la gente de gusto más grosero.
Ya no tiene sentido pedir la ‘palabra de Honor’, ni fiarse de una
respuesta honorable, no hay lugar para la vergüenza ante el deshonor
o la deuda impagada, no hay comportamientos nobles aunque sean a
costa de perder cargos o prebendas, no hay ya rebeldes por lo alto sino
por lo bajo. O sea, actualmente cuando alguien nos dice que es un
rebelde suele significar que es aun más repulsivo, con gustos más
repugnantes y bajo que lo que la sociedad admite, es la rebeldía por lo
bajo. El rebelde que se jacta de ser transexual, drogadicto o partidario
del más completo libertinaje. Lo que no hay es el Rebelde de antes, el
que lo era porque consideraba a la sociedad ruin y rebajada y su
rebeldía era contra la miseria del que dirán social frente a una
conducta extravagante por lo noble y radical. Quevedo o Drieu la
Rochelle, por poner dos ejemplos, Unamuno o Catón.... los que
preferían la muerte o el destierro a ceder su ética. Ahora el perseguido
pide recompensa o compensación económica, antes solo quería su
Honor.
Ya no hay grandeza ni en la conducta ni en el Arte, y solo queda esa
personalidad fuerte en individuos aislados sin repercusión social.
La prensa es el patíbulo de lo grande y el vocero de lo mínimo, todo lo
que sale en los medios de masas es ínfimo y gente rebajada y
semianimalesca (con gran perdón para los nobles animales).
“Pero la más terrible experiencia del Kali-Yuga occidental es la que se
obtiene examinando la psicología del europeo moderno, del homo
urbanos típico. Se vé como las personalidades se pierden en el
funcionarismo social, como se secan los corazones y se estrechan los
cerebros, como se pierde la sensibilidad para las grandes ideas y las
grandes pasiones. El filisteísmo, la cobardía, la falta de sinceridad y de
voluntad, la mala conciencia, se han adueñado de todas las almas, y
los pocos espíritus vigorosos fracasan ante la hostilidad del medio.
El europeo es un hombre miserable física y espiritualmente,
degenerado en la vida ciudadana, como los animales degenerados en
la domesticidad.

Así la vida se ha empequeñecido, se ha hecho mezquina y cobarde,
hipócrita, taimada, sin ideal. Así el tono general de la civilización
europea es la bajeza”.
Esta descripción exacta es de Risco, hace ya muchos años, y
seguramente si hubiera conocido el mundo actual ni siquiera se
hubiera molestado en criticarlo, pues no hubiera podido concebir el
grado de bajeza al que hemos llegado ahora.
Hace poco un tribunal suizo ha condenado al dirigente de la asociación
de protección animal Erwin Kessler por ‘discriminación racial’ al
condenar el crimen ritual contra animales de los judíos y musulmanes.
Kessler es uno de esos individuos aislados, anónimos, jamás mostrados
sino en condenas, que pone por delante su compasión por los
animales, su amor a lo digno, a su comodidad o interés... y pese a que
su intención era solo salvar a pobres animales de unas muertes
horribles y dolorosas, lo único que logra es condenas y ataques.
Vivimos en una sociedad decadente, el termómetro del Gran Estilo lo
marca sin duda, y estamos llegando a lo más bajo.

LA ESPIRITUALIDAD COMO VICTIMA NECESARIA.
“La danza de lo político alrededor de lo religioso es en estos
tiempos actuales un compromiso y un apetito de los enemigos
de la Iglesia. Masones, judíos y marxistas, que con tanta
frecuencia son una misma cosa, encuentran un colosal
aliciente en la lucha político-religiosa. Viven haciendo lo
contrario de lo que dice y diciendo lo contrario de lo que
hacen. Proclaman la separación de lo religioso y lo político, y
no duermen espoleados por su ansiedad antireligiosa”
(Onésimo Redondo, Libertad num 39, 7.3.32)
Toda sociedad sana se sustenta en unos Valores que de alguna forma
conforman su ‘espíritu’. No se trata de dioses, sino de Valores en el
fondo. El mundo decadente desprecia a los dioses pero ese desprecio
oculta la realidad: el odio y la voluntad de eliminar a los Valores
esenciales que sustentaban a esos dioses.
Por ello aunque en el NS no hay una religión oficial, ni es un
movimiento de restauración religiosa, y aunque en el NS hay
camaradas paganos, cristianos, agnósticos e incluso algún islámico, lo
que une a todos ellos es esa defensa de la ‘espiritualidad básica’, no de
religiones sino del reconocimiento de los Valores esenciales.
El materialismo como concepción del mundo no es nefasto por su duda
sobre los dioses sino por su consecuencia sobre los Valores. Cuando
solo se cree en lo útil, lo material, lo que cumpla con deseos y
egoismos propios, es inevitable es caer de los Valores elevados y el
establecimiento de los más ruines aspectos de lo humano como
‘valores esenciales’. Y al fin el relativismo, ese todo vale que iguala lo
sublime con lo miserable, todo al ‘gusto’ de cada cual.
La democracia, por ejemplo, pone como ‘valor’ esencial es ‘deseo’, es
el deseo de la mayoría el único valor esencial. Y así la usura o el
homosexualismo serán o no aceptados dependiendo solo de ese
‘deseo’ mayoritario, no de su ajuste o no a Valores humanos
esenciales.

El mundo decadente odia las religiones, pero sobretodo odia el
sentimiento espiritual, ese sentimiento de que hay algo superior al
egoismo del deseo.
Por eso las declaraciones de laicismo y ‘separación de política-religión’
ocultan normalmente un deseo irreprimible de anular por todos los
medios la educación espiritual y la enseñanza de Valores esenciales.
El mal llamado laicismo NS (en realidad deberíamos decir la a-
confesionalidad del régimen NS) tiene un sentido muy distinto, y está
dirigido a evitar el error de la teocracia, o sea el intento de una clase
sacerdotal en asumir el poder temporal político, en vez de dedicarse a
su deber, a orientar sobre los Valores que debe seguir la sociedad.
En el NS hay una profunda mística espiritual, una visión clara de la
supremacía de los valores frente al interés, y con ello la intención de
honrar mediante formas públicas esos Valores. Así las ceremonias por
los caidos, los desfiles de antorchar nocturnas, las fiestas campesinas
en las cosechas, las sencillas ceremonias religiosas populares, todo era
apoyado y promocionado por el NS como formas de recordar
‘religiosamente’ (en el sentido amplio de la palabra ‘religión’) los
Valores que sustentan cada una de esas ceremonias: el Honor de los
que se sacrifican por el interés común, el espíritu comunitario (racial si
se quiere usar esa palabra), la belleza de la vida en la Naturaleza, la
dignidad del Trabajo frente al dinero, el amor al prójimo cristiano, ect....
Hace poco Tahar Ben Jelloun, judío sionista y como tal miserable
premiado por el Sistema, pide eliminar la posibilidad de que las
mujeres islámicas lleven el pañuelo en las escuelas de Francia. Habla
del laicismo como la mejor salida democrática. Por supuesto no critica
a Israel, estado confesional donde lo haya, al poder de los rabinos allí,
el uso del bonete judío, etc...
Nosotros opinamos todo lo contrario, incluso en Europa es positivo que
los inmigrantes (mientras no se logre su reintegración a sus pueblos de
origen) lleven todo tipo de identidad que los agrupen en comunidades
propias. El laicismo es un atentado a la identidad y un camino más a la
igualdad globalizadora del sistema.
El sistema tiene como primer enemigo el Gran Estilo, o sea los Valores
sublimes. Y como segundo la espiritualidad que es la visión externa y
ritual de esos Valores.
En La Vanguardia del 24 –6-03 se expone como la Constitución Europea
que trata de imponer la usura internacional se intentaba nombrar como
bases de los orígenes de Europa a los masones (llamados ‘las luces’),
pero evitando toda mención al cristianismo.
El marxismo se ve identificado en ‘las luces’, como materialismo
científico que se cree. Pero el cristianismo y los valores espirituales no
pueden ser aceptados como base de la Europa de la Usura.
Para ver hasta donde ha llegado la decadencia democrática, bastaría
recordar aquel texto de Indro Montanelli en La Vanguardia 6-5-01,
sobre 'Honradez en Política'. Decía Montanelli que tenía que reconocer
que Hitler era honrado.... Y por tanto la honradez no debe ser una
virtud en política. Y nos contaba el caso de Giolitti, ministro italiano que
tuvo el epíteto de 'ministro de la mala vida', porque al no poder
derrotar a la mafia pacto con ella para limitar sus efectos públicos....
Así es, en democracia lo importante no es una sociedad honrada sino
lograr la convivencia entre ladrones y no ladrones. Por tanto Hitler y los
que quieren acabar con el vicio y el robo son un peligro para la
‘estabilidad’,y en cambio lo bueno son los que pactan con la Mafia para
evitar que sus efectos sean escandalosos públicamente a cambio de
dejarles robar y mandar en la sombra.
No se trata de ser cristianos, no lo soy, sino de comprender que todo
sentimiento religioso que se base en valores no materiales es algo que
va contra el sistema.
Creo que lo expresa bien V. Risco al decir:
“Nietzsche halló, y no ha habido ni puede haber quien lo rectifique, el
diagnóstico de la enfermedad europea: degeneración del carácter,
atrofia de la personalidad individual, debilitamiento de la voluntad.
Pero se la atribuyó principalmente al cristianismo y esto no es verdad;
claro que el cristianismo contiene ciertos elementos deletéreos y que,
en lo humano y social, no tiene contra los elementos de corrupción,
defensas tan enérgicas como todavía las tiene el Islam. Mas es en otra
parte donde hay que buscar las causas de la decadencia europea.
Nietzsche era todavía un volteriano.
Es que para valorar de modo integral nuestra civilización tenemos que
vencer un gran número de prejuicios y de obstáculos interiores que
provienen de nuestra especial educación”.              (“Las tinieblas de
Occidente”, Vicente Risco).
Así es, hay que superar la visión volteriana y nietszchesiana de que la
decadencia viene de la compasión o el amor al prójimo, la ayuda al
débil, etc... no es el amor la semilla de la decadencia sino el
materialismo, el abandono de ideales y la sumisión al interés y la
comodidad egoísta.

EL UTILISMO Y LA VANIDAD DE LAS CIENCIAS.

“Los progresistas son como los caballos que llevan ojeras de
cuero en los ojos. No pueden ver más que adelante”
Santiago Rusiñol, ‘Máximas’

Malo es no comprender la utilidad de las cosas pero peor es creer que
las cosas solo valen según su utilidad. El utilismo es la ‘fiebre’ que
manifiesta la enfermedad de la decadencia.
Dice Spengler tratando del espíritu del romano en su decadencia: “Con
razón despreciaba el romano al graeculus histro, «artista» y «filósofo»
trasplantado al suelo de la civilización latina. La filosofía y las artes no
eran ya de aquel tiempo; estaban agotadas, gastadas y, además, eran
superfluas. El instinto de las realidades vitales se lo decía al romano.
Una ley romana pesaba entonces más que todas las líricas y
metafísicas de las escuelas. Y yo sostengo que muchos inventores
diplomáticos y financieros de hoy son mejores filósofos que todos esos
que se dedican al vulgar oficio de la psicología experimental”.
Cuando Roma dejó de creer en sus dioses y su destino, y solo creyó en
poder y hechos, su decadencia había empezado. Porque el poder se
mantiene pero si es hueco solo hace que crecer para romperse. El
poder de Roma era enorme precisamente cuando ya no creía en nada,
y las virtudes habían desaparecido.... nadie pensaba en la decadencia
pero estaban ya en ella totalmente. Solo el médico que miraba de
frente al enfermo se daba cuenta de su vacío y de su fiebre utilista,
Catón y unos pocos alertaron ese vacío. Sila trató de imponer por la
fuerza una restauración moral (pero la fuerza jamás logra llenar el
hueco del espíritu). Y así entre pequeñas reacciones y grandes
decadencias morales, ya nada podía salvar de la decadencia a lo que
había sido una República ejemplar de Hombres de Gran Estilo y se
había convertido en un lupanar de viciosos y avariciosos.
Hoy USA parece invencible, pero su estructura es la más viciosa y
corrupta, el utilismo en su dios, el vacío de las virtudes que hicieron
grande América es total. Es el imperio de la decadencia. Europa está
ya en la decadencia sin ‘imperio’. Mientras el ‘espíritu’ de ambos, de
Europa y USA es el de Sión, allí es donde reina el poder ahora, el poder
de le mente, su imperio del Vicio, la Bestia.
El utilismo esconde solo la incapacidad para tener valores superiores,
aquellos que solo miran la utilidad es porque no tienen nada más en su
‘persona’, no tienen ya valores, y cuando falta lo superior se llena con
lo inferior, con el egoismo utilista.
Y el utilismo se basa en una filosofía concreta: el materialismo
cientifista.
“En el siglo XVIII, La Mettrie, Helvecio, D'Holbach y la Enciclopedia
pretenden que el conocimiento claro y distinto, esto es, la ciencia,
basta para la perfección de la humanidad. La ciencia persigue la
identidad irrealizable del pensamiento y del ser: quiere ser el
conocimiento absoluto de la naturaleza de las cosas, el saber opuesto
a la creencia pretende explicar el mundo y el hombre. En la edad de
oro del Positivismo se creyó esto posible: los sabios se aplicaron á
reducir los hechos espirituales á hechos biológicos, los hechos
biológicos á hechos físico-químicos, y los hechos físico-químicos á
hechos mecánicos; era el triunfo del mecanicismo, iniciado por
Pitágoras. Se quiso explicar científicamente la sociedad, la religión, el
arte, el genio, el crimen... La ciencia iba á damos la realidad tal como
es...” (‘Las tinieblas de Occidente’, Vicente Risco).
La Ciencia no logra explicar al Hombre, lo llena solo de traumas, la
sociedad de convierte en un Zoo de neuróticos, decadentes y corruptos
sin valores, tras el Oro, la Utilidad.
Y en ese estado el Trabajo deja de ser una cualidad de colaboración
comunitaria a la subsistencia para ser solo la búsqueda de la avaricia.
Ya Lamartin en ‘Historia de los girondinos’ definió el trabajador
moderno como ‘especie de esclavitud atemperada por un salario’.
La utilidad quita toda posible proyección sana de trabajo y lo convierte
en un mero ‘intercambio de esclavitud por salario’. Y lo que es peor, de
esclavitud voluntaria, la gente ‘ama’ solo el dinero y la fama que el
dinero da, y por tanto considera ‘lo mejor’ trabajar sin descanso y
dedicar la vida al trabajo para obtener ese dinero y esa ‘fama social’.
No tiene otros objetivos, su vida se convierte en un caminar hacia el
salario. Incluso la relación social se convierte solo en una búsqueda de
‘clientes’ y negocios, de utilidades.

LA DEFENSA COMO SIGNO DE INTOLERANCIA.

“Esa clase de generales sobre los que Perón había dicho que
no sólo perderían una guerra sino incluso un desfile”.
 “Los cafetaleros se dieron cuenta de que no necesitaban en
realidad una ideología para defender sus tierras, sino que con
una pistola bastaba, y que un tirador sin preparación
ideológica es tan bueno como uno que lee libros raros, y que
los anticomunistas más seguros son los que no se hacen
demasiadas preguntas teóricas y pasan más tiempo en el
polígono de tiro que leyendo”.
(‘La Muerte del Héroe’ de J C Castillon)

Una de las muestras de la decadencia es la pérdida de la sacralidad y
el espíritu de defensa.
Hoy en día incluso el que defiende su casa, su honor o su propia
seguridad es considerado ‘violento’ y normalmente acaba acusado
ante los tribunales.
La sociedad decadente no comprende la defensa como un Valor, y por
tanto todo lo que corresponde a la defensa pierde su carácter
‘sagrado’, o sea ligado al valor personal, y se convierte en una mera
‘utilidad’. La policía y la ‘denuncia’ sustituye a la defensa. Las personas
dejan de ver el valor personal como un hecho positivo y lo ligan a la
violencia y la ‘intolerancia’.
Al final todo lo que exige violencia se delega a ‘profesionales’, pues la
gente, la sociedad, ha perdido el concepto de Valor, ha perdido su
sentido sacro y honorable.
Los militares se convierten en mercenarios y las gentes solo luchan por
sueldos. Los mercenarios, la violencia mercenaria, profesional, que
puede ser incluso más brutal pero que no tiene ya la base mítica y
honorable.
La decadencia se muestra siempre por esa desacralización de la
defensa, la cobardía y el miedo a defender el propio Honor, y por fin la
condena a la defensa, que es la etapa actual: defenderse es un delito a
menudo y siempre algo ‘no bien visto’. Se prohibe que el pueblo se
defienda, incluso contra los vendedores de droga o grupos de
gamberros, y todo brote de dignidad y defensa es una intolerancia o
una actitud ‘antidemocrática’.
Es muy interesante ver la actitud de las personas cuando la roban, o
sufren un ataque o incluso matan a un familiar. Cada día son más los
que solo saben que declarar su dolor, pero sin ser capaces de reclamar
violencia, respuesta adecuada. La gente se acostumbra a que ‘no hay
nada a hacer’, no solo porque no lo permite el sistema sino porque su
propia mentalidad ha perdido la fuerza de asumir la violencia como
positiva cuando se ve agredido su honor y su entorno.

LA DECADENCIA DEL ARTE
Muere en 2002 el judío con pretensiones de artista Larry Rivers. “Genio
de lo vulgar” le llamaban. Una de sus esculturas más famosas es un
hombre negro sodomizando a una mujer blanca. Sexista y lleno de
hijos ilegítimos, pornógrafo, era adorado por la prensa... sionista claro.
Hay muchos casos de decadencia total del arte actual pero no es la
basura artística actual lo que muestra más claramente el estado de la
decadencia, sino que para analizar el proceso de decadencia en el arte
lo vital es analizar aquello que dijo Risco:
“El arte ha de fundarse necesariamente en una concepción mística de
la vida” (“Las tinieblas de Occidente”, Vicente Risco)
Pío Baroja hace notar en varios escritos las señales precursoras que
denuncian el desmerecimiento del trabajo artístico en la vida moderna:
la mas grave, la falta de fijeza de principios estéticos, la súbita
aparición y decaimiento de escuelas y tendencias innumerables,
prueba de que nuestra época no podrá encontrar su fórmula de
expresión artística.
La claridad de observación de Pío Baroja, encuentra iguales señales en
el campo de la Ética.
O sea, el problema de fondo en la decadencia es la falta de valores, y
en arte esto se refleja en la incapacidad para concebir un arte real, por
tanto deben tomar una dirección que sustituya los valores por algo
posible en su estado mental: la originalidad, el cambio, el sexo, la
utilidad, ect....
El arte decadente siempre ha sido aquel que ha sustituido esa
‘concepción mística’ o ‘espiritual’ que sustenta el arte verdadero por el
circo, el, espectáculo, el alarde de extravagancia.
Porque contra lo que se puede pensar el peligro no esta en ese arte del
judeo-sionista que plantea un cuadro de negros y blancas o ideas
antirracistas o apoyo a las tesis políticas del sistema, eso no es más
que propaganda. No, el mal, el arte decadente real, esta en la
extravagancia, es la creencia de que aquello que sea original será
premiado, porque estamos en un circo y divertir es el motivo del arte-
basura actual.


El absurdo, la estupidez, el buscar lo más extraño para lograr
sorprender a un medio cultural diletante y vulgar que se aburre, ese es
el arte decadente.
Si el enemigo fuera capaz de crear un arte bello y sensible aunque
fuera defendiendo ideas democráticas, el caso sería distinto. No
estamos ante unas esculturas bellas y bien trazadas pero con un
sustrato político negativo, no, estamos ante una basura formal, que no
tiene, o poco importa si tiene, sustrato ideológico, pues en si es un
asco como obra, sea cual sea su significado.
La decadencia del arte no se muestra en el ‘sentido’ que refleja ese
arte sino en su propia miseria formal y sensible, es su propia realidad
como obra artística.

La decadencia es un hecho, y nunca se ha salido de una decadencia de
forma rápida ni programada, el futuro es imprevisible, pero lo que si
parece claro es que las dos principales bases de cambio es hoy son:
1- La invasión racial, las sociedades ‘multiraciales’ con toda su carga
globalizadora y mundialista, la pérdida de identidad y de comunidad.
2- la tiranía total del Dinero, la usura, el Mercado... el materialismo
económico dirigiendo el mundo, la política convertida en esclava del
dinero.

Por tanto RACIALISMO Y SOCIALISMO son las soluciones a la decadencia
actual. ¡NACIONALSOCIALISMO!.

           
   

 
 
 
 
sonsoles
22 May 2008 @ 05:59 pm
Marco Aurelio

(Escrito entre el 170-180 dc)

Meditaciones

(SELECCIÓN)



                                            

Libro II


1. Al despuntar la aurora, hazte estas consideraciones previas: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable. Todo eso les acontece por ignorancia de los bienes y de los males. Pero yo, que he observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo vergonzoso, y que la naturaleza del pecador mismo es pariente de la mía, porque participa, no de la misma sangre o de la misma semilla, sino de la inteligencia y de una porción de la divinidad, no puedo recibir daño de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrirá de vergüenza; ni puedo enfadarme con mi pariente ni odiarle. Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza. Y es actuar como adversario el hecho de manifestar indignación y repulsa.


3. Las obras de los dioses están llenas de providencia, las de la Fortuna no están separadas de la naturaleza o de la trama y entrelazamiento de las cosas gobernadas por la Providencia. De allí fluye todo. Se añade lo necesario y lo conveniente para el conjunto del universo, del que formas parte. Para cualquier parte de naturaleza es bueno aquello que colabora con la naturaleza del conjunto y lo que es capaz de preservarla. Y conservan el mundo tanto las transformaciones de los elementos simples como las de los compuestos. Sean suficientes para ti estas reflexiones, si son principios básicos. Aparta tu sed de libros, para no morir gruñendo, sino verdaderamente resignado y agradecido de corazón a los dioses.


4. Recuerda cuánto tiempo hace que difieres eso y cuántas veces has recibido avisos previos de los dioses sin aprovecharlos. Preciso es que a partir de este momento te des cuenta de qué mundo eres parte y de qué gobernante del mundo procedes como emanación, y comprenderás que tu vida está circunscrita a un período de tiempo limitado. Caso de que no aproveches esta oportunidad para serenarte, pasará, y tú también pasarás, y ya no habrá otra.


5. A todas horas, preocúpate resueltamente, como romano y varón, de hacer lo que tienes entre manos con puntual y no fingida gravedad, con amor, libertad y justicia, y procúrate tiempo libre para liberarte de todas las demás distracciones. Y conseguirás tu propósito, si ejecutas cada acción como si se tratara de la última de tu vida, desprovista de toda irreflexión, de toda aversión apasionada que te alejara del dominio de la razón, de toda hipocresía, egoísmo y despecho en lo relacionado con el destino. Estás viendo cómo son pocos los principios que hay que dominar para vivir una vida de curso favorable y de respeto a los dioses. Porque los dioses nada más reclamarán a quien observa estos preceptos.


7. No te arrastren los accidentes exteriores; procúrate tiempo libre para aprender algo bueno y cesa ya de girar como un trompo. En adelante, debes precaverte también de otra desviación. Porque deliran también, en medio de tantas ocupaciones, los que están cansados de vivir y no tienen blanco hacia el que dirijan todo impulso y, en suma, su imaginación.

11. En la convicción de que puedes salir ya de la vida, haz, di y piensa todas y cada una de las cosas en consonancia con esta idea. Pues alejarse de los hombres, si existen dioses, en absoluto es temible, porque éstos no podrían sumirte en el mal. Mas, si en verdad no existen, o no les importan los asuntos humanos, ¿a qué vivir en un mundo vacío de dioses o vacío de providencia? Pero sí, existen, y les importan las cosas humanas, y han puesto todos los medios a su alcance para que el hombre no sucumba a los verdaderos males. Y si algún mal quedara, también esto lo habrían previsto, a fin de que contara el hombre con todos los medios para evitar caer en él. Pero lo que no hace peor a un hombre, ¿cómo eso podría hacer peor su vida? Ni por ignorancia ni conscientemente, sino por ser incapaz de prevenir o corregir estos defectos, la naturaleza del conjunto lo habría consentido. Y tampoco por incapacidad o inhabilidad habría cometido un error de tales dimensiones como para que les tocaran a los buenos y a los malos indistintamente, bienes y males a partes iguales. Sin embargo, muerte y vida, gloria e infamia, dolor y placer, riqueza y penuria, todo eso acontece indistintamente al hombre bueno y al malo, pues no es ni bello ni feo. Porque, efectivamente, no son bienes ni males.


12. ¡Cómo en un instante desaparece todo: en el mundo, los cuerpos mismos, y en el tiempo, su memoria! ¡Cómo es todo lo sensible, y especialmente lo que nos seduce por placer o nos asusta por dolor o lo que nos hace gritar por orgullo; cómo todo es vil, despreciable, sucio, fácilmente destructible y cadáver! ¡Eso debe considerar la facultad de la inteligencia! ¿Qué son esos, cuyas opiniones y palabras procuran buena fama ¿Qué es la muerte? Porque si se la mira a ella exclusivamente y se abstraen, por división de su concepto, los fantasmas que la recubren, ya no sugerirá otra cosa sino que es obra de la naturaleza. Y si alguien teme la acción de la naturaleza, es un chiquillo. Pero no sólo es la muerte acción de la naturaleza, sino también acción útil a la naturaleza. Cómo el hombre entra en contacto con Dios y por qué parte de sí mismo, y, en suma, cómo está dispuesta esa pequeña parte del hombre.


13. Nada más desventurado que el hombre que recorre en círculo todas las cosas y «que indaga», dice, «las profundidades de la tierra», y que busca, mediante conjeturas, lo que ocurre en el alma del vecino, pero sin darse cuenta de que le basta estar junto a la única divinidad que reside en su interior y ser su sincero servidor. Y el culto que se le debe consiste en preservarla pura de pasión, de irreflexión y de disgusto contra lo que procede de los dioses y de los hombres. Porque lo que procede de los dioses es respetable por su excelencia, pero lo que procede de los hombres nos es querido por nuestro parentesco, y a veces, incluso, en cierto modo, inspira compasión, por su ignorancia de los bienes y de los males, ceguera no menor que la que nos priva de discernir lo blanco de lo negro.


14. Aunque debieras vivir tres mil años y otras tantas veces diez mil, no obstante recuerda que nadie pierde otra vida que la que vive, ni vive otra que la que pierde. En consecuencia, lo más largo y lo más corto confluyen en un mismo punto. El presente, en efecto, es igual para todos, lo que se pierde es también igual, y lo que se separa es, evidentemente, un simple instante. Luego ni el pasado ni el futuro se podría perder, porque lo que no se tiene, ¿cómo nos lo podría arrebatar alguien? Ten siempre presente, por tanto, esas dos cosas: una, que todo, desde siempre, se presenta de forma igual y describe los mismos círculos, y nada importa que se contemple lo mismo durante cien años, doscientos o un tiempo indefinido; la otra, que el que ha vivido más tiempo y el que morirá más prematuramente, sufren idéntica pérdida. Porque sólo se nos puede privar del presente, puesto que éste sólo posees, y lo que uno no posee, no lo puede perder.


16. El alma del hombre se afrenta, sobre todo, cuando, en lo que de ella depende, se convierte en pústula y en algo parecido a una excrecencia del mundo. Porque enojarse con algún suceso de los que se presentan es una separación de la naturaleza, en cuya parcela se albergan las naturalezas de cada uno de los restantes seres. En segundo lugar, se afrenta también, cuando siente aversión a cualquier persona o se comporta hostilmente con intención de dañarla, como es el caso de las naturalezas de los que montan en cólera. En tercer lugar, se afrenta, cuando sucumbe al placer o al pesar. En cuarto lugar, cuando es hipócrita y hace o dice algo con ficción o contra la verdad. En quinto lugar cuando se desentiende de una actividad o impulso que le es propio, sin perseguir ningún objetivo, sino que al azar e inconsecUentemente se aplica a cualquier tarea siendo así que, incluso las más insignificantes actividades deberían llevarse a cabo referidas a un fin. Y el fin de los seres racionales es obedecer la razón y la ley de la ciudad y constitución más venerable.


17. El tiempo de la vida humana, un punto; su sustancia, fluyente; su sensación, turbia; la composición del conjunto del cuerpo, fácilmente corruptible; su alma, una peonza; su fortuna, algo difícil de conjeturar; su fama, indescifrable. En pocas palabras: todo lo que pertenece al cuerpo, un río; sueño y vapor, lo que es propio del alma; la vida, guerra y estancia en tierra extraña; la fama póstuma, olvido. ¿Qué, pues, puede darnos compañía? Única y exclusivamente la filosofía. Y ésta consiste en preservar el guía interior, exento de ultrajes y de daño, dueño de placeres y penas, si hacer nada al azar, sin valerse de la mentira ni de la hipocresía, al margen de lo que otro haga o deje de hacer; más aún, aceptando lo que acontece y se le asigna como procediendo de aquel lugar de donde él mismo ha venido. Y sobre todo, aguardando la muerte con pensamiento favorable, en la convicción de que ésta no es otra cosa que disolución de elementos de que está compuesto cada ser vivo. Y si para los mismos elementos nada temible hay en el hecho de que cada uno se transforme de continuo en otro, ¿por qué recelar de la transformación y disolución de todas las cosas? Pues esto es conforme a la naturaleza, y nada es malo si es conforme a la naturaleza. En Carnunto


                         


....continuará en sucesivas entregas......
 
 
 
 

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